Lo bueno de los embarazados es que dormían mucho. Y Adrien agradecía eso, después de cada día agotador, podía tomar un café tranquilo, podía bañarse tranquilo, podía hacer cualquier cosa tranquilamente.

Y sabía que Tikki también se sentía de esa manera, después de todo, se echaba a dormir cuando Plagg también lo hacía. Y momento como ese es donde podía hacer sus preguntas existenciales, unas que siempre se olvidaba por lo ocupado que se encontraba al ser la persona de los recados.

La primera era ¿Quién iba a tener a la criatura de Plagg y Tikki?

¿Tenía que llamar un veterinario?

La segunda era ¿Qué clase de insecto, ave, mamífero, reptil, anfibio o pez iba a ser?

Porque la verdad es que no se imaginaba que cruza iba a traer una especie de gato con una mariquita.

No eran muchas, pero tenía mucha curiosidad del tema y por eso las anoto en un cuaderno para después preguntarle. Grave error. Olvido que Plagg era muy sensible últimamente.

...

— ¡¿Como que veterinario?! —Gritó Plagg— ¡No soy tu mascota!

— ¿Entonces un medico? —Añadió Adrien nervioso al verlo, ahora, llorar.

Sin saber cómo eso iba a ser posible. ¿Era posible que convenza en que una partera/o atienda a una criatura extraña?

— El maestro Fu se encargara —Dijo Tikki.

Él emitió un suspiro en comprensión. Plagg seguía llorando repitiendo que no era una mascota... La había cagado.

— Bueno, bueno —Intentando calmar las cosas ¿Estaba bien preguntarle que animal o insecto iban a tener?

Marinette uniéndose a la conversación. Pregunto: ¿Saben que criatura van a tener? La misma interrogante que iba a hacer Adrien y por eso poso toda su atención en los Kwamis que hacían una expresión de confusión.

— Bueno... —Comenzó Marinette, sonrojándose por lo que iba a decir— No imagino que cruza puede tener un gato y una mariquita.

— Nosotros tampoco —Dijo Tikki mientras Plagg con la cara llena de lágrimas comía un trozo de queso.

— ¡Quiero helado de queso! —Exclamó al segundo Plagg— ¡Tráemelo! —Apuntando a Adrien.

Él suspiro no queriéndose levantarse del sillón en el que estaba sentado.

— A mí también tráeme helado, pero de chocolate —Pidió Marinette. El sonrió cansadamente.

¿Lo hacían a propósito? ¡Era de madrugada!

Suspirando se levantó del sillón y se dirigió hacia la puerta, arrastrando los pies. Saber que iba a tener Plagg, solo, era una razón más para querer que de una vez su Kwami tenga a su criatura.