I

Habían pasado tres meses desde la muerte de su padre. Todavía había noches en que despertaba en la madrugada, incapaz de respirar, como si hubiese algo que estuviera asfixiándola desde adentro. Suponía que algo así es lo que sufría su madre cada hora del día, sin embargo, no podía entender que eso justificara el ver cómo sus hijas estuvieron a punto de morir de hambre frente a sus propios ojos, sin levantarse y hacer algo por evitarlo. Es por esto que Katniss, a su corta edad se vio obligada a hacerse la fuerte, una mañana, viendo que su hermana apenas era capaz de mantenerse de pie por sí misma, cogió la cazadora de su padre, se calzó unas botas y salió rumbo al bosque, y, de hecho, esto no fue hace mucho. ¿Qué más podía hacer si su madre no se está haciendo cargo?

Con todo esto en mente, Katniss se encontraba una vez más sola en el bosque, intentando practicar con el arco, sin embrago, maldecía cada vez que fallaba un tiro por los ojos azules que se aparecían en su mente justo antes de lanzar la flecha. Realizó esto mismo durante un par de horas, pero al notar que le era imposible concentrarse decidió guardar sus cosas e ir a revisar si las trampas que había colocado ayer por la tarde habían dado resultado. Desde que pasó lo del pan, la chica no podía sacarse de la cabeza los ojos del chico de la panadería, así como tampoco podía acallar la culpa que sentía por no haberle agradecido, ese chico había salvado a su familia, gracias a él la esperanza había vuelto a ella, la esperanza de poder salvar a su hermana y a sí misma.

Tras haber despellejado y limpiado los cinco conejos que habían quedado atrapados entre las redes se encaminó a recoger un par de verduras de entre los matorrales que encontró la semana pasada. Luego de esto, amarró bien su bolso a la cadera y comenzó su rumbo hacia la ciudad para realizar un par de intercambios.

Desde hace un par de semanas que tenía esa costumbre, ya que aún no encontraba el valor suficiente de entrar al quemador sola. Todas las veces que lo había hecho había sido acompañada de su padre, y ahora que él no estaba no parecía encontrar el valor suficiente de tener a decenas de personas viéndola entrar. Su padre siempre había sido querido en ese ambiente, era la capacidad que tenía de hablar con todas las personas, capacidad que no tenía Katniss, cuando iban, usualmente se aferraba a la mano de su padre y asentía con la cabeza cuando la introducía a alguien más, pero definitivamente no tenía esa facilidad con las palabras.

Una vez que se encontró en la carnicería le cambió a Rooba, la dueña, dos conejos por un pedazo de carne de cerdo, y luego de haberle agradecido educadamente por tal generoso cambio se encaminó hacia la casa del alcalde, en la cual se quedó hablando su buen par de minutos con Madge, la chica que en clases y en el patio del colegio es la persona más tímida del mundo, pero fuera de ésta es una persona muy extrovertida, era una niña rubia, con aspecto mucho más saludable que la mayoría del distrito, pero claro, ser la hija del alcalde te da ciertos beneficios. Madge era la única persona con la que Katniss realmente hablaba además de su familia, a pesar de que la mayoría del tiempo simplemente se quedaba en silencio, disfrutando de la compañía. Cuando Katniss terminó de intercambiar las verduras por un par de monedas con el alcalde, y, tras ver que aún faltaba un rato para que el sol se ocultase decidió, por un impulso, ir a ver si es que la bruja de la panadería no estaba en casa, con el fin de poder cambiar un conejo por pan de pasas con el panadero, quien era mucho más amable que su esposa.

Al llegar recordó con nostalgia los días en que su padre vivía, cómo cuando él estaba recién pagado la sacaba más temprano del colegio y se la llevaba a la panadería para que ella pudiese escoger el pan que quisiera comer en la cena, muchas veces la dejaba comprarse una galleta con la condición de que no le contara a su madre, era un secreto entre ambos. Eran días que Katniss anhelaba desde hace tres meses, dejar de sentirse tan sola en el mundo.

La pequeña cazadora fue sacada rápidamente de su ensoñación cuando escuchó un carraspeo. Levantó avergonzada la vista y se encontró con tres pares de ojos azules observándola atentamente. Eran la esposa del panadero, el panadero mismo y el hijo mayor de éstos, este último mirándola con un atisbo de burla. Emoción muy distinta a la que el menor de los Mellark demostraba cuando Katniss se encontraba a su alrededor, sin que ella lo supiera, claro.

–¿Y? –preguntó bruscamente la mujer–. ¿Qué necesitas?

Katniss se encogió al escuchar el tono de desprecio con el que se refiere la mujer hacia ella, jamás se había podido imaginar cómo es que esta mujer terminó siendo una persona tan amargada, Katniss rogaba porque eso no le pasara a ella.

–Cariño –le habla dulcemente el panadero a su esposa. Cómo él siendo una persona tan dulce terminó con una bruja como lo es su esposa, solo Dios sabe–, ¿por qué no vas a ver cuánto les queda a los panes y aprovecha de colocar las galletas que Peeta acaba de decorar en el horno, por favor?

La mujer mira con recelo a su esposo, y tras haber rodado los ojos se da media vuelta y entra en lo que Katniss supone, es la cocina. Katniss queda sorprendida con la declaración del panadero, ¿es Peeta quien decora esas galletas tan lindas que siempre están en la vitrina? Incluso en sus malos días Prim, su hermana, la convence a que se acerquen al escaparate a ver los nuevos diseños que hay cada día, aunque tampoco es como si Katniss fuera muy difícil de convencer, menos en lo que se refiere hacer feliz a su hermana.

–Jayden, atiende a Katniss por mí, ¿sí? Vuelvo en un segundo.

Y sin ninguna mirada, el panadero dio media vuelta y entro por otra puerta, que seguramente daba hacia la parte de la casa.

–¿Qué necesitas? –preguntó el mayor de los Mellark, mirándola de arriba a abajo, como si la estuviera midiendo.

"Jayden" se corrigió Katniss mentalmente. El chico era alto, y probablemente tendría unos dieciséis años. Era rubio, al igual que todos los Mellark, y tenía los mismos ojos de su padre, "y de su hermano –pensó Katniss". Katniss sacudió la cabeza rápidamente para alejar ese pensamiento, a ella no tenía por qué importarle el color de ojos de Peeta Mellark.

–Eh…, yo…, uh…, me pregunta si es que, eh…, siesquetupadrequisieraintercambiaralgodepan –dijo Katniss tan rápido que ni siquiera ella misma se entendió bien.

–¿Qué? Lo siento, no te entendí nada.

Katniss estaba a punto de abrir la boca para hablar de nuevo cuando un estruendo los interrumpió. Ambos voltearon hacia el origen del sonido y se encontraron con un pequeño rubio con las mejillas sonrojadas y mirando entre avergonzado y apenado hacia la cazadora. Ésta, al reconocerlo como el chico que hace unos meses le salvó la vida, desvió la mirada hacia el suelo, se sentía muy avergonzada por nunca haberse acercado a agradecerlo, sobre todo considerando que lo veía en el colegio todos los días. Pintura amarilla y roja se encontraban manchando el mandil de panadería, y un pastel, ahora arruinado, estaba boca abajo, por lo que Katniss no pudo advertir de qué iba la decoración.

–Peeta, ¡mamá te va a matar! –exclamó Jayden abriendo mucho los ojos–. Yo que tú me podría a buscar un pañuelo antes de que…

El mayor no alcanzó ni a terminar su frase cuando la mujer interrumpió nuevamente en el local, se veía hecha una fiera, con los ojos abiertos y las mejillas muy rojas, lo único que le faltaba era echar humo por las orejas.

–¿QUIÉN HIZO ESTO?

–Fui yo, mamá –la suave y apenada voz con la que habló Peeta hizo que el estómago de Katniss se apretara. Seguramente es por la culpa que sientes, se dijo–. Perdóname, enseguida lo limpio –se apresuró a contestar.

El pequeño se encontraba en mitad de su camino hacia el trapero cuando su madre lo tomó fuertemente del brazo y lo jaló hacia ella, provocando que la cabeza de Peeta chocara contra la encimera del almacén y le comenzara a salir sangre de un corte provocado en la ceja.

Los ojos de Katniss se aguaron al notar el trato que tenía esa madre para con sus hijos. Todos en el distrito sabían que la dueña de la panadería era una bruja, pero a Katniss nunca se le había ocurrido pensar que ésta golpease a sus hijos. La castaña estaba petrificada en su lugar, sin ser capaz de apartar los ojos de lo que estaba ocurriendo frente a ella.

Entre su borrosa visión, Katniss pudo notar que Peeta y su hermano compartían una rápida mirada, justo antes de que la madre de ellos le pegara una cachetada a su hijo, la cual se escuchó con un eco dentro del lugar.

La cazadora se sobresaltó al sentir una mano sobre su hombro.

–Será mejor que te vayas, Katniss –era Jayden–. Lo que sea que le tuvieras que decir a mi padre tendrá que esperar, ¿sí? –Katniss asintió rápidamente, provocando que una lágrima se resbalara por su mejilla–. Hey, no llores, Peeta estará bien, no te preocupes. Vuelve mañana para hablar con mi padre.

Con una última mirada hacia Peeta, Katniss salió de la panadería tan rápido como alma que lleva al diablo.

Atravesó rápidamente la plaza, y no fue hasta que estuvo en la Veta que se detuvo para calmarse y respirar. Era injusto. Era injusto que una persona tan bondadosa como Peeta o sus hermanos tuviesen que soportar a una bruja como madre.

Cuando estuvo frente a su casa, finalmente se encogió de hombros, después de todo, ella no tenía nada que ver con esa familia, por lo que no tenía de lo que sentirse mal. "Exceptuando el hecho de que el chico te salvó la vida", le dijo una voz en su cabeza.

Katniss rodó los ojos y abrió la puerta de su hogar. Al entrar, lo primero que la recibió fueron los brazos de su hermanita rodeándole la cintura. Sonriendo, Katniss la abrazó de vuelta, el mal rato de la panadería olvidado, ya que lo único que le importaba en ese momento era que su hermana estaba ahí, y que estaba bien. Un secreto que Katniss tenía para sí misma es que cada vez que rodeaba con los brazos a su hermana se aseguraba cuánto espacio ocupaba, de esta forma se aseguraba que no estuviera tan delgada, esta era su forma de darse motivación para levantarse todos los días, ir al bosque después de clases y los fines de semana para recoger comida.

Tras separarse del abrazo y contestar a las típicas preguntas de cómo estuvo el día de la otra, ambas se dirigieron a la cocina para encontrarse con su madre. A pesar de que ya habían pasado varios meses desde el abandono de ésta, Katniss aún no podía perdonarla, por más que intentara. No estaba segura si alguna vez lograría hacerlo.

–Hola, niñas –saludó su madre cuando entraron–. ¿Cómo estuvo su día?

–Muy bien, mami –dijo Prim–. No creerás lo que pasó hoy. Emily, te acuerdas de ella, ¿verdad? Bueno, no importa, la cosa es que hoy Emily dijo que por fin se le iba a declarar al chico que le gusta, pero…

Cuando Prim comenzaba a hablar tanto y tan rápido, era imposible para Katniss no hacer oídos sordos, tenía que ayudar a su madre a hacer la cena, por lo que comenzó a sacar los platos cuando la voz de su hermana la hizo detener.

–¿Tú lo conoces, verdad, Katniss?

–¿A quién? –la verdad era que a veces se sentía culpable por no escuchar a su hermana, pero no se podía mantener al día con todos los nombres y chismes de una niña de siete años.

–A Peeta, es tu compañero, creo.

–Sí, si lo es, ¿por?

–Es que él es el chico al que Emily se le intentó declarar, pero como ya estaba contando…

–¡¿Qué?! –dijo Katniss, alterada por una razón que ni ella entendía, no lograba identificar el dolor en el pecho que sentía y que se extendía por todo su cuerpo–. Emily es muy pequeña para Peeta.

–Lo sé, y ella también lo sabe, pero como tú nunca escuchas… Además, Peeta parece tener ojos para alguien más.

–¿Quién? –preguntó Katniss, sin entender el nudo que sentía en su estómago. ¿A Peeta le gustaba alguien?

–No sabemos, no hablamos con él, Kat, recuerda que está en tu mismo grado, no en el nuestro. Pero lo suponemos, porque cada vez que sus amigos lo molestan con alguien él siempre se pone colorado y baja la vista avergonzado.

–Bien –interrumpió su madre–. Suficiente de hablar de chicos, ustedes son muy pequeñas para tener novio. Ahora ayúdenme a colocar la mesa.

Ambas chicas hicieron lo que su madre les pidió, y una vez que la cena estuvo lista, las tres se sentaron a comer en silencio, interrumpido ocasionalmente por un maullido de Buttercup o por comentarios como "me pasas la sal, por favor". La verdad es que la casa de las Everdeen no ha vuelto a ser la misma de la muerte de su padre, cada día había menos silencios incómodos, y más conversaciones forzadas entre la hija mayor y su madre, pero tras el incidente de la panadería, Katniss no se encontraba con la voluntad suficiente para fingir que estaba de humor para hablar con su madre.

Una vez que terminaron de comer y de lavar los trastes, cada una se fue a su habitación a dormir, y a pesar de haber dado una y mil vueltas en su cama, la joven cazadora no podía sacarse la cara que tenía Peeta cuando su madre le pegó. Se preguntaba qué tan seguido vivían esas situaciones, cuanto dolor había soportado el rubio todos estos años, sufriendo en silencio, sin que ninguno de sus amigos o profesores sospechara algo. De pronto se le ocurrió una idea, mañana en la escuela le diría gracias por el pan e intentaría ser amistosa con él, después de todo, tenía doce años, podía hablar con un chico si es que quería.

La mañana siguiente Katniss se despertó perezosamente. Tras haber pasado toda la tarde de ayer en el bosque no tenía ningún ánimo de ir al colegio, y eso que recién era martes. Además, todo lo que había planeado anoche ya se había ido de su mente, no porque lo hubiese olvidado, sino porque no se sentía lo suficientemente valiente, sobre todo porque no sabía cómo iba a reaccionar Peeta ante su presencia, especialmente después de lo ocurrido en la panadería.

Con toda la lentitud del mundo la castaña se lavó la cara, se trenzó el cabello, y se vistió para un nuevo día de tortura, con ocho horas de escuchar a sus latosos profesores y estando sola en las clases y caminando sola por los pasillos, su consuelo era que en la hora de almuerzo podría hablar con Madge.

Una vez que estuvo en la escuela, se despidió de su hermana y se dirigió a su salón de clases. Caminando por el pasillo no pudo evitar recordar los ojos de Peeta y la mirada cruel de su madre, realmente debía dejar de pensar en el chico, pues ahora no solo sentía culpa por no haberle agradecido lo del pan, sino que también por no haber hecho nada el día anterior por detener a su madre.

Iba tan concentrada en sus pensamientos que ni se dio cuenta cuando chocó con un chico. Katniss levantó avergonzada la vista y se topó con los mismos brillantes ojos azules en los cuales pensaba.

–Ay, Dios, perdóname –dijo la chica, sintiendo sus mejillas arder–. Yo no iba viendo y, uh…, en verdad lo siento.

–No te preocupes, Katniss –dijo el rubio carcajeándose–. No me pasó nada.

Katniss examinó atentamente a Peeta, y se aterrorizó al notar la sangre que comenzó a salirle de la herida que se había hecho ayer.

–Sí que te pasó –replicó la castaña–. Se te abrió la herida, vamos, te acompañaré a enfermería.

Katniss lo tomó de la mano y lo comenzó a arrastrar por los pasillos del colegio, ignorando el cosquilleo que sentía en su estómago. Tardaron unos diez minutos en llegar, entre lo enredado que es el colegio y todos los chicos atrasados que corren de un lado a otro se les hizo casi imposible llegar antes.

Una vez en la enfermería, tomaron asiento, y mientras que la encargada curaba la herida de Peeta, Katniss se dedicó a observar cada rasgo de la cara del chico, encontrando en el camino varias cicatrices, que no habría visto de no ser por lo cerca que se encontraban el uno del otro. Continuó su recorrido desde su cuadrada mandíbula, siguiendo por su nariz y sus pómulos, para finalmente encontrarse con sus garzos ojos, los cuales la miraban de vuelta intensamente, como si intentara memorizarla para siempre. La chica desvió rápidamente la vista y se puso a mirar los afiches de salud pegados en las paredes.

Cuando la enfermera terminó con su labor, dejó que ambos chicos bajaran de la camilla, y tras advertirles que tuviesen más cuidado la siguiente vez, les entregó un pase para que los dejaran entrar a clase.

Mientras caminaban por los pasillos, Katniss sentía la mirada de Peeta sobre ella, y no fue hasta que estaban a punto de llegar al salón que el chico habló.

–Escucha –comenzó nervioso–, te agradezco tu ayuda, pero apreciaría mucho si no le dijeras a nadie sobre lo que presenciaste ayer en mi casa. Es que, verás, no le he dicho esto a nadie, nunca, y no quiero empezarlo a hacerlo ahora, y…

–Peeta, descuida –lo interrumpió Katniss al notar que el chico se estaba poniendo nervioso–, no le diré a nadie, te entiendo.

–De acuerdo, gracias, Katniss.

La cazadora se sintió derretir por la dulce mirada que le dirigía el chico en esos instantes, y no pudo hacer nada más que devolverle la mirada.

–Oye –habló suavemente el rubio–, me estaba preguntando si quisieras ir a mi casa esta tarde, ya sabes, como agradecimiento y tal…

–Claro, aunque, en cualquier caso, soy yo la que debería agradecerte.

–¿Porqué?

–Uh, por lo del pan –dijo la chica en un susurro, tan bajo que Peeta se tuvo que inclinar para poder escucharla–. No sabes lo mucho que significó para mí.

–Oh, no es nada –contestó el panadero sonriendo–. Lo habría hecho por cualquiera.

La sonrisa de Katniss flaqueó por un momento, pero la compuso rápidamente.

–De acuerdo entonces, ahora vamos a clases o ya no nos dejaran entrar.

–Sí, aunque yo ahora tengo clases de álgebra. Nos vemos en la tarde, Katniss.

–Adiós.

Durante el resto del día, nadie pudo apagar el brillo en los ojos de Katniss o borrar la sonrisa bobalicona que tuvo Peeta. Esa fue la primera de muchas tardes que compartieron juntos, cada una haciéndolos más cercanos, pero ninguno se podía imaginar qué pasaría con ellos en unos años.


Hola a todos! aquí les traigo el primer capítulo, espero que lo hayan disfrutado. Espero que me puedan decir que piensan de la historia hasta ahora, en el siguiente capítulo veremos a los personajes más grandes, estarán a un mes (más o menos) de los acontecimientos del primer libro. ¿Como creen que habrá reaccionado Peeta ante la amistad de Katniss con Gale? ¿O como reaccionará Katniss con la aparición de cierto personaje llamado Delly? jajaja véalo en los próximos capítulos.

Me encantaría recibir su feedback sobre qué piensan hasta ahora y qué les gustaría ver más.

¿Review?