CAPITULO 3: LA VIDA DE UNA FLOR


El señor rey demonio había pasado 13 años en su intento de crear flores que pudieran resistir y vivir en el mundo de los demonios, la mayoría de estas morían por el denso miasma que se encontraba aquí, pero hace tres años había logrado crear estas flores, solo dos flores del mundo humano aguantaron, la primera se llamaba "Edelweiss" era una pequeña flor blanca de pétalos delgados y alargados, con diferentes bolitas amarillas en el centro, esta flor solo creía en la cima de una montaña humana llamada los Alpes, la segunda flor se llamaba "Ciclamen" esta flor tenía como base unas hojas que tenían forma de corazones inversos, de color verde con pequeños diseños plateados, de la base salían las flores, unos delicados pétalos que crecían rebeldemente en la dirección que querían parecían mariposas a punto de echar a volar, cuando el jardín estuvo listo en una zona del ala que se había construido especialmente para Aisha, el señor rey demonio la llevo, con sus 10 años Aisha corría despreocupadamente entre las flores parecía encantada con ellas, pero con el paso del tiempo ella se había olvidado de las flores, desayunaban todas las mañanas en ese jardín, pero ella parecía considerarlas una hermosa decoración y no más.

En uno de esos días cuando ellos desayunaban le dije - Aisha ¿Qué te parecen las flores?

-Hermosas como siempre. – Dijo ella mientras tomaba un panecillo. - ¿Por qué lo preguntas padre?

-Por nada. – Dijo el un poco desilusionado, pensando que su experimento con esta pequeña niña había fallado, este experimento que comenzó para hacer feliz a Vivi y Hana, miro a Aisha y decidió que no había fallado, en serio consideraba a esta pequeña su hija, aunque no lo fuera.

-Padre. – Dijo ella limpiándose las manos. - ¿Puedo retirarme? – Dijo mirando hacia la puerta, el señor rey demonio distinguió a Raizel, la única hija de Rosemary en el marco.

-Claro. – Dijo el volviendo a tomar su taza de té. – Ve. – Aisha hizo una gran reverencia en frente de él y se retiró corriendo.

Faltaba poco para su 14° cumpleaños, malhumorado dijo. – Gilbert. – y su fiel sirviente apareció delante de él. – Creo que debemos tomar medidas más severas para que Vivi venga a conocer a Aisha. – No dejaría pasar más tiempo y ya no le daría más oportunidades a Vivi.


Vivi se encontraba en su casa en la tierra, acostado en su sofá cuando escucho mucho ruido en el jardín, Anzu estaba armando escándalo otra vez, aburrido se paró y miro el reloj, las 3 de la tarde camino despacio hacia el jardín y se encontró con Gilbert que les daba dos cartas a Anzu, apresuro el paso hasta llegar a donde se encontraban.

-Tiempo sin verle Vivi-sama. – Dijo Gilbert haciendo una inclinación

-¿Qué pasa ahora, Gilbert? – Pregunto el molesto por que involucraban a sus hijos en las locuras del señor rey demonio.

- Esto es una invitación para la fiesta de cumpleaños 14° de la princesa de los demonios, la señorita Aisha. – Dijo el señalando la invitación que Anzu mantenía en sus manos. – La segunda es una carta del señor rey demonio. – Vivi le arrebato las cartas de las manos a Anzu, que le miro enfadada, estaba a punto de quemarlas cuando Gilbert comento. – Yo que usted no haría eso. Debería leer al menos la carta dirigida a usted.

Vivi sorprendido por las palabras de Gilbert abrió el sobre y encontró un corto mensaje.


Para mi querido Vivi:

Ya que recientemente has ignorado mis invitaciones para los últimos cumpleaños de mi adorada hija Aisha, me veo en la necesidad de condicionarte. Serás despojado de tu título en el mundo de los demonios y la entrada a este se te será prohibida si insistes en no asistir.

Y esto no solo te afectara a ti, sino a tus adorables hijos Yamabuki y Anzu, no olvides que ellos (Aunque solo la mitad) también son demonios y como tales deben servir al señor rey demonio, si te niegas, tendré que ordenar que ambos entren y compitan en el mundo de los demonios por un rango, que es lo que les corresponde como hijos de un gran demonio.

Atentamente: El señor rey de los demonios


Vivi miro incrédulo la carta, era demasiado él quería separarlo de sus hijos, lo único que le quedaba de Hana.

-Con su permiso. – Se despidió Gilbert antes de entrar en un portal.

-¡Papa! – Dijo Anzu. - ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?

-Si. – Dijo el mientras se dirigía a la casa, tomo la invitación y se la lanzo a Anzu. – Toma, si iremos.


A mis trece años no conocía más que el castillo y me refería al ala que era mía, en todo mi vida nunca había salido más allá de esta ala y ocasionalmente al salón principal donde se festejaban mis cumpleaños, yo era feliz así, solo platicando y confiando en mi padre "El rey de todos los demonios", aprendiendo cosas de Gilbert su sirviente más fiel, y jugando con Raizel mi amiga de toda la vida.

Mi pequeño mundo empezaba en esas puertas dobles de mármol, seguía el largo pasillo pasando por diversas salas, todas para mi diversión y comodidad, al final de ese enorme pasillo habían unas escaleras de caracol donde ascendías a un patio cuadrado con diferentes habitaciones a los lados, la última era la mía, y si seguías a la habitación de la izquierda que fingía ser otro cuarto común exceptuando que en la chimenea, donde tenías que entrar en la parte más profunda y encontrar una palanca solo así descubrías el jardín que hizo mi padre para mí, con lo que él llamaba flores, un pasillo igual de secreto entre las flores te llevaba a su laboratorio donde el experimentaba con todo esta nueva mezcla de vida, entre los estantes llenos de cosas tenebrosas y extrañas se encontraba un pequeño resquicio donde los ladrillos habían colapsado a los 8 años descubrí ese pequeño agujero en mi celda de cristal y lo único que pude hacer fue investigarlo, me adentre sin pensarlo y termine en un suelo inclinado y después en un laberíntico pasillo, me dedique meses a investigarlo mientras el mundo dormía yo me internaba en algo que me parecía una aventura como ninguna.

Descubrí tantas salidas, pero aun ahora la más importante que encontré fue la que me llevo a la sala de servidumbre del castillo, al estar cerca de las cocinas una amable sirvienta me indico el camino al pensar que era una invitada a una reunión que se celebraba, me llevo hasta un amplio salón pero aun así este era más chico que el salón principal donde se solían festejar mis cumpleaños.

Ansiosa por entrar me acerque a la puerta y antes de poder girar la perilla, escuche una voz clara y aguda que me decía. – Llamaras demasiado la atención. – Dijo la voz, al voltearme me encontré con un adolescente de 14 años, era alto y estaba sentado en el borde del pasillo donde sobresalía el barandal, tenía unos ojos rojos profundos y un cabello negro largo y liso, la mire atontada un momento mientras el continuaba diciendo. – Tu cabello, en el lado norte pocos son los demonios con cabello rojo, aparte de usted princesa Aisha. – Dijo mientras se inclinaba haciendo una reverencia formal.

Esa fue la primera vez que lo vi.


Ahora yo estaba a punto de cumplir 14 años, esa fue la edad que él tenía cuando nos conocimos, mi fiesta de cumpleaños seria dentro de unas horas y recorría el túnel a punto de salir en la cocina, al salir me encontré tan atareada la cocina que nadie noto mi paso por el lugar, entre en esa pequeña sala de fiestas esperando pacientemente.

Lo escuche antes de que llegara, un paso firme caminando en el pasillo justo cuando abrí los ojos la puerta se abrió mostrando a Duncan que ahora tenía 20 años, el príncipe del mundo de los demonios. – Hola. – Dije caminando hacia él.


Vivi estaba en el carruaje viendo a Anzu y Yamabuki que platicaban sobre el ultimo cumpleaños que habían asistido ellos solos, y sobre como este era el primer cumpleaños al que Vivi asistía, estaban felices y maravillados por la actitud de su padre, el enojado solo podía mirarlos cuchichear.

Al entrar en el castillo el noto como el castillo no había cambiado en nada, mismas paredes empapeladas elegantemente, candelabros brillosos, pisos de madera pulida o de mármol y pesadas alfombras de tonos obscuros, los llevaron directamente a sus habitaciones, al salir de la suya Vivi se encontró con Felton que se encontraba recargado en la pared.

-Cuanto tiempo Vivi. – Dijo el demonio rubio mientras lo seguía, después de un tiempo en silencio Felton continuo. – Veo que estas de malhumor. – Dijo mientras abría la puerta, hacia la fiesta, el desapareció al instante. - Pero no deberías ser así con tu mejor amigo. - Dijo con su típico tono animado.

Entre a esta aburrida fiesta no pude evitar escuchar los murmullos que producían todos los demonios, me miraban como si después de haberme vuelto loco lograra regresar a la estabilidad que ellos llamaban aristocracia demoníaca.

-Vivi. – Al voltearme vi a Mortiz con su expresión sonriente, nosotros nos veíamos recurrentemente por el trabajo. – Que raro es verte cuando no se trata de trabajo ¿Cómo te convencieron de venir?

– Rey de los demonios. – Dije haciendo una pequeña inclinación, se había ganado algo de mi respeto en los últimos años. – El viejo aún tiene sus trucos. – El levanto una ceja, incrédulo.

-El señor rey demonio no es lo que imaginaba. – Incrédulo mire a Mortiz que solía alabar al viejo en cualquier circunstancia. – Todo este lujo para una niña de la que no sabemos su procedencia. – Dijo mirando alrededor.

-Así que hablas de su hija. – Dije entendiendo un poco la situación.

-No sabes sus orígenes. – El cortó mis palabras de improvisto. – Si fuera realmente su hija, como todos sus descendientes, como nosotros, tendría el cabello negro y ojos azul grisáceos aún más al ser directa, incluso nunca ha recibido educación como mi hijo Duncan.

Divertido al ver por primera vez frustrado a Mortiz, le dije. – Ahora imagina cuando sea reina. – Solo vi una mueca despectiva que desapareció casi al instante.


Seguí paseando pensando en las palabras de Mortiz, sin duda Duncan sería un mejor rey que la princesa desconocida, antes de darme cuenta el señor rey demonio se encontraba detrás de mí.

-Vivi. – Dijo el con una gran sonrisa en el rostro. Daba la vuelta a mí alrededor hasta quedar en frente de mí. – Así que por fin decidiste asistir.

-¿Asistir? ¿Te refieres a tu amenaza para hacerme venir? - Se quejo Vivi, en realidad no sentí ganas de pelear pero no podía dejar que el tomara a sus hijos.

-Vivi. – Dijo el serio mirando hacia el frente. – Hace 14 años murió Hana. – Esperaba todo menos esa afirmación. – Este es el momento donde tú reinicias tú vida y por fin tendrás más que la vida de una flor. – Dijo dándome una palmada en el hombro mientras comenzaba a caminar hacia el frente. – Y por fin cumplo la promesa que le hice a Hana.

Sus palabras me confundieron ¿Hana? Que tenía que ver en esto, ella ya no formaba parte de nada, ella ya no existía. El señor rey demonio se abrió paso hacia atrás el lado contrario para llegar al trono, las personas a sus lados se apartaban y el miraba en mi dirección cínico, por lo que no note que las miradas de todos iban dirigidas a una chica, solo la note cuando ella coloco su mano enguantada en la del señor rey demonio.

Tenía una piel pálida y brillosa a la vez, su cabello ondulado de un color castaño rojizo le llegaba a la mitad de la espalda, llevaba un amplio vestido negro cubierto de perlas en la falda y el cabello, sus facciones eran suaves casi sin contornos dándole un aspecto aún más infantil, tenia grandes ojos chocolatosos rodeados de largas pestañas curvas, tenía unos labios finos en forma de corazón muy marcado pintados de negro. Ella debía ser la hija del señor demonio.


Anzu amaba ir al mundo de los demonios, parecía que podía entrar a otra época donde todo era más hermoso aunque en esta ocasión su visita era nublada recordando que al entrar vio de nuevo como le negaban la entrada a una mujer de cabello castaño, ella había asistido a los primero 4 cumpleaños de la princesa y en esas 4 ocasiones había visto que sucedía lo mismo con esa mujer por eso no se la podía sacar de la cabeza, lo que la distrajo de sus pensamientos fue que visualizo a la princesa Aisha desde el fondo de la sala, donde hace pocos segundos un hermoso demonio intentaba mantener una plática con ella, al ver a la princesa se puso de puntas admirando cada detalle de ella, a sus 14 años aparentaba menos edad, tenía un hermoso cabello rojizo muy llamativo que ella no le había visto a casi ningún demonio, excepto Tony, pero eran pelirrojos diferentes, su vestido era de tul negro en la parte de la falda con incrustaciones de enormes perlas blancas en los sitios más indicados, la parte de arriba estaba hecha de seda negra lisa dándole un aspecto elegante, en su cabello tenia enredado centenas de perlas, era linda pero aún era una niña y se veía que se esforzaba por mantenerse seria y caminar recta hasta el final.


Solo fue un momento pero cuando la muchacha paso a su lado Vivi capto cierto olor, pero era imposible solo los humanos tenían un olor especifico porque su sangre despedía un aroma diferente según la persona, el comenzó a caminar detrás de ellos empujando a las personas que se amontonaban a su alrededor intentando ver al rey y la princesa.

Vivi continuaba con ese olor en su cabeza y recordó otro instante en el mundo de los demonios cuando el bebió la sangre humana de Hana para poder recuperarse.

Era el mismo olor que despedía la hija del señor demonio pero los demonios no tenían olor, se dijo a el mismo.


Yamabuki observaba como su hermana bailaba con demonio tras demonio, en cambio de Anzu y su propia madre él creía que los demonios eran diferentes a como se veían esas aristocráticas personas, sabía que eran más crueles y despiadados, por eso no podía evitar observar cada paso de que daba su hermana en esta fiesta, hasta que Anzu volteo impresionada a ver a la princesa que hacía por fin su aparición, venía con un vestido negro con pequeños destellos blancos agarrada de su mano de una chica rubia con un vestido blanco. Tan diferentes se dijo el, obviamente habían planeado esos vestidos desde el comienzo, como un demonio y un ángel tomadas de la mano.

La chica de blanco espero en el marco de la puerta, mientras la princesa caminaba con paso firme hacia el rey, juntos comenzaron a caminar al trono pero detrás de ellos venia su padre que con una cara de confusión los perseguía. Yamabuki se movió por instinto detrás de él.

Cuando llegaron a un lado del trono su padre se encontraba en frente con cara destrozada mientras el segundo rey Mortiz ascendía con su familia.

El rey se colocó en frente tomando la mano de la princesa del cabello de fuego y pronuncio. – Damas y caballeros, gracias por asistir a esta noche en este el 14° cumpleaños de la futura reina de los demonios. – Debía de estarlo imaginando, pero parecía como si el rey de los demonios nos mirara directamente. – Esta será una fiesta especial. – Dijo mientras regresaba a su trono, se suponía que la princesa Aisha debía seguirlo y sentarse en su correspondiente trono, en cambio ella dio dos pasos al frente, su rostro se tornó rojo mientras el príncipe Duncan, hijo del segundo rey Mortiz se acercaba y tomaba la mano que el rey Demonio acababa de dejar.

Duncan que aunque contaba con 20 años no los aparentaba, al ser un demonio con un gran linaje aparentaba menos edad, tenía el mismo cabello negro que el mío y mi padre, solo que un poco más liso, los ojos rojos eran heredados de su madre Anabela pero a mi parecer quedaba mejor en la apariencia de un demonio. Esos ojos no humanos que los demonios poseían.

-¡Invitados! Queremos anunciar el tan esperado compromiso de la princesa Aisha conmigo

El rey demonio se quedó estático viendo conmocionado el suceso, sonreí para mí mismo pensando en cómo el amor de esos dos sacaría de quicio al rey demonio, pero al voltear a ver a mi padre lo mire apretar los puños mientras hacia una mueca de casi dolor.


COMENTARIOS

Dulce-Airs. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer este fic. Espero darle una nueva trama donde Hana participe mucho más que en el manga y tengamos una nueva visión del mundo de los demonios.

Jajaja si Vivi siempre fue así, nunca queriendo dejar permitirse cosas con Hana ;)