FEAR
Fue extraño, inapropiado, no debían y aun así sus miradas volvían a conectarse. Le dolía ver esos ojos, no entendía que diablos hacía de pie frente al hogar de Ichigo, porque no podía seguirlo viendo como hombre y le enfadaba descubrir que esos sentimientos se mantenían en lo más profundo de su corazón, que se reactivaban no importando el tiempo, permanecieron intactos. Ichigo quiso olvidar el amor que sentía por Rukia, lo intento camuflar como amor de hermanos, amigos, compañeros y descubrió, ya muy tarde, que lo suyo por Rukia iba más allá de la hermandad, amistad o compañerismo, aquello se llamaba amor. Rukia era su verdadero amor y ahora mismo se sentía tan impropio.
Se vieron obligados a recordar que no estaban solos, Byakuya y Orihime eran testigos de ese maldito reencuentro. Dolía verlos de esa manera, no estaba bien, no era correcto. Podían interponerse pero solo obviarían sus celos, sus miedos, así que permanecieron impasibles. Rukia volteo a ver a Byakuya, capto la molestia en su rostro. Con el tiempo, fue conociendo a su esposo, tanto que entendía con simples expresiones, miradas, acciones, él no tenía que hablar. Byakuya no estaba cómodo, lo supo y se sentía fatal por faltarle de esa manera.
Ichigo presto atención a su alrededor y encontró lo que buscaba, le irrefutable prueba de que Byakuya y Rukia eran una familia. La pequeña se presentó y desde el escondite que le proporcionaba el cuerpo de su padre, se fue asomando —Oyuky— La niña escucho que su madre pronunció su nombre, así que no tardo en descubrirse por completo y quedar al lado de su padre, quien sostenía su mano, transmitiéndole seguridad. Ichigo quedo asombrado, ella era la viva imagen de Byakuya, eso sí, heredo algunas elegantes facciones de su madre y sus inconfundibles ojos, estos eran azules, con cierto tono amatista.
Poseía la misma expresión de su padre, por algo era hija suya. Por un momento pensó en que Oyuky podría haber sido su hija, si tan solo, si tan solo… —Oyuky, él es Ichigo Kurosaki, el Shinigami Sustito del que tanto te hable— Pudo notar un extraño destello en aquel par de diamantes, lo veía como quien ve a un héroe. Ichigo le dedico una sonrisa y la pequeña sintió arder sus mejillas, era una escena enternecedora —Ichigo, ella es nuestra hija, mi orgullo, mi todo— Y la razón por la que jamás podría faltarle a Byakuya, a él le debía el gusto de tener una familia.
Como si nada, Ichigo se agacho hasta quedar a su altura y le ofreció su mano —Mucho gusto Oyuky— Espero a que aceptara el saludo y la jovencita volvió a la compostura, negándose de lleno a darle su mano —Señorita Oyuky Kuchiki, para ti— Hablo la niña intentando ocultar la emoción —Sí, definitivamente, no hay más dudas, esta niña es hija del estirado de Byakuya— Y el Kuchiki mayor redirigió sus gélidos ojos a Kurosaki, ante aquello el anaranjado solo pudo reír un poco —Por supuesto, idiota ¿De quién más va a ser? Ichigo estúpido— Lo insulto con tal familiaridad —Aquí la única estúpida eres tú, enana— De nuevo volvían a ignorar a los demás. Se hundían en su pelea de insultos para ver quién era más estúpido, Dios ¿Por qué? ¿Por qué era tan difícil?
Al encuentro se unió Kazui, quien desde los brazos de su madre observaba el panorama. Azul y ocre volvieron a encontrarse, esta vez no eran Ichigo y Rukia, eran el fruto de sus respectivos matrimonios —Estúpida enana, él es mi hijo— Y como si se tratara de un costal de papas, Ichigo lo lanzó a los brazos de Rukia, quien con suerte no se estampo contra el suelo. Después de tanta presentación, Orihime pidió a la familia Kuchiki que entrase y se acomodara.
El resto de la tarde, Ichigo y Rukia ignoraron por completo a los presentes, solo eran ellos, rememorando sus vivencias. Peligro, eso le dictaba el corazón a Byakuya, quien tan solo permanecía en silencio y solo formaba parte de la conversación cuando lo creía correcto, de lo contrario se mantenía pendiente de su hija y del Kurosaki menor, atento ante cualquier acción incorrecta por parte del niño.
Orihime se mantuvo la mayor parte del tiempo en la cocina, oculta, intentando ignorar todo lo que sucedía en su propia residencia.
El anochecer llego y con ello la inminente despedida. Ichigo les ofreció quedarse pero Byakuya se negó rotundamente, no necesitaba seguir prolongando su convivencia. Orihime se lo agradeció internamente, así que Ichigo y Rukia volvieron a despedirse, quiso llorar, no pudo… La melancolía abordo el ambiente. Kazui se despidió de Oyuky y lo mismo hizo ella. La familia Kuchiki desapareció ante la melancólica mirada de Ichigo.
Byakuya tomo a Rukia, con furia. Tan solo cruzaron su hogar, el hombre no se contuvo. Intento evadirlo pero Byakuya ignoro sus peticiones, solo arranco ese estúpido vestido, el recuerdo de que fueron a visitar a Kurosaki. Entre sollozos e intentos fallidos porque se detuviera, Byakuya le abrió las piernas con agresividad y la invadió sin autorización.
Sentía el miedo de Byakuya, lo reflejaba de esa manera y por eso lo perdonaba, ella se sentía culpable y merecedora aquello. Se hacía creer que la diminuta mujer entre sus brazos era suya, le pertenecía. La mordisqueo, lamió, manoseo, no tuvo delicadeza, se volvió un animal. Lo hizo con bestialidad, no hubo tacto, ni caricias de por medio, solo la sed de carne. Acabo en su interior luego de una amarga ronda, al final Rukia sucumbió ante su esposo, cerró los ojos y se dejó hacer cuanto él quiso. Ichigo dejó de existir y la lujuria invadió sus pensamientos. No hubo descanso, no hasta que Rukia gritase el nombre de Byakuya, invadida por el placer, por el falo de este.
La dejo temblando, satisfecha. El amatista y el gris se encontraron en medio de la oscuridad, no hicieron falta las palabras, ella solo se abrazó a él y él cubrió su desnudez con las sabanas. La calma se presentó, volvió a ganarle a Ichigo o eso creía.
En la habitación del matrimonio Kurosaki solo existía el silencio y la soledad de Orihime. Ichigo se marchó, la mujer intento llevarlo a la cama, hacerlo olvidar el reencuentro con Rukia, le fue imposible. Lo llamaba por sexta vez y nada, Ichigo no aparecía. Esa noche fue una de las tantas en donde Orihime solo moría de miedo, porque de solo imaginar que Ichigo se largara a la Sociedad de Almas en busca de Rukia la mataba. Él en verdad parecía deseoso de estar al lado de Kuchiki, ella de nuevo lo volvió a arruinar todo… Odiaba a Rukia Kuchiki.
Hasta aquí
Merezco ser ahorcada y que me tiren miles de tomates, pero aquí estoy de regreso. Lo prometido es deuda y aquí está el nuevo capítulo. No prometo actualizar mañana, ni pasado, ni dentro de una semana o quien sabe, la verdad es que no quiero asegurarles nada, luego quedo como mentirosa y por otro lado, me estoy proponiendo actualizar todas mis historias. Buenas noticias, empezare por las de este hermoso fandom, sooo, la mayoría son Byaruki e Ichiruki ¿Aplausos? ¿Ya me aman? ¿Holi? Buenooo. Les juro que así me lleve 30 años voy a terminar todos mis fanfics, incluyendo este, todos.
Espero de todo corazón que este capítulo sea de su agrado, si fue así, comenten y háganme saber lo que piensan ¡Hasta el próximo capítulo!
