Disclaimer: los personajes de Inuyasha no me pertenecen, yo no sé dibujar

Avaricia

Siendo sacerdotisa no se pueden tenar muchas pertenencias, ni materiales, ni afectivas, no se desea, no se envidia, no se pide. Solo se da, se da todo lo que tienes y se ayuda sin pedir nada a cambio.

Su alegría fue que, una vez renacida, Kikyo podía conseguir todo lo que ansiaba.

Las almas de las mujeres fallecidas, pasaron de ser su alimento a ser una especie de ambición enfermiza por los espíritus de las jóvenes que sí lo habían tenido todo en vida.

Una obsesión que se fue extendiendo por ella, como un veneno, y que la consumía lentamente.

Pero había una cosa que Kikyo no tenía, y era lo que más necesitaba, ella no tenía a Inuyasha, y lo quería a su lado, solo para ella. Quería sus besos, sus abrazos, sus caricias, solo para ella. Y como no podía obtenerlo, el odio se extendía por su cuerpo muerto.

Porque la avaricia, como bien se dice, siempre rompe el saco.


Espero que les haya gustado