Advertencia: Los personajes de Little Witch Academia no me pertenece, son propiedad de Yō Yoshinari y del estudio Trigger.

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Capítulo 7: "Navidad"

24 de Diciembre de 1860

Un par de pisadas se encontraban marcadas en la nieve, indicando el camino que había utilizado el cual había perturbado la inmaculada capa de nieve que se había formado. Mis ojos se encontraban posados en un lugar en particular y mis labios se curvaron mostrando una sonrisa llena de melancolía.

Mis mejillas y nariz estaban rojas por el descenso de temperatura, muestra de ello un leve vapor salía en cada respiración que daba, pensando vagamente si esa era la sensación que los adultos tendrían cuando fumaban puros o con alguna pipa que cargaban a todos lados.

Con un movimiento suave comencé a quitar la nieve que se había acumulado en el par de lapidas que se alzaban ante mí, leyendo mentalmente como era usual los nombres de las personas que yacían ahí.

-Hola mamá, hola papá, ¿cómo se encuentran? – una risa irónica salió de mi boca- perdón, se que nunca me contestaran, pero alivia un poco a mi alma hablar, a pesar de no tener una respuesta a cambio.

-Saben… a veces imagino cómo habría sido si los dos siguieran vivos, quizás habríamos sido felices, y celebraríamos navidad…- mi voz tembló ligeramente, por el frío, si el frío que hacía en aquel instante.

-Perdonen, es solo que me he sentido sola, Akko se fue, prometió que regresaría, y ya ha pasado poco más de 1 año, no he tenido noticias de ella, ni siquiera con el relicario- mi vista se comenzó a humedecer ante mis recuerdos- la extraño tanto.

No se cuanto tiempo pase fuera de la mansión, pero mis hombros comenzaban a sentirse húmedos y mi cabeza también. Temblaba de frío, así que con un andar lento y pesado me despedí y opté por dirigirme al calor que ofrecía la mansión, en la que se preparaba un banquete, como usualmente se hacía.

- ¡Señorita Diana! - Anna se había dirigido a mí de manera apresurada y con un rostro lleno de preocupación- ¡Pero mire como se encuentra, esta empapada y congelada!, vamos rápido a que tome un baño caliente, antes de que le dé una pulmonía.

Seguí a Anna en silencio, y escuché su reprimenda por mi falta de atención, pero sabía mejor que nadie que estaba preocupada, al igual que mi tía, pero ninguna de ellas me había presionado para que tratase de hablar.

Transcurrido el tiempo que había pasado en la bañera y con un té caliente que había dejado Anna en mi escritorio, decidí bajar y observar los preparativos que mi tía Daryl me había asignado.

"Debes involucrarte más en le socialité sobrina, así que trata de coordinar y dirigir que la decoración del gran salón se espectacular, y créeme no es tan difícil, será facile para alguien tan inteligente como tú"

Algunas veces no comprendía, cómo alguien podía confiar tanto en una niña de apenas 10 años. Aunque indudablemente cada detalle había cumplido con las expectativas puestas en mí, había sido agotador.

Me acerque lentamente a una de las ventanas aledañas del gran salón y pase mis dedos por el frío cristal para poder tener una mejor visión del paisaje que se formaba con los copos de nieve. He inevitablemente mi mente comenzó a divagar.

El tiempo indiscutiblemente había pasado y Akko aún no había regresado, no podía negar que me encontraba siempre a la expectativa de encontrarla sentada en la silla de mi escritorio, mirándome y sonriendo como solo ella lo hacía.

La noche después de la partida de Akko la luna se tornó de un color escarlata, y aunque fue tenue, muchos fueron ignorantes de aquel suceso, y entendí que algo importante aconteció, y me sentí impotente al no ser considerada para poder ayudar a mi amiga, pero… que podría hacer una niña de 9 años.

Mis pensamientos se vieron irrumpidos por la voz de una mujer, haciéndome voltear.

-Se encuentra bien señorita Diana- Anna me miró con una cara preocupada y al ver que había conseguido mi atención siguió hablando- He notado que ha estado distraída e inquieta estos últimos meses.

Sonreí para poder calmar a Anna.

-Disculpa si la hice preocupar, simplemente estas épocas no me sientan tan bien como me gustaría- trate de sonar lo más convincente posible, aunque en parte era verdad.

-Si lo desea sabe que puede contarme cualquiera de las penas que asechen a su corazón.

-Enserio Anna me encuentro bien, quizás algo cansada, creo que iré a mi habitación a descansar y a prepararme para la cena de esta noche.

Anna solo se atrevió a asentir y seguirme con la mirada hasta perderme entre los pasillos.

Al entrar en mi habitación me dirigí rápidamente a abrazar a un pequeño oso de peluche, había dormido abrazada a el todo ese tiempo, a Kuma.

Kuma se había convertido en uno de mis más preciados objetos, alejaba las pesadillas y me tranquilizaba cuando llegaba a tener muchas dudas, era extraño, pero trataba de no pensar demasiado en ello.

Unas campanadas irrumpieron el ambiente anunciando las 20 horas, tiempo preciso para prepararme para la fiesta y recibir la Navidad. Un vestido de color rojo había sido mi elección de aquella noche, y aunque era algo grande y estorboso, tenía un ligero toque de elegancia.

Al momento de descender y dirigirme al Gran Salón las miradas se posaron en mí, algunos murmullos se escucharon entre la multitud, ya que no era usual que asistiera a los eventos que organizaba mi tía, ni los hechos por cualquiera de la Crème de la crème.

Aquellas expresiones en francés que utilizaba mi apreciada tutora, comenzaban a cansarme, y a afectarme.

Un golpeteo de una copa de cristal con un cubierto de plata hizo que todos los presentes voltearan hacia donde las vibraciones que provocaban esos dos objetos.

-Muchas gracias a todos los presentes por asistir, ¡Por favor, disfruten el banquete que la familia Cavendish les ofrece con entusiasmo!

Una ola de aplausos se generó después de aquellas palabras, algunas veces lograba sorprenderme mi tía Daryl, tenía una gran facilidad para desenvolverse socialmente.

Nuestras miradas se encontraron y con una ligera seña me llamo.

-Sobrina, querida te presento al Vizconde Paul Hanbridge.

-Un placer duquesa Saint Albans Cavendish- me observó con una sonrisa y con elegancia beso el dorso de mi mano.

Aunque una incomodidad me revolvía el estómago al escuchar mi título nobiliario heredado por mi padre, era una de las tantas razones por las que evitaba los eventos sociales.

-Y su hijo Andrew Hanbridge- unos ojos de color esmeralda relucieron al chocar con los míos.

-Es un honor conocer al fin a tan hermosa dama- el joven a diferencia de su padre tomo firmemente mi mano y la beso con ¿galantería? - y si me disculpa los rumores no le hacen justicia a su belleza.

La sorpresa por sus palabras no se hizo esperar y un sonrojo apareció en mis mejillas, retirando de manera rápida y un tanto brusca mi mano.

Una risa por parte de los adultos no se hizo esperar, sintiéndome avergonzada y molesta por tal escena.

- ¡Oh vamos sobrina!, espero que el joven Andrew no te incomodara, simplemente había insistido en conocerte hacía tiempo atrás, el tiene 15 años, es normal que realice comentarios de… de cortejo- otra risa surgió nuevamente y rodé los ojos, rogando a los dioses que me sacaran de ahí.

Tras otra serie de ataque de comentarios logré librarme del molesto "cortejo" y pláticas banales.

Por pura educación y modales continúe con el programa, el banquete y baile en el cual participe en un par de ocasiones, para después irme, excusándome con la fatiga que había conllevado el evento.

Me había lanzado a mi cama sin pensarlo dos veces, y caí rendida.

Los segundos, los minutos o las horas pasaron, y el tiempo parecía no seguir su curso natural, ya que el sonido de las campanas que mi reloj daba me despertaron de mi letargo, fastidiada me frote los ojos, y tratando de adaptarme a la obscuridad de la noche, logré entrever la hora.

3 de la madrugada.

Muy tarde.

Renegué con fastidio por el poco descanso y aparente insomnio.

De la nada un olor a azufre entró por mis fosas nasales, seguido de una tenue brisa llena del aroma que despedían los claveles.

Me giré rápidamente y la vi.

Era ella

Era Akko

Corrí levantándome torpemente de mi cama y la abrace, la abrace con desesperación, me aferre a ella, rogando que no fuera un sueño, que no se esfumara como cada noche al despertar.

-Ya, ya- fueron sus primeras palabras, mientras acariciaba mi cabeza tratando de tranquilizarme con su tibio tacto y sonriendo de manera amable- No iré a ningún lado pequeña Diana, ahora estoy donde siempre debí, en casa.

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Continuará…

NOTAS DE LA AUTORA:

¡Ah, nada mejor que las fiestas decembrinas!

¿Estás evadiendo el hecho de no haber subido ni actualizado tus historias?

¡Nada mejor que cerrar el año deseándole a todos un gran comienzo! (¿acaso tuvo sentido eso?).

¿Sabes que fueron meses verdad?

Meses.

Meses..

Meses...

¡Y no olvidar que no mataran a su inconsistente y pseudo favorita autora, verdad!, ¿verdad…?

Perdonen, entre la falta de inspiración y mi nulo tiempo de esparcimiento, la cosa se complicó, peroooo, tratare de concluir esta historia (la cual según yo no será de más de 5 capítulos jeje) y darle rumbo a todo lo demás.

Así que bueno nos estamos leyendo en las siguientes décadas que tardo en actualizar jaja, o el siguiente año, lo que pase primero, au revoir ;)