Disclaimer |©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. La trama de este Fic pertenece a ©Coorp. CharlyLand. Creación sin fines de lucro sólo recreativos.
Advertencia | AU. BL. Riren. Shota inverso. Lemon.
Notas| Este drabble pertenece a la Convocatoria del mes de marzo de #DictaduraRiren.
A | A todas las personitas que se tomaron el tiempo de leer lo anterior así como este último tramo. Muchas gracias. Inmensas gracias.
&Palabras: 1600
Al Fic.
Ratones de ojos saltones
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Uri es como el niño que es hombre, un metro cincuenta y cinco, ojos azules de cielo, brazos delgados, rotos, imposibilitados de brindarle calor o consuelo. Tuvo una hermana que perdió, un sobrino que sacrificó y una venganza en la que dejó su alma. Tal vez por eso no puede dar amor. Está vacío, hueco. Es que él es ese tipo de personas que parece buena pero no lo es. De los que fingen entregar todo, pero solo quitan. Aquella debe ser la razón por lo que los sentimientos nobles le parecen tan repugnantes.
En verdad los odia. Es que para él, el mundo es un lugar odioso, gobernado por seres hipócritas, mezquinos y viles. Desgraciadamente él también es humano, y entonces el odio descomunal hacia sí mismo se vuelve un mounstro que lo come y lo bebé, entre recuerdos amargos y pesadillas tan nítidas que amanece bañado en lágrimas, en un llanto escandaloso que su amante consume entre abrazos bruscos, besos hambrientos y caricias dolorosas.
Su amante que se llama Kenny. Ese Kenny que trató de crear un mundo nuevo para él, para lo que ama, esa persona que teme y se traga su temor para continuar adelante.
Uri desearía odiar a Kenny por su ingenuidad y su torpe optimismo. Pero no puede. Porque el amor bruto de Kenny calla sus mounstros y manda a naufragar en un barco destartalado todas sus tragedias. Y así, mientras Kenny lo besa bien profundo, la lengua acariciándole el paladar y sus grandes manos estrujándole por todas partes, Uri desea amar a Kenny…desea haberlo conocido antes, mucho antes, en la época en que su mente y su cuerpo destrozado no conocían la palabra violación.
Aquella época en que la inocencia lo hizo caer en las manos de un mounstro con disfraz de humano.
Un mounstro que conoció entre los globos flotantes de un festival con olor a manzanas acaramelas, palomitas de maíz y lucecitas brillantes, chispeantes.
El mounstro le ofreció un pescadito dulce mientras le decía que era bonito. Bonito como un sol en el enorme cielo de los cálidos veranos, su hermana a su lado, con sus delgados dedos sosteniendo los suyos había sonreído enternecida. Y el mounstro había imitado su sonrisa. Fue así que empezó. Jamás espero volver a verle, pero hay encuentros casuales que marcan los destinos. Lo supo la tarde que el mounstro con sonrisa robada había llegado de la mano de su hermana. Al principio sus padres se habían opuesto, y el desearía lo hubieran hecho por siempre, lastimosamente cedieron.
El mounstro era un doctor, de buena familia, con mucha plata. A sus padres, aquella plata los convenció, además de las palabras dulces y sonrisas robadas que aquel mounstro les mostró. Al principio a Uri también le agradó, era tannnn bueno. Ahora se da cuenta de su error. Todo tiene un precio. Debió alejarse, negarse a sus obsequios, a sus manos acariciando 'por accidente' sus piernitas, a sus besos con sabor a bombón dejados 'sin intención' sobre su boca.
Pero cuando trató de escapar, cuando todo le pareció tan mal, ya no pudo escapar. El mounstro no solo había robado la sonrisa de su hermana, también lo había hecho con el corazón de sus padres. Nadie le creería. Tuvo que tragarse todo. Su corazón se llenó de mordiscos, su cuerpo se manchó con horrendas marcas de manos que viajaron arrebatándole todo y su mente se hundió en terrores avasalladores, tan insostenibles que se volvió evidente. De verdad era muy tarde.
Con los ojos llorosos, las palabras de culpabilidad atragantadas y el temor contagiado, sus padres acabaron por 'salvarlo', llevándose consigo el corazón de su hermana en una marejada de temores que mantuvieron ignorante del peligro a una criatura que sufrió las consecuencias de una manera más aterradora, mucho más tarde, mucho más dolorosa.
Uri deseó haber sido más fuerte, soportar más, aguantar por siempre con tal de no ver su llanto en otros ojos. Pero en ese entonces era un niño, un niño débil consumido por el miedo, un miedo que se volvió odio. Y ese odio en algo más peligroso, algo tan virulento que después acabó hasta consigo mismo.
Las lágrimas y el cuerpo tembloroso de Kenny al contemplar a su pequeño mocoso se lo recuerdan. Y Uri puede jurar que casi siente que le duele.
Hubo un tiempo en que Uri dejó todo en el silencio, aparentando continuar, con la sonrisa medio rota ocultando la sangre que se escurría de sus oídos, y la tristeza nauseabunda en sus ojos. Pero el mounstro volvió. En las sombras, susurrando sus palabras goteantes de miel, repugnante y corrosiva miel, con los ojos lejos de él. En una criatura más pequeña, tan pequeña como lo había sido él cuando el mounstro lo había despedazado. Pero tal vez el peso de la sangre o los retorcidos designios del mundo desviaron aquel suceso, tan solo un poco, porque la desgracia llegó de otra manera.
Uri habría de recordarlo por siempre, esa noche. Esa maldita noche.
Durante años, el temor había sido quien habitara consigo, alejándolo del mundo, de todo. Pero entonces había llegado alguien que a pesar de todo quiso algo bueno, algo dulce con él. Se llamaba Hanji, era alguien más o menos pirada a sus ojos. Un huracán de sentimientos optimistas que prometían su redención. O al menos la permisividad de tener una amistad, una compañía en el camino tortuoso de los años. Hanji gustaba de invitarle a muchos lugares, pero él siempre había declinado cada una de ellas, hasta que su hermana insistió en que aceptará. Una noche de cine, unas horas pérdidas viendo una película cómica había sido la única invitación que llegó a tomar.
Porque el mounstro siempre lo había estado vigilando, no lo había olvidado, siempre había estado allí, esperando, esperando. Aquel mounstro que era celoso, posesivo y rencoroso se llevó a su amiga en un chirrido espantoso de neumáticos y el sonido de un alarido que se extendió por minutos interminables hasta que Uri vio nacer ese odio en su pecho mientras los ojos de Hanji se apagaban y su celular timbraba para anunciarle que su hermana había sido encontrada en un depósito de basura pública.
Algo se quebró dentro de él. Su ira lo había movido, en medio del frio nocturno, con el corazón desbocado, los terrores bullendo como petróleo espeso e hirviente, convirtiéndose, mutando. Lo había alcanzado, había entrado en el oscuro lugar en donde ahora habitaba, entre el olor a moho, humedad y llanto. Lo que encontró ahí lo dejó paralizado. La imagen vivida de su experiencia puesta frente a él como un espejo diabólico, pudo con su ser.
Su espejo era pequeña, de piel canela, amoratada y ojos dorados, aguados, tambaleantes. Parecía un ratoncito. Un ratoncito que apretaba con desesperación un feo muñeco al que le hacía falta un ojo.
El odio volvió a ser miedo, y trató de salvarla, salvarse a través de ella. Pero el mounstro de sonrisa robada le recordó que solo seguía siendo un niño, un niño débil con un odio descomunal hacía él, hacia todo el mundo, hacia sí mismo.
Terminó en un agujero, llorando con amargura, con la ropa suelta, ensuciada con sus lamentos y el hambre del mounstro. Arrastrándose había salido de ahí, hipando hasta que la garganta le ardió y la visión se le volvió borrosa. Pero la determinación y el deseo de venganza se habían incrustado como un hierro ardiente en su interior.
Habían sido la mueca de desesperación, los alaridos que ocultaban temor y los ojos fúricos los que le dieron la clave.
El mounstro estaba enamorado, enloquecido por aquella criatura.
Y ella sería la caída del mounstro.
«El amor es destructivo»
Muchos años después vería la magnitud de aquello. Aunque primero habría de hundirse en el fango de las tragedias colectivas, deshilachadas y unidas en el juego desidioso de la vida horrible y asquerosa en un mundo desgraciado que acaba con todo lo bueno y lo diferente. La existencia de Kuchel Ackerman era una prueba de ello. Pero eran las personas como ellas las que lograban que ese mundo se equilibrara. A base de sangre y dolor.
Y si la vida es horrible y asquerosa, el destinado es un maldito ente retorcido y cruel.
Ese ente que puso todo para que él terminará transformado en el ser hipócrita y manipulador que ahora besa y gime el nombre de Kenny para apaciguar el mar escabroso que yace dentro de aquel hombre que se volvió el único sostén de su existencia. Tal vez debería pedirle disculpas por hacer su vida miserable, pero no se arrepiente de nada.
Entonces aquel pensamiento vuelve con fuerza a él.
«Todo tiene un precio»
El amor, la felicidad, la redención, las bonitas mañanas y los dulces abrazos, todo se debe pagar. De una manera retorcidamente cruel.
Kenny ya lo ha pagado. El suyo fue pagado mucho antes de obtener lo deseado. Y los mocosos allá abajo, metidos en la tina repleta de agua teñida en rojo que se besan con desenfreno, también lo han hecho ya.
Una oscura felicidad les espera. Así sea en ese mundo que él tanto odia. Pues ahora toca la recompensa y él se encargará de terminar de saldar esas deudas. Para así al menos alcanzar un poco de paz, aunque sea algo tontamente ilusoria, porque simplemente el pasado no se puede borrar y las cicatrices siempre quedaran como un doloroso recordatorio de lo que ya no está.
Uri aprieta con brazos y piernas el cuerpo de Kenny que lo embiste con rudeza mientras derrama sus lágrimas sobre sus mejillas. Uri lo ve, lo besa y habla con voz dulce dándole a él la mentira en que basaran su vida para continuar.
—Gracias por quedarte. Por favor sálvanos.
Notas finales:
Conozcan a la mente maestra detrás del plan de Kuchel y Zeke para reacomodar las cosas y que ratón pueda estar con su amor. Así es señoritas, este es Uri Reiss, el niño que se quedó sin nada y se volvió un ser malo.
Saben, creo que muchas se quedaron con sus ojitos cuadrados por toda la trama. Para aligerar las cositas y dejar todo terminado, les diré de qué iba la historia:
Este Fic siempre fue la historia de un pedófilo que arruinó la vida de muchos infantes, solo que la historia está contada por la boca de las víctimas, no del victimario y de las acciones rudas que conllevan los deseos obscenos y acciones enfermas de él. Tan solo describía los sentimientos. Perdonen si siempre les enredé. La temática era difícil, espinosa. Y no quería avasallarles contando algo así. Solo imagínenselo, hubiese sido doloroso para ustedes también.
Ciertamente, solo agregué lo sobrenatural como una implicancia de cómo hasta qué punto nuestros sentimientos pueden llegar a sobrepasar cualquier barrera. Supongo que ustedes interpretan bien eso, díganme que hubieran sentido al estar en la piel de Carla o Uri. ¿No hubiese deseado cobrar los horrores que les hicieron, así les hubiese costado su propia vida? ¿No hubiesen hecho lo mismo que Kuchel al tener que soportar que la persona amada haya sido destrozada así?
Decidme, ahora entendéis porque estaba tan enredado. Decidme en un pequeño review si no comprenden las situaciones, y si es así que pensáis de todo esto.
Muchas gracias por todo su apoyo.
Y antes de despedirme, deseo dejarles esto:
«A vosotras amorosas lectoras que sois madres y protegéis con vuestros cálidos brazos a sus amados vástagos, tened cuidado, los mounstros no habitan bajo la cama o en el armario, los mounstros están ahí, en la piel de un desconocido o al otro lado de la calle o en vuestra casa, durmiendo a su lado. Sed precavidas con las sonrisas y los llantos de sus hijos, las terribles verdades a veces se ocultan detrás de lo evidente»
Mis disculpas por todo, si he fallado en algo y así mismo mis infinitos agradecimientos por siempre prestar atenciones a mis cosas que a veces no parecen tener pies y cabezas. Gracias por atender este pajarillo perdido.
PD: Mo-mo no solo era un adorno. Ese muñeco degenerado después de Grisha también es el más villano
Con amor
Charly*
