Advertencia: Los personajes de Little Witch Academia no me pertenece, son propiedad de Yō Yoshinari y del estudio Trigger.
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Capítulo 4 "Agridulce celebración"
30 de Abril de 1859
El sol comenzó a levantarse en lo alto del alba y los rayos se filtraron en mi habitación, era muy molesta la sensación que me generaba, no deseaba levantarme, ya que sabía de antemano lo agotador que sería aquel día.
Muy a mi pesar me pare a asearme y refrescarme para despertar un poco.
Y tras unos largos minutos tratando de disipar mi humor con un poco de agua, salí para poder vestirme, y en mi cama había un vestido color rosa.
Me lo coloque, ya que supuse que era un regalo, mire mi reflejo en un espejo que tenía, me quedaba perfectamente y se ajustaba a mi cuerpo, sin duda alguna habían hecho un excelente trabajo confeccionándolo.
Tocaron la puerta de la habitación e indique que podían pasar.
-Señorita Diana- Anna habló de su habitual formalidad- El día de hoy varias de sus actividades fueron suspendidas, ya que por obvios motivos realizara otras.
-Y ¿Cuáles serán?- pregunte con un poco de duda.
-En primer lugar disfrutara de un desayuno en compañía de su tía y sus hijas, después se me indicó que estará un rato en compañía con la Marquesa para finalmente asistir a una fiesta en su honor.
Escuche atentamente cada palabra del itinerario, y aunque me pareciere innecesario eran parte de mis obligaciones, tal como siempre me lo habían recalcado, pero en el fondo solo deseaba pasar el día encerrada en mi habitación.
Terminadas unas cuantas instrucciones más sin importancia me dirigí a la planta baja donde ya se encontraban 3 personas sentadas en la exageradamente grande mesa.
-Buenos días tía Daryl, primas, les agradezco que se tomaran la molestia de organizarme este desayuno.
-Tienes razón Diana, fue una molestia, no es así hermana- Maril miro de forma burlesca y se dirigió a su hermana.
-Y que lo digas- agrego dándole razón- Además ¿Por qué siempre debes de ser el centro de atención- aquello ultimo lo dijo Merrill de una forma despectiva.
-Ustedes dos guarden silencio- reprendió su madre- El día de hoy respeten esta fecha tan importante para la familia- continuaba hablando y una mirada carente de sinceridad se posaba en mi- inclusive haremos una fiesta, y vendrá mucha "gente importante"- hizo mucho énfasis en aquella última palabra, por lo cual ya suponía sus verdaderas intenciones.
El desayuno continuo sin mayores incidente, ni comentarios, realmente solo se escuchaba el constante choque de los cubiertos de plata con la porcelana de los platos en los que se encontraba la comida.
Al acabar de comer mi tía mando a sus adorables hijas a "arreglarse para la gran noche" lo cual hicieron sin protestar.
Me dirigí hacia la parte trasera de la mansión a esperar como me lo habían indicado, ya que la Marquesa tenía algo importante que decirme.
-Me imagino que te preguntaras que es lo que haremos, no es así.
En sus manos note que traía un par de ramos de flores, todas y cada una eran de color blanco.
-Vamos sobrina- comenzó a caminar, pero no lograba entender su actitud tan inusual.
Tras unos cuantos minutos de andar, me dio uno de los ramos un poco más pequeño en comparación al que ella se había quedado. La fragancia y frescura de las flores inundo mi nariz y me hizo sonreír.
-Sabes el nombre de cada una- me pregunto mientras trataba de iniciar una conversación, no era tan común pasar tiempo de calidad entre tía y sobrina.
-Solo ubico esta, es un clavel- toque con delicadeza los pétalos de aquella flor ya que sabía por experiencia que era demasiado frágil.
-Bien, bien, ahora dime su significado.
-Eh… bueno no sabía que las flores tenían un significado, son solo flores- para mí no conllevaban un gran misterio, eran lo que eran y punto.
La repuesta que obtuve fue la risa de mi tía Daryl- Has sonado igual que tu padre, aunque predomine tu sangre Cavendish.
Sonreí melancólicamente ante tal comparación, y más por el simple hecho de estar hablando cosas completamente desconocidas del pasado de mis padres.
-Cada flor tiene su lenguaje secreto que puede ser expresado sin necesidad de hablar, y aquello era algo que le fascinaba a tu madre, había veces que dejaba algún pétalo para pedir perdón, o dejaba una flor declarar algún reto contra mí, inclusive para declarársele a tu padre…
Empecé a entender hacia donde se dirigía mi tía pero deje que continuara.
-Uno de los colores favoritos de tu madre era el blanco, por todo lo que representaba, por ejemplo:
Los lirios blancos
Reflejan la pureza, un corazón tierno, la inocencia y confianza.
Las hortensias blancas
Un amor paciente.
Y los claveles blancos
La pureza, inocencia, honestidad, el amor puro y sincero.
-Y sé que los lirios y los claveles reflejan de manera similar los mismos deseos pero la diferencia que marca estas dos flores fue el amor.
-¿Por qué el amor?
-Porque fue la flor con la que el amor de tus padres floreció, puro y sincero.
Nos detuvimos repentinamente y a nuestros pies se encontraban 2 lápidas, mire hacia mi tía buscando más respuestas.
-Hace algunos meses mande exhumar y trasladar los cuerpos de tus padres para que estuvieran aquí, resguardando y ….
Abrace fuertemente a mi tía Daryl, como nunca en la vida, e inevitablemente mis lágrimas se formaron.
-Gracias tía.
-Ella también era mi hermana- su voz comenzó a quebrarse.
Comenzó a arrodillarse para poder quedar a mi altura y rodearme en un abrazo.
Las dos lloramos y nos desahogamos como nunca antes, frente a la tumba de alguien que amamos y perdimos.
El tiempo paso de una manera extremadamente rápida, toda la tarde platicamos de millones de anécdotas, entendí a mi madre un poco más, y ese sabor agridulce que cada año pasaba, comenzó a disiparse.
-Bien es hora de regresar- me miro expectante y suspiro pesadamente- Diana es una fiesta en tu honor, y sabes que debes cumplir con los protocolos y recibir a cada invitado.
La explicación que me estaba dando comenzaba a ser cada vez más y más larga pero una pausa hizo que centrara nuevamente mi atención.
-Pero claro está que, la anfitriona podría encontrarse indispuesta en su habitación… y podría dejar abierta la puerta trasera, no se quizás un descuido mío, y también podría distraerme en los detalles de la fiesta y no notar que mi sobrina se quedó aquí- una sonrisa
-Eres la mejor- la abrace abruptamente, dejando de lado toda etiqueta, esta vez había sido algo espontaneo.
-Lo sé, eso es indiscutible- su orgullo se había elevado, pero no importaba, era un gesto realmente tierno de su parte- Solo trata de no llegar tarde.
Una vez que me quede completamente sola, mire las dos tumbas que se encontraban a mis pies y el par de ramos que posaban cada una, y algo era seguro, este sería uno de mis lugares secretos.
Los últimos rayos de luz anunciaron la llegada de la noche, y con mi andar lento llegue a los alrededores de la mansión cuando el astro blanco reclamo el cielo.
En lo que parecía una planicie verde, se encontraba llena de flores de distintos tipos que por alguna razón predominaban los claveles rojos, aquello resalto mi curiosidad, no recordaba que el jardinero los hubiese plantado, trate de tomar uno pero un insecto se posó en mi mano y antes de que lo quitara comenzó a emitir luz, mis ojos brillaron con emoción, era una luciérnaga.
Comencé a correr haciendo que las flores soltaran su perfume, y decenas de luciérnagas alzaran su vuelo hacia el cielo, como si quisieran regresar a su hogar a lado de las estrellas.
Aquella noche me sentía por primera vez feliz, libre. Caí sobre el césped y empecé a reírme hasta que una punzada de dolor en el estómago me recordó que debía respirar para recuperar el aliento.
Deje que la brisa meciera mi cabellera y esparciera la tranquilidad de aquel lugar.
Cerré los ojos para disfrutar todas las sensaciones que en ese momento parecían un regalo.
Pasados unos minutos escuche a lo lejos el sonido de pisadas que se dirigían hacia mí, pero seguí relajándome, posiblemente seria Anna o mi tía, pero aquel momento ni todos los regaños del mundo me podrían quitar la sonrisa que tenía.
-Hola- escuche una voz de una mujer que no conocía, así que abrí rápidamente los ojos.
Era una chica de aproximadamente 20 años de edad, era castaña y tenía unos ojos color rojo demasiado enigmáticos, a mi parecer era fácil perderse en ellos.
-¡Hola! – repitió con aun más entusiasmo- tú debes de ser Diana, mi nombre es Atsuko pero puedes llamarme Akko.
-Ehh- las palabras se habían ido de mi mente, sentía un extraño nerviosismo en la boca de mi estómago.
Su risa inundó el ambiente, era demasiado suave- Parece que a alguien le comieron la lengua los ratones.
Me sonroje y cruce los brazos en forma de reproche y evadí su radiante sonrisa.
-Bueno señorita tímida, sí que no me piensas hablar.
-No debo de hablar con extraños- me incorpore, y note la diferencia notable de estaturas y opte por utilizar el lenguaje formal que siempre utilizaba- Disculpe pero se encuentra en una propiedad privada así que le pido de la manera más atenta qu…
No me dejo terminar ya que me tomo entre sus brazos y giro en aquella pradera, como si de una simple muñeca se tratase.
-Ahhhh….bájame… alguiennnn ayudaaaa.
Cuando finalmente se detuvo, me acercó a su rostro dejando pocos centímetros de distancia, ignorando todo protocolo de etiqueta y sentido común de respetar el espacio personal.
-Pero que dices, si ya nos conocemos- afirmaba con una seguridad que no entendía.
-Ah- fue el único sonido que logro salir de mis labios.
-Nos conocimos en un sueño.
-Pero si yo…
-No seas modesta, Diana.
Ya no estaba comprendiendo la conversación ni los desvaríos de aquella extraña. Lo único que deseaba era alejarme y conseguir ayuda.
-No te libraras tan fácilmente de mi- su semblante había cambiado de manera drástica rayando en lo aterrador.
-Upss, perdona no quería asustarte de esa manera- rio nerviosamente rascando la parte trasera de su nunca, y me sonrió de una forma más "amigable"-Ya es tarde será mejor que te lleve a tu habitación- sonaba como si de un reencuentro con una vieja amistad se tratase.
Sentí como sus brazos me rodeaban y una bruma obscura con cubría, parpadeé varias veces para enfocar, pero un repentino mareo hizo que me tratara de sostener de algo, y mi escritorio apareció en mi campo de visión.
Me asuste demasiado, ¿acaso no nos encontrábamos en las afueras?, un sudor frio comenzó a recorrer mi espalda, era miedo.
Mire detrás de mí y la sombra que siempre aparecía y me atormentaba comenzó a tomar forma, era de la chica que acababa de conocer, de quien hacía llamarse Akko.
-Diana, mi querida Diana al fin lo notaste- su voz sonaba profunda, mi confusión y miedo no hacían más que aumentar a cada segundo.
-Sí, he estado a tu lado, desde el momento en el que naciste, siguiendo cada paso que has dado- con forme hablaba note un olor a azufre, además de un incremento anormal en la temperatura- He estado contigo inclusive en tus sueños, desde los más brillantes, hasta los más aterradores- Comenzaron a salirle un par de alas negras en la parte trasera del cuerpo de la chica se encontraba enfrente mío.
Fijo su mirada que se encontraba vibrando con un intenso color rojo, expectante a mis reacciones.
Comencé a pensar tan rápido como la situación me lo permitía, ya que cada característica encajaba en lo que había estudiado en los últimos meses, no, no podía ser cierto…
-Y si te lo preguntabas, sí-
Soy un demonio
Continuará…
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NOTAS DE LA AUTORA:
Wooo por fin se conocieron, y prácticamente sin rodeos se descubrió Akko, tan impulsiva como siempre.
Y al menos no es tan "mala" Daryl simplemente… muy materialista, aun así ama a su sobrina, aunque no lo demuestre seguido.
Espero que les gustara y gracias a quienes siguen la historia, y los que dejan su review además de los que la leen en las sombras jajaja, pero bueno nos estamos leyendo en el próximo capítulo, au revoir ;)
