Capítulo 4. Rosas con espinas


Vivi siguió al rey demonio y la princesa hasta que se dieron la vuelta en el trono, miro mejor a la chica que intentaba mantener una expresión seria al lado del rey demonio, ella tenía una figura menuda igual que Hana, su piel era igual de blanca y transparentosa que Hana, el cabello de esta chica era de un castaño rojizo tan diferente al de Hana que tenía el cabello castaño claro igual que el de Anzu, pero tenía los mismos enormes ojos chocolatosos de Hana.

Recordó hace mucho tiempo en la escuela del mundo de los demonios y hace décadas cuando Hana comenzó a presentar signos de vejez que el mismo empezó a buscar sobre cómo mantenerla viva más tiempo, todas sus investigaciones decían algo sobre como conservar el alma de los seres humanos, imposible con los demonios, pero no con los humanos, algunas veces estos conservaban características de su vida anterior, cabello, piel, carácter, pero lo que siempre conservarían seria el color de los ojos que decían era una ventana hacia el alma que era en esencia lo que querían conservaban, miro esos ojos con los que vivió por casi 80 años, los ojos de la bebe que recogió en la nieve, de la niña que amaba las flores, la adolescente que descubrió al regresar del mundo de los demonios, la mujer con la que se casó y tuvo a Anzu y Yamabuki, y la anciana que lo abandono. Era ella. Hana.

Vio como la chica camino hacia al frente quedando tan cerca de él, encima de la plataforma donde se encontraban los tronos, vio como Duncan tomo la mano de la chica mientras pronunciaba. – ¡Invitados! Queremos anunciar el tan esperado compromiso de la princesa Aisha conmigo.

Empecé a avanzar hacia la plataforma sin saber muy bien lo que haría pero Yamabuki que se encontraba a mi lado me tomo del hombro mientras me miraba asustado – Padre. – Fue lo único que dijo. Mientras los aplausos de los demás demonios inundaban la sala.


Anzu tomo el bajo del vestido amarillo pálido que llevaba ese día y corrió hacia su padre y su hermano que se encontraban en frente de la plataforma real, empujo a varios demonios al pasar corriendo pero no le importaba pues al ver la ancha espalda de su padre que temblaba como si en realidad estuviera asustado, ella no podía evitar asustarse a su vez, su hermano al verla correr hacia ellos le tendió una mano "Siempre confiable" se dijo a ella misma.

Tomo la mano de su hermano sonriéndole pero ella no pudo ver su expresión, pues capto un olor dulzón que le dejo un regusto ácido en el estómago. Sangre le dijo una parte inconsciente de su mente, la misma parte inconsciente que recordaba la curiosidad que tuvo cuando niña por las rosas con espinas y como eran tan diferentes de las rosas del castillo donde vivían.

Su madre con una sonrisa anhelante le había dicho. – Tu padre las mando a plantar especialmente para mí, para que no me lastimara pero este es el único rosal con espinas de todo el castillo. – Su descuidada madre se perdió en sus recuerdos y no noto cuando su mano se cerró sobre una de las diminutas espinas, dio un respingo al tiempo que la sangre empezaba a correr por su mano, Anzu inconscientemente tomo la mano de su madre y lamió la sangre que brotaba, ella nunca olvidaría la única vez en su vida que había probado la sangre humana, consciente mordió con sus dientes de demonio la mano de Hana, ella profirió un pequeño gritito casi como un suspiro, solo por ese sonido Anzu se detuvo, al instante unos fuertes brazos la levantaron del suelo, su padre, que con mirada seria la alejo de su madre, que tenía sus enormes ojos chocolatosos abiertos, asustados.

Ella nunca olvidaría el sabor ni el olor de la sangre humana, la única sangre humana que había probado en su vida, era el mismo olor que despedía levemente la princesa Aisha.

Ella no pudo ver la expresión de su hermano, pues solo podía ver a esa niña. – Mamá – Murmuro ella más horrorizada que nada. Su padre que por fin pareció despertar de su trance la miro desconcertado, ella se aferró a su brazo escondiendo su rostro en su pecho, su hermano alarmado se puso en frente de ellos intentando ver que le sucedía, pero ella solo veía a esa niña de cabello intenso.


El señor rey demonio se adelantó en la plataforma real y tomo la mano de Aisha, la miro con una ferocidad que nunca había utilizado con ella, al instante noto la reacción de la chica, el miedo la inundo y se dejó arrastrar en cambio en Duncan vio una mirada de superioridad que le hizo dar un paso frente a él, pero astutamente Mortiz ya estaba frente de el mientras que Anabela arrastraba al chico hacia el otro lado.

Se rindió por ese momento, pero al instante vio una mirada aún más feroz que la de Mortiz o que la suya, se trataba de Vivi, que era contenido por sus dos hijos, Anzu se aferraba a su brazo derecho como si de una ancla se tratara mientras ponía una cara de horror en cambio Yamabuki tranquilo se mantenía enfrente de su padre y de su hermana como si pudiera contener la furia del uno y el pánico de la otra con su cuerpo.

-Lamentamos la imprudencia de nuestros hijos. – Aclamo Mortiz en el frente del escenario, saboreando al decir la palabra "NUESTROS" quitando parte de la culpa a Duncan.

Como el rey que era yo no iba a permitir que suplantaran mi puesto, troné mis dedos y al instante Gilbert tomo a Aisha entre sus brazos, como una jaula, empecé mi camino hacia el frente y vi como Anabela retrocedía aún más mientras contenía a Duncan, en cambio Mortiz se hizo a un lado.

-Este compromiso nunca se realizara, como rey lo prohíbo y el consejo de ancianos tampoco estará de acuerdo. – Confirme con voz dura para que nadie le quitara importancia a mis palabras.

Di media vuelta y entre por los cortinajes que daban hacia una entrada para el palacio, Gilbert me pisaba los talones con Aisha muda aun entre sus brazos, tome su mano mientras la arrastraba por el camino. – Gilbert, Vivi pedirá verme, pásalo al ala de la princesa con sus hijos.


Vivi comenzó a caminar por el pasillo aun con Anzu pegada a su brazo, la chica aunque tenía el frágil cuerpo de Hana era un demonio sumamente fuerte, por lo que seguía su rápido paso, su hermano preocupado andaba unos pasos detrás de ella cuidando la delicada estabilidad que la chica mantenía al igualar el paso de su padre con un pesado vestido que no estaba acostumbrada a usar y tacones.

Felton y Elleonor estaban en el pasillo esperándolos pues habían visto la escena que tanto Anzu como el habían hecho. – Vivi... – Empezó a decir Felton, pero viendo la situación y expresiones tanto de el cómo de sus hijos no prosiguió, en cambio yo tome a Anzu y la arroje a los brazos de Elleonor que rápida la atrapo, Yamabuki siguió a su hermana y yo continúe corriendo por el pasillo mientras Felton me seguía corriendo.

Gilbert apareció y aguanto mi paso y el de Felton mientras me guía por los laberinticos pasillos, se detuvo en unas puertas dobles, las abrió y entre sin dudar con Felton detrás de mí, nos encontramos en un pasillo lujoso, que terminaba en unas escaleras blancas.

Entre en el cuarto donde se encontraba el señor rey de los demonios sentado en una gran sala, al entrar me arroje sobre él, pero como siempre Gilbert rápido y certero ya me contenía, aunque en esta ocasión fui tan rápido que él me tuvo que lanzar contra una de las paredes, aun con la furia dominándome me levante mirándolo desde la esquina donde empezaba a sentir los golpes.

-¿Cómo? – Pregunte mientras gotas de sangre manaban de mi boca.

-Primero que nada, toma asiento Vivi. – El hizo una inclinación de cabeza hacia Gilbert que desapareció en el umbral de la puerta. Me levante aun sintiéndome inestable, no me senté me mantuve lejos de él. – Ya veo. – Dijo el ante mi actitud.

-¿Qué le hiciste a Hana? – Dije exponiendo por fin mis pensamientos.

-Hana murió Vivi. – Dijo el seguro mientras se servía te, vio mi exasperación por lo que empezó a decir. – Antes de que su cuerpo dejara de existir yo tome sus recuerdos. - Dijo sacando 3 perlas. - Existía una cuarta, que en esencia era Hana, su alma. – Aclaro al final de la frase. El enojo me dejo, me quede sin energías, ella seguía muerta en esencia. – El problema en Hana era en esencia su humanidad, por lo que no tenía sentido regresártela en un cuerpo humano, busque en el mundo de los demonios. – Continuo el, hablando como si hubiera hecho algo bueno, un gran favor. – Encontré una mujer embarazada, en su vientre había un bebe demonio apenas vivo que de seguro moriría al nacer, me quede cerca y como predije él bebe murió y yo inserte a Hana en ese pequeño cuerpo. Ella crecería de nuevo en un cuerpo más fuerte, con más vida. ¿Acaso no lo entiendes Vivi?

Me sentía confuso, Hana quien ya había muerto nunca se compararía a esa niña aunque en esencia fueran la misma persona. Entre el enojo y la hilaridad me encontraba sin saber cuál predominaba, la idea esperanzada de y si ella me recordaba, y si ella era lo que estaba buscando, y si...


Anzu, había corrido detrás de su padre, vio a Felton parado justo al borde de una puerta así que se colocó a su lado y vio a su padre en el suelo con sangre en los labios ella escucho como el preguntaba "¿Qué le hiciste a Hana? Yamabuki y Elleonor llegaron justo detrás de ella.


Elleonor no creía lo que escuchaba, cuando se dio cuenta Anzu ya caminaba con paso firme hacia el señor rey demonio que ya los había visto parados en el marco, Anzu con su frágil cuerpo tan parecido al de Hana pero con una mirada tan fiera como la Vivi, cruzo la sala y abofeteo al señor rey demonio como solo ella podía hacerlo, la sangre corrió de los labios del hombre y mancho el pálido vestido amarillo que Anzu llevaba. – Acaso usted no lo entiende. – Dijo ella con firmeza. – Ella era nuestra madre.


Yamabuki vio la sangre salir del labio del señor rey demonio y no pudo evitar sentir cierta satisfacción, igual que cuando lo llamaban "fenómeno" los niños humanos, a él no le interesaba en lo más mínimo pero cuando Anzu con su explosivo carácter llego y los golpeo diciendo que no era de su incumbencia, el sintió una rara satisfacción era lo mismo en este momento, por el rabillo del ojo alcanzo a ver algo muy pálido que contrastaba con las oscuras y elegantes salas de este castillo pero cuando volvió a mirar ya era muy tarde, no había nada.


Aisha se encontraba en su cuarto en la enorme cama que había en su dormitorio aun temblaba por el miedo, de hecho no podía pensar en ninguna otra cosa. Hasta que Raizel aun con su vestido blanco de fiesta cubierto a medias por una capa obscura entro en su cuarto, se recargo en la puerta en lo que intentaba recuperar el aliento.

-Todos. – Dijo aun sin aliento. – Entraron en una gran conmoción ¿Qué pensabas al decir eso? - Me levante de la cama y ella tomo mis manos mientras se calmaba.

-¡Yo lo quiero! – Dije sin saber que más contestar, las dos caímos en un mar de faldas negras y blancas cuando nos sentamos en el borde de la puerta.

-Aisha. – Dijo ella sin ningún tartamudeo o miedo en la voz que eran tan poco común en ella. – Escapen, vayan al mundo humano o a donde quieran. – Dijo ella mientras me soltaba y empezaba a desamarrarse del cuello la capa.

-¿Mundo humano? ¿Raizel de que hablas? – Dije confundida mientras la seguía a la cama donde ella había empezado a desabrocharse los listones de la espalda de su vestido.

-Somos demonios pertenecientes a la aristocracia nunca nos casaremos por amor, ve a mis padres. – Dijo ella haciendo una mueca. – Si dices que en realidad es amor...no lo pierdas. – Su vestido cayo en el suelo, ella lo recogió y me lo tendió, entendí el plan que tenía por lo que empecé a desamarrar los listones que mantenían mi vestido en su lugar.


Muy pocas veces habían golpeado al señor rey demonio y aun eran mas pocas las veces que lo había golpeado una mujer, en este caso Anzu que era una un demonio de primera clase si ignorábamos su parte humana. El desde el nacimiento de la niña había visto más parte de demonio que dé humano en Anzu, tenía el adorable físico de su madre como un constante recordatorio, el carácter furioso y arrebatado de su padre quitando la parte del desinterés y la pereza, ella había heredado la inquietud, curiosidad y viveza de su madre, por eso al verla enojada poniendo esa mirada característica de los demonios en los ojos chocolatosos de Hana, el no pudo evitar pensar que la misma Hana lo golpeaba reclamándole por reabrir las cicatrices de su muerte, en su familia.

En el suelo frotándose la barbilla de la que manaba sangre viendo imponente a Anzu vestida de un pálido amarillo manchado con su sangre, escucho sus últimas palabras. – Acaso usted no lo entiende, ella era nuestra madre. Esa niña nunca se le comparara. – Con la misma fiereza que había entrado ella salió del cuarto cruzando pasillos y puertas sin mirar atrás. Yamabuki tapo la entrada con su cuerpo como si el rey demonio fuera a perseguir a su hermana.

Vivi se paró y dijo. – Anzu tiene razón, esa princesa tuya nunca se le comparara. – Salió del cuarto con paso menos firme que Anzu y continuo del mismo modo, siguiendo los pasos de su hija.

Elleonor y Felton siguieron a Vivi, después de hacerme una reverencia, solo Yamabuki permaneció en el marco de la puerta mientras decía. – Yo si quiero escuchar la historia. – Dijo el chico que era casi de mi estatura, me miro con una ingenua seguridad que me recordó aún más a Hana que la propia Anzu.


Aisha corrió entre los pasillos oscuros de su salida secreta, esa salida que la llevaba en parte a las cocinas donde había conocido a Duncan, ella sabía que también había una ruta que la llevaría al alcantarillado del castillo hasta llegar a la salida del puente, lo primero sería salir, pues Raizel ya se había encargado de mandarle un mensaje a Duncan, ellos se verían en la salida solo un poco mas se dijo.

Se detuvo en el borde de la salida del alcantarillado y miro el vestido de Raizel que antes era de un blanco inmaculado que le quedaba grande en los lugares menos inesperados, hizo lo que pudo para cubrir la suciedad con la capa roja de Raizel, se tapó cuidadosamente el cabello con la capucha, salió de la desembocadura del drenaje y camino por una pendiente para llegar a la base del puente que conectaba el castillo del señor rey demonio con el mundo exterior.

Se detuvo y bajo la cabeza cuando una chica menuda de cabello castaño claro pasó corriendo unos metros cerca de ella. No lo pudo evitar se la queda mirando cuando paso a su lado con su vestido amarillo.

Suspiro al pensar que había engañado muy bien a la primera persona con la que se había encontrado y se dio la vuelta para poder mirar mejor la entrada del castillo esperando encontrar así a Duncan. Solo sintió el impacto cuando un hombre choco contra ella, se cayó al suelo y por suerte las palmas de sus manos amortiguaron la caída. – Lo siento. – Dijo ella, quitándose el cabello de la cara y miro al hombre, esperando que le tendiera la mano como un caballero debía hacer, el la miro embobado tenía el cabello negro del mismo tono que Duncan pero mucho más corto y esos ojos acerados con un tono de azul tan parecidos a los de su padre.

Un descendiente del rey se dijo, apenas aparentaba casi veinte años pero de seguro tenía unas cuantas centenas de edad, pensó ella

-¡Vivi! – Dijo un hombre rubio al verlo. – Por fin te alcance.

-Aisha sama. – Dijo una mujer a su lado mientras hacia una inclinación en mi dirección. ¡Que tonta había sido! La capucha que me ocultaba el rostro había caído cuando el hombre me tiro, antes de que pudiera hacer algo los guardias del palacio ya se acercaban a mi encuentro.


Anzu veía la escena desde unos pasos de distancia, teniendo aun en mente el recuerdo de su madre, rosas con espinas y sin ellas, eran casi lo mismo, igual que ella y su madre casi idénticas, solo que su madre siempre había sido una rosa sin espinas, en cambio Anzu tenía más espinas que pétalos pensó con cinismo ella.

Vio a la princesa levantarse de golpe, ver a los guardias y hacer una expresión de espanto muy graciosa casi cómica, ella era una rosa sin espinas se dijo, igual que su madre.


El príncipe Duncan subió los pies en un taburete cercano mientras abría la nota que había encontrado en el borde de la puerta de su cuarto.

Duncan:

Sé que después de la escena del baile, Aisha necesitara hablar contigo. Acude al puente levadizo de la entrada del castillo. Ella te estará esperando en ese lugar.

Raizel

Doblo en dos la nota mientras la rompía por la mitad y la arrojaba al fuego.