Disclaimer: Nada en esta historia me pertenece. Todo es propiedad de Suzanne Collins.
Reto propuesto por Marizpe.
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Forbidden
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Pasa horas sentado junto a la cerca que separa el distrito del bosque. Lo que lo separa de Katniss.
Ha pensando que debió ir detrás de ella sin importarle aquellos cables electrificados. Pero por mucho que trate de convencerse de ello sabe que solo terminaría perdiéndose... y con ella aún dentro.
No hay segundo que no lamente haber puesto su chaqueta en el horno. Era el escondite perfecto, Katniss no pisaba la panadería si no fuese arrastrada por alguien y nunca se acercaba a los hornos. Es el último lugar al que se acercaría.
No tenía planeado moverse de ese lugar hasta que aceptara hablar con él. Comenzó a buscar un lugar más cómodo, eso tardaría mucho.
Pasaron cerca de dos horas más hasta que pudo observar como Katniss se acercaba con cada paso hacia él. Y en lugar de gritarle, reclamarle o lo que sea, simplemente pasó de él. Como si no estuviera.
— ¿Katniss? — preguntó mientras la seguía.
Al no recibir alguna respuesta de su parte volvió a llamarla ahora también tocándole el hombro.
Vio como se tensaba, sin embargo volvió a ignorarlo.
Así fue todo el camino. Él tratando llamar su atención y ella haciéndole creer que no lo escuchaba. Aunque Peeta sabía que lo hacía, la forma en la que sus puños se cerraban en cada ocasión que le hablaba lo demostraba.
En cuanto llegaron a la puerta de su hogar, Peeta, harto de su mal comportamiento incluso cuando él tenía las mejores intenciones, la tomó del brazo para girarla.
— No puedes evitarme por siempre.
Katniss le observaba, ya no con la mirada de siempre. Siquiera a la indiferencia con la que lo trataba antes.
— Obsérvame.
Peeta echó un vistazo de nuevo a su alrededor, sin parecer demasiado sospechoso después de haberlo hecho un par de veces antes.
Llegó a la conclusión de que nunca se podría acostumbrar al silencio que solo era interrumpido por el sonido de los cubiertos contra los platos.
Sabía que no podía quejarse de la tensión, ni tratar de arreglarla empeorando las cosas más aun de lo que ya estaban. Todo este asunto era culpa de una sola persona.
Él.
Luego de su gran caminata para poder darse unos segundos de paz siendo consciente de lo terrible que sería regresar a casa.
Era obvio que Katniss a esas alturas ya había dicho a sus padres lo que pasó con la chaqueta de cazador de su padre. No la culpaba, y por más que querría sentirse furioso por no dejarle compensarlo o pedir disculpas y hacer de eso un asunto familiar, no podía. Tampoco la justifica, y sinceramente no es algo que él hubiese hecho.
Pero no está hablando de si mismo, si no de Katniss Everdeen. La chica terca, arisca, pero sobre todo de la que seguía haciéndole sentir de la misma desde que la vio por primera vez a los cinco años.
Amor.
El anuncio de la segunda boda de su padre era la primera buena noticia desde el fallecimiento de su madre años atrás. Pero la felicidad no duró mucho. No en cuanto se enteró quien sería la novia.
Quería darse golpes contra la pared, por haber sido tan estúpido. Una pequeña parte de él tenía la esperanza de que su padre tuviera en cuenta sus sentimientos antes de dar un paso tan grande y radical en sus vidas.
Lo culpó, lo señaló por varias semanas. ¿Quién no lo haría si su padre se comprometió con la madre de la chica que llevaba interesado por años?
Si tan solo no hubiese sido tan cobarde durante tanto tiempo. Si tan solo se hubiese animado a darse una oportunidad. Si tan solo hubiese sido más positivo hacia un posible rechazo de su parte.
Pero no lo fue.
Siempre se había dado la idea de que la perdería cuando alguien hiciera lo que él nunca pudo. Alguien más se le acercaría, le intentaría hacer hablar con él, confiar en él. Serían amigos, para después ser una pareja oficial. Tendrían sus peleas, pero eran algo tan extrañas que no dejarían que nada los destrozara.
Y es así como le diría adiós, como la dejaría ir para siempre.
Lo más triste es que tenía más ideas de como perderla, que de ganarla.
Nunca contó con que su padre tendría otros planes.
Se consuela con la idea de que en otra realidad él pudo hacer lo que su padre hizo. Claro que, ve a su alrededor, a cada persona que le rodea, especialmente a ella y se da cuenta que nunca se hubiese acercado. Nunca habría tenido el valor de acercarse más de cinco metros.
En otra realidad él se casaba con una hija de algún comerciante y su padre viviría solo por el resto de su vida.
— Katniss — llamó el señor Mellark—, lo que ha pasado no desaparece tus obligaciones en la panadería. Cubres el turno de cierre hoy.
— ¿Por qué me necesitas ahí? — cualquiera pensaría que se quedaría callada. La verdad es que la chaqueta de su padre chamuscada le ha dado más razones para odiar su nueva vida. Si antes no decía nada, eso le hizo perder la poca paciencia que le quedaba—. Ah, te has dado cuenta de la incompetencia de tu primera mano de obra.
Peeta odiaba la forma en la que escupió esas palabras. Odiaba como ella lo miraba, como si no le importase lo que él sintiera.
Por muchos años pensó conocer su mirada de desprecio. La diferencia era que su indiferencia le dolía, pero su verdadero rostro de odio lo destrozaba.
— Katniss, por favor... — dijo la señora Everdeen, con voz cansada—. No hagas de esto una gran cosa.
— ¿Una gran cosa? — ella bufó—. Estamos hablando de la chaqueta de mi padre, de tu esposo.
— Por favor, solo queremos ser una familia.
— Está bien, lo entiendo. ¿Quieres ser una familia? Adelante. Pero no quiero estar incluida en ella — se levantó de la silla, dispuesta a marcharse. Peeta se sorprende que nadie busque detenerla, siquiera su propia madre.
— Esto pasa cuando juntas a los Mellark y a las Everdeen — murmura, antes de cerrar la puerta de golpe.
— Imaginé que teniéndola en tu casa ya no la observarías como un acosador — le dijo Reggie.
— Cállate— respondió Peeta, aunque sus mejillas comenzaban a teñirse de rojo.
Peeta no era un acosador, mi mucho menos era necesario seguirla con la mirada nuevamente desde que ella era su hermanastra. Pero estaba comenzando a lucir como uno y desde el incidente de la chaqueta de su padre ella no volvió a hablarle. Sus turnos en la panadería terminaron por un tiempo. La madre de Katniss la dejó seguir yendo al bosque, en consolación por lo ocurrió. A pesar de que ella odiaba que la trataran como alguien que fuese débil, no se negó. Aprovecha todas las oportunidades que se le presentan porque no sabe cuando volverá a tener una.
No le gustaba la forma en la que Reggie mirada a Katniss. Lucía como si se la quisiera comer o echarse encima cuando pasaba al lado suyo. En el poco tiempo que ellos fueron amigos, Reggie hacía comentarios un poco fuera de lugar sobre ella y un par de chicas más. Katniss nunca respondió a alguno de ellos, aunque eso no quería decir que no le daban ganas de partirle la boca cada vez que se expresaba de esa manera. Siquiera recuerda porque son amigos.
— No sé como te resistes a hacer algo con ella en tu propio techo — y esa mirada estaba de nuevo.
— Es mi familia ahora.
Sus intentos de cambiar de tema fallaron en repetidas ocasiones. Siempre respondía con un comentario subido de tono hacia Katniss.
— Oye, Peeta — pensó en si debía hacerle caso, al fin y al cabo mucho de lo que saliera de su boca no le interesaba o simplemente prefería no escuchar—. Ahora que Katniss y tú son hermanos, tal vez yo podría, tú sabes...
— ¿De qué hablas? — no lo digas, no lo digas.
— Creo que tienes una idea de lo que quiero decir. He estado interesado en ella desde hace tiempo. No intento nada porque tú la viste primero y eso entre amigos se respeta. Pero ahora que tus manos están atadas, podría acercarme.
— Dudo que ella esté buscando algún tipo de relación en este momento.
Reggie soltó una carcajada que Peeta podría jurar que la escuchó medio distrito.
— Oh, hombre. ¿Quién ha dicho algo de una relación?
— Creo que no comprendo.
— Haz escuchado que se lleva a un tipo de último grado al bosque. Y sinceramente no pongo en duda sus habilidades como cazadora, pero no hay manera de que consiga todo ese dinero sin hacer un trabajillo extra.
Peeta cerró los puños, furioso. ¿Cómo se atrevía a decir o pensar algo así? ¿Era el único que lo creía? Lo dudaba, pero los otros tenían suficiente inteligencia para no meterse con ella.
— Katniss no es una prostituta — siseó Peeta lo más tranquilamente posible. Algo que le estaba costando horrores.
— Por favor — bufó—. No es lugar para tu actitud de hermano sobre protector. Que ya tengo mi plan ideado.
— Ella nunca te haría caso.
— No cuando escuche la fuerte suma que estoy dispuesto a ofrecerle.
Peeta contó hasta diez, respirando y exhalando.
— Es muy mala idea.
— Tienes razón. Mejor esperaré a que cante frente a toda la clase y así la perseguiré por años, esperando el día en que ella por arte de magia se dé cuenta de mis sentimientos.
Ha decir verdad no está seguro quien ha soltado el primer golpe, o en momento terminaron en el piso uno encima del otro, que profesor los ha separado. No recuerda absolutamente nada de eso. Solo la mirada de Katniss a lo lejos, observándole con desaprobación y yéndose del lugar lo antes posible.
En un principio cree que es un sueño cuando ve a Katniss junto a él. Piensa que debería cerrar los ojos, conformarse con su presencia porque es lo único que tendrá de ella por el resto de su vida. Pero no, es ella quien rompe el encanto y por más que le gustaría sentirse mal por ello solo demuestra que de verdad está pasando.
De verdad que eres un idiota, ¿cierto? — dice Katniss. Peeta no sabe a que se refiere hasta que una punzada del lado derecho de su cara.
Después de que ella se fuese mirándolo como el ser más despreciable de la vida, como si fuera un salvaje, Reggie golpeó su cabeza fuertemente.
Siente un poco de vergüenza, incluso puede escuchar las burlas de sus hermanos. HA estado en el equipo de lucha de la escuela logró vencerlo un chico que a lo más que ha luchado es contra una hoja de papel que le cortó el dedo.
—Él estaba insultándote — responde, como si eso fuese una buena excusa para los escasos segundos que duró el enfrentamiento.
Katniss no parece prestarle atención, lo que hace más que frustrarlo.
—No es el primero que lo hace, ni será el último — comenta, limpiando la poca sangre que tiene en el rostro—. Y si peleas de la forma que lo hiciste hoy, estarías muerto antes de defenderme contra el mundo.
Está avergonzado, no por la forma en la que acabó todo, si no porque ella piensa que es estúpido tratar de parar la situación.
—¿Por qué me ayudas? — pregunta, sabe que tal vez nunca la podrá tener tan cerca como ahora de nuevo—. ¿Por qué siquiera te interesa?
—No lo hace. Ellos dijeron que si te curaba las heridas podría saltarme mis turnos en la panadería tres días.
—Pero de todas formas lo habrías hecho, ¿no? — por un segundo se permite estar esperanzado ante la idea de que en el poco tiempo que lograron medio construir una relación sea lo suficientemente fuerte para crear un poco de preocupación por ella.
—Sí, aunque eso me ahorra los sermones en la madrugada cuando llegue del bosque.
Su cara luce decepcionada por la respuesta, la que obviamente no es la que esperaba. Ella nunca le dirá que fue quien llamó a varios profesores para que parasen su encuentro. Peeta estaba distraído desde el incidente en la panadería y no había forma, ni con sus años de experiencia en lucha, que podría ganarle.
No era preocupación por lo que le pasara, era algo que entre hermanos habría que hacer. Y por mucho que no le gustara, eso eran ahora.
—¿Siempre contigo es un trato, verdad?
Katniss lo miró sin decir nada. La había leído por primera vez, sin darse cuenta de que esa sería la solución para todo.
—¿Qué te parece… si llegamos a un acuerdo? — preguntó nervioso, pero decidido.
—¿Sobre qué?
—Sobre nosotros. Te proponga una tregua — ahora ella parecía interesada—. Puedes seguir odiándome lo que quieres, por el resto de tu vida si eso deseas, pero no hacer que eso afecte a los demás. A cambio yo prometo no volver a meterme en tu camino nunca más. No te detendré de hacer lo que quieras con tu vida aunque no esté de acuerdo.
Si la paz entre su nueva familia significa sacrificar lo que más quiere, lo hará. No hay forma de que puedan volver a la normalidad si es que pueda haber algo así entre ellos.
No todo puede ser malo, tiene la ilusión de que su enojo no dure miles de años y que algún día pueda compartir una conversación corta, tal vez ser amigos.
Pero se está adelantando, tal vez Katniss siquiera acepte ese nuevo tipo de relación. Tal vez su odio es lo suficiente como para no importarle el bienestar de los otros.
Para su sorpresa, lo hace.
—Tenemos un trato.
La tregua puede considerarla la mejor idea de su vida hasta ahora. No los volvió amigos inmediatamente, pero si ella ahora lo tolera en su vida con eso tiene más que suficiente.
Ha juntado la mayor parte de lo que gana para comprar otra chaqueta de cuero idéntica a la de su padre, que sabe que nunca podrá reemplazar a la original pero que espera que eso demuestre aun más lo arrepentido que está, no importa si Katniss ya esté cansada de escucharlo.
Sin embargo, no es el tipo de relación que el deseas. Porque después de tantos años escondiendo su amor entre las sombras, esperando el momento de tenerla cerca como la tiene ahora hay muchas más razones para mantener sus sentimientos escondidos.
