El artista.

Miraba los documentos que tenía esparcidos por su escritorio.

La mayoría escritos en tinta negra... exceptuando uno.

Bajo la máscara de piel de anguila sonreía.

Escrito con letras de sangre estaban dos nombres.

Shen y Zed.

Llevaba tiempo pensando, pensando en cómo sería la última actuación de Shen, y por supuesto la del otro huérfano; Zed.

Pero de quien más deseaba vengarse era de Shen, no entendía el por qué el otro Ninja había asesinado a Kusho, pero no importaba el hijo del antiguo Ojo de Crepúsculo podía reemplazarlo.

Tenía especialmente guardada cuatro balas para Shen, cada una preparada con dedicación y devoción –no podía defraudar al público que encontraría el cadáver de Shen– seria hermoso ver como el Ojo perecía ante las flores de loto que surgirían de su sangre.

¡Oh, que hermosa escena mental!

Jhin tomaba a Murmullo, acariciando la inscripción que le había hecho.

Terminaría con su triste existencia, seria larga y dramática. Justo como una obra.

Aún faltaban detalles para darle el mejor final.

En tan solo unos meses podría llevar acabo su mejor presentación.


Se habían presentado en la ciudad, para arreglar algo –realmente no le importo en lo absoluto lo que le había dicho Shen, tan solo lo siguió– pero mientras el vigilante de las Estrellas y Akali estaban hablando con un alto funcionario, él estaba con Kennen en un silencio incómodo.

Kennen estaba meditando –o tal vez ya se había dormido– mientras que Shekhar estaba apoyado en la pared junto a su hacha –hundido en pensamientos banales– pero ninguno de los dos sentía ese silencio reconfortante como otras veces que habían estado callados.

–Di algo, a veces hace falta tu voz –los ojos esmeraldas lo miraron confundidos.

–Silencio–aunque deseaba romper ese taciturno ambiente era simplemente el hecho de que no había temas de los cuales hablar.

–Al menos debería saber por qué estamos aquí –se apoyó con más soltura en la pared.

–¿Recuerdas que hace un mes Akali y Shen estuvieron fuera del Templo?

–Sí, fueron los mejores 30 días desde que estoy aquí –respondió con aire aliviado.

–Bueno, ellos aún tienen trabajo que hacer y ahora vinieron a hablar con el Consejo.

–¿Qué hago yo aquí entonces? –bufo Shekhar, tan altanero como siempre.

–Shen no quiere que Akali participe así que tú la suplirás en esa misión.

La voz de Kennen estaba un poco afligida, ni siquiera él iba a acompañar al Ojo en esa misión, tenía miedo de que Shen terminase como su difunto Padre, no entendía muchas cosas, pero una de ellas era que el Demonio Dorado y su arte no era algo que se pudiese tomar a la ligera.

No, ellos no podían... al menos Shen no.

–Es hora de irnos –se escuchó la voz del Ninja de ojos dorados.

–¿Ahora a dónde? –cuestiono Shekhar tomando su arma con prontitud.

–El día aún no termina, debemos prepararnos –el Ojo parecía ignorarlo.

–Shen no creo que debamos hacer eso –esta vez era Akali con un tono de voz que Shekhar no pudo adivinar.

–Tenemos un poco de tiempo, debemos impartir el equilibrio –su mirada al frente mientras caminaba.

El Yordle se encogió de hombros, más que compañeros él lo consideraba su amigo y si quería enfrentar las sombras de su pasado tan solo aceptaría esa decisión y no diría más.

La joven detuvo su andar, ella también consideraba a Shen un amigo, pero lo que él planeaba era prácticamente suicidio o, pero aun un genocidio.

Miro a su izquierda y vio al Errante que también la miraba.

–Me impresiona que hayas llegado hasta este punto de la vida –su mirada se clavó en sus ojos esmeraldas–; aunque no creo que salgas vivo de lo que sigue.

Sus ojos se abrieron sorprendidos, ¿qué le hacía pensar eso?

–No te preocupes, viviré lo menos que pueda.

Y dicho eso el Errante retorno camino tras el Ojo de Crepúsculo y Kennen dejando a Akali con la palabra en la boca.


La luna se alzaba sobre el Templo, todos dormían –puesto que la madrugada tocaba a los hombres y mujeres que habitaba ahí– con la excepción de los hombres que estaban en una de las habitaciones.

El ojo de Crepúsculo estaba meditando en el suelo; parecía estar tan sumido en sus pensamientos que el Errante decidió no hablarle hasta que el Alba se asomara anunciando otro día. Mientras tanto, Shekhar haciendo sombras con sus manos; las movía como marionetas, haciéndolas bailar y jugueteando con ellas.

El vigilante de las Estrellas pensaba, mirando la pared como si esta fuese a darle las respuestas a todas sus dudas y aunque le pidiera a todos los dioses que eso fuera a suceder muy en el fondo sabía que eso no le daría respuesta de ver a Jhin en el Consejo.

Shen lo había visto caminar como si nada hubiese sucedido, como si todo lo que sufrieron hace apenas trece años nunca hubiera pasado, como si ese psicópata fuese a ser bálsamo para el dolor y la perdida de las fuerzas Ionias.

Recordaba los cadáveres, las personas llorando, su Padre con un gesto extraño en su rostro al verse envuelto en esa búsqueda, él sollozando al ver la primera escena de ese sádico crimen, la impotencia de Zed al perdonar la vida de aquel asesino...

Cerro los ojos, recordando como en las noches acudía con su hermano para intentar olvidar lo que veía por las mañanas y tardes.

Recordaba el calor y la lujuria.

Recordaba esos besos y las dulces caricias.

Recordaba como el ex-alumno de su Padre batallaba sin descanso esperado vencerlo.

Recordaba las muecas que esgrímaba al llegar a su orgasmo.

Recordaba cuando su Padre los descubrió en pleno acto.

Y aunque tenía completo control de sus emociones, ese recuerdo hacia que el estómago se le revolviera, que el corazón le palpitara con rapidez y –extrañamente– su miembro ansiara la boca y manos ajenas.

De momento abrió los ojos, no podía... no debía.

Una de sus manos se dirigió a su entrepierna, había pasado mucho tiempo que ya no hacia eso –tal vez hace una década, tal vez mas– pero el pensar mucho en Zed le provocaba ese sentimiento.

Ante la mirada curiosa de Shekhar metió una mano a sus pantalones, sintió el frío tacto de su diestra en su flácido miembro.

Debía estimularse un poco; quería que el tacto en su miembro se volviera el suave toque de Zed sobre su pene, deseaba poder volver en el tiempo y evocar el roce íntimo de su hermano.

Con su mano libre se apoyó en el suelo, casi olvidaba que su cuerpo era tan sensible –debía agradecer al maestro de las Sombras por aquello– cuando la temperatura de su cuerpo subía.

Recordaba que Zed siempre lo dejaba frente a él porque decía que amaba las expresiones que hacía, unos pequeños gemidos se escapaban de su boca, pero no los callaría, porque ¿realmente quien lo escucharía en plena madrugada?

–Shen, puedo darte privacidad si tu...

–No –respondió en un jadeo.

El de ojos esmeralda veía sorprendido el tono monótono de Shen aun cuando estaba masturbándose.

–Quédate ¡ngh! esto es... algo natural –respondió con monotonía aun entre gemidos.

Y es que nadie le obligaba a mirar pero, resultaba que ver como Shen se masturbaba era muy excitante.

No podía ver el pene del Ojo de Crepúsculo, pero se lo imaginaba.

Erecto, duro... Y tal vez delicioso.

El de ojos esmeraldas se levanto, algo que no le había confesado a Shen es que –quizás– le atrajera un poco algo tan casto como él.

–No –notó las carnales intenciones del Errante–. No te me acerques.

Lo miro extrañado, el brillo esmeralda parecía confundido al retroceder unos pasos.

–Shen, al menos dame el espectáculo completo.

No se negaría, recordaba que a Zed le gusta verlo mientras se tocaba también.

–Eres bastante asqueroso, aunque... –el Ojo dejo de bombear.

Con ambas manos se deshizo de sus vestiduras inferiores.

–¿Te habían dicho que le puedes sacar el ojo a alguien con eso? –pregunto con diversión el Errante que se acomodaba en el borde de la cama.

Shen gruño por lo bajo, no le gustaban esa clase de bromas pero esta vez lo dejaría pasar.

Ahora, con ambas estimulaba su miembro.

Con la diestra acariciaba con delicadeza su glande –sabía que al Errante le gustaría ver eso– mientras que su mano izquierda jugaba con sus testículos.

El azabache babeaba, ver al Ojo de Crepúsculo así debía ser un privilegio.

–¡Ah! –gimió con la mirada clavada en Shekhar.

Por su parte, el Errante sentía como su miembro rogaba por atención, pidiéndole que liberará toda esa presión.

Shen jadeaba de manera ruidosa, al parecer "obseno" es una de las palabras que describen a de ojos dorados.

Los ojos esmeraldas veían con suma atención como la mano derecha de Shen subía y bajaba por esa deseable longitud que empezaba a volver loco a Shekhar.

De un momento a otro el vigilante de las Estrellas movía con rapidez su mano, haciendo un poco de presión.

Sentía los temblores de su cuerpo, los músculos se le contrajeron un segundo antes de que el líquido blanquecino saliera disparado del miembro de Shen.
Este último jadeaba, el escalofrío que recorría su espada le había hecho anhelar los sensuales toques de su antiguo amigo, necesitaba los besos sobre su cuerpo y las marcas de la dentadura del albino, extrañaba lo caliente que se ponía su cuerpo al simple roce del alumno estrella de su Padre.

–¡Argh! –grito apretando un poco su miembro.

El líquido pre-seminal comenzaba a asomarse en el miembro de Shen, quien seguía bombeando frenéticamente pues parecería deseoso de llegar al orgasmo.

Por su parte, Shekhar también sentía la creciente excitación.

No es que tuviera ese típico instinto voyerista como todos los cazadores, si no que el solo saber que el Ojo de Crepúsculo también tenía sus momentos "a solas" era un conocimiento morboso –enfermo en cierta manera– que le gustaría recordar por el resto de sus días.

–¡Ngh! Ah...

El semen de Shen se derramó en el piso, manchando sus dedos.

–Ah... Ah...

Jadeaba, regulando la respiración.

–Deberías hacerlo mas seguido –sugirió el Errante sonriente.

–Deberías cuidar tus hábitos –respondió con desdén–. Mira lo que has hecho en tus pantalones.

El Errante se había venido sobre sus vestiduras, se notaba la mancha de semen.

–Estúpido –gruño cerrando las piernas, pero el daño ya estaba hecho.

–No me faltes al respeto.

–Ya te lo has faltado tú, ¿quién se masturba frente a otro hombre? –sonrió–. Aunque a la próxima deberías dejarme ayudarte.

Shen tan solo lo miro un poco asombrado.

–No pongas esa expresión –se cruzo de brazos–. ¿Qué acaso no quieres un poco de ayuda manual con tú erección?

Shen rió, levantando un poco su máscara.

–Presiento que lo tú quieres es esto.

Al decir eso le dio una lamida a sus dedos manchados de su propia esencia.


Estaban de "guardias" de un actor que se presentaba en uno de los mejores teatros de Ionia.

Iban disfrazados de simples civiles, Shen no le había dicho el por qué.

–Esto es una pérdida de tiempo.

–Silencio –ordenó el Ojo mirándolo.

–¿Por qué estamos aquí? Odio el teatro yo ni siquiera se que se hace aquí. Esto es aburrido.

–Tan inculto como siempre, tan desagradable actitud no va en este recinto.

El Errante quedo en silencio, a veces el Kinkou era un cretino; bien sabia que él nunca había pisado un lugar así antes, solo sabia asesinar y alimentarse.

–En un momento sentirás que el teatro no es aburrido –anuncio en un susurro.

La obra comenzó, todo era hermoso y divertido.

Las actuaciones eran exquisitas, no parecían actuaciones a Shekhar se sentía dentro de la obra, todo era emocionante. Encantado con lo que escuchaba y veía.

O al menos así fue hasta que se escucharon los disparos.

El aura amena y jovial había sido sustituida por gritos de los otros artistas y actores que estaban tras bambalinas.

Los ojos de Shen se volvieron sombríos, había llegado tarde... de nuevo.

–Levantaté –lo tomo del antebrazo, corriendo hacia el escenario.

Apenas se levantaron escucho los característicos gritos de Deadeye.

El Ojo se detuvo en seco a tan solo unos pasos del escenario.

–Hey Shen, ¿qué pasa? –Shekhar lo miraba confundido.

Las personas corrían despavoridas, gritando e intentando salir.

–Shen, Shen –esta vez le insistió con un poco de miedo en la voz, no comprendía nada.

Los gritos se intensificaron, entre todo el ruido escucho un "dos".

–¡Shen maldita sea!

Se soltó de su agarre, posicionándose frente al ojo de Crepúsculo.

–Tres...

Intentaba despertarlo de ese trance, nunca lo había visto así antes.

–¡Shen, Shen!

En los ojos dorados se mostraba el terror.

Ya casi no quedaban personas, todos corrían por sus vidas exceptuando a ese par.
Iba a darle un golpe a puño cerrado cuando un último grito lo interrumpió.

–¡Cuatro!

Fue acompañado por un último disparo.

–Shen...

Susurro mientras giraba sobre sus talones, había esuchado unos pasos.

Escuchaba una voz tarareando algún tipo de canción.

–¿Un ambiental? –una voz desde las sombras–. Creí que ya todos se habían ido, pero no te preocupes. En un momento seas hermoso como todos ellos.

Los ojos esmeraldas estaban sorprendidos, no podía creer lo que veía.

–Serás... Hermoso.

El artista comenzaba la función.


Mas participación de Jhin

Shen con sus porquerías

Falta Zed

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