Parejas: Yuriy&Takao

Advertencia: Shounen –ai y Lemon

–Diálogos.

"Pensamientos"

Quimera espero que te guste.

ZAFIRO

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

Yuriy abrió la puerta de su apartamento. Se sorprendió cuando entró y lo vio todo patas arriba y la ventana cerrada. Cogió el arma en sus manos silenciosamente y empezó a mirar en algunas habitaciones. Nada más entrando por la puerta, se encontraba la cocina, que estaba conectada con el pequeño comedor. Sólo los separaba la larga encimera de la cocina, que está entre las dos.

Así que viendo que en la cocina no había nada, miró en el comedor y tampoco encontró nada. Abrió la puerta del cuarto de baño que estaba al lado derecho de la puerta de entrada. De nuevo apuntaba con el arma, para estar preparado. Pero al igual que las otras dos habitaciones, también estaba desordenada. Así que sólo le faltaba su habitación. Abrió la puerta con mucho cuidado y sin hacer mucho ruido. Miró a su alrededor y no vio nada extraño, salvo porque era la única habitación que seguía intacta.

Miró al suelo y se fijó en que había manchas de sangre. Siguió el rastro con la mirada. "Debajo de la cama", pensó– ¡Oye, sal de ahí! ¡Sé que estás debajo de la cama! –Avisó, apuntando hacia esa dirección con el arma– ¡Si no sales, llamaré a la policía y estarás rodeado en menos de diez minutos! –El otro parecía no hacerle caso– ¡Muy bien, contaré hasta tres! ¡Uno... dos...! –vio cómo un chico joven de estatura más baja que él, piel morena, cabellos azules y ojos color rojo zafiro salía de debajo de la cama– ¡Pon las manos donde pueda verlas! –advirtió acercándose más a él sin dejar de apuntarle en ningún momento. El chico subió sus manos a la altura de la cabeza. Yuriy se acercó a él y lo puso contra la pared– ¡Pon tus manos en la pared! –le ordenó a la vez que él se las ponía. Comenzó a cachearle para comprobar que no llevase nada encima. Cuando llegó hasta la herida el chico se quejó.

–¡Ah! ¡Deja de tocarme! ¿¡Quién te crees que eres!? –preguntó el joven de cabellos azules con el ceño fruncido.

Yuriy le dio la vuelta y le puso unas esposas en las manos. Después se dispuso a enseñarle la placa al tiempo que con la otra mano sujetaba la pistola relajando su voz–. Soy policía y te acabas de meter en un buen lío, amiguito. Explícame qué estás haciendo en mi apartamento –el otro lo ignoró mirando hacia otro lado– ¿Querías robarme? –preguntó enfadado.

–No –contestó tajante.

–¿Entonces? –preguntó, esperando una contestación.

–Yo sólo... quieren matarme –inventó el joven de cabellos azules mirándole.

–¿Quién? –preguntó sin comprender bien la situación.

–Si te lo digo me matarán, ya me han herido en la pierna de un disparo.

–Oye, te he dicho que soy policía. Así que si me cuentas que ha pasado, te ayudaré. ¿Por qué quieren matarte? –quiso saber. Ante el silencio del joven y el desvío de mirada, decidió probar con otra cosa–. Está bien. ¿Cómo te llamas? –Aunque el otro ahora le miró, no le soltó ni una sola palabra– ¿Qué es lo que buscas en mi apartamento? –le preguntó esperando que al menos le contestara eso.

–Buscaba un botiquín para curarme la herida. Nada más –contestó en su defensa.

–¿Qué hacías debajo de mi cama?

–Esconderme, pensaba que ésta casa estaba abandonada y al sentir el ruido de la llave en la cerradura no quería que me confundieran con un ladrón.

Enarcó una ceja–. Te curaré y después iremos a comisaría.

–No, yo no me muevo de aquí –sentenció el chico de cabeza azulada.

–Creo que no me dices la verdad –confesó el pelirrojo mientras lo cogía del brazo y lo sentaba en la cama casi de un empujón sin dejar de apuntarle.

–Piensa lo que quieras, pero no voy a hablar contigo –refunfuñó el otro.

–Está bien –contestó Yuriy cogiéndolo de nuevo del brazo y poniéndolo de pie. Sin soltarle y sin dejar de apuntarle con el arma, lo sacó de la habitación–. Vamos al cuarto de baño. Creo que ha sido el único sitio que no has destrozado del todo. –Yuriy sentó al chico en el retrete mientras que él abría el armario del mueble del espejo. Sacó un pequeño botiquín. Para el chico no pasó desapercibido la cantidad de pequeños frascos con pastillas que había en esa pequeña puerta–. No quiero tener que rajarte el pantalón con una tijera –decía al tiempo que se daba la vuelta y se agachaba. Viendo la zona más baja de la rodilla manchada de sangre–. Así que quítate el pantalón.

–Ni hablar –contestó el otro con el ceño igual de fruncido que antes.

–¿Es que te da vergüenza? –preguntó enarcando una ceja.

–Un desconocido no tiene porqué decirme que me baje los pantalones –sentenció.

–Mira, niñato. Si quieres que te cure la herida tendrás que hacerlo, porque si la herida es grave, puede que te dé gangrena y pierdas la pierna –explicó Yuriy irritado mientras lo miraba aunque no por ello levantó la voz. El chico al sentir eso, trago con dificultad–. Vamos, no creo que tengas algo diferente a los demás chicos, además no voy a mirar tu cuerpo. Si no tu herida. –Especificó mientras se ponía de pie y abría otra puerta del armario y sacaba una toalla–. Toma –dijo dándosela–. Cuando te los bajes, póntela alrededor de la cintura –le explicó mientras empezaba a sacar cosas del botiquín–. Prometo no mirarte, así que tranquilo. Pero no tardes mucho –avisó mientras sacaba unas vendas del botiquín.

El chico comenzó a bajarse los pantalones como pudo ya que era muy difícil hacerlo con las manos esposadas. Se quitó las zapatillas y se puso la toalla por encima para taparse.

–Ya está –avisó vigilando cada movimiento del policía.

–Está bien –decía mientras comenzaba a limpiarle la herida. Cuando lo hizo, la desinfectó y la vendó–. Espera aquí, ahora mismo vengo –le avisó mientras cogía los pantalones del otro y se los llevaba.

–¡Eh! ¡Eso es mío! –dijo el más bajo enfadado.

–Tranquilo, tú espera ahí –ordenó Yuriy saliendo del cuarto de baño.

El chico se quedó a esperar y se sorprendió cuando vio que el policía entró con unos pantalones azul cielo.

–Toma –dijo arrojándoselos–. Póntelos, los tuyos están en la lavadora. –El otro no tuvo más remedio que ponérselos sino quería quedarse medio desnudo. Cuando se puso el pantalón y las zapatillas, salió de ahí.

–Si tienes sueño, puedes dormir en mi cama. Además, sería bueno que hicieras reposo –advirtió Yuriy observándolo de cerca.

–No me digas lo que tengo que hacer –masculló.

–Oye. ¿Eres así con todo el mundo? ¿O sólo con los policías que intentan ayudarte? –preguntó empezando a enfadarse.

–¡Olvídame! –gritó antes de meterse en la habitación y sentarse en la cama. Yuriy se metió detrás de él. Cogió otras esposas y le puso un grillete en el pie y el otro en uno de los barrotes de la cama.

–¡Eh! ¿Qué haces? –preguntó confundido.

–Sólo me aseguro de que no vas a escaparte –le informó mientras le soltaba las esposas de una mano para poner el grillete libre en el cabecero de la cama.

–¿Qué te hace pensar que podría escaparme? ¡Quieren matarme! –volvió a repetir el más bajo.

–Seguro –contestó el pelirrojo no creyéndose lo que decía el chico–. Intenta dormir y no fuerces la pierna herida –le recomendó rodeando la cama para salir de la habitación.

–¿A dónde vas? –preguntó nervioso e intentando forcejear con las esposas, viendo que el otro se marchaba de la habitación.

–A limpiar el desorden que has causado –contestó simplemente desde el cuarto de baño.

&&&Yuriy&Takao&&&

Pasaron tres horas y Yuriy se asomó a la habitación para ver cómo estaba el chico. Sonrió al ver que los pantalones que le había dejado le estaban algo grande. Se quedó mirando al chico. Le parecía cruel tener al chico esposado a la cama, pero algo le decía que no estaba siendo sincero y notó cómo se puso nervioso cuando nombró la comisaría de policía. Su instinto le decía que ese chico estaba metido en problemas.

A las once de la mañana, el chico abrió los ojos y la pierna le dolía muchísimo.

–Buenos días –saludó Yuriy sentado en una silla de la habitación mientras lo observaba. El joven de cabellos azules miró hacia otro lado, ignorándolo– ¿Quieres desayunar algo?

El chico le miró unos segundos –Tengo sed.

–Te daré agua –le avisó levantándose de la silla y dirigiéndosela a la cocina, llenando un vaso de agua. Regresó a la habitación y le dio el vaso en la mano libre. El chico comenzó a beber, devolviéndole el vaso vacío mientras miraba su pierna.

–Tranquilo, no es muy grave. Sólo ha sido un rasguño. ¿Quieres desayunar algo? –le volvió a preguntar.

–¡No! –contestó de lo más arisco.

–Podrías ser más amable –aclaró Yuriy empezándose a enfadar por el comportamiento del chico.

–¡Y tú no deberías serlo! –contestó el más bajo, cortante.

–¡Lo soy, porque me educaron así! –respondió enfadado.

–¡Pues yo nací así! –respondió con el mismo tono del pelirrojo.

–No es que nacieras así, lo que pasa es que los críos de hoy en día no sabéis agradecer nada –le informó volviendo a bajar su tono de voz.

–¡No soy un crío! –contestó enfadado.

–Ah, claro, eres un niñato –siseó.

–¿¡A quién llamas niñato, viejo!? ¡Y por cierto, soy un hombre! –aclaró.

–Lo dudo. ¿Qué edad tienes? ¿Trece? –Preguntó mirándole a la cara–. No, espera. Creo que te he subido mucho la edad.

–¡Oye! ¡Si no estuviera esposado te juro que te partiría la cara! –amenazó intentando soltarse de las esposas.

–¡Qué valiente! –contestó con sorna.

–¿Sabes qué? Mejor desátame y lo comprobamos. –siseó.

–Ni hablar, niño –dijo sin más, mirando hacia otro lado.

–¡Qué no soy un niño! ¡No pienso decirle mi edad a un desconocido!

–¡Y me parece genial porque lo único que quiero es que te recuperes para poder llevarte a la comisaría! ¡Y te lo advierto, mi paciencia tiene un límite y no hagas que se agote o no dudaré en torturarte! –le amenazó poniéndose de pie y saliendo de la habitación.

–¡¿Ah, sí?! ¡Fíjate, estoy temblando! –Decía mientras se revolvía en la cama– ¡No huyas cobarde! –gritaba, intentando girar la cabeza, para ver si podía verle. "Maldito poli, seguro que los demás estarán preocupados por mí. Cuando tenga un maldito descuido, me escaparé de aquí" , pensaba el joven de cabeza azulada mientras intentaba tranquilizarse.

"¡Maldito crío, ni siquiera sabe dar las gracias! ¿Tanto le cuesta? Y encima tenía que ser cabezota, como cualquier estúpido crío de su edad.", pensaba Yuriy mientras se preparaba el desayuno.

"Ya verá ese, cogeré el diamante y volveré a mi hogar. Seguro que a Rei le da alegría de saber que sigo vivo". Pensaba el menor con una pequeña sonrisa. "Tengo tanta hambre que me comería un búfalo entero, pero no me fío de él, seguro que le echa veneno a la comida" , respiró hondo y percibió un olor exquisito "Mnn… huevos y bacon. Con lo que me gustan", escuchó que unos pasos se acercaban a la habitación.

–¿Seguro que no tienes hambre? –volvió a preguntar el pelirrojo más calmado.

–No –contestó, aunque un ruido proveniente de su estómago, lo delató.

–Seguro –contestó saliendo de la habitación, para después entrar con una bandeja llena de comida. La puso sobre la mesita de noche con un cuchillo y un tenedor–. Espero que te guste –le quitó las esposas de la mano y del cabecero de la cama y soltó la de la pata de la cama para esposar el otro pie que había estado libre.

El chico miró ingenuo lo que tenía ante sus ojos. Bacon, salchichas, huevos, un vaso de leche, otro de zumo de naranja, unas rebanadas de pan y una servilleta. Yuriy salió de la habitación y se sentó en el comedor a desayunar. Escuchó cómo a los quince minutos los cubiertos caían sobre el plato, así que se asomó para ver que todo estaba bien. El chico terminó de beberse el zumo de naranja y después se tocó la barriga. "Qué rapidez" , pensó Yuriy.

Decidió alejarse de la puerta para no poner al chico nervioso. Terminó de tomarse el café y las tostadas. Decidió ver cómo estaba el chico y si se portaba bien le quitaría las esposas. Después de todo estaba herido y no podría moverse de ahí. Entró a la habitación y sin decir nada, retiró el plato con los cubiertos y los llevó al fregadero de la cocina al igual que hizo con los suyos. Los lavó, los secó y los colocó en su sitio. Después volvió a entrar a la habitación. Se sentó en la silla y cogió un libro para leer.

–¿Piensas quedarte aquí o qué? –preguntó al ver cómo el pelirrojo se había puesto cómodo.

–¿Te molesto? –preguntó girando una hoja.

–Sí y mucho –concretó.

–Ya, pues acostúmbrate a mi presencia, porque estás en mi casa. –Especificó ojeándolo las letras ahí escritas.

–Hm –bufó el chico–. Oye, se supone que eres policía. ¿Por qué no estás trabajando?

–No debería de decírtelo, pero en fin. Me han dado el día libre hasta nueva orden –le explicó girando la hoja del libro–. Lo siento por ti.

–Ya –agregó para después quedar todo en un gran silencio–. Suéltame, necesito ir al servicio.

–Claro –respondió no creyéndole.

–Qué no, qué lo digo enserio. ¿O prefieres que me lo haga aquí? –preguntó con cara de angustia. Yuriy le quitó las esposas de los pies y lo siguió de cerca hasta que el otro entró al servicio–. Ah –escuchó Yuriy que exclamó el chico aliviado.

"Vaya, era de verdad" , pensaba el joven de ojos azules. Escuchó que tiró de la cisterna y el sonido del agua, correr en el lavabo. Después abrió la puerta mientras se iba apoyando en la pared e iba cojeando. –Si quieres puedes apoyarte en mí. –se ofreció.

–No –fue la contestación del otro mientras seguía apoyándose en la pared.

–Está bien. Si no quieres regresar a la cama, puedes quedarte en el sofá.

–¿Contigo? –enarcó una ceja.

–Sí –contestó Yuriy.

–No, gracias –respondió hastiado.

–Te diré una cosa niño. Tanto si te quedas en la habitación o en el sofá, yo estaré contigo –le aclaró.

–¿¡A qué te doy un puñetazo, viejo!? –Lo miró con enfado– ¡Qué no soy ningún niño!

–Pues no sé cómo llamarte, si no me dices tu nombre –respondió mirándolo–. Ya sé, te pondré un nombre –se le ocurrió de pronto, siguiéndole–. Te pondré, George.

–¿George? Es un nombre horrible –respondió sacando la lengua, demostrando su asco hacia el nombre.

–Justin.

–Ni que fuera un cursi –refirió apontocándose en la pared para descansar.

–Michael.

–No juego a baloncesto.

–Pues dime tú cómo quieres que te llame.

–Vale... llámame... –se puso a pensar...– Takao.

–Takao. Bonito nombre, me gusta.

–No hace falta que te guste, solo llámame así –le ordenó dirigiéndose al sofá mientras se sentaba–. Bueno, ¿y tú? ¿Tienes nombre? –preguntó, siguiéndole la corriente.

–Me llamo Yuriy.

–Qué nombre tan raro.

–Es ruso –aclaró –¿Quieres ver la tele? –preguntó mientras se acercaba para encenderla dándole al botón del mando que estaba al lado de la tele, dejándolo sobre la mesa.

–Haz lo que quieras, es tu casa. –Le miró de soslayo, viendo cómo el pelirrojo se sentaba en una silla, así que él lo hizo en el sofá que estaba justo en frente de la tele.

Yuriy puso las noticias. Una chica pelirroja, de pelo largo, maquillada y vestida con un traje de chaqueta estaba dando las noticias–. Ésta madrugada el ladrón Zafiro ha robado en la joyería News. Una vecina declaró que vio a un individuo rodear la joyería varias veces, aunque no sabía de quien se trataba. Zafiro dejó su firma en la mesa dónde estaba el diamante robado. La policía lleva tras su pista dos años. –Decía la chica mientras las imágenes del diamante robado y de la joyería salían por la tele.

Yuriy se levantó de su silla y abrió la ventana del comedor, mientras permanecía ahí asomado para ver la calle. Eso no pasó desapercibido para Takao, así que lo siguió con la mirada.

–La policía no se explica cómo pudo haber robado sin dejar huellas en el lugar del robo y cómo se las ingenió para que la cámara de seguridad no grabara el delito y las alarmas no saltaran.

"Menuda cosa" . Pensó Takao.

Yuriy permanecía quieto en la ventana con los brazos cruzados mientras recordaba.

–Bueno y ahora pasamos a los deportes –anunció la chica.

–Menudo rollo –anunció Takao– ¿No puedes ponerlo en otro sitio? –preguntó mirando a Yuriy.

–Claro, el mando está sobre la mesa, pon lo que quieras –respondió con voz casi inaudible y quebradiza.

Takao se le quedó mirándolo durante un rato. Miró a través de los cristales de la ventana. La mirada de Yuriy parecía estar perdida y se notaba una gran tristeza en ella. Desvió su atención de nuevo a la televisión, cogió el mando y cambió a otro canal.

–Sí, esto está mejor –decía al cambiar a un canal de dibujos.

Yuriy permaneció mirando por la ventana durante un gran rato, maldiciéndose así mismo.

&&&Yuriy&Takao&&&

Dos semanas pasaron y no había mucha diferencia del trato que llevaban esos dos.

–Oye, no te pienso decir nada –decía el joven de cabeza azulada cansado de repetir todos los días lo mismo.

–Takao, escúchame. Yo sólo intento ayudarte.

–No –era firme en su decisión.

–¿Por qué eres tan cabezota? –le preguntó sin entender los motivos.

–No confío en ti, sólo confío en una persona y no eres tú precisamente. Métetelo bien en la cabeza –gruñó mientras se metía en la habitación para irse a dormir.

Yuriy se tumbó en el sofá intentando dormir un poco. Le era imposible. Llevaba dos años en los que no había podido conciliar bien el sueño. Miró el reloj y eran las cuatro de la mañana. Habían pasado bastantes horas desde que había vuelto a discutir con Takao.

Se sentó en el sofá y sacó de un cajón un pequeño cuadro con una imagen en el que se veía a él abrazado a un chico rubio de ojos azules vestido de policía. Acercó su dedo índice a la foto, acariciando la imagen. Después se la puso en el pecho, al lado del corazón mientras se volvía a recostar en el sofá.

–Te hecho tanto de menos. Ojalá sintiera de nuevo tus caricias. –Se decía así mismo cerrando los ojos, derramando una lágrima que le resbaló por la mejilla, para después quedarse dormido.

&&&Yuriy&Takao&&&

A la mañana siguiente, Takao se levantó para ir al servicio. Por suerte se había comenzado a ganar la confianza del poli diciendo que él era así de reservado, y que no le diera más vueltas. Salió de puntillas de la habitación pasando por el lado de Yuriy el cual tenía un pequeño cuadro encima del pecho. No le dio mucha importancia y siguió su camino. Cuando iba a regresar a la habitación del pelirrojo, la curiosidad le embargó.

Así que con mucho sigilo cogió el cuadro y le dio la vuelta. Miró con detalle la foto. Él y otro chico estaban abrazados. "¿Será un compañero suyo?" ,se preguntó Takao. "No lo creo" ,pensaba mirando la foto y viendo donde tenía puesta Yuriy la mano. "¿Quién demonios será?" ,se preguntaba mientras miraba la foto antes de sentir que se la quitaban de las manos.

–Oye, esto es mío –aclaró, llevándose la foto contra el pecho para que el chico de cabellos azules no pudiera ver más la imagen.

–Tranquilo, no iba a romperla –le especificó para darse cuenta de cómo la mirada de Yuriy se iba poniendo cada vez más triste mientras se levantaba deprisa del sofá.

–Oye, no hurgues en mis cosas como si fueras un ladrón. Por lo menos respeta eso.

–Yo... –iba a disculparse por hacer algo que no debía, pero prefirió hacerle una pregunta– ¿Por qué te afecta tanto?

–Porque estás en mi casa y esto es algo personal –explicó antes de meterse en el cuarto de baño.

–Qué genio –agregó mientras se metía en la habitación, sentándose en la cama. Todavía no se había recuperado de la herida y no apoyaba mucho el pie en el suelo. Cuando escuchó que Yuriy salió del servicio se sintió mal. No le gustaba ver a nadie así de triste. Quería disculparse pero su orgullo se lo impedía. "Tenía la misma mirada del otro día. Es como si algo le hiriera. A ver, piensa. Se puso así cuando escuchó lo del robo en la joyería y cuando he visto esa foto. Pero, ¿por qué?" . Mientras más vueltas le daba a la cabeza más se liaba.

Salió de la habitación y se sentó en una silla del comedor junto a la mesa, mientras apoyaba una de sus manos sobre su mejilla y su codo sobre la mesa. "¿Qué puede ser?" ,salió de sus pensamientos en el momento que escuchó la voz del pelirrojo. ¿Cuándo había salido del cuarto de baño?

–¿Qué quieres desayunar? –preguntó Yuriy esquivándole la mirada.

–Me da igual –contestó Takao con simpleza.

Cuando vio que Yuriy no le miraba, se sentía aun peor. Una vez que Yuriy le preparó el desayuno, se sentó enfrente de él.

–Yu... –pronunció Takao cuando el teléfono sonó y Yuriy se levantó para cogerlo.

–¿Diga?... Hola Boris. Sí, tranquilo. ¿Qué pasa?... Zafiro... mierda. ¿Cómo es que nadie lo vio?... entiendo. No, tranquilo estoy bien, pero no puedo dejar el piso... –le explicaba mirando a Takao, el cual estaba pendiente de las palabras de Yuriy y de su mirada–. Ya te lo contaré, pero si puedes llamarme o venir a contarme lo que sabes, te lo agradecería. Está bien, adiós. –Colgó el teléfono.

–¿Quién es Zafiro? –preguntó Takao haciéndose el desentendido. El pelirrojo prefirió no contestar–. Oye, si estás así por lo de la foto, lo siento. No era mi intención mirar tus cosas –se disculpó sinceramente, aunque siguió sin recibir respuesta por parte del otro–. Está bien –refirió bebiendo su zumo de naranja al ver cómo el otro no le hacía caso.

–No veo porqué tengo que contarte cosas, si tú no lo haces conmigo –contestó simplemente.

–Ya te lo he contado muchas veces.

–Sí, no confías en mí. Pero yo creo que sí lo haces cuando te comes lo que te preparo y duermes en mi casa. ¿Dime cómo sabes que no te enveneno o cómo no intento matarte por las noches?

–Por intuición –contestó simplemente– ¿Quieres saber algo de mí? Está bien, pregúntame algo sobre mí.

–Vale. ¿Quién quiere matarte? –preguntó el pelirrojo sin más rodeos y poniéndose serio.

–Jajaja. He dicho que preguntes algo sobre mí, no sobre mi vida.

–Está bien. ¿Cómo te llamas realmente?

–Me llamo Takao. Oye, ¿qué edad tienes? –le preguntó el menor.

–¿Tanto te interesa? –le preguntó enarcando una ceja.

–Bueno, tengo simple curiosidad.

–¿Por qué? Si soy un pobre viejo indefenso –comentó sonriendo– Tengo veinticinco años –contestó finalmente dándole un pequeño sorbo a su taza de café.

–Bueno, te conservas bien. Aparentas menos –reconoció.

–¿Cómo de menos? –quiso saber.

–No sé, yo te echaba unos veintidós años.

–Pues si para ti eso es ser viejo, no quiero ni pensar lo que piensas de la gente que está cerca de los treinta –comentaba, cortando un poco de tortita.

–Jajaja –rió Takao.

–¿Qué edad tienes tú? –le preguntó Yuriy ahora.

–Veinte años –contestó el menor. Yuriy se quedó con la boca abierta.

–¿Qué? Ya sé que me echabas menos.

–Te echaba trece o catorce como mucho. No aparentas tener veinte.

–Pues los tengo –aseguró– ¿Cuál es tu color favorito?

–No tengo predilección por ninguno. Todos menos el rosa, odio ese color. ¿Y el tuyo? –preguntó Yuriy.

–El negro.

Continuaron preguntándose cosas hasta que alguien tocó al timbre de la puerta.

–¿Quién es? –preguntó Yuriy tan pronto se puso de pie y estuvo cerca de la puerta.

–Soy Boris –contestó desde el otro lado de la puerta.

Yuriy le abrió la puerta–. Pasa y siéntate –le invitó a entrar haciéndose a un lado, para permitirle pasar. Cerrando la puerta tras de sí.

–Hola –saludó Boris a un chico de cabello color azul desconocido para él.

–Hola –contestó sin más.

–Bueno, Boris, cuéntame que es lo que ha pasado –le pidió, tomando asiento.

Tomó asiento junto al pelirrojo–. Han robado en otra joyería y sospechamos de Zafiro –contó Boris mientras que Takao le prestaba mucha atención a la conversación–. Verás, como siempre ha sido un robo sin ninguna prueba y ha dejado su firma o eso parece.

–Explícate –le pidió Yuriy mientras le prestaba bastante atención a su compañero.

–Al parecer tenía tanta prisa que sólo escribió la Z.

–¿Sobre qué hora a sucedido? –preguntó Yuriy interesado.

–Creemos que sobre las cinco de la mañana –contestó el joven de ojos verdes.

–Oye, eso es imposible –anunció Takao, a lo cual Boris y Yuriy lo miraron enarcando una ceja. Al darse cuenta de que había estado a punto de meter la pata, dijo lo primero que se le pasó por la cabeza–. Podría ser el Zorro, ya sabéis, el hombre ese enmascarado –intentó excusarse.

–¿Qué? –Preguntó Boris mirando a Takao–. Oye, Yuriy. ¿Éste quién es? –preguntó a su amigo pelirrojo.

–Soy su primo Takao –respondió mirando a Yuriy, pidiéndole con la mirada, que le siguiera la corriente.

–Nunca me habías hablado de él y ya veo porqué –cayó en la cuenta Boris, mirando al menor.

–¿Qué insinúas? –preguntó el menor mientras empezaba a enfadarse.

–Eh, no se os ocurra discutir –sentenció Yuriy mientras se tocaba la sien, para masajeársela suavemente.

–¿Estás bien? –preguntó Boris preocupado.

–Sí. Sólo es lo de siempre, no te preocupes –contestó.

–Deberías ir al médico –le aconsejó su amigo.

–Ya he ido, pero no puedo empezar a tomármelas hasta que cierre éste caso.

–Oye Takao, deberías de convencer a tu primo para...– decía Boris mientras miraba a Takao, pero Yuriy no le dejó acabar con la frase.

–Déjalo, Boris– le ordenó, ya que Takao no sabía nada y no quería que se enterase–. Mi primo ha venido aquí para pasar unos días conmigo, no quiero preocuparle. Si sabes algo más, avísame. –Le pidió refiriéndose al tema de Zafiro.

–Está bien, cuídate –le pidió mirando a Yuriy–. Y tú –aclaró mirando a Takao–. Cuídale –le pidió poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la puerta.

–Vale –respondió el menor sin más.

–Adiós –se despidió abriendo y cerrando la puerta tras de sí.

–¿Quién era ese? –preguntó Takao curioso en cuanto el más alto desapareció de su vista.

–Un compañero de trabajo. ¿Por qué has dicho que eras mi primo? –preguntó mientras seguía tocándose la sien sin haberse movido de la silla.

–No sé, fue algo que se me ocurrió. Oye, ¿te duele mucho la cabeza? –preguntó Takao al ver cómo Yuriy no dejaba de darse un ligero masaje con los dedos de la mano sobre la sien.

–No, ya estoy acostumbrado –fue su contestación.

&&&Yuriy&Takao&&&

Llegó la noche y Takao se preguntaba quien se había hecho pasar por él. Estaban en el comedor, viendo la tele o eso era lo que parecía. Se fijó en Yuriy y parecía estar algo pálido. Se acercó a él y lo miró de más cerca.

–Yuriy. ¿Estás bien? –le preguntó al verlo cada vez más cabizbajo en la mesa.

–Sí. Ya se me pasará.

–Eso quiere decir que no estás bien –comentó, ya que le llevaba diciendo esas palabras desde la visita de Boris– ¿Por qué no vas al médico?

–Porque no es nada del otro mundo, es sólo un simple dolor de cabeza –le informó.

–Ésta noche quiero que duermas en tu cama. Prometo que no me voy a escapar. Átame al sofá o dónde quieras para asegurarte de que no lo hago, pero ésta noche tú duermes en tu cama.

–Jajaja... eso es gracioso –comentó.

–¿El qué? ¿Qué me preocupe por ti? Lo sabía, no puedo confiar en ti –dijo levantándose de la silla, a la vez que Yuriy lo agarraba de la mano para impedir que se marchase.

–No, Takao. Lo gracioso es que hace dos años que no puedo dormir bien. Tengo insomnio –le hizo saber.

–¿Por qué? –preguntó el menor empezándose a preocupar por el pelirrojo.

–Eso entra dentro de los asuntos personales. No te lo contare si tú no me cuentas lo tuyo. Lo siento.

–Se acabó. Duermas o no, te vas a tu cama –agregó levantándolo–. Y por cierto, no te gustaría saber cosas de mi vida –decía pasando el brazo de Yuriy por detrás de su cuello, obligándole a ponerse de pie cuando tiró hacia arriba del cuerpo.

–Oye, yo...

–Tranquilo, ya te he dicho que no me escaparé. Estoy herido y no llegaría muy lejos. Pero puedes amarrarme al sofá. Aunque no sé donde, pero ya encontrarás solución. –decía caminando como podía con él.

–Duerme conmigo –le pidió.

–¿Eh? –preguntó confuso sin dejar de caminar hacia la habitación.

–Sí. Tú en tu lado y yo en el mío –explicó Yuriy mientras los dos entraban al dormitorio.

–Me parece bien, me pido el lado derecho –contestó Takao como un niño pequeño, deshaciendo la cama con una sola mano.

–Vale –sonrió a medias, dejando que el menor lo sentase en la cama.

–¿No tienes alguna pastilla o algo para el dolor? –preguntó recostándolo en la cama.

–No –contestó a la vez que Takao lo tapaba con las sábanas por su lado.

Rodeó la cama para ponerse en su lado, recostándose en ella, para darle la espalda al pelirrojo–. Buenas noches –agregó el menor.

–Buenas noches –contestó Yuriy mientras apagaba la luz. Por suerte para él había un interruptor encima de la mesita, así que no tuvo que alargar mucho el brazo.

La luz de la luna entraba por una pequeña ventanilla de la habitación. Takao cuando se daba la vuelta abría un poco los ojos de vez en cuando para ver que efectivamente Yuriy seguía despierto. Se dio la vuelta y miró el reloj digital de la mesita. Era increíble las cinco y veinte de la mañana y Yuriy todavía no había podido pegar ojo. Sólo miraba al techo como si viera en el algo interesante. A las siete de la mañana por fin Yuriy consiguió conciliar el sueño. Takao se quedó mirándolo un rato, ese pelirrojo era realmente atractivo a pesar de que él lo llevase negando desde que lo vio por primera vez. Tenía unas facciones tan relajadas cuando estaba dormido que le hacía verlo con distintos ojos.

Continuará...

&&&Yuriy&Takao&&&

Muajajajaja, ya estoy aquí. Siento haber tardando tanto (pero tengo mucho trabajo con los fic) espero que os haya gustado.

Gracias a sus reviews a:

Quimera: Veo que piensa igual que Takaita acerca de Boris con lo de la bala. Jejeje. Te digo lo mismo que a Takaita y además que no lo culpes, nuestro pobre sádico sólo hacía su trabajo. Espero que te haya gustado este capi. Y la forma que está tomando este fic porque está dedicado a ti que fuiste la que me lo pediste. Jejeje en el siguiente capi ya se dice quien es nuestro famoso rubio aunque esta vez creo que te habrás dado cuenta. Espero que esta página te deje poner tus reviews completos y que no tengas más problemas (yo ya arreglé el mío del fic Tan diferentes tan iguales) Nos leemos.

Takaita Hiwatari: Jejeje, me hizo gracia tu review. Pobre Boris, si se metiera esa bala por el... sufriría mucho, jajaja. Además de que os es muy útil en estos momentos a Quimera a ti y a mi (deduce porque) a lo que voy. Gracias en parte a Boris ahora nuestro Takao está en casa del poli. Jejeje tendrás que seguir leyendo para que veas lo que pasa más adelante.

Senshi Hisaki Raiden: Hola. Supongo que ya habrás leído la respuesta a la pregunta que me hiciste. El color de sus ojos son rojos zafiros, busque ese color en Internet y si existe así que me vino genial para hacerlo más real. Me alegro de que te guste esta pareja y este fic, y espero que sigas diciéndome lo que piensas, ¿ok?

Anda no seáis malitos y dejadme vuestros comentarios sobre la historia. Please. Eso es todo por ahora, cuidos mucho, xao.