¡Hola a todos! Muchas gracias por sus comentarios ya que me dio muchos ánimos. Siento el retraso y disfruten.
- ¡Expelliarmus! - Harry movió su varita en un movimiento certero y lleno de experiencia pero aun así su contrincante con un solo movimiento esquivo el hechizo.
-¿Así pretendes defender tu vida, Potter? - una voz llena de repulsión contraatacó para en un simple movimiento de varita lanzar un hechizo - ¡Diffindo!
-¡Cállate de una vez! - Harry se movió en el último momento causando un corte superficial en su antebrazo.
- ¡Locomotor Mortis!
- ¡Salvio Hexia!
- ¡Tarantallegra!
- ¡Snape para esto! - Harry empezó a bailar a través de todo el salón mirando con odio cada vez que podía a su profesor de Pociones.
- Si no eres capaz de esquivar un hechizo que utilizan los de primer año, ¿qué confianzas pueden tener en ti, Oh, Salvador del Mundo Mágica. - Snape miró con un deje de diversión como Potter bailaba a través de todo el salón.
- Yo nunca quise esto y lo sabe, ahora quítemelo. - el ojiverde ya daba muestras de náuseas por los continuos giros que estaba dando y que le impedía mantener su mirada en Snape.
Este último ignorando a su alumno bailarín fue al mueble colocado al lado de su chimenea decorada con mármol negro con detalles en verde que en ese momento se mantenía apagada. Llegando al mueble, abrió la puerta para coger una botella de cristal y un vaso, echándose después un poco de whisky de fuego. Dejando la botella en su lugar caminó hacia su butaca favorita delante de la chimenea mientras tanto su alumno continuaba dando tumbos alrededor de la estancia.
- Quítatelo tu mismo, con un Finite sería suficiente, pero como eres tan denso ni siquiera te has acordado - dijo dando un sorbo a su bebida.
Harry solo pudo mirarlo un momento antes de dar otro giro y agarrando con fuerza su varita y murmurar el hechizo recriminándose a él mismo por no haber pensado antes en eso. Cuando el hechizo por fin paro tuvo que sujetarse un momento a la pared mientras la habitación dejaba de dar vueltas a su alrededor.
Sin mirar a su profesor se dirigió al mismo armario, pero esta vez sacando una cerveza de mantequilla con un hechizo de enfriamiento, que aunque Snape no quisiera admitirlo las tenía ahí para él, después se sentó en el sofá que había al lado de la butaca donde Snape estaba sentado.
- Desde que empezamos los entrenamientos no hemos hablado de eso y creo que sería bueno porque ya sabes, es un insignificante detalle, pero no estamos a salvo en Hogwarts por si no te has acordado. - Harry gruñó lanzándole las últimas palabras que el mismo le había arrojado.
Había pasado exactamente dos meses y medio desde su bochornosa llorera delante de su odiado profesor de pociones que sorprendentemente no le había insultado, en la medida de lo posible, ni hechizado echándolo de sus aposentos. Solamente se le había quedado mirando hasta que había podido parar sus lágrimas y ofreciéndole asiento para que cuatro horas después saliese de allí con, increíblemente, una tregua.
Desde ese momento, sus clases de Oclumancia dieron un sorpréndete giro a mejor que les llevó a incluso alargar estas sesiones pero ahora incluyendo entrenamiento lo que conllevo al final una relación cordial y afable entre ellos que incluso podían llegar a tener conversaciones, eso sí, con los insultos debidamente en su sitio.
Snape le había dicho que dejarían todo tal cual por un tiempo hasta que él dijese que era el momento, eso había sido desde hace un tiempo y aún no había hecho nada.
Harry se estaba empezando a hartar, cuanto más tiempo pasado junto a Dumbledore o Umbrigde más molesto e irritable se ponía. Se quería ir de allí pero ya, pero Snape no le decía nada.
- Aún no es el momento, no seas pesado, ya te dije que cuando llegase te lo diría. - dijo dando otro sorbo a su whisky.
- Ya no aguanto más esto, ver como me mira y como maquina con su maligna mente me pone enfermo. - Harry fingió un escalofrío por todo su cuerpo solo logrando que Snape encarnase una ceja en su dirección.
- Eso me dijiste hace dos semanas y aún nada. - refunfuñó mientras arrancaba la etiqueta de su cerveza.
- Deja de comportarte como un niño y vete de una vez a tu torre, ya hemos terminado por hoy. - Snape se levantó mientras Harry lo hacía a su vez resoplando y dirigiéndose a la puerta.
- Pues me llevo la cerveza, adiós. - agarró su capa de invisibilidad que estaba colgada en la puerta y poniéndosela, salio de los aposentos solo llegando a oír la pequeña risa que salió de los labios de Snape.
Mientras caminaba tranquilamente por las mazmorras pensaba como de raro era su relación ahora mismo. Hace nada no podían soportarse y ahora compartían bromas tan pequeñas pero significativas como estas, aún no habían llegado al límite de poder considerarse amigos pero poco a poco su relación avanzaba a esa dirección.
Llegó al cuadro de la Dama Gorda y diciendo silenciosamente la contraseña esta se abrió revelando la sala común, no había nadie y era normal siendo un domingo a la 1 de la mañana. Harry no dormía demasiado bien últimamente y solo conseguía dormir unas tres horas a lo mucho ya que desde la visión del padre de Ron solo llegaba a tener pesadillas y aunque las lecciones de Oclumancia estaban yendo francamente bien aun le daba algo de miedo lo que podía ocurrir. Además de que aprovechaba para hablar con Sirius a través del espejo* ya que al parecer este tampoco podía dormir muy bien y a Harry no le extrañaba después de todo el tiempo que había estado encerrado en Azkaban.
Se tiró en el sillón a la vez que encendía la chimenea y se terminaba la cerveza, recordando su último infantil comentario antes de que tuviera tiempo de pensar en nada más una sombra cayó encima de él sobresaltándolo y tirando la cerveza en sus pantalones y en la alfombra.
- ¡Mierda! - Harry fijo su mirada en su atacante solo resoplando mientras apartaba a Crookshanks de un empujón. - Hermione debería encerrarte, gato del demonio. - masculló a la vez que lanzaba a sus ropas un hechizo. - ¡Targeo! - con un movimiento de su varita sus pantalones y alfombra ya estaban limpios, después de esto él dirigió una mirada al gato que estaba mirándolo que llevaba un objeto en su boca, cogiéndolo se dio cuenta de que era el espejo* que Sirius le había regalado en navidades.
- Sirius Black. - momentos después apareció la cara de su padrino. - Hola, Sirius, ¿qué tal todo? - sujetando el espejo con una mano empiezo a acariciar a Crookshanks que conforme apoyo su cabeza en las rodillas de Harry.
- Bastante bien, ¿cómo van las clases con Quejicus? - Sirius sonrió ampliamente al ver la mueca de diversión que su ahijado intentaba esconder.
- No le llames así Sirius. - reprendió Harry mientras seguía acariciando a Crookshanks.
- Pero si te encanta, no lo niegues. - Sirius rio sonoramente y el ojiverde no pudo evitar una pequeña risa. Le encantaba ver a Sirius tan alegre, sabía que seguía sufriendo bastante aunque estuviese fuera de Azkaban pero parecía que las conversaciones con Harry siempre le alegraban y a este también. Aunque solo fuera por él y Remus, Sirius intentaba con todas sus fuerzas seguir para adelante y ayudar en la guerra todo lo que podía, algo que Harry odiaba con todas sus fuerzas pues creía que Sirius ya tenía bastante con todo lo que le había pasado.
Siguieron hablando media hora más y cuando el reloj ya marcaba la una menos cuarto se despidieron, prometiéndose que hablarían en unos días.
Harry subió a su cuarto y haciendo el menor ruido posible para no despertar a sus compañeros se puso el pijama y se tumbó en la cama.
Su último pensamiento antes de caer dormido, sorprendentemente rápido, fue en que instante su momento favorito de la semana eran sus entrenamientos con su profesor.
*En esta historia Harry sí abrió el regalo de Sirius y sí lo utiliza.
