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Capítulo 3

Reencuentro

Se ubicaron uno al lado del otro, separados por una distancia prudencial, apreciando la hermosa vista. A pesar de la fluidez inicial de su conversación, Sora se sentía un poco extraña, incluso ansiosa. Llevaba cinco años sin saber de él más que por la prensa. Ahora él estaba a su lado y le había propuesto retomar los lazos de amistad. Aunque admitía que la idea no le desagradaba, no podía evitar sentir un ligero cosquilleo y no saber qué decir o preguntar en ese momento. Yamato debió haber notado su nerviosismo, porque sonrió de la forma en la que siempre solía hacer para calmarla: sutilmente, bondadosamente; y fue él quien rompió el silencio.

–Este lugar es mejor. Empezaba a sentirme incómodo con tanta gente alrededor. Aunque imagino que a ti no debe incomodarte... siempre has sido muy sociable.

Sora sonrió comprensiva. Notó que él se estaba esforzando y sintió que también debía poner de su parte.

–Es cierto, nunca te gustaron las multitudes… –comentó con cierto tono de nostalgia.

–No realmente.

–De haber sabido que vendrías, le habría dicho a Airi que no invite tanta gente.

–¿Airi?

–Una amiga. Una de mis modelos principales, de hecho. Hoy abrió mi desfile, es muy profesional.

–Ya veo.

–Sí...

–Y...

–¿Sí?

–Y... ¿qué se siente ser la diseñadora revelación del Amazon? –preguntó él, tratando de darle un rumbo a aquella conversación que amenazaba con tornarse monosilábica.

Sora soltó una risa, de todos los temas que se le cruzaban por la mente en ese momento, que Yamato le pregunte por la presentación de su línea era lo último que se le hubiese ocurrido.

–No lo sé realmente. Es como... si no me estuviera pasando a mí. Mi nombre está ahí, mi firma, también mis diseños, pero por ratos siento que no soy yo. Es… es como si estuviera soñando...

El rostro de Sora se ruborizó mientras una sonrisa soñadora asomaba en sus labios.

–Pero lo que está viviendo no es un sueño, Sora. Todo esto es real –le aseveró Yamato con una sonrisa.

Sora lo miró con cariño pero un poco extrañada, asintió ligeramente aunque no estaba muy segura a lo que se refería. Quiso creer que se refería a su desfile.

–Sí, creo que tienes razón –contestó desviando tímidamente la mirada hacia un costado.

Yamato sonrió.

–Te ves tan feliz cuando hablas de ello. Sin duda te gusta ser una celebridad –dijo solo por provocarla.

–¡Oh, por Dios, Yamato! ¡No soy una celebridad! ¡Solo soy una persona que está feliz con lo que hace, es todo! –contestó ella un poco molesta y luego, al darse cuenta que había caído en su pequeña broma, se sonrojó y agregó– Y si hablamos de celebridades, yo sé de alguien a quien le fascina salir en las portadas de revistas…

–¡Eso no es cierto! –contestó un poco incómodo, sonrojándose– las odio.

–¡Oh! Qué rápido asumió que era usted, Mr Rockstar. Pensé que no se consideraba una celebridad –dijo con una sonrisa triunfante.

Ambos estallaron en risas.

Y de pronto, la incomodidad inicial terminó y todo pareció fluir. Una broma siguió a la otra, y a Sora le pareció increíble lo cómoda y feliz que se sentía al lado de Yamato conversando y riendo mientras disfrutaban de la vista, de la música de fondo, de las luces y del cielo estrellado. Parecía que hasta la luna les sonreía tiernamente esa noche, conmovida con su reencuentro.

–Por cierto, bonito anillo –dijo Yamato señalando la alianza de Sora.

–Gracias. Sí, es muy bonito.

Yamato no quería tocar el tema realmente, pero se sentía obligado a hacerlo. Koji lo había llamado unas horas antes diciendo que una amiga suya estaba dando una fiesta en honor a Sora por su éxito en el Amazon. "Tal vez la recuperas, Romeo", le había dicho en son de broma. Y Yamato pensó por un segundo que sí, que podría ser que sí. Tal vez cinco años de silencio podían borrarse si de pronto iba y aparecía y le decía que la amaba, que estaba loco por ella y que se arrepentía una y mil veces de haberse separado de ella. Luego recordó las palabras de Taichi, "lo más seguro es que acepte", y regresó a su cruda realidad: Sora iba a casarse. Y el anillo que llevaba en el dedo anular de su mano derecha, lo confirmaba.

Y aunque se dijo a sí mismo que era lo más normal, que era obvio que ella iba a conocer y salir con otros hombres después de él, así como él había salido con otras mujeres después de ella, le supo pésimo. Él nunca tuvo nada serio con ninguna de las mujeres con las que salió después de ella y, aunque sabía que Sora sí era del tipo de mujer que iba en serio y que por eso no debería parecerle raro que se comprometiera con alguien, nada lo preparó para eso.

Tal vez por eso nunca pudo comprometerse con nadie, porque esperaba comprometerse con ella. Pero en este preciso momento, eso ya no importaba.

–Sin duda. ¿Y… quién es el afortunado? ¿Está por aquí? Es decir, sería irrespetuoso no felicitarlo a él también…

Verla feliz era lo que más había extrañado en todo el tiempo que no estuvo con ella. Si ella era feliz con otra persona, lo aceptaría, pero quería comprobarlo él mismo. Que alguien más se lo diga no era suficiente. Necesitaba verla, hablar con ella, verificar si efectivamente era feliz o no. Eso fue lo que lo impulsó a inmiscuirse en esa fiesta. No era una de las decisiones más maduras que hubiese tomado alguna vez, pero lo sintió necesario. Así tal vez el también podría empezar de nuevo. Aunque tuviese que estrellarse contra la realidad para ello.

–Eh… no. Tuvo que irse. Tenía… cosas que hacer… –contestó ella un tanto evasiva.

–¿A las dos de la mañana? –preguntó él levantando una ceja en señal de asombro, tratando de controlar una ligerísima sonrisa al escuchar eso– Es decir… ¡se está perdiendo una fiesta bárbara!

–Eh… sí, a veces surgen cosas… –pero debía admitir que Yamato tenía un punto válido– Bueno, él se llama Shigeo. Shigeo Nomura. Nos conocimos en una exposición de arte hace algunos años. Es historiador de arte. Le fascina el periodo Muromachi.

–Oh, ya veo. Qué bien. Tú diseñadora, él historiador… Es una combinación… interesante.

No quiso profundizar más. Sería demasiado masoquista de su parte. En ese momento se sentía peor que destrozado pero como desde niño había aprendido a esconder bien sus sentimientos, logró mantener la sonrisa en su rostro. Realmente lo mantener la sonrisa lo aprendió después, con el tiempo y los regaños de su manager, los publicistas y los fotógrafos. Aprendió a sostenerla por necesidad, tanto laboral como personal, porque después de separarse de Sora, nunca encontró algo o alguien que lo hiciera sonreír de la misma sincera y plena manera en que lo hacía sonreír ella. De hecho, el que Sora hubiese aceptado retomar los lazos y el estar junto a ella en ese momento, le había dibujado más sonrisas sinceras en una hora que cualquier otra cosa en cinco años, y aunque sonara pesimista, se conformaría con eso.

–Sí, eso nos han dicho –dijo ella sonriendo con ligera incomodidad. No quería hablar de eso ahora; por alguna razón, sintió que no quería meter a su prometido en la conversación–. Y… ¿qué tal la banda? Leí que les está yendo extraordinario.

–Es una locura… Siento que nunca me acostumbraré completamente –contestó él con una pequeña sonrisa, ligeramente ruborizado.

Sora no pudo evitar sonreír con dulzura al verlo ruborizarse. Aunque lo tildaran de "celebridad" y ella misma hubiese bromeado sobre ello al inicio de su conversación, Yamato no había cambiado su sencilla forma de ser y eso la enternecía.

–Creo que… ¿acabas de regresar de una gira?

–Sí –contestó él exhalando un ligero jadeo, como si de pronto le faltara el aliento al recordar lo genial pero extremadamente extenuante que resultaba salir de gira– Un año entero de conciertos, uno tras otro, con apenas tres breaks de dos semanas cada uno, recorriendo Japón, USA y Europa. Me siento exhausto –confesó.

–Wow, eso es impresionante. ¡Yamato, te felicito! ¡Lo lograste! ¡Estoy tan orgullosa de ti! –y lo abrazó, muy feliz y orgullosa de él, mirándolo tiernamente con sus brillantes ojos color rubí y una enorme sonrisa en sus labios.

Yamato hizo un esfuerzo sobrehumano para no quebrarse en ese momento. Llevaba años con la voz de Sora en su cabeza como motivación para salir adelante, con su recuerdo en el corazón como inspiración para todas y cada una de las canciones que había compuesto y como fuente de energía para interpretarlas en el escenario. Y ahora, su musa, su amor, la persona cuyo recuerdo era lo único que lo había mantenido medianamente cuerdo durante tantos años de locura y desenfreno, estaba en sus brazos, sonriéndole y felicitándolo orgullosa. Sintió que todo había valido la pena.

–Gracias… –fue lo único que, dificultosamente, atinó a decir al momento en el que ella lo soltó. Tuvo que dirigir la mirada ligeramente hacia un costado pues el rostro le ardía, supuso que estaba sonrojado. Los brazos también le ardían. Todo el cuerpo, de hecho. No se sentía capaz de mover los labios una vez más porque sabía que si lo hacía, sería para para dirigirlos directamente a los de ella. Y no, no iba a hacer algo tan estúpido ahora que, por fin, había retomado contacto con ella y las cosas empezaban a marchar bien entre ambos.

–Yamato, no seas modesto. No te avergüences, debes alegrarte con cada logro. A mí me encantaría tener el éxito de ustedes –sinceró con una sonrisa leve.

Sora sintió un ligero ardor sobre sus mejillas. Tal vez porque estaba siendo muy sincera al admitir que le gustaría destacar internacionalmente como él, o tal vez porque aún no se le iba la sensación de haberlo sentido casi sobre ella al momento de abrazarlo. El haberlo abrazado fue un impulso espontáneo, de quizá unos segundos de duración; pero la calidez que sintió al hacerlo y la sensación que quedó sobre su piel después de soltarlo, posiblemente no se le borrarían en mucho tiempo…

–¿Qué dices? –preguntó sorprendido– Si eres muy exitosa. Vamos, no cualquiera presenta sus creaciones en el Amazon… –aseveró convencido y sobre todo, con intención de convencerla.

Se dio cuenta que Sora no había cambiado esa parte de su ser. Ella era la que siempre animaba a los demás, la que siempre defendía y protegía a todos, la que les recordaba lo valiosos que eran, pero también era la que, a veces, tenía esos momentos en los que se olvidaba de animarse a sí misma o, incluso, en los que olvidaba lo valiosa que ella era. Pero él no iba a permitir que dude de ella misma ni un solo segundo. No lo permitió antes y no iba a permitirlo ahora. No mientras estuviese a su lado.

–Gracias –contestó sorprendida al escucharlo decir todo eso, al mismo tiempo que sonreía ruborizada por sus palabras.

–No tienes nada que agradecer… es decir, no soy solo yo el que piensa eso. Las personas que te quieren y los seguidores de tu trabajo piensan igual. Estoy seguro que el próximo año estarás en París o sino en Milán. El Amazon y la Tokyo Fashion Week, son prueba absoluta de ello –dijo con contundente seguridad.

Sora llevaba años sin escuchar esas palabras de aliento tan contundentemente sinceras. Era cierto que sus seres queridos y los críticos de moda siempre la trataban muy bien dándole excelentes críticas pero con frecuencia las encontraba vanas y superficiales; pero viniendo de Yamato, esa afirmación era suficiente. No solo sabía que sus palabras eran completamente sinceras, al punto de ruborizarla, sino que también eran palabras que hacían que sintiese que todo era posible.

Se sentía conmovida e, incluso, hasta empezaba a sentirse sentimental y eso… NO ESTABA BIEN.

Al darse cuenta de eso, se asustó.

No. No. No. Nada de sentimentalismos.

"¡Sora, despierta! Él está diciendo esto en calidad de AMIGO. Solo eso. ¿Por qué te conmueves?", pensó asustada. Decidió cambiar el rumbo de la conversación.

–Gracias, Yamato –dijo tratando de sonar tranquila y agregó– pero espera, ¿cómo sabes que participé en la Tokyo Fashion Week? ¿También irrumpiste ahí? –preguntó divertida.

Yamato rió muy fuerte ante esa pregunta. A Sora le fascinó su sonrisa.

–Jajaja no, solo que…

–¡Oh, cierto! –recordó Sora, de pronto– Sales con la modelo Midori Kitagawa.

–No –respondió incómodo.

–¿No?

–No –repitió con tono cortante.

–Lo siento. Es que… una foto de ustedes fue primera plana y pensé que era verdad... ¡No lo vi de chismosa, por cierto! Salió en todos lados. Periódicos, revistas, internet… Fue inevitable verlo –se disculpó, pero en cierto modo, se sintió aliviada.

–No, no, nada de eso… –agregó apresurado– Midori solo fue al estudio a grabar unas escenas para el video de un tema que sacaremos en unos meses, luego se fue. Para mi mala suerte, yo también tuve que salir a ver unos asuntos. Salí en el auto y la encontré esperando el suyo que por alguna razón no llegó a tiempo a recogerla. Me estacioné donde estaba ella, bajé, conversamos treinta segundos sobre qué le ocurría, llegó su chofer, se la llevó, subí a mi auto y me fui. Fue todo. No pasó nada más. Algún paparazzi aprovechó esos malditos treinta segundos para tomar la foto donde parece que Midori y yo estamos subiendo a mi auto. Pero no fue así. Odio a esos tipos.

–Oh, entiendo. Que dulce al preocuparte… –dijo ella sonriendo con sinceridad.

–Yo no lo llamaría preocupación –corrigió él–. Solo me pareció raro que esté parada en medio de la calle.

"Tampoco has cambiado en eso, Yamato", pensó Sora tiernamente.

Él se preocupaba por el bienestar de los demás, pero jamás lo admitiría en voz alta. Escucharlo minimizar el hecho de haber ayudado a una persona que podría estar en apuros, la enternecía. Decidió ahorrarle el esfuerzo.

–Ya veo… pero ¿sabes? No hay necesidad de que me cuentes toda la historia –dijo entre risas–. Si me dices que no es tu novia… no es tu novia y punto– y sonrió.

Yamato se sintió estúpido. Se percató que estaba justificándose frente a Sora a pesar de que, ciertamente, no había la mínima necesidad de hacerlo. Estaba claro que a Sora no le importaba si tenía novia o no, o sus justificaciones. Ella era feliz con su vida, independientemente de lo que él hiciera.

No pudo evitar pensar que, aunque acababan de retomar su relación de amistad y que él estaba decidido a actuar de forma madura y centrada, la verdad imborrable era que ella era la mujer que amó con toda su alma y que, aunque sentía que ella ya había superado lo de su antigua relación, él aún no había logrado superarla de ningún modo.

Apenas un par de días atrás, él había estado como muerto en vida por la sola noticia de saber que ella estaba por comprometerse con alguien más. Y ahora, estaba justificándose frente a ella. Frente a su ex novia. Frente a su hermosa, feliz y recientemente COMPROMETIDA ex novia. ¿Quién se justifica frente a su ex novia próxima a casarse? Solo un idiota. Solo él. Yamato Ishida. Sí, señor. Señor del rock y las portadas de revistas… y, sin duda alguna, el imbécil más grande del mundo. El único idiota capaz de dejar partir a la mujer de su vida y, además, felicitarla por comprometerse con alguien más. Sí, señor. Ése era él.

–¿Pero cómo te enteraste que participé en la Tokyo Fashion Week? –volvió a preguntar ella, curiosa.

–Te mencionan en un especial de una revista de música, en la misma edición en la que nosotros salimos… por esto de la relación cercana entre la música y la moda. Y hace un par de semanas salí con Taichi y él también lo mencionó.

–Qué bueno que se mantengan en contacto… –dijo tranquila, aunque por dentro la emocionó pensar que él preguntaba por ella a sus amigos en común, aunque sea por compromiso.

–Aunque conversamos con alguna frecuencia, salimos poco en realidad. Pero me llamó esa tarde, él no tenía nada que hacer, casualmente yo tampoco, así que dijimos ¿por qué no?

–La estrella de rock y el diplomático, me encanta esa combinación –comentó divertida– ¿Sabes? Es lindo saber que salen a divertirse como dos adultos, sin puños y patadas de por medio –dijo con una sonrisita burlona.

–Una amistad sin puños, no es una amistad de verdad, Sora –comentó él con una sonrisa de medio lado.

–Lo de ustedes es una amistad sincerísima entonces –agregó ella entre risas.

Yamato rio y disfrutó verla reír. Pensó que jamás había visto una sonrisa más hermosa.

Sora ya se había dado cuenta de que la estaba pasando muy bien con Yamato. Pero en ese momento, se estaba dando cuenta de que la estaba pasando demasiado bien. Peligrosamente bien. Y en un lugar demasiado visible. Tenía que hacer algo al respecto.

–Hey, ¿sabes…? –dijo ella finalmente– Será mejor que regrese a la fiesta. No quiero salir en las portadas de revistas como la "nueva novia de Yamato Ishida". Menos ahora que estoy comprometida. Pero ha sido lindo verte de nuevo, Yamato… Gracias por venir. De verdad, me siento muy feliz de haber podido conversar contigo, saber que estás bien y que somos amigos –concluyó con una sonrisa.

–Sí, lo mismo digo –contestó él–. Eh… antes de que te vayas… tengo que decirte algo más...

–¿Sí?

–Feliz cumpleaños, Sora –y le sonrió tímidamente.

Para Sora, el mundo se detuvo en ese instante. O quizás fue su corazón lo que se detuvo. No lo sabía con exactitud. Lo único que sabía era que empezó a sumergirse en la inmensidad del azul de sus ojos mientras la calidez de su sonrisa le abrigaba el corazón.

Le devolvió la sonrisa inconscientemente, pensando en que nunca antes un saludo de cumpleaños tardío había sonado tan bien en los labios de una persona.

–Y… otra vez –continuó él–, felicitaciones por estar comprometida. Espero poder conocer pronto a… ¿Shigeo, cierto? y decirle lo afortunado que es de poder casarse contigo… –agregó asintiendo con aparente tranquilidad, aunque por dentro le rompía el corazón.

Él debería haber sido el que le prepusiera matrimonio a Sora, no otro. Él. Pero ahora era demasiado tarde para hacer algo.

Sora, por su lado, volvió bruscamente a la realidad con esas palabras.

–Sí… –dijo sonriendo– creo que sería divertido que se conozcan…–dijo divertida, aunque por dentro no estaba muy convencida de ello– Bueno, debo irme. Mis amigas deben estar como locas buscándome, jaja. ¿Estamos en contacto?

–Por supuesto. Estamos en contacto –dijo él tratando de mantener la compostura.

–Bien… –contestó ella suave y dulcemente.

–Sí… bien… –contestó absolutamente embelesado con sus ojos.

Se sonrieron mirándose a los ojos. Sora bajó la mirada y se dio vuelta para regresar a la fiesta. Yamato la vio alejarse y perderse entre la multitud.

Sintió dolor.

No podía evitar sentir dolor al ver que la única persona a la que amó en su vida, y que evidentemente aún amaba, caminaba en dirección opuesta a él. ¿Pero que podía hacer? ¿Correr tras ella, abrazarla y gritarle "No te cases, Sora. Te amo"? Eso solo funcionaba en esas tontas películas románticas donde todos se juegan todo en nombre del amor y que siempre terminaban con un muy cursi final feliz. La vida real no funcionaba así. Si ella le había dado el "sí" al tal Tadeo… Bufeo… Shigeo o cómo diablos se llamase el tipo… era porque era un buen tipo que la amaba, que se preocupaba por ella y que, sobre todo, era un tipo al que ELLA amaba. ¿Qué autoridad tenía él para ir de niño malcriado a reclamarle algo? Conociendo a Sora, lo golpearía en la cara (y probablemente también en la entrepierna) por atrevido, inmaduro y por ser tan patán de querer interferir entre ella y su futuro esposo.

"Madurez, Ishida". Se dijo así mismo. "Ella es feliz. Tú tienes que ser feliz por ella… aunque su felicidad signifique casarse y compartir su vida con otra persona, alguien que no eres tú...".

–Demonios, eso sonó tan… arrgh –rugió molesto–.

Yamato perdió las pocas ganas que tenía de permanecer en la fiesta. Lo único que lo había impulsado a asistir fue saber que la agasajada era Sora y su necesidad de reencontrarse con ella. Y el reencuentro había llegado a su fin.

Regresó a su apartamento. Al llegar se tumbó en la cama, quedando dormido al instante musitando frases entre sueños intranquilos.

"Sora no te cases… Te amo" –se repetía entre sueños–.


Nota de la autora: Amo a ese par. Los amo. ¡LOS AMO! ;w;

Muchas gracias por sus reviews :) Si les gustó el capítulo, siéntanse libres de comentar qué les gustó. Nos leemos en el próximo capítulo, chico/as :D