Su casa parecía que vendía queso. Ese olor estaba en cada rincón de su casa.
Y lo peor estaba en su esposa.
No podía abrazarla sin sentir ese aroma apestoso que ahora la invadía a ella, la que antes tenía ese aroma de galletas recién salidas del horno, de pasteles recién hechos, de masa de hojaldre.
Quería llorar.
Adrien quería derramar lágrimas cada vez que la besaba y degustaba el queso Camembert. Lo peor es que sentía que Plagg se reía de él a sus espaldas.
La verdad había tanto olor a ese apestoso queso, que ni los perfumes o aromatizantes de ambientes atenuaba el olor. Le dolía la cabeza solo al olisquearlo un momento.
Al menos Tikki, aún conservaba el aroma a dulce. Que soñaba en las noches.
— Me hace cosquillas —Ella rió, al momento, en que Adrien puso su nariz en el pequeño cuello de la Kwami.
— Tú hueles tan bien.
Tikki se volvió más roja por el comentario.
— Como tortas, galletas, biscochos-En cualquier momento iba a comenzar a babear— Tan rico... —Decía con los ojos cerrados, ella, era la única en la casa que le hacía no querer saltar por la ventana y huir y volver solo cuando nazcan (De acuerdo él estaba exagerando o quizás no)
— ¿Que estás haciendo?
La voz de Marinette le hace apartarse y que salga del paraíso de dulces que su mente había creado para ver a su hermosa esposa, quien tenía cruzado los brazos y le fruncía el ceño... Nop... no estaba molesta.
— ¡Nada! —Levantando las manos como si hubiera cometido un crimen.
— ¿Como que nada? —Sus ojos estaban cristalizados—Tenias tu cara puesta en ella —Su voz sonaba enojada.
— Mi nariz —Repuso— Mi nariz —Confesó— Es porque huele bien.
— ¿Como que porque huele bien? ¿Yo no huelo bien?
Adrien no sabía si mentirle o decirle la verdad. Cuando iba a usar la técnica infalible –esperaba- que consistía en preguntarle: "¿Estas celosa?" Para olvidar lo reciente, la voz de Plagg lo detiene.
— ¿Oliste a Tikki?
La voz indignada de Plagg, le hace posar su atención a él. Un poco, solo un poco, aliviado de verlo porque lo había salvado de responder la pregunta anterior.
— Pervertido —Dijo— Yo no huelo a tu esposa —Bufó— Pero ahora si lo voy a hacer.
Al decir eso, el Kwami se acerca a ella y con su pequeña nariz la olisquea.
— ¡Hueles muy bien! —Declaró, Adrien abrió la boca indignado.
Después de todo, el olor a Camembert la impregnaba, quien además, sin poder evitarlo, saca su lengua y le lame la mejilla. Marinette se sonroja por esa acción, que únicamente había hecho por que olía a queso y quería saciar su curiosidad si sabía cómo uno.
— ¿Por qué hiciste eso? —Preguntó ofendido Adrien.
— Tu lo hiciste —Responde tranquilamente— Por cierto, sabes bien, Marinette —Le dice dirigiéndose a ella que se volvía cada vez más roja por esas palabras.
— ¡Yo no lamí a Tikki! —Espetó celoso por lo que su Kwami habia hecho con SU esposa— Aunque... —Posando su mirada en ella mientras en sus pensamientos pasaba si tal vez sabía dulce como olía. Tikki al sentir esa penetrante mirada trago saliva, nerviosa.
— ¡Ni se te ocurra lamerla!
— Tu lo hiciste ¿Por qué yo no?
— ¡Pervertido! —Repuso Plagg, poniéndose en frente de Tikki en un intento por defenderla.
— Tú eres el pervertido, tú lamiste a Marinette... —Colocándose enfrente de su esposa por las dudas que su Kwami lo vuelva a hacer.
A los segundos, ellos, se miraban retadoramente mientras comenzaban una discusión que parecía interminable...
Adrien no debe olvidar que faltaban dos meses y unos pocos días...
