En la bitácora, Stan recordó al leer sobre las aventuras de los últimos 4 meses: la colonia de sirenas "caníbal" y su problema con un viejo reactor nuclear de un submarino ruso hundido durante la guerra fría en la década de los 80's. También la batalla contra el cachalote mutante que terminó por costarles el Stan 'o War II, aunque gracias a un evento de mera suerte encontraron un viejo tesoro en oro y joyas con lo cual consiguieron comprar un barco mucho más grande y fuerte al que bautizaron Stan 'o War III, muy original por cierto.
"siento que algo malo se aproxima" leyó Stan sobre el papel manchado de café soluble. "creo que mis temores se vuelven realidad... Cipher..."
En ese momento, Stan sintió un pinchazo en la cabeza, las visiones del terrible triángulo se volvieron tangibles en su memoria; dejó caer su cuerpo debilitado por el shock sobre la lustrosa cabina del Stan o War III mientras una nube negra consumía la nave en la desesperación.
CAPÍTULO 3 un ojo te observa.
- pues ya estamos. – dijo Dipper para animarse a sí mismo mientras plantaba su pie en el primer peldaño de la entrada del museo. Había rogado a su equipo de aventureros que le acompañasen a la odisea, empero todas parecían tener sus propios asuntos que atender: Wendy agendó una cita con un chico del pueblo llamado Anton; un rubio de grande boca y fanfarrón como un demonio. Candy había adelantado sus clases de piano para poder pasar el final del verano junto a sus amigas. Grenda planeaba un viaje a Austria en compañía de sus padres, le mataba la emoción de que su relación con el Varón Fundshauser fuera de maravilla. Soos no se permitía alejarse de la Cabaña del Misterio ni de broma, celaba aquel sitio de una manera enfermiza, como una obsesión intrínseca no equitativa destinada al fracaso.
La única candidata restante a acompañar a Dipper en esta nueva empresa era Mabel. Pero resulta que uno de sus nuevos desvaríos, con aquello del periodo menstrual que le había llegado apenas hacia 4 meses, era coleccionar todas sus toallas femeninas sucias esperando un día recordar el primer año en el que, según ella, se volvió mujer.
- ¿por qué no pude tener una hermana irregular normal? o una que padeciera déficit de progesterona, así con suerte y no menstruaba sino cad meses.
Con estos pensamientos entró Dipper a los fríos pasillos de cantera del museo. La noche anterior había platicado con Soos sobre su descubrimiento.
- "la estación de trenes fue cerrada a principios de los años 30's, durante la gran depresión. Después, en primavera de 1942 las vías fueron retiradas para reutilizar el metal en tanques de guerra. El edificio fue demolido amigo, si quieres encontrar algún indicio puedes visitar el museo. – después Soos acercó su rostro lentamente a Dipper. – pero ten cuidado, Dicen que el cartel del vagonero está embrujado. Como sea, ¡nos vemos compañero!"
Entonces Dipper llevó su investigativo trasero a través de aquella gloriosa máquina del tiempo; habitaban aquellas paredes: finas piezas de alfarería, ostentosas máquinas para lavar oro, ingeniosas esculturas metálicas y costosas criaturas disecadas con formol y bórax de la más alta calidad. Llamó la atención de Dipper el pasillo de los nativos Paiute; había tan pocas cosas sobre ellos en aquel lugar.
"la tribu paiute eran chamanistas, pero más tarde optaron por el culto al peyote. Se cree que los paiute del norte eran capaces de contactar con espíritus y antiguos dioses, no se sabe con exactitud la razón por la cual cambiaron sus costumbres religiosas, algunos suponen que la mescla cultural entre otras tribus sureñas y la introducción del peyote tiene que ver con este cambio."
Era lo que rezaba una leyenda debajo de un antiguo dibujo rupestre que mostraba a un grupo de humanos celebrando un ritual a una especie de dios extraño con forma de rombo tridimensional, se sorprendió a mares cuando vio en el dibujo un símbolo que nunca podrá olvidar; la estrella fugaz.
"en esta pintura rupestre podemos apreciar uno de estos rituales, se cree que data de hace 2000 años (0~100 d.C). Esta es la única referencia a este dios antiguo y no hay ningún otro dato sobre él."
Dipper soltó un resoplido, aquel encuentro había sido algo que nunca hubiese imaginado; la figura de aquel dios le recordaba mucho a Cipher.
- nah... es solo mi imaginación... – se consoló a sí mismo y continuó su visita al museo. Pronto alcanzó el ala del viejo Gravity Falls; había muchos inventos, fotografías de sucesos importantes para el pueblo, maquinas terribles y todo tipo de cachivaches. Al seguir avanzando vio un pequeño pasillo lleno de casilleros metálicos, oxidados y abandonados. La mayoría de ellos aun conservaban el número de identificación, otros ya ni tapa tenían. Arriba de todo aquello descansaba un letrero "guarda equipaje de la estación de tren".
Dipper sintió un pequeño latido frio; retrasado por pocos milisegundos, lento en su avanzar, pesado, el aire en sus pulmones se contrajo y no pudo exhalar. Volvió la mirada y vio el casillero número 54, cogió la llave; antes de insertarla en la cerradura la inspeccionó, sopló un poco para espantar el polvo, alineó la pieza de metal moldeado y lentamente los seguros fueron liberándose.
En un instante la llave de latón giró por sí sola, Dipper dio un paso atrás. En un santiamén todo se volvió oscuro, todo desapareció en aquel universo a excepción del casillero. A Dipper se le antojo nostálgico, aquel mundo lleno de oscuridad total en donde solo existía él y el misterioso contenido de aquella caja metálica. Lentamente abrió a puerta, en su interior encontró una moneda.
- ¿una moneda? – Dipper se rascó la cabeza, confundido hasta el límite máximo de la confusión. – bueno, parece de oro. Extendió el brazo para cogerla, no hubo apenas tocado la moneda cuando sintió un mareo, justo a sus espaldas una voz inconfundible le llamó.
- hola, chico. ¿Te diviertes?
- Próxima actualización 17 de septiembre de 2017
