Stan dejó su viejo camarote, avanzó por los pasillos del yate hasta alcanzar el puente de mando. Ford roncaba sobre la bitácora de capitán, Stan decidió echar un vistazo a las notas de su hermano.
- ah... – suspiró. – Siempre tienes que dormir aquí, no es como si el sistema de navegación fuera a sacarnos de curso, tú tonto.- El alba asomaba alegre por el horizonte, el cielo estrellado dejaba caer una calma fría sobre la piel de Stan. El viento aguantaba la respiración, el bote apenas se mecía sobre las olas y el corazón de Stan no dejaba de recordar ese sueño extraño; sus sobrinos siendo mutilados en él.
CAPÍTULO 2 la aventura.
Viaja hacia el norte, a las antiguas tierras de la tribu nativa Paiute. Antiguos guardianes del rayo de la muerte; la única fuerza existente de este universo capaz de herir mortalmente a Bill Cipher está oculta dentro de una cueva, la cueva; antaño resguardada por fieros guerreros, permanece en total silencio a la espera de los guardianes.
Fueron estas las palabras del cambia formas momentos antes de que Dipper bajara la temperatura de la cámara criogénica a -170 C°.
- bien, ahora hay una interrogante. – se dijo a si mismo Dipper al salir del refugio. - ¿Qué es el rayo de la muerte? Y ¿Quiénes son los guardianes?
En ese momento un recuerdo cruzó por su mente; durante la pelea con Bill su tío Ford dibujó un extraño circulo zodiacal en el suelo, en él había distintos símbolos que representaban a varios personajes del pueblo. La única manera de investigar aquel hallazgo era dirigirse al lugar adecuado: el museo de historia de Gravity Falls. Si bien su tío dijo haber hallado el extraño círculo mágico en una cueva, la ubicación misma de aquel sitio era incierta. Pero, tratándose de tierras arrebatadas a los nativos Paiute, entonces debería haber algún indicio sobre su localización dentro del museo.
Pronto, Dipper se apresuró a coger camino hacia el pueblo, no había nada más gratificante que obtener un indicio después de tanto tiempo sin aventuras o conspiraciones. Y, sobre todo, tratándose de algo tan grave como el regreso de Bill Cipher no podía existir mejor satisfacción que saber algo nuevo sobre sus planes. Dipper no podía estar más complacido con aquella encomienda, finalmente acabaría con Bill de una vez por todas y, para ello, había que realizar una investigación.
Nada de esta aventura sería solo para el muchacho, algo debía compartir y las personas indicadas para ello estaba en lista: Mabel, como es de suponerse; Wendy, que no puede faltar en ninguna excursión; Candy y Grenda, que resultan ser útiles en ciertas ocasiones. Aunque a veces Dipper deseaba tener un amigo varón, para variar un poco. Soos no se atrevía a dejar la Cabaña del Misterio ahora que es el nuevo encargado, otros chicos serían una molestia, así que el sentimiento de abandono y soledad era constante en el corazón de Dipper. Una debilidad que sin duda Bill utilizaría en su favor.
El sol anclaba en el umbral de la tarde y el frescor de la noche cuando Dipper alcanzó el pueblo, para su sorpresa el museo había cerrado ya sus puertas.
- pues... volveré mañana, supongo. – se consoló a sí mismo. Volvió a la carretera (a esa hora ya completamente bañada en colores naranjas), decidido a regresar a la Cabaña del Misterio, mas se encontró una vieja camioneta pintada con colores llamativos y un montón de artículos diversos colgados con ganchos desde las ventanas. A un costado de la camioneta descansaba una mesita con mucha mercancía y géneros de todo tipo: juguetes, ropa, adornos para jardín entre otras cosas. Dipper tomó camino hacia aquel pequeño bazar de cachivaches, sin duda había algo ahí que le llamaba con eco sordo.
- hermano, hermano... – apareció un hippie de unos 40 años de edad: delgado, con gafas redondas, cabello y barba tan largos como una flauta. – bienvenido a mi tienda móvil, hermano. No pierdes nada con echar un vistazo.
Dipper sonrió ante el cálido recibimiento de aquel tipo estereotipado. Echó una ojeada en la mercancía pero nada llamó su atención, ni siquiera un raro muñeco bailarín al que le pegaron una cabeza gorda de bebé.
- ¿puedo sugerirte alguna cosa? – preguntó el hombre.
- seguro...
- veo que tu cartera. – pronunció mientras señalaba la vieja mochila de cartero sucia y rota que Dipper colgaba de su hombro. – está un poco gastada, ¿te apetecería ver algo nuevo?
Dipper cogió la cinta de su cartera con un poco de melancolía. – sí, seguro.
El hombre levantó un dedo en el aire mientras hacia una seña alegre, removió un par de abrigos enormes de la mesita junto a la camioneta, y colocó en las manos de Dipper una mochila de senderismo color café.
- esta mochila es muy cómoda hermano, no es muy grande y le caben muchas cosas.
- es genial. – dijo Dipper dándole el visto bueno.
Tras negociar el precio de aquella "Columbus" en 6 dólares con 56 centavos y un caramelo de menta (regalo que Mabel había hecho a Dipper 3 días antes), Dipper salió pitando de regreso a casa con una buena compra.
- ¡Dipper! – Gritó de gusto Mabel al ver a su hermano cruzar la puerta de la Cabaña del Misterio.
- ooh, ¡pero qué rayos! – se asombró Dipper hasta los límites del asombro al notar que su hermana se había hecho un montón de trenzas africanas en todo el cabello. Volvió la vista a otro lado de la sala, en el televisor transmitían un programa aburrido sobre hongos y otras setas comestibles, Grenda utilizaba sus toscas manos para tejer una trenza en el perfecto cabello de Candy.
- ¿han estado comiendo caramelos de nuevo? Dios...
- solo algunos. – respondió Mabel mientras pateaba una enorme bolsa de golosinas debajo del sofá, había envolturas de chocolate desperdigadas por todos lados y una rebanada de pizza colgaba del techo.
- okay... – Dipper disimuló una mueca inconforme. – Creo que iré al baño... – y de inmediato el muchacho escapó de sus dosificadas anfitrionas corriendo escaleras arriba hasta el ático.
Cerró la puerta con llave, colocó un par de muebles en la puerta a manera de barricada y escondió su blanco trasero a la luz de una vela. Cogió la mochila nueva para inspeccionarla de cerca, quería cerciorarse de que no tuviera ningún imperfecto que no hubiese notado en el bazar.
Dipper introdujo sus manos en todas las bolsas y rincones de la mochila, en uno de ellos encontró una envoltura de caramelo. Creyó que todo estaba bien, pero algo le impulsó a seguir hurgando; abrió el compartimento central, en su interior había un pequeño segmento oculto; cogió valentía, lentamente deslizó sus dedos en el interior y le pareció que aquello estaba vacío.
Pero no lo estaba.
- ¿Qué demonios...? – introdujo de nuevo la yema de los dedos, definitivamente había un pequeño objeto frio en el interior. Lo cogió con el índice y el pulgar, lo sostuvo en su palma para observar su estructura de latón moldeado.
- una llave... una llave antigua... – se trataba de una vieja llave de cerradura del siglo XIX bastante oxidada y deteriorada por el tiempo y la humedad. Dipper consiguió distinguir un número: 54. Al otro lado del anillo había una inscripción que no pudo leer por la corrosión del latón.
Dipper recordó que guardaba una botella de vinagre debajo de su cama por si en algún momento necesitaba defenderse de algún ogro o gnomo. Cogió también un cepillo dental, con cuidado añadió un poco de ácido acético al 5% (compuesto básico del vinagre blanco) sobre las cerdas, luego frotó el cepillo contra la mancha de herrumbre. En un instante aparecieron las palabras, primero un poco borrosas pero después Dipper pudo leer la leyenda por completo.
"Estación de ferrocarriles de Gravity Falls."
Saludos Mortales, debo aclarar una cosa que me parece no muchos entienden; una Porta es un ojo de buey, las ventanas redondas que se encuentran en algunas puertas, empero las portas son las ventanas que encontramos en algunas embarcaciones sobre todo en aquellas de menor tamaño.
- próxima actualización 3/SEP/2017
