Parejas: Yuriy&Takao
Advertencia: Shounen –ai y Lemon
–Diálogos.
"Pensamientos"
ZAFIRO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Yuriy&Takao&&&
Takao despertó sobre una cama, en una habitación que por desgracia era muy conocida para él. Se tocó la cabeza, ya que le dolía un poco.
–Hola, Takao –saludó Rei desde la esquina de la puerta. Takao dio un pequeño respingo mirando hacia la puerta.
–Ah, eres tú –dijo con simpleza para mirar hacia otro lado, mientras se sentaba en la cama.
–¿Es que no me has echado de menos? –sonrió–. Porque yo a ti sí –explicó el joven de cabellos negros mirándolo.
–Tú sólo me utilizas –aclaró.
–No es verdad. Sabes que por las noches te demuestro todo lo que te quiero, Takao –respondió sonriendo mientras echaba un paso hacia delante.
Takao ignoró esas últimas palabras– ¿¡Quién fue el que se hizo pasar por mí!? –exigió saber el menor.
–Fue Kane. Aunque no lo hace tan bien como tú. Pero fue listo al dejar un "Z" sólo, ya que si hubiera puesto "Zafiro" los polis se hubieran dado cuenta de que se trataba de un impostor haciéndose pasar por ti –aclaró ya las letras serían distintas a las de siempre y haría sospechar a la policía. Mientras, se acercaba a la cama de Takao y se sentaba en ella– ¿Por qué no viniste aquí? ¿Qué fue lo que pasó?
–Tuve un contratiempo –contestó sin tan siquiera mirarle.
–¿Cuál? –exigió saber Rei.
–Me dispararon en una pierna, escondí el diamante en un lugar seguro y después un chico me encontró sangrando por la calle y me ayudó a curarme la herida.
–¿Y qué te dijo cuando te vio vestido de negro? –preguntó Rei enarcando una ceja.
–Me vio con mi ropa. La ropa del trabajo la tiré, ya que si alguien me hubiera visto así por la calle no hubiera dudado en entregarme a la policía. –le mintió.
–Hiciste bien. Por cierto, ésta noche vendré a visitarte, así que ponte bien sexy –sonrió restándole importancia ahora a lo demás–. Aunque no hace falta, porque ya lo estás –se acercó rápidamente al cuello del menor–. Oh, Takao –le nombró intentando darle un beso en la piel morena, pero fue apartado por un empujón.
–Déjame en paz. Me duele la herida mucho y necesito descansar. Sal de mi habitación. –dijo sin más, recostándose en la cama y dándole la espalda a Rei. "No quiero que me quites el sabor que ha dejado Yuriy en mis labios. Dios, que esté bien. Que no le hayan hecho nada malo", pensaba el menor.
–Está bien, Takao –respondió el joven de ojos color miel, saliendo de la habitación mientras cerraba la puerta tras de sí.
&&&Yuriy&Takao&&&
Yuriy abrió los ojos mientras intentaba reconocer el lugar en el que estaba. Cuando se intentó levantar del suelo, un dolor agudo le vino al estómago haciéndole recordar que eso no había sido un mal sueño. Se fue arrastrando hasta donde estaba el teléfono. Poco a poco fue levantándose hasta poder cogerlo y marcar el número de teléfono de Boris, mientras apoyaba su espalda en la pared.
–¿Diga? –preguntó el joven de cabellos color gris platino al coger el teléfono.
–Boris, necesito que vengas a mi casa lo más rápido que puedas. No preguntes, te lo contaré todo cuando llegues.
–Está bien. Ahora mismo voy para allá, no te muevas.
–Tranquilo, no podría –respondió Yuriy colgando el teléfono.
Boris al sentir esas palabras, salió corriendo de su casa para ir al apartamento de Yuriy.
Mientras tanto, Yuriy se maldecía por hacerse dejado engañar por Takao. Jamás hubiera sospechado que se trataba de Zafiro. Qué ciego había estado. Lo más gracioso es que ese niño lo había engatusado de una manera tan natural que parecía estúpido. Debió de haberlo entregado a la comisaría el día que entró a su casa por la ventana. Por culpa de su bondad no lo había hecho. Ahora que intentaba rehacer su vida le pasaba esto. Y encima no tenía su arma encima cuando esos dos le estaban pegando una paliza.
Se paró a pensar en la imagen de Takao cuando le tocó con ambas manos y se las puso en sus mejillas. Parecía tan preocupado porque no le fuera a pasar nada. Mentira, sólo era una mentira más de ese niñato. Un niñato que le había robado el corazón prácticamente desde que lo conoció. ¿Por qué precisamente se había tenido que enamorar del mismo Zafiro? Zafiro, el ladrón que le prometió a Max en su lecho de muerte que encarcelaría algún día para poder marcharse de Nueva York. ¿Ahora cómo lo encontraría y cómo lo detendría? Su deber de policía le decía. "Adelante, hazlo, es tu deber" Pero su corazón le decía, "no lo hagas, o perderás el amor de mi vida". Estaba tan confuso y cabreado que no sabía qué hacer. Si dejarlo escapar y olvidarlo, o intentar buscarlo y recuperarlo. Esos malditos habían dormido a su Takao con cloroformo. Ojalá que se encontrara bien.
Miró a su alrededor y vio el comedor patas arriba. ¡Genial! Otra vez tendría que ordenarlo todo. Esperaba que Boris llegara pronto porque necesitaba contarle todo a alguien o se volvería loco.
En ese momento, tocaron el timbre.
–Yuriy, soy Boris, abre la puerta. –anunció desde el otro lado.
–¡Utiliza tu llave! –gritó Yuriy con algo de esfuerzo. Escuchó cómo Boris abrió la puerta y la cerró. Boris por su parte entró al comedor y se sorprendió cuando lo vio todo desordenado y tirado por el suelo y a Yuriy sentado en el suelo apoyado en la pared.
–Yuriy. ¿¡Qué ha pasado!? –preguntó mientras lo ayudaba a levantarse con cuidado y lo sentaba en el sofá.
–Hay algo que debo contarte. Aunque es una larga historia –comentó Yuriy con esfuerzo.
–Está bien –contestó Boris, poniendo atención a lo que su amigo le contaba.
&&&Yuriy&Takao&&&
Once de la noche...
–Takao ¿has cenado ya? –preguntó un ansioso Rei, que de nuevo estaba dentro de la habitación del chico de cabeza azulada.
–Sí –contestó tumbado en la cama, dándole la espalda.
–Qué bien. Vamos, desnúdate –le pidió sin ninguna delicadeza.
–No. Me duele la herida y la cabeza. Quizás mañana me encuentre mejor –decía para darle largas.
–¿Piensas desobedecerme? –preguntó el joven de ojos color miel enarcando una ceja.
–Ya lo hago. Sal de mi cuarto, quiero dormir –respondió secamente.
–Sólo está noche. Mañana tú y yo lo pasaremos genial –advirtió. Takao prefirió no contestar–. Hasta mañana –le despidió cerrando la puerta tras de sí. Takao se levantó y echó la llave de la puerta. No quería arriesgarse a que Rei volviese a entrar. Se metió de nuevo en su cama, tapándose con las sábanas, pero no podía dormirse pensando en Yuriy. Se tiró la noche entera dando vueltas sin poder dormir. Miró el reloj y era las cuatro y media de la madrugada. Fue entonces cuando cerró los ojos acordándose de los besos y las caricias que su pelirrojo le daba, haciéndolo estremecer por completo–. Yuriy –le nombró antes de quedarse dormido.
&&&Yuriy&Takao&&&
Había pasado una semana desde el secuestro de Takao. Yuriy no paraba de pensar en él ni un solo día. Su amigo Boris iba de vez en cuando a hacerle una visita, pero se sentía muy solo sin la compañía del chico de cabeza azulada. Echaba tanto de menos esos labios, esa sonrisa, esos ojos. Cómo desearía abrazarlo en estos instantes. A pesar de todo, lo seguía amando y sus intentos por olvidarse de él eran en vano. Quería preguntarle un millón de cosas. Estaba dolido porque no le había contado la verdad desde un principio. Necesitaba verlo desesperadamente.
&&&Yuriy&Takao&&&
"Yuriy, espero que no estés enfadado conmigo. Te necesito tanto. No soporto estar aquí encerrado sin verte. Los días y las noches se me hacen eternos si no te tengo a mi lado. Cómo desearía que estuvieras junto a mí y que me abrazaras y me acariciaras como lo hiciste esos días. Te hecho tanto de menos. Daría lo que fuera por volverte a ver, por sentir tu cuerpo junto al mío cuando me abrazas. Por sentir tus labios una vez más junto a los míos, por decirte cuanto te quiero".
Tan concentrado estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de cómo alguien había abierto la puerta de su habitación y se sentaba en la cama.
"Yuriy sería tan feliz con una simple caricia tuya", pensaba el chico de cabellos azules mientras sintió cómo una mano le acariciaba el costado.
–De esta noche no pasa –le informó una voz familiar en su oído haciéndole dar un gran respingo mientras miraba asustado a quien le había dicho eso.
–Rei –dijo sorprendido– ¿Cuándo has entrado? No te he oído –respondió intentado huir de él.
–No hace mucho. Te veo algo triste desde que volviste. ¿Por qué? –preguntó curioso el chico de cabello negro.
–Porque no me dejáis salir ni al tranco de la calle, por eso –contestó enfadado.
–No te enfades por tan poca cosa.
–¿Por tan poca cosa? Rei, sabes perfectamente que me gusta dar mis paseos por la tarde –le recordó sin dejar de fruncir el ceño.
–Tranquilo. Los darás más adelante, cuando vuelvas a robar otra joya y nos entregues el diamante.
–¿Y cómo lo hago sino me dejáis salir de aquí, eh?
–Todo a su tiempo, mi niño.
–No me llames así –contestó el menor, desviando la mirada.
–¿Por qué? ¿Te molesta? Porque antes te encantaba. –Refirió sin apartarle la vista de encima.
–Pues ahora no –contestó secamente.
–¿Sabes lo que me encantaría a mí? Compartir la cama contigo esta noche –aclaró, acercándose a él poco a poco, comenzando a recostar a Takao en la cama.
–Pues a mí no me apetece –respondió Takao evitando la mirada de Rei, mientras se sentaba en la cama. Si tan desesperado estás, hazlo con Kane, Miguel o Brooklyn. A mí, déjame tranquilo.
–¿Por qué están tan frío? ¿Es por ese pelirrojo? –Preguntó frunciendo el ceño– ¿¡Es que te gusta!? –preguntó celoso.
–No digas tonterías –era mejor no decir la verdad.
–¿¡Entonces por qué te resistes!? –preguntó esperando una contestación convincente.
–¡Porque estoy harto de que me utilices sólo por simple placer, no por amor!
En un rápido movimiento, Rei se colocó encima de Takao–. Hacerlo contigo es algo más que simple placer –comentó mientras comenzaba a besarle el cuello con desesperación.
–¡Déjame Rei, quítate de encima! –pidió poniendo ambas manos sobre los hombros del chino mientras intentaba apartarlo.
–No te resistas, sólo conseguirás excitarme más –le hizo saber, abandonando su cuello, para besarle en los labios. Como respuesta, Takao le mordió el labio haciendo que Rei se alejara de él–. ¿¡Por qué has hecho eso!? –preguntó confundido el pelinegro, arrodillado sobre la cama, siguiendo estando encima de él. Se tocaba con una mano el labio, para asegurarse de que no sangraba.
–¡Te lo he dicho, no quiero hacerlo! ¡Ésta vez no me vas a obligar a que haga algo que no quiero! –anunció, dándole un empujón a Rei, quitándoselo de encima. No tardó en salir de la cama y ponerse en pie, guardando las distancias con el otro– ¡Sal de mi habitación! –exigió.
– ¿Y si no quiero? –preguntó autoritario, poniéndose de pie mientras comenzaba a caminar hacia Takao.
–¡Pues lo haces! ¡Fuera! –gritó indicándole con el dedo índice que saliera por la puerta.
Rei respiró profundo antes de hablar, intentando tranquilizarse–. Takao, mi niño. Estás muy nervioso, no tienes porqué. Esta vez te prometo ser cuidadoso contigo –advirtió con voz sedosa, acercándose con pasos lentos hacia él.
–¡Márchate Rei! ¡Me da igual lo cuidadoso que vayas a ser! ¡No quiero hacerlo! –seguía firme en su postura.
–Pero yo sí –le desafió, desabrochándose la correa del pantalón lentamente.
–¡No Rei! ¡No lo hagas! –le pidió el chico de cabellos azules, andando hacia atrás.
–Claro que sí –respondió con una sonrisa, mientras se desabrochaba el botón del pantalón.
Intentó tranquilizarse aunque ya estaba muy nervioso–. Rei. Si lo haces, me iré lejos de aquí y no volveréis a saber nunca más de mi –le hizo saber sin dejar de retroceder, chocando contra la pared.
–No digas tonterías. ¿Es que no te acuerdas por qué nos hicimos ladrones, Takao?
–Claro que sí. Pero podríais sustituirme –le recordó mientras iba caminando en dirección hacia la puerta, con la espalda apoyada en la pared.
–Takao.
–¿Qué? –preguntó aminorando la rapidez de sus pasos, mientras miraba a Rei.
–¿Estás intentando escapar de mí? –preguntó clavando sus ojos dorados sobre él.
–No, Rei –contestó Takao, intentando despistar al joven de cabello negro, ya que era lo que estaba intentando hacer.
–Qué bien –respondió acercándose a él, cogiendo a Takao por sorpresa, para darle la vuelta y ponerlo contra la pared.
–¡Por favor Rei, no lo hagas! –pedía el chico de cabellos azules.
–No te dolerá... mucho –finalizó mientras ponía sus manos sobre el cinturón de Takao y lo desabrochaba al tiempo que presionaba al menor contra la pared con su propio cuerpo para impedir que se pudiese escapar–. Nadie podría sustituirte. Tú eres único, Takao. Y no me refiero sólo en los robos.
–¡Por favor! ¡No sigas, Rei! –volvió a pedir poniendo sus manos sobre las de Rei, intentando que el mayor lo soltase.
–No, Takao –advirtió, juntando más su cuerpo, al trasero de Takao, haciendo que el menor se asustara al sentir la erección del otro–. Quiero escuchar cómo gritas de placer cuando lo hacemos –le informó besando el cuello del menor. Rei llevó una de sus manos hasta el pecho del menor, para comenzar a acariciárselo. Mientras, la otra seguía puesta en el botón del pantalón de Takao. Takao llevó una de sus manos hasta el cuello de Rei, mientras la otra seguía en su botón para impedir que el pelinegro siguiera desabrochándole el pantalón. Takao soltó el cuello del chino para cogerle la mano que se paseaba por su pecho y besarla. Fue ascendiendo hasta el brazo. Ahí Takao le dio pequeños mordiscos.
–¡Ah! Takao ten cuidado –se quejó Rei, pensando que el menor sólo pretendía jugar con él. Takao apretó los dientes hasta arrancar un grito de dolor del chico de ojos color miel.
–¡Ah! ¡Maldita sea, suéltame! –exigió dándole la vuelta, intentando que Takao lo soltase. Cuando Takao lo soltó por voluntad propia, Rei le dio un puñetazo en la mejilla, haciendo que el menor se golpeará la cabeza en el pico de un pequeño mueble– ¡Te vas a enterar! –Amenazó levantando a Takao del suelo– ¿Takao? –le llamó al ver que Takao no se movía. Se asustó al ver cómo le salía sangre de la cabeza, más específicamente por encima de la sien y del labio, donde Rei le había golpeado–. Takao, dime algo –pidió viendo que Takao tenía los ojos cerrados y no se movía. Se abrochó el pantalón y el cinturón. Comprobó si Takao respiraba. Por fortuna, todavía lo hacía. Pero debió de haberse quedado inconsciente por el golpe. Lo cogió en brazos y lo tumbó en la cama para después ir al cuarto de baño a por el botiquín.
&&&Yuriy&Takao&&&
Takao despertó desorientado. Miró a su alrededor y estaba solo. Se llevó la mano a la cabeza notándose un pequeño chichón. Se levantó de la cama muy despacio. Quería ir al servicio para enjuagarse la boca ya que tragaba gusto a sangre. Se acercó a la puerta para abrirla, cuando escuchó a Rei hablar enfadado.
–¿¡Por qué fuisteis tan idiotas!? –decía Rei.
–Porque no nos dio tiempo a nada, cuando ese tío llegó –explicó Kane.
–¡Kane, no intentes justificarte! ¡Sabíais que Takao no estaba solo cuando entrasteis en la casa! ¡Sabíais que en cualquier momento ese pelirrojo llegaría y os miraría a la cara!
–Lo hecho, hecho está –respondió Miguel intentando no darle más vueltas al asunto.
–¿Así solucionáis vuestra estupidez? ¡Ese tío os ha visto la cara! ¿¡Creéis que tardará mucho en ir a la policía a declarar!? –les preguntó por si no se habían dado cuenta del error tan grande que habían cometido.
–¿Qué sugieres que hagamos, Rei? –preguntó Brooklyn.
–¡Tendréis que matarle! ¡Porque si ha declarado, la poli os estará buscando y si os encuentran a vosotros, no tardarán mucho en querer saber dónde está Takao! ¡Y si él se hunde, yo también!
–¿Cuándo quieres que lo hagamos? –preguntó Brooklyn.
Intentó serenarse antes de volver a contestar–. Esta noche mismo. Después de que vendáis el diamante que robó Kane el otro día, ¿de acuerdo?
–Claro, será un placer –contestó Brooklyn.
–Yo voy a ver a Takao –aclaró el chico de cabello negro. Al escuchar eso, Takao volvió a la cama y se hizo el dormido.
Escuchó cómo la puerta se abría y cómo unos pasos se acercaban a él. Sintió que el lado de la cama descendía por el peso de Rei, seguramente al sentarse en ella. Rei acarició la mejilla del menor.
–Lo siento tanto, mi niño. Yo no quería pegarte. Pero tú me has obligado a hacerlo. –Le contaba mirándose el brazo–. Todavía me duele el brazo. Tú eres mi mayor joya –anunció acercándose a él, dándole un beso en la frente para después levantarse de la cama y salir de la habitación, cerrando la puerta.
Takao abrió los ojos y se quedó pensando en cómo podía avisar a su pelirrojo. La única solución que se le ocurría era escaparse de allí. ¿Pero cómo? En su habitación no había ninguna ventana. Así que por ahí no podía escaparse. Los únicos sitios en los que había ventana, eran en el cuarto de baño, el comedor y la cocina. La del cuarto de baño quizás era la más grande, así que podría intentar escapar por ahí.
Se levantó, decidido a salir de la habitación. Abrió la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido mientras lo hacía poco a poco, observando que no había nadie en el comedor. Salió con sigilo de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Entró en el cuarto de baño con cuidado de no ser descubierto, cerrando la puerta. Miró hacia la ventana, que se encontraba justo encima del retrete. Se subió en el retrete y la abrió.
Apoyó sus pies en la cisterna y asomó un poco la cabeza por la ventana, comprobando que no había nadie en el exterior. Salió por la ventana, dejándose caer en la tapa del contenedor de basura con agilidad. Cerró la ventana para no levantar sospechas. Saltó al suelo y empezó a correr.
&&&Yuriy&Takao&&&
–Yuriy, ¿seguro que estás mejor? –preguntó su amigo Boris preocupado. Ambos estaban sentados en el sofá desde hacía horas.
–Sí Boris, de verdad –respondió desanimado–. Ya se me pasará, ¿no? Además, no creo que vuelva a verle.
–Anímate amigo, hay muchos más chicos en el mundo.
–Pero no como él –agregó.
–Yuriy, pensabas igual con Max y pensabas que no volverías a enamorarte tras su muerte y sin embargo lo estás.
–¿Pero por qué el destino juega conmigo de esta manera Boris? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? –preguntaba enojado.
–No lo sé, amigo –la verdad no sabía que decirle para que Yuriy no estuviese tan decaído.
–Primero me quita a Max y ahora a Takao –se refería al destino.
–A Takao puedes recuperarlo –le aclaró.
–¿Cómo lo hago sin que los polis que llevan tanto tiempo detrás de Zafiro no lo detengan? No quiero que le hagan daño.
El joven de cabellos color gris platino silenció unos segundos, para desviar su vista hacia la ventana–. Ya está anocheciendo. Será mejor que me vaya –sonrió–. Volveré mañana para hacerte una visita.
–De acuerdo... yo intentaré dormir un poco, estoy cansado –comentó Yuriy mientras se ponía de pie.
–Bien, hasta mañana –le despidió el más alto, levantándose del sofá, siendo seguido por su amigo hasta la puerta.
Abrió la puerta–. Hasta mañana –contestó el chico de ojos azules cerrándole la puerta después de que Boris se fuera.
Echó la llave, apagó la luz del comedor y se tumbó en la cama de su habitación. Miró el reloj y eran las siete y media de la tarde. Cerró los ojos e intentó dormirse. Escuchó un ruido fuerte en el comedor, así que abrió los ojos de par en par y cogió la pistola de debajo de la almohada. Se puso de pie muy despacio mientras sujetaba el arma con ambas manos. Dando un giro rápido en la puerta de la habitación, apuntó hacia la persona que se estaba levantando del suelo. Yuriy dio el interruptor de la luz mientras seguía apuntando hacia la persona.
Abrió los ojos en señal de sorpresa al ver quien estaba frente a él– ¿Takao? –preguntó al ver al menor levantarse del suelo.
–Yuriy, ¿estás bien? –preguntó Takao preocupado.
–¿Qué haces aquí? –preguntó Yuriy mientras le seguía apuntando con el arma.
–He venido para avistarte de que te vayas de aquí. Los chicos quieren matarte. –Le confesó.
–¿Te burlas de mí? –preguntó inseguro.
–¿Qué? –preguntó sin comprenderle. –No. Por favor tienes que huir de aquí. Escuché como Rei ordenaba que te matasen. Yuriy, no te quedes ahí parado. Huye por favor. –Le pidió.
–¿Por qué debería de creerte, Zafiro? –preguntó el pelirrojo mirándole con dolor.
Ahora comprendía porqué el mayor le apuntaba todavía con el arma– Lo siento, quería contártelo pero... –fue interrumpido por el blanquecino de piel.
–Pero pensaste… Voy a jugar con los sentimientos de ese estúpido poli.
–No. Yuriy, por favor –intentó explicarse dando unos pasos hacia él.
–No te muevas Takao –le advirtió.
–Por favor, Yuriy. Haré lo que quieras, me entregaré a la policía, devolveré el diamante a su dueño, pero tienes que salir de aquí –le explicó con rapidez.
–¿Por qué? –sólo podía preguntar.
–Porque no soportaría que te volvieran a hacer daño, no otra vez. Me muero, si te pasa algo. Lo juro.
–Yo te veo bien vivo –contestó.
–No sabes lo que he sufrido estos días pensando en ti, en la paliza que te habían dado. –Le informó.
–¿Qué te ha pasado en el labio? –preguntó al vérselo hinchado.
–Nada –respondió tapándose la herida del labio–. No importa.
–A mí me importa –aclaró.
–Rei me dio un puñetazo –contestó esquivando la mirada.
–¿Por qué?
–Porque le mordí el brazo –contestó.
–¿Por qué? –volvió a repetir la pregunta.
–Porque intentaba divertirse conmigo y yo no se lo ponía fácil –comentó.
–¿Intentó violarte? –preguntó Yuriy preocupado. Takao miró al suelo –Takao, mírame –le pidió el pelirrojo, a lo que el otro afirmó.
–Tuve mucho miedo. Desde que regresé con ellos a mi hogar, no ha parado de repetirme que quería acostarse conmigo. Pero yo le ponía excusas para que no me tocara. –Le dijo mirando hacia él.
–Takao –bajó el arma.
–Yuriy te contaré todo lo que quieras, pero en otro lugar. Ellos vendrán aquí a por ti. Te daré el diamante ahora mismo.
–¿Lo has traído? –preguntó el chico de ojos azules asombrado.
–Tú lo has tenido todo este tiempo. En tu dormitorio. Ahora mismo te lo doy –dijo acercándose a Yuriy, pasando de largo para entrar en el dormitorio. Abrió la puerta del armario y sacó de la caja la pequeña bolsita negra. Cerró la puerta del armario y tan pronto estuvo cerca del pelirrojo, se la entregó en las manos.
–Está dentro –especificó mientras veía como Yuriy miraba el contenido de la bolsita negra. Yuriy cogió unas llaves de un cajón y agarró a Takao del brazo.
–Ven conmigo –pidió tirándole del brazo para que lo siguiese. Cerró la puerta del piso y bajaron las escaleras. Se subieron al coche y se fueron de allí.
–¿A dónde vamos? –preguntó Takao al ver cómo Yuriy lo llevaba por un barrio que no conocía.
–Lo sabrás cuando lleguemos –contestó con frialdad el pelirrojo. El menor se entristeció al sentir esa voz tan fría hacia él. Llegaron a una pequeña casa. Bajaron del coche y entraron en la vivienda. Parecía abandonada, sólo había una mesa vieja de madera junto a sus cuatro sillas y una chimenea apagada. Y otras puertas que estaban cerradas, seguramente con otras habitaciones.
–Siéntate –le pidió a Takao y éste obedeció cabizbajo.
–Quiero saber porqué robas y que hacéis con los diamantes –empezó con el interrogatorio mientras se sentaba frente a él, esperando una respuesta convincente.
–Robo los diamantes para venderlos y con ese dinero le damos de comer y de vestir a los niños de mi barrio, que son pobres al igual que lo soy yo. Nos guardamos un poco de dinero para nosotros, para comida, ropa y esas cosas.
–¿Por qué eres tú y no otro?
–Porque fui yo el que sugirió una vez ayudar a los niños de mi barrio, pero jamás pensé en robar.
–¿De quién fue la idea?
–De Rei. Todo lo planea él.
–Cuando estabas en mi casa, alguien debió de robar en la otra joyería por ti. ¿Quién fue?
–Fue Kane, el chico que te durmió con cloroformo o eso fue lo que me contó Rei.
–¿Por qué puso una "Z" en lugar de "Zafiro"?
–Porque los polis se hubieran dado cuenta de que era un impostor si comparabais las letras.
–¿Cómo es que no he sabido nada de ti en estos días?
–Porque me tenían encerrado en la habitación y hoy Rei pensaba que estaba inconsciente por el puñetazo que me dio, así que se confió y me dejó solo. Me he escapado por la ventana del cuarto de baño. Seguro que se habrá dado cuenta de que me he escapado y me estará buscando. –Explicaba el chico de cabeza azulada negando con la cabeza.
–¿No qué ? –preguntó Yuriy viendo los gestos del otro.
–No quiero que Rei intente besarme de nuevo, no quiero que me acaricie, ni que me toque otro hombre que no seas tú. –Comentó mirando a Yuriy con cara de tristeza–. No quiero que me quite el sabor de tus labios, de los míos.
–Takao... tienes que olvidarte de mí –le aconsejó el pelirrojo viendo cómo el menor se ponía de pie.
–No –fue su contestación, acercándose hasta el mayor, abrazándolo efusivamente–. No –repitió.
–Takao, tienes que hacerlo.
–Pues enséñame cómo se hace, porque me has enseñado a amar, pero no a olvidar –Yuriy le correspondió el abrazo– ¿Serías capaz de enseñarme? –preguntó el menor.
–No. No podría hacerlo.
–Te he echado de menos. Me he sentido muy solo sin ti. Tenía miedo de que me hubieras olvidado. De que estuvieras enfadado conmigo –explicó Takao acariciándole la espalda al pelirrojo.
–Yo tenía miedo de que hubieras jugado conmigo –confesó.
–Siento lo que ha pasado. Yo no quiero llevar esta vida, Yuriy. No quiero seguir robando. Yo sólo quiero tener una vida sin peligro, de que nadie me amenace sino robo y poder estar a tu lado para siempre.
–¿Me amas, Takao? –preguntó Yuriy a lo que Takao lo miró a los ojos.
–Eres lo mejor que me ha pasado hasta ahora ¿Cómo no te voy a amar? –Preguntó acercándose a él, dándole un pequeño beso en los labios–. Te amo –respondió el menor a lo que Yuriy sonrió y comenzó a besarle en los labios.
&&&Yuriy&Takao&&&
–Takao –le llamó Rei tocando la puerta–, la cena está lista –avisó. Esperó para ver si había respuesta, pero nada– ¿Takao? –decidió entrar porque a lo mejor Takao seguía inconsciente. Cuál fue su sorpresa al encontrarse la habitación vacía–. Calma, puede que esté en el cuarto de baño –se dijo a sí mismo para tranquilizarse. Fue al cuarto de baño y tocó la puerta–. Takao. ¿Estás ahí? Preguntó. No recibió ninguna respuesta. Abrió la puerta del cuarto de baño y lo encontró vacío– ¡Joder, se ha escapado! –gritó furioso.
Continuará...
&&&Yuriy&Takao&&&
Gracias por su reviews a:
Takaita Hiwatari y Quimera: Creo que las dudas que teníais han sido resueltas, ¿no? Espero que os haya gustado este capi al igual que el anterior. Ya sabéis, dentro de tres días, próxima actualización. Perdón si hay algún fallo, (suele pasar).
No olvidéis dejarme vuestro comentario sobre la historia. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
