Kurapika saludo a algunos caballeros, y siguió a Neon. Se considero que era demasiado tantas personas vigilándola. Decidieron dejar a Kurapika al margen, confiaban en que se daría cuenta inmediatamente de alguna anomalía.

No había mucho que disfrutar, miraba su copa de vino a contra luz para ver el color que tomaba. Estaba atento a cualquier aviso de parte de Senritsu.

Y ocurrió lo esperado. Se quebró un gran vitral y alguien entró. El hall quedó sumido en la luz de la luna. Kurapika lanzó su cadena, el individuo pasó de ella y escapó veloz hacia el pasillo. Lo siguió dejando el hall que trataba de recuperar la calma; todos estaban habituados a esas cosas.

La música se escuchaba ahogada, y pudo escuchar la voz de Senritsu llamarle.

La figura, vestida de negro de pronto escapó por un ventanal. Atravesó las murallas que dividían los ambientes de los jardines, hasta llegar a uno que tenía diseños hechos con piedrecillas en el piso que salían despedidas a cada paso.

Kurapika, despiadadamente intentaba atraparlo. Pero este personaje era demasiado escurridizo.

Una, dos... catorce veces logró esquivarlo. Y al intento número quince cayó en la trampa de Kurapika, docenas de cadenas aparecieron y le apresaron.

-quien te envía? – preguntó, como siempre se hacía. Le quitó la máscara, y al ver una sonrisa en su rostro, miró a su espalda apresurado.

Otro personaje de negro, al que no había podido detectar le había atravesado un arma fantasma por la espalda a la altura del pulmón izquierdo. Si él portador lo quería, el arma se volvería material; sería una herida de la que no se salvaría. Pero antes de poder pensar en que hacer, la cabeza del controlador del arma fantasma salió despedida bañándolo en sangre. Bajo una muerte instantánea el arma desapareció. Cuando se dio vuelta para mirar al otro, un haz del brillo del metal acababa de pasar; tenía un enorme corte a nivel de pecho perfectamente encajado entre las hendiduras que dejaba la cadena.

Buscó tenso, pero de pronto debió dejarse caer al piso pesadamente... aquella arma había dejado secuelas de todas maneras. De lo poco que podía mover su cabeza vio unos pies frente a él, enfundados en arneses de cuero y muy blancos, rodeados de ropas rojas. Se acercaron a él, una mano de uñas negras puso su dedo en su frente, y una ola de nen lo invadió. Progresivamente recupero la movilidad, no sin dolor.

Los pies habían desaparecido. Se levanto apresurado y emocionado, miró a su alrededor...

Se hizo una sombra en la luna.

...sonrió frustrado, conocía ese traje escarlata. A lo lejos la divisó, suspendida en el cielo nocturno como una mariposa roja.