Disclaimer: DIGIMON y/o cualquier otro material con copyright que aparezca en el fic, no me pertenece. Lo que me pertenece es la autoría de este fanfic y los personajes originales que aparecen en el mismo. Este es un fanfic escrito sin fines de lucro.
Capítulo 2
Entre recuerdos y eventos inesperados
Sora cerró los ojos y respiró profundamente.
"Muy bien, este es el momento", pensó volviéndolos a abrir segundos antes de subir a la pasarela para agradecer al público y cerrar la exitosa presentación de su nueva colección en el Amazon Fashion Week Tokyo*.
Saludó agitando una mano para después agradecer haciendo una reverencia al público. Al incorporarse, pudo divisar entre los asistentes a su prometido, que aunque estuviese un tanto distraído conversando por el celular, le aplaudía. Sonrió. No tanto por Shigeo sino porque al apartar sus ojos de él y recorrer rápidamente con la vista los demás asientos, pudo ver cómo los asistentes se ponían de pie para aplaudirla. Se sentía en las nubes. Su sueño realizado.
No que la aplaudan de pie, sino ver las sonrisas de las personas gracias a los diseños que a ella misma le hacían sonreír al bocetarlos, trabajarlos y finalmente admirarlos desfilando en la pasarela o luciéndose en su boutique hasta ser comprados por alguien igual de emocionado que ella. La satisfacción del trabajo bien realizado, se sentía de maravilla.
"Tus diseños se lucirán en las mejores pasarelas del mundo, Sora. Ya lo verás", le había dicho él con gran convicción, hace muchos años.
"Tal vez aún no llego a las mejores pasarelas del mundo, pero me siento feliz donde estoy, Yamato", le habría respondido ella ahora.
Todo el día anterior, en el ensayo final, y todo el día de hoy, durante el evento, ella había intentado por todos los medios posibles, no pensar en él. Y lo logró… pero justo en ese momento, en el más importante, él logró colarse en sus pensamientos una vez más; sin embargo, no le produjo molestia o desánimo, sino ternura. Su recuerdo, una vez más, la llenaba de ternura y calidez produciéndole una sensación de paz en un momento en el que, de otra forma, ella sería un manojo de nervios.
Separarse de Yamato, cinco años atrás, fue demasiado difícil y reestructurar su vida después de ello, lo fue aún más, sobre todo porque no terminaron mal. Fue por el bien de ambos y de mutuo acuerdo pero igual dolió… y mucho, porque terminaron a pesar de que se amaban. Sora lloró mares enteros y había ratos en los que se arrepentía de esa decisión y deseaba desesperadamente ir a buscarlo. Sin embargo, tomó conciencia de que era una mujer adulta y de que debía dejar de llorar. Se separaron para concentrarse en sus carreras y triunfar cada uno en el camino que eligieron. Si no lo lograba, nunca se perdonaría haber terminado con él; la separación habría sido en vano. Felizmente, lo logró, o estaba bien encaminada al menos.
Sin embargo, más difícil que lidiar con su carrera, fue lidiar con el recuerdo de Yamato y de su vida junto a él. Después de terminar con él, simplemente no sabía cómo empezar de nuevo.
Tenía diez años cuando lo conoció en un campamento de verano, donde se hicieron grandes amigos; once cuando descubrió que le gustaba, pero pensó que era, pues, algo natural, era el chico lindo del grupo y a prácticamente todas sus compañeras de curso les gustaba también. Además, a pesar de su frío exterior, Yamato era un chico muy amable que cuidaba de sus amigos y aún más de su pequeño hermano, lo cual ella encontraba muy tierno. Era muy normal que le agradase tanto una persona como él.
Para cuando cumplió los doce, se dio cuenta que sonreír como tonta cuando él le daba los buenos días, perderse en el azul de sus ojos cada vez que los contemplaba o sonrojarse tanto la vez que accidentalmente la mano de Yamato rozó la suya mientras caminaban juntos de regreso a casa… no era tan normal. No le pasaba con nadie más y ya llevaba casi un año así. Se dio cuenta que sentía algo más. Descubrió que había mucho más en ese sentimiento que crecía día con día, desbordando su corazón y que lo hacía latir tan intensamente cada vez que estaba junto a él… Sora descubrió que estaba enamorada.
A los trece, con las mejillas teñidas de carmín y las piernas temblándole, listas para salir corriendo, finalmente decidió confesarle sus sentimientos, y descubrió el miedo a no saber si sería correspondida… para inmediatamente después descubrir la felicidad infinita de serlo cuando él la abrazó fuerte y también le confesó los suyos, iniciando así su noviazgo y con él, el descubrimiento de una nueva gama de sensaciones, desde lo inocente y dulce del primer beso, hasta lo erótico y lascivo del deseo.
Tenían dieciocho años cuando, terminada la preparatoria, decidieron mudarse a Tokio y vivir juntos en el apartamento que él usaba de alojamiento cuando iba a dar conciertos ahí (en el que, de todos modos, Sora ya pasaba casi todos los fines de semana), y rondaban los diecinueve cuando ingresaron a la Universidad de Artes de Tokio, cada uno a estudiar lo que los hacía felices.
Habían construido paso a paso, con sus ilusiones, alegrías y tristezas, su propio mundo de a dos.
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A los veintiuno y sin él, el mundo se convirtió de pronto, en un lugar que no conocía y en el que se sentía completamente sola.
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Cuando lo consideró prudente, Sora intentó salir un par de veces con algunos chicos… De verdad lo intentó, pero cada vez, consciente o inconscientemente, el recuerdo de Yamato surgía e inevitablemente con ello surgían también las comparaciones, impidiéndole avanzar. Un día, aceptó que jamás podría volver a amar a alguien tal y como amó a Yamato Ishida, que nadie nunca sería como él, que nadie nunca le ganaría a Yamato. Y, de alguna manera, al aceptar eso, su recuerdo dejó de ahogarla y más bien empezó a complementar su vida...
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Porque el recuerdo de su sonrisa complementaba perfectamente los días que se sentía feliz. Y si se sentía triste, el recuerdo de sus brazos rodeándola con cariño y firmeza era lo que la consolaba y le daba fuerzas. Si sentía ansiedad o miedo, el recuerdo de sus palabras llenas de amor era efectivo para calmarla, llenándola de ternura y calidez.
El recuerdo de sus besos y caricias… también era efectivo en otros momentos.
Pero también había momentos en que su recuerdo era ese algo que la hacía derramar algunas lágrimas, pensando en lo que pudo ser pero no fue, en el qué hubiese sucedido si no se separaban. Aunque esos momentos, ella prefería ignorarlos.
Era mejor así.
Ella, por la prensa, sabía que a Yamato también le había ido bien. "La separación también le sirvió", llegó a suponer en algún momento y decidió que eso era bueno para ambos, sonriendo con cariño.
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Un par de días atrás, el día de su cumpleaños número veintiséis, Sora se enteró que Yamato estaba en Tokio y eso, tuvo que admitir, la alteró y mucho. La sombra de su recuerdo, por unos momentos, dejó de ser sombra y se volvió real. Sin embargo, ahora estaba bien. Todo regresaba a la normalidad. Sin duda, por el bien de ambos, el silencio que existía entre los dos, se había transformado en su mejor aliado.
Ese día, el de su cumpleaños, ella decidió tener un nuevo comienzo. Uno que le asegure que el recuerdo de Yamato quede en eso, en un recuerdo.
"La vida sigue", concluyó con una sonrisa.
Bajó de la pasarela entre aplausos. Se sentía feliz y decidida. Hoy nada podía sorprenderla ni perturbar su ánimo. Había trabajado muy duro para poner su mente en orden y para estar donde estaba. Tal vez no estaba en la cima del mundo, pensaba, pero se sentía muy feliz y, claro, ahora tenía derecho a un merecido descanso para relajarse y divertirse a lo grande.
Su prometido tuvo que irse inmediatamente después del desfile argumentando que había surgido algo urgente. Pero estaba bien. Sora lo tenía todo bajo control.
Y como la fiesta post evento nunca es suficiente (mejor dicho, no lo suficientemente divertida por ser más para seguir trabajando haciendo contactos y ese tipo de cosas), asistir al after party que sus amigas decidieron en su honor por su gran éxito, era obligatorio. Luego Sora regresaría a casa, exhausta de bailar y totalmente renovada, para ir directo a su cama a soñar con su próxima colección…
O al menos, eso creía ella.
Mientras bailaba con sus amigas, Sora se detuvo abruptamente, abriendo mucho los ojos. Se disculpó con ellas y dijo que iría por un trago. Necesitaba un trago. O dos. O mejor diez, de lo más fuerte que encontrara. Así podría decir que lo que tenía ante sus ojos era una ilusión producto del alcohol. Sí, así podría decir que era efecto del alcohol el hecho de que estuviese viendo a Yamato Ishida y su banda riendo y divirtiéndose en la fiesta que sus amigas habían montado en su honor, por tanto él estaba en su fiesta, divirtiéndose con sus invitados. ¡¿Qué demonios hacía Yamato Ishida en su fiesta?!
Se percató que Koji, el baterista, miró en dirección suya y ella por instinto volteó para protegerse entre la multitud. Si la ubicaba, sin duda avisaría a Yamato.
"¡¿Qué rayos estoy haciendo?! Esta es mi fiesta ¡¿Por qué me estoy escondiendo?!", pensó exaltada.
Súbitamente, estaba demasiado nerviosa. No entendía por qué, pero sentía la necesidad de huir inmediatamente de ahí. Quiso regresar con sus amigas, las buscó donde las dejó pero no las encontró. Las maldijo entre dientes. Tenía que ser una mala broma.
De pronto, sintió una mano sobre su hombro y escuchó que la llamaban por su nombre.
–¡Sora!
La voz de Yamato era inconfundible. No importaba el ruido del ambiente. Ella podía reconocer su voz en cualquier lugar. Volteó para confirmar su sospecha y sí, sí era él. No podía ser ningún otro. Alto, bellísimo, fuerte y con gran estilo. ¡¿Por qué demonios estaba ahí?!
–¡Hey, gran fiesta! –comentó él sonriendo, evidentemente para iniciar conversación.
Sora no podía creer que él le hablase con tanta frescura. Cinco años sin hablarse ¡¿y él aparecía como si nada?!
Pero pensándolo bien, ellos no habían terminado mal. Tampoco habían dicho que nunca más en la vida iban a volver a hablarse de nuevo.
Pero… pero, pero, pero, ¡pero! ¡No era justo!
Ella había hecho un gran esfuerzo para reordenar su vida y para convivir pacíficamente con su recuerdo y ahora él aparecía así, de repente, de la nada, tan tranquilo, tan estúpidamente atractivo y generándole ese sentimiento de ansiedad e incomodidad…
OK, pensándolo bien, nuevamente, ¿por qué tendría que ser incómodo verlo? ¿o conversar con él? Es decir, salvo por el alto volumen de la música que los obligaba a gritar, no tenía por qué ser incómodo hablar con él. Ella ya lo había superado. Había aprendido a convivir con su recuerdo y hasta había tomado la decisión de casarse. ¿Cierto?
Cierto.
Y, claramente, él también la había superado a ella o no estaría ahí, frente a ella, tan contento. Muy bien, estaría a la altura.
–¡Oh, gracias! –contestó ella, decidida a que esto no sea incómodo.
–¡Lo siento por irrumpir en tu fiesta! ¡Pero nos avisaron que estaba genial y no pudimos evitarlo! ¡Fue culpa de Koji! ¡Échalo por metido!
Sora sonrió. Yamato podía ser así de encantadoramente ocurrente a veces.
–¡Debería echarlos a TODOS por metidos! –dijo riendo.
–¡Por cierto!… ¡Felicitaciones! ¡Taichi me contó que ibas a casarte! ¡Me da mucho gusto!
–¿¡Ah, sí!? ¡Gracias!
–¡¿Sora, te parece bien si vamos a un lugar que no nos obligue a gritar para conversar?! ¡Hace mucho tiempo que no hablamos!
Sora se preocupó. ¿Ir… a otro lugar?
"Tranquila. Él sabe que vas a casarte y le da gusto. Además, tiene razón, hace mucho tiempo que no hablamos. Hablar no tiene nada de malo...", razonó.
No, no había nada de malo en hablar.
–¡Claro! ¡Sígueme!
De puro instinto (o quizás, por la osadía producto del par de tragos que se tomó antes de darse cuenta que él estaba ahí), lo tomó de la mano para guiarlo hacia una zona más apartada y menos ruidosa, donde pudiesen conversar mejor. Sintió que la palma le ardía al contacto con su piel pero ignoró la sensación deliberadamente. Estaba decidida a hacer que las cosas no fuesen incómodas. Podían conversar, no había nada de malo en ello –se repetía mil veces a sí misma– además, así tal vez se enteraba de por qué estaba ahí o qué quería decirle. No tenía idea del qué o por qué, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Total, ella ya lo había superado, ¿Qué más daba?
Pero tampoco era estúpida. Lo llevó al amplio balcón donde podían tener una vista espectacular y, de paso, donde ella podía sentirse segura sabiendo que estaba en una zona accesible y visible.
–¡Wow! ¡Qué gran vista! –dijo deslumbrado.
–Sí, lo es.
–Sora, escucha –la miró a los ojos, muy serio–. No estoy aquí para crear ningún drama ni nada por el estilo. Ha pasado mucho tiempo y pensé… bueno, ¿por qué no comportarme como el hombre adulto que soy y felicitar a Sora por su éxito profesional y por su futuro matrimonio? Luego Koji nos avisó lo de tu fiesta y pensé que sería una buena oportunidad para retomar el contacto de forma amena. Claro que si no quieres, solo dilo. Me voy de inmediato y, por supuesto, me llevo a los muchachos conmigo.
A Sora le dieron ganas de maldecirlo. ¿Por qué la ponía en esa situación? ¡Por supuesto que no iba a echarlo! ¿Por quién la tomaba? Menos aún con lo sensato de su argumento. De hecho, la sorprendió el grado de madurez que estaba demostrando Yamato en ese momento. Es decir, él siempre había sido muy maduro y centrado, pero pensó que… bueno… ellos habían tenido una relación que duró ocho años… y eso la hizo pensar que… tal vez…
No.
Él había salido adelante. Él había crecido no solo profesionalmente, también había madurado emocionalmente (al parecer más que ella) y, sin duda, tenía toda la razón. Era tiempo de actuar de forma madura y, como dos adultos sensatos, retomar los lazos de manera amena.
–¿Cómo podría echarte? ¿Somos amigos, cierto?
Ella misma se sorprendió de lo que acababa de salir de sus labios, pero fue lo único que se le ocurrió en ese momento. Sin embargo, de alguna manera tenía razón… Es decir, de ahora en adelante podían ser amigos. Vio a Yamato sonreír levemente ante su pregunta.
–Lo somos… y me alegra que sea así.
En ese segundo y a pesar de sus palabras, Sora creyó percibir cierta tristeza en la voz de Yamato… No, probablemente solo era su imaginación.
–A mí también… –dejó escapar ella con una sonrisa suave.
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Cinco años sin hablarse y de pronto ahí estaban, uno frente al otro, llamándose amigos y sin saber exactamente qué sucedería con ellos a partir de ese momento…
Nota de la autora: Este par me mata, en serio. Los amo tanto ;w;
Mil gracias por sus reviews, chico/as. Me motivan mucho. Es que… me hacen ver que la historia les interesa y que quieren que siga... y eso se siente bonito :3
Un abrazo
Natsumi
*Amazon Fashion Week Tokyo: Después de la Tokyo Fashion Week, el Amazon es el evento de moda más importante en Japón.
