Parejas: Yuriy&Takao
Advertencia: Shounen –ai y Lemon
–Diálogos.
"Pensamientos"
ZAFIRO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Yuriy&Takao&&&
A las diez de la mañana, Takao abrió los ojos. Se quedó contemplando a Yuriy otra vez, pero ésta vez se fijó en que unas lágrimas recorrían su rostro. Se apoyó en la cama para mirarlo más de cerca. Comenzó a limpiarle las lágrimas con cuidado de no despertarlo mientras se fijaba más en su rostro. "¿Por qué lloras?", pensó subiendo ahora su mano hasta la frente.
–Max –pronunció de forma casi inaudible el pelirrojo.
"¿Quién es Max?", acto seguido, Yuriy abrió los ojos asustado, encontrándose con unos hermosos ojos color rojo zafiro a un lado de él. Y Takao por su parte, había sido pillado infraganti tocándole la frente al pelirrojo–. Lo siento, te he despertado. Sólo quería saber si tenías fiebre –se sentó en la cama mirando hacia otro lado–. Parece que no –era la única excusa que se le había ocurrido.
–Tranquilo, no has sido tú. ¿Qué hora es? –preguntó.
–Son las diez –contestó Takao mirando el reloj digital de la mesita de noche.
–Siempre me despierto sobre esta hora, prepararé el desayuno –anunció levantándose de la cama para irse al cuarto de baño.
"Menos mal que soy rápido", suspiró. "¿Por qué lloraba? ¿Quién es Max? ¿Por qué no duermes por las noches?", pensaba el joven de cabellos azules una y otra vez mientras salía de la habitación.
Yuriy salió del baño y entró Takao. Yuriy se sorprendió cuando el chico salió del aseo y comenzó a ayudarle a cocinar.
–No sabía que supieras cocinar. –confesó el pelirrojo, viendo lo que hacía Takao.
–Sí, sé. Pero, no sabía dónde guardabas las cosas y me dolía más la pierna. Llevó fijándome una semana entera en qué lugar guardas las cosas. Así que voy a ayudarte a hacerlo todo si a ti no te importa. –Decía preparando unos huevos revueltos en la sartén.
–No, no me importa, sólo si no fuerzas tu herida –comentó el pelirrojo un poco preocupado.
–Mi herida está bien –contestó con una sonrisa diminuta.
&&&Yuriy&Takao&&&
Cuando llegó la tarde, Takao se estaba duchando. No sabía cómo, pero quería ayudar a Yuriy. Durante estos días le había tomado cariño, pero eso no se lo diría, no todavía. Se miró la herida. Tenía mejor aspecto, ya casi estaba curándose. Ya no tenía tantos deseos de irse de allí, por primera vez sentía que tenía un hogar y alguien que se preocupaba por él. Ni siquiera Rei mostraba ese tipo de afecto por él. "Tengo que contarle la verdad, pero no quiero ir a la cárcel. En menudo lío estoy metido", pensaba el chico de cabeza azulada.
Se vistió y se sentó junto a Yuriy en una silla el cual estaba leyendo el periódico en el comedor.
–¿Qué lees? –preguntó viendo que miraba algo en el periódico.
–Los titulares.
–Oye, aquí habla sobre ese famoso ladrón.
–Sí, estaba leyendo sobre él –agregó Yuriy mientras mantenía su vista puesta en el periódico.
–Oye, Yuriy. ¿Por qué piensas que ese hombre roba?
–No lo sé, a lo mejor roba para hacerse rico o porque tiene una enfermedad –comentó simplemente Yuriy.
–Yo creo que lo hace para ayudar a alguien.
–¿A alguien? –preguntó el joven de ojos azules mirándole.
–Sí. Creo que no lo hace por simple avaricia, sino para ayudar a la gente.
–No lo sé. Lo único que sé es que quiero coger a ese tipo para poder irme de aquí –dijo devolviendo su vista al periódico.
–¿Irte a dónde?
–No lo sé. Pero no puedo quedarme aquí, mucho tiempo. Los recuerdos me están matando. –Explicó esto último en un susurro.
–¿Eso quiere decir que no volveríamos a vernos? –preguntó Takao preocupado.
–Probablemente –comentó.
Takao silenció unos segundos. Después de saber eso, sentía su corazón oprimido– ¿Qué le harían si lo atrapasen?
–Pues meterlo en la cárcel, no sé por cuánto tiempo, pero ese sería su castigo.
–¿Aunque con eso ayudara a mucha gente?
–Creo que sí –le miró– ¿Por qué lo preguntas? ¿Le conoces? ¿Tienes que ver algo con él, Takao?
– No. Qué va, ya sabes. Simple curiosidad. Es que como tú eres poli, sólo quería saber qué es lo que pasa en estos casos.
Yuriy sospechaba que esa no era la razón de sus preguntas–. Takao. Si sabes algo debes de decírmelo –le dijo mirándole a los ojos–. El encubrimiento, también está penalizado por la ley –le recordó.
–Yuriy yo... –quería decirle la verdad, pero realmente le era muy difícil cuando éste le miraba-, quiero dar un paseo. –finalizó-. Por favor. Iré esposado a ti si quieres, pero quiero salir de este apartamento –pidió poniéndose en pie.
–¿Por qué? –preguntó, dejando el periódico a un lado.
–Lo necesito. Estoy acostumbrado a pasear un poco todas las tardes. Te prometo no escaparme –le avisó, juntando ambas manos, poniéndoselas en frente–. Aunque sea sólo rodear éste edificio.
Yuriy sonrió– ¿Me lo prometes de verdad?
–Lo juro.
Yuriy se puso de pie–. Está bien, vamos –dijo sonriendo, poniéndose en pie. Takao le sonrió, pero se detuvo al echar el pie y eso llamó la atención de Yuriy.
–¿Qué pasa?
¿Por qué no me pones las esposas?
–Porque confío en ti. Vamos –le indicó mientras sonreía y caminaban hasta la puerta, abriéndola. Salieron del edificio con tranquilidad mientras daban un pequeño paseo por la zona.
–Hacía mucho tiempo que no paseaba –comentó Yuriy.
–A mí me gusta pasear. Veo a un montón de personas haciendo diferentes cosas. Nunca me aburriría de verlas y menos a los niños. Supongo que soy como un crío. Me parezco bastante a ellos en el carácter –comentó estirándose–. Me gustan mucho. ¿Y a ti? –preguntó mirándole.
–A mí también –contestó sonriendo.
–Mira a ese niño que se está tirando por el tobogán –le señaló con el dedo índice–. Se ve tan feliz. Lástima que la vida después le vaya a resultar difícil y no pueda volver a subirse en él.
–La vida a veces es cruel, pero hay momentos buenos también.
–¿Cómo cuales? –preguntó mirándole.
–Como cuando te enamoras, te casas, tienes hijos... ya sabes, todo eso. Si tienes a alguien especial en tu vida, lo entenderás.
–Sí, bueno, en mi caso es diferente. –Guardó unos minutos de silencio antes de continuar con su conversación- ¿Podemos sentarnos un minuto? –preguntó señalando unos bancos del parque por el que estaban pasando.
–Claro –respondió. Se sentaron en un banco mientras miraban a los niños jugar.
–¿Por qué has dicho que en tu caso es diferente? Bueno, si puede saberse y confías en mí.
–Por qué pensaba que quería a alguien pero me he dado cuenta de que amo a otra persona. –Confesó el menor.
–¿Y cómo estás tan seguro? –preguntó Yuriy enarcando una ceja.
–Porque en el primer caso no me hace sentir bien. Me siento utilizado, pero si algo malo le pasase me preocuparía. En el segundo caso me hace sentirme bien y me pongo nervioso porque no quiero perderle y si algo malo le pasase no sólo me preocuparía, sino que daría mi vida por él y me moriría de dolor. Me gustaría quedarme junto a esa persona, pero no puedo.
–¿Por qué? –preguntó el joven de ojos azules sin comprenderlo.
–Porque a mi lado su vida estaría en peligro y prefiero que este lejos de mi aunque me duela, a que esté a mi lado y algo malo le suceda.
–Le amas mucho, ¿verdad?
–Como jamás he amado a nadie en mi vida –confesó mirándole–. Yuriy.
–¿Qué?
–Tengo algo que preguntarte pero prefiero hacerlo en el apartamento.
–Está bien –respondió.
–¿Vamos? –le preguntó el menor poniéndose de pie, mientras le extendía la mano para ayudarle a levantarse, la cual Yuriy cogió encantado.
–Vamos –contestó Yuriy sonriéndole.
&&&Yuriy&Takao&&&
Cuando llegaron al apartamento, Takao se sentó en el sofá.
–Gracias, necesitaba ese paseo –confesó el menor.
–No me las des, yo también lo necesitaba –agregó sentándose en una silla mientras sonreía.
–Descanso un poco y te ayudo a preparar la cena –se ofreció el menor.
–Cómo quieras, pero no hace falta.
Una vez que cenaron, los dos se sentaron en el sofá.
–Yuriy... yo quiero saber una cosa.
–¿Qué?
–¿Quién es Max? –preguntó el joven de cabellos azules a la vez que observaba como la cara del pelirrojo cambiaba.
El pelirrojo desvió un poco la mirada– ¿Por qué quieres saberlo?
–Es que esta mañana lo nombraste en sueños mientras llorabas –explicó Takao. Yuriy se levantó y abrió el cajón de un mueble–. Lo siento, quizás tú no... –dijo cabizbajo mientras Yuriy le ponía la foto del otro día en la mano y se sentaba junto a él.
–El es Max –dijo refiriéndose al chico rubio de la foto.
–¿Es tu compañero?
–Lo era. Ya no está aquí –comentó el pelirrojo un poco triste.
–¿Por qué?
–Murió hace dos años mientras perseguíamos a un asesino. No sólo era mi compañero, también era mi novio y nos íbamos a casar. Teníamos incluso los anillos de boda comprados –explicaba mientras una lágrima comenzaba a caer por su mejilla–. Los compramos en la joyería que Zafiro robó el otro día. Estábamos tan ilusionados pensando lo cerca que estaba la fecha de nuestra boda, incluso compramos este apartamento entre los dos... Snif... –le contaba sollozando-. Todo fue por mi culpa, yo debería de haber muerto ese día en su lugar. El asesino quiso dispararme y él se cruzó por medio y lo hirió de un disparo en el corazón. No pudieron hacer nada por él. No pude hacer nada por él...Snif... Antes de morir, me hizo prometerle que atraparía a Zafiro, estábamos tras su pista cuando nos conocimos por primera vez. Y también me pidió que rehiciera mi vida.
Takao no pudo evitarlo y se abrazó a él muy fuerte, a la vez que Yuriy le correspondió.
–Lo siento, no tenía que haberte preguntado, lo siento mucho –se disculpó sintiéndose conmovido por ver en ese estado a Yuriy. Así que sin poder evitarlo, sintió como sus ojos se empezaban a nublar por las lágrimas acumuladas en ellos, dejándolas caer por sus mejillas.
–Ahora ya sabes porque tengo insomnio por las noches, Takao. Necesito atrapar a Zafiro, para irme de aquí. No puedo estar más tiempo en esta ciudad. Cada rincón de ésta zona y este apartamento me recuerdan a él y me duelen esos recuerdos... Me destrozan el alma. –le contaba intentando aguantar su llanto.
–Lo siento, lo siento, lo siento –repetía el menor cada vez con más pesar mientras intentaba aguantarse las ganas de llorar.
–No pasa nada... Snif... Tú no sabías nada –intentaba disculparlo acariciándole la espalda.
–Pero por mi culpa te has puesto así –le hizo ver, mientras se abrazaba más fuerte a él.
–¿Sabes? Creo que me ha hecho bien contárselo a alguien –le informó Yuriy mientras intentaba dejar de llorar.
–¿De verdad? –preguntó Takao separándose un poco de él para mirarlo a los ojos.
–Sí –contestó limpiándole las lágrimas al menor con el dedo pulgar– ¿Por qué lloras? –le preguntó.
–Porque no me gusta ver a la gente sufrir. "Y menos, si es la persona que amo", pensó Takao–. Ya te lo he dicho… Snif… Me parezco mucho a los niños.
&&&Yuriy&Takao&&&
Mientras tanto en las callejones más oscuros de la ciudad de Nueva York...
–¿Lo habéis encontrado ya? –preguntaba un chico de ojos dorados, pelo negro recogido en una larga cola y vestido con ropas chinas a un grupo de chicos.
–No y hemos buscado por todos esos sitios a los que le gustaba ir –contestó uno de los chicos, con el cabello color verde y de baja estatura.
–Oye, Rei. Llevamos días buscándolo. ¿Y si se ha fugado con el diamante? –preguntó otro chico más alto que el anterior, con poco cabello en forma de cresta y sobrepeso.
–Idiota, Takao jamás nos traicionaría, él no es así. Pero es muy extraño que no haya regresado.
–¿Y si lo han cogido? –volvió a preguntar el más bajo.
–Si lo hubieran cogido nos hubiéramos enterado. Según lo que he oído en la tele, un poli lo hirió –dijo muy pensativo Rei.
–A lo mejor está... –al chico de sobrepeso no le dio tiempo a continuar cuando fue interrumpido por el pelinegro.
–¡Intenta decirlo y te arranco la lengua! –sentenció Rei a la defensiva.
–Pues quizás alguien lo viese y lo esté cuidando –se le ocurrió al otro chico.
–Puede ser, seguid con la búsqueda y si lo encontráis traedlo de vuelta a él y por supuesto al diamante . –Ordenó con una pequeña sonrisa.
&&&Yuriy&Takao&&&
Pasaron cinco días. Takao y Yuriy se encontraban dando un paseo por la zona. Se detuvieron en una pastelería. Algo llamó la atención de Takao. Se sentía como observado, y eso no le gustaba. Se dio la vuelta disimuladamente y... sorpresa. Dos de sus antiguos compañeros estaban fuera de la pastelería, seguramente, buscándole. Yuriy ya había pagado la cuenta de los pastelitos que habían comprado, así que sólo era cuestión de segundos que salieran fuera y que sus compañeros lo encontrasen.
"¿Cómo hago para que no me vean?", pensó mientras devolvía su vista hacia Yuriy.
–Vamos, Takao –le avisó el pelirrojo, mientras comenzaba a andar hacia la puerta de salida del local.
–¡No! –se apresuró a decir el menor, dándole la vuelta a Yuriy.
–¿Qué? –preguntó sin entender.
–Que... espera un momento. Es que...me gusta el olor de la pastelería –inventó–. Hum... huele a bombón de chocolate y a... pasteles –agregó mientras miraba por detrás de Yuriy para ver que sus ex compañeros se dividían para buscar mejor.
–Oye. ¿Qué te pasa? –preguntó Yuriy girando la cabeza, para ver hacia donde miraba Takao.
–No me pasa nada. Será mejor que volvamos al piso –se apresuró a decir, cogiendo a Yuriy de la mano para sacarlo con rapidez de la pastelería. Caminaba con él por las calles con la misma rapidez. Así que Yuriy se detuvo, deteniéndolo a él.
–No te pares Yuriy, venga que tengo hambre y... –dijo dándole pequeños tirones del brazo para intentar moverlo, pero sin ningún éxito.
–¿Qué pasa, Takao? Estás actuando de manera extraña. Y no paras de mirar hacia los lados... –se había dado cuenta de que el chico no paraba de mirar a su alrededor–. Y ni siquiera me estás escuchando.
–Sí que lo hago –se mordió el labio inferior para luego mirarlo–. Venga, Yuriy –repitió tirándole de nuevo del brazo para intentar conseguir que Yuriy se moviera.
–No me muevo de aquí, hasta que no me digas que te pasa –advirtió mientras seguía parado en la calle.
–Luego te lo explico en casa –explicó mientras veía cómo uno de los ex– compañeros se dirigían directos hacia ellos–. Vamos –le pidió de nuevo, tirándole de la mano.
–Takao. ¿Por qué estás tan nervioso? –preguntó Yuriy mirando al joven de cabeza azulada comenzando a preocuparse.
–Yo... –intentó decir mientras veía cómo el otro estaba a cinco pasos de ellos–. Lo siento –dijo poniéndose de puntillas mientras le comenzaba a besar apasionadamente, haciendo girar a Yuriy para ocultarse de su ex– compañero. Yuriy intentó resistirse al beso y separarse al principio, pero Takao lo agarró bien fuerte. Cuando el joven de cabellos azules observó que su ex compañero dobló la esquina de la calle, quería separarse de Yuriy. Seguro que estaría enfadado por lo que había ocurrido. Pero ahora él que no le soltaba era Yuriy, mientras lo abrazaba, dándole suaves caricias en la mejilla, haciendo sonrojar al menor y provocando que Takao se agarrara a su cuello. Se separaron por falta de aire y se miraron a los ojos fijamente.
–Yo... lo siento Yuriy, volvamos al piso– pidió Takao mientras comenzaba a caminar olvidándose de todo. "Seguro que estará enfadado conmigo. No debía de haber hecho eso, pero si lo hubieran visto junto a mí, quizás le hubieran hecho daño".
Yuriy sólo caminaba detrás de él. "¿Por qué habrá hecho eso? ¿Por qué se ha apartado? ¿Por qué no me ha dejado demostrarle todo lo que le quiero? Sí, le quiero, desde que lo conocí. Desde que lo sentí tan cerca de mí, llorando en mis brazos y me demostró que tiene una parte cariñosa como las demás personas. Me encantan esos ojos, parece tener el brillo de un diamante cuando está contento. Tengo que saber porqué me ha besado. Si eso sólo ha sido un juego para él o si es porque..."
&&&Yuriy&Takao&&&
Un chico de cabellos naranjas llamaba a su jefe por el móvil.
–Diga –contestó el joven de cabellos negros.
–Rei.
–¿Qué Brooklyn? –preguntó.
–Lo hemos encontrado, no está tan lejos de la joyería, sólo a unas diez calles –informó con una sonrisa maliciosa observando a un joven de cabellos azules que caminaba solo por la calle.
–Genial. ¿Estaba solo? –preguntó interesado.
–En principio parece que sí –decía escondido desde una esquina de un edificio.
–Traédmelo –exigió.
–Espera –avisó observando que un chico pelirrojo se acercaba a Takao.
–No, no está solo –sonrió– ¿Qué hago?
–Averigua dónde está escondiéndose ahora, y mañana iréis a por él y a por el diamante. No creo que lo lleve encima en estos momentos. Ya hablaré contigo cuando llegues aquí. Adiós.
–Adiós –colgó –Esto se pone interesante, jajaja –reía guardándose el móvil en el bolsillo trasero del pantalón sin dejar de mirar la escena que tenía frente a él.
&&&Yuriy&Takao&&&
–Oye, Takao –le llamó el pelirrojo, acercándose a él.
–Ahora no, Yuriy –pidió Takao mientras seguía andando cabizbajo.
Llegaron al piso sin darse cuenta de que estaban siendo vigilados. Takao se sentó en el sofá mientras que Yuriy abría la bolsa de pastelitos para meterlos en la nevera. Yuriy preparó la cena mientras que Takao ponía la mesa. Comieron en silencio mientras que Takao suspiraba de vez en cuando y jugaba con la comida. Yuriy lo observaba callado hasta que terminaron de cenar, quitaron los platos de la mesa y los fregaron.
Takao se sentó en el sofá mientras se ponía pensativo. Yuriy se sentó junto a él y lo miró a los ojos.
–Takao, no soporto este silencio. Dime. ¿Por qué has hecho eso?
–No sé a qué te refieres –se hizo el desentendido, mirando hacia otro lado.
–Yo creo que lo sabes muy bien –refirió, poniéndole la mano en el mentón, girándole con delicadeza la cara para que lo mirase– ¿Fue un impulso? ¿Fue un juego? ¿Qué fue, Takao? Por favor, dímelo porque necesito saberlo –le pidió mirándole.
–Yo... necesitaba hacerlo.
–¿Por qué?
–Porque –le miró unos segundos. ¿Sería correcto contarle todo? Sabía que terminaría implicado y eso sería peligroso para él, ya que era un policía. Seguro que lo matarían –No puedo decírtelo –respondió rápidamente.
–¿Pero por qué? ¿De qué tienes miedo? –preguntó preocupado.
–De no volverte a ver, de tu rechazo y de un millón de cosas más –contestó mientras sentía como varias lágrimas amenazaban con caer.
–Takao, necesito saberlo, es importante para mí.
–Si te lo digo. ¿Prometes no odiarme?
–Te lo prometo.
El menor derramó una lágrima–. Fue... porque no quería que te hicieran daño.
–¿A qué te refieres? –se fijó en la expresión de Takao. Parecía muy preocupado y angustiado–. Te estaban persiguiendo, ¿verdad? –Takao asintió– ¿Por qué no me lo dijiste en su momento?
–No quería que te hicieran daño. No dudarían en hacértelo, lo sé, los conozco muy bien.
–Así que me besaste por eso –contestó un poco desilusionado.
–No sólo por eso, lo hice también porque... me gustas mucho –aclaró mientras las lágrimas comenzaban a salir sin parar una tras otra–. Por favor, no me odies, no lo soportaría –le pidió.
–No te odio, Takao –aclaró limpiándole las lágrimas con su dedo pulgar– ¿Sabes por qué? –el otro negó.
–Porque, estoy enamorado de ti –confesó, mientras juntaba sus labios contra los de Takao, dándole un tierno beso. Para después abrazarlo–. Deja de llorar.
–Te quiero, Yuriy –decía abrazándose fuerte a él.
–Yo también –respondió, dándole varios besos en la cabeza para tranquilizarlo.
&&&Yuriy&Takao&&&
Esa noche los dos durmieron en la cama de Yuriy, cada uno en su lado de la cama. Pero a la mañana siguiente, Takao se encontraba abrazado a Yuriy. Takao abrió los ojos y se sonrojó cuando vio que estaba abrazando al pelirrojo. Lo miró con cuidado de no moverse mucho por si estaba dormido. Yuriy tenía los ojos cerrados, así que él se acomodó un poco sobre el pecho de él y se mantuvo en silencio para no despertarlo. Estaba tan a gusto sobre su pecho que no quería levantarse. Sintió cómo la mano de Yuriy comenzaba a acariciarle la cabeza, así que levantó la cabeza y lo miró contemplando unos ojos azul cielo que lo miraban con ternura.
–¿Estás a gusto? –preguntó el pelirrojo sonriendo.
–Sí, mucho –contestó con una sonrisa a la vez que le dio un beso en los labios–. Buenos días –le saludó recostándose en su pecho de nuevo.
–Buenos días. ¿Qué quieres desayunar hoy? –le preguntó.
–Primero quiero una ronda de tus besos. Después una de caricias y un zumo de naranja y unas tostadas –contestó acariciando el pecho de Yuriy por encima del pijama, mientras levantaba la cabeza y lo miraba con una sonrisa.
–Jajaja. Tú mandas –dijo depositándole varios besos en los labios, arrancando sonrisas del menor mientras le acariciaba la cabeza y la cara. Después de demostrarse cuanto se querían entre caricias y besos, Yuriy se puso a preparar el desayuno mientras que Takao se daba una ducha. Cuando Takao salió vestido con ropa que Yuriy le había dejado, se sentó a desayunar junto a él. Después de desayunar, Yuriy se dio una ducha y bajó a comprar dejando a Takao solo en el piso. El menor comenzó a hacer la cama y después se puso a fregar los platos. Cuando terminó, se secó las manos y en ese momento tocaron la puerta.
–¿Se te ha olvidado algo? – preguntó mientras iba hacia la puerta con una gran sonrisa y la abría para ponerse serio.
–Hola, Takao –le saludó Brooklyn con una sonrisa sádica. Takao intentó cerrar la puerta, pero dos de sus ex compañeros, Miguel y Kane le dieron una patada a la puerta haciendo que Takao cayera al suelo de culo.
–¿¡Qué queréis!? –preguntó Takao mientras se levantaba con rapidez del suelo.
–Que pregunta tan estúpida. Creo que es más que obvio, Takao. ¿Dónde está el diamante? –preguntó Brooklyn entrando al apartamento.
–Está escondido en un lugar seguro –dijo mirándolo seriamente.
–Claro que sí –agregó Brooklyn chasqueando los dedos– Chicos, vamos a limpiar esto –ordenó.
–Aquí no está, lo escondí en un lugar abandonado. Cerca de donde me dispararon –advirtió al ver cómo los otros dos, empezaban a tirar las cosas al suelo para buscar el diamante.
–Jajaja, no tienes pinta de estar malherido –aclaró el joven de cabellos color naranjas.
–Pues lo estoy –habló mirando a los otros dos que empezaban a registrar en los cajones del comedor–. Estáis perdiendo el tiempo si creéis que está aquí.
–Sabes Takao, tienes a Rei muy preocupado. Nos ha hecho buscarte desde que desapareciste –informó Brooklyn cerrando la puerta del apartamento tras de sí.
–Es que un poli me disparo en la pierna –explicó.
–¿Dónde está tu ropa? –preguntó al ver que tenía puesta otra distinta.
–La tiré –le informó.
–No deberías de haberlo hecho. Zafiro –dijo esto último con énfasis.
–No me llames así –le advirtió el chico de cabellos azules con enfado.
–Lástima, porque así es como te pusieron los polis –anunció caminando tranquilamente hacia él.
–Vamos, chicos –dijo el moreno de piel mirando a Miguel y a Kane– ¿Queréis dejar de ponerlo todo patas arriba? Ya os he dicho que no está aquí, perdéis el tiempo. Mejor quedamos en otro sitio y os lo entrego. Asunto olvidado.
–Me surge una idea. Te vienes con nosotros por las buenas y nos entregas el diamante –anunció Brooklyn. En ese momento escucharon unas llaves entrar en la cerradura de la puerta.
Brooklyn fue corriendo hacia Takao y le tapó la boca, escondiéndose en la habitación, mientras Miguel y Kane se escondían en el cuarto de baño.
–Takao, ya estoy aquí –informó Yuriy mientras dejaba las bolsas en la cocina. Le sorprendió que todo estuviera muy silencioso– ¿Takao? –preguntó mirando hacia el comedor, viendo que todo estaba desordenado.
Mientras tanto en la habitación, Brooklyn le hacía señas con la mano a Takao para que se callase.
–Takao. ¿Dónde estás? –Preguntó preocupado, eso no le daba buena espina– ¿Pero qué...? –alguien le tocó el hombro y él se dio la vuelta pensando que era Takao. Cuál fue su sorpresa al recibir un puñetazo en la mejilla, haciéndole caer al suelo. Miguel y Kane lo levantaron mientras lo sujetaban cada uno de un brazo. Vio cómo un chico de cabellos color naranja salía de su habitación con Takao cogido a la fuerza mientras le tapaba la boca.
–Vaya, vaya. ¿Quién es Takao? ¿Es un nuevo amigo?– preguntó sarcástico mientras le quitaba la mano de la boca.
–¡Soltadle! ¡Él no tiene nada que ver en esto! ¡Dejadlo en paz! –gritó el menor.
–¡Soltad a Takao! –pidió Yuriy mientras que Miguel, un chico alto, cabello rubio platino, moreno de piel y ojos azules, se puso enfrente de él y le dio un puñetazo en la cara.
–Hablarás cuando se te ordene –aclaró Brooklyn.
–¡No! ¡Por favor, dejadlo en paz! –Pidió Takao intentando soltarse del agarre del chico de cabellos naranjas– ¡Él no os ha hecho ningún daño!
–Vaya Zafiro, no sabía que te ponías así –respondió mirando a Miguel, dándole la orden con la cabeza para que continuara con lo que hacía.
–¿Zafiro? –preguntó Yuriy sin entender nada. En ese momento Miguel le dio un puñetazo en el estómago haciendo que se quejara de dolor.
–¿Es que no lo sabías? Vaya, pensaba que Takao te lo había dicho –miró a Takao–, mira que eres desconsiderado, Takao –comentó sarcástico.
–¡Os daré el diamante, pero a él dejadlo en paz! –Decía desesperado– ¡Suéltame, Brooklyn. Si sigo vivo es gracias a él. Miguel, Kane soltadle! –Pidió mirando a ambos chicos– ¡Os llevaré hasta dónde está el diamante!
–Bueno pelirrojito. Te preguntarás. ¿Quién es Zafiro? Zafiro es un ladrón que roba diamantes. La policía tiene ganas de atraparlo, pero nuestro chico es muy listo. Sólo te lo decía para que sepas a quien has estado cuidando. Porque supongo que lo has hecho cuando has conseguido que Takao te haya dicho su nombre.
–¡Brooklyn, ya basta! –ordenó el menor, soltándose del agarre de él para ir corriendo hacia Yuriy y ponerle ambas manos en la cara mientras lo miraba– ¿Estás bien? –preguntó preocupado. Yuriy desvió la mirada hacia otro lado furioso y decepcionado. Miguel cogió a Takao y lo levantó del suelo, mientras que Brooklyn empapaba un pañuelo con un líquido–. Yuriy, lo siento mucho. Te juro que iba a contártelo –se disculpó el menor derramando una lágrima al ver que sus temores se estaban haciendo realidad.
–Venga Takao, vámonos –anunció Brooklyn mientras escondía el pañuelo detrás de su espalda.
–No pienso irme de aquí –le advirtió al chico de cabellos naranjas sin dejar de mirar a Yuriy.
–Muy bien, pues será por las malas –contestó poniéndole el pañuelo impregnado con cloroformo en la cara, tapándole la nariz y la boca a la fuerza. Takao comenzó a patalear intentando resistirse, hasta caer inconsciente en los brazos de Miguel.
–¿Qué hago con este? –Preguntó Kane mientras lo sujetaba para que no cayera al suelo–¿Le doy una paliza? –preguntó divertido, mientras Miguel cogía en brazos a Takao.
–No, toma –agregó Brooklyn dándole el pañuelo impregnado con cloroformo–. Si a salvado la vida de Takao merece vivir. En cuanto lo dejes inconsciente, ven con nosotros, te esperaremos. –Terminó de explicarle a su compañero para después dirigir su mirada a Yuriy–. Adiós pelirrojito, jajaja –fue lo último que escuchó Yuriy antes de sentir cómo Kane le ponía el pañuelo en la nariz y caía inconsciente al suelo. Kane cerró la puerta para que nadie sospechara y llamara a la policía. Se subió en la furgoneta con los demás una vez que bajaron del edificio y se marcharon de allí.
Continuará...
&&&Yuriy&Takao&&&
Gracias por vuestros reviews a:
Takaita Hiwatari: ¡Sí! Tenías razón al pensar que el rubito era Maxie. Sé que estarás pensando "pobre Takao" ahora que has leído el capi. Sí, a mí también me da penita, pero nunca se sabe. Espero que te haya gustado el capi. Animo con tus fics.
Quimera: Por fin sabes quién es el famoso rubio que tantos quebraderos de cabeza os costaba a ti y a Takaita XD. Espero que el fic te este gustando, la verdad es que intento hacerlo lo mejor posible debido al tiempo que me queda con vosotros (uy eso sonó algo feo, pero tú me entiendes) lo dicho. Jejeje, ya hablaremos algún día que tenga más tiempo por el Messenger.
Senshi Hisaki Raiden: La verdad es que Takaita está con la misma interrogante que tú ¿Quién se hizo pasar por Takao? Lo sabréis en el próximo capi. ¿Quién creéis que lo hizo? Espero que te guste el fic y por si Yami lo pregunta... no, Kai no aporta por aquí, jajaja.
No olvidéis dejarme vuestro comentario sobre la historia. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
