Si existiera una posibilidad de redimir el pasado, de cambiar lo que nunca debió pasar, no lo pensaría dos veces, simplemente la tomaría y entonces, posiblemente, lo escogería
Muchas gracias por la sugerencia. Espero este capítulo guste.
Relato normal.
Los diálogos estarán marcados con un guión (-)
Pensamientos.
Sobre color amatista. Capitulo II.
Papeles, armas, espadas, sombreros y restos de navíos ahorcadas en las paredes color siena tostada; fumarolas con casi lentitud sagrada escapándose minutos después del disparo; mujeres maquilladas seduciendo vulgarmente a hombres mucho más vulgares que su maquillaje, gritos, peleas, hombres, piratas, ron; era Tortuga. La orilla de las cosas, la isla donde todo hombre puede ir sin sentirse despreciado. Donde todo el mundo puede ir sin perder nada excepto su talento Ahora, aquí y después de tres meses, en medio del alboroto le recordaba con claridad.
¿Por qué…por qué esas dos últimas despedidas que hemos tenido terminan por su causa…? Al final te volviste pirata… ¿sólo por él?... ¿Qué es lo que no sentías Lizzie...el beso?... porque yo tampoco.
- No- dijo después de tomar un trago de ron. - Pero ¿Por qué lo hiciste? porque deseabas hacerlo o…
- Por él, sabes que lo hizo por él- Se contestó él mismo dejando en desconcierto a un Cotton que estaba sentado frente a él. Aquel hizo un gesto a modo de pregunta pero Jack no le prestó atención pues estaba muy sumido en sus ideas. Tan distraído estaba que no se inmuto por el choque de una botella de ron lanzaba por un hombre ebrio durante una pelea, y que se estrello cerca de su cabeza. Tras escuchar el impacto, Jack giró donde los restos de la botella, y con el seño fruncido subió la mirada a la mancha de ron dejada en la pared.
Soy un…buen…hombre. Lo demostré dos veces; volví al Perla cuando el Kraken lo devoraba; volví el aliento a tu espo…a William.
Cotton notó la ausencia de su capitán. Ya antes lo había visto entrar en lapsos mentales, pero esto parecía diferente. Sus ojos parecían de cristal pero el seño de su frente parecía disimularlo, lo vio moverse por un momento, lo vio posar su mirada perdida en su tarro frente a él ya vacío. No quería ser un chismoso pero la ida que se rumoreaba por el Perla de que Jack Sparrow estaba volviéndose no loco sino demente le cruzó por su cabeza y permaneció ahí durante largo rato.
Jack se enderezó y recargó su espalda sobre la silla. Se dio cuenta de la falta de inflexiones en las preguntas y respuestas que se hacia, era lo obligado y lo natural. Buscó su reflejo en un espejo roto colgado tras su camarada.
No lo soy… no soy un buen hombre, no tengo ni el más mínimo sentido de la moral, de la decencia e higiene…mi querida Lizzie.
- Oh no!!...Claro que no- dijo mientras estiraba su brazo, a la mujer semidesnuda que rondaba con una botella, en señal de querer más ron.
Todo lo que hice fue por ti. Cuando volví al Perla, mi brújula a puntaba a ti. Estoy seguro de era a ti. Lo confirme cuando me besaste y se que tu también lo sabias.
-Icen las velas Icen las velas- irrumpió el sonido irritante pero articulado del perico, el cual incursionó hasta el centro de la mesa hacia un plato con maní. Cotton se sobresaltó al ver a Jack mirando, arrugando el seño, a su voz emplumada.
-SSSHU!!- soltó Jack después de unos segundos agitando las manos a la altura de la barbilla, provocando la huida repentina del perico, y volvió a lo suyo, dejando a un Cotton más sorprendido de lo que ya estaba.
Sí mi querida Lizzie…le di el corazón de David Jones a William por tu llanto. Lo hice por ti…No cariño…no soy un buen hombre, no lo soy porque en todas mis acciones estabas tú de por medio, porque sólo te pienso para mí y en llevarme el crédito de que tomaras tu libertad conmigo. Querida, yo soy un pirata porque ambicionaba tu vida con la mía… pero tomaste un camino que no llegaba a mí sino a él.
-Jack!!- fue abruptamente sacado de sus pensamientos por su más fiel maestre; el señor Gibbs – Llevamos tres meses sin honrar nuestro oficio. Hemos tenido suerte, pero recuerda que aún tenemos a Barbosa a las espaldas – dijo un Gibbs más preocupado por el ánimo de su capitán que por el nuevo rumbo que tomarían.
El capitán Sparrow, por su parte, dejó mostrara un dejo de molestia en su rostro al ser interrumpido de esa manera tan violenta, por aquel hombre que se sentaba a su lado con un tarro de ron en sus manos.
Si no fuera porque eres Gibbs ya te habría volado la cabeza. Pensaba mientras le quitaba su tarro para él tomar un trago.
-Necesito reponerme- dijo mirando a su maestre quien no reaccionó de otra manera más que encogiéndose de hombros, mientras Jack caía en la cuenta de lo que antes le había dicho el señor Gibbs. Era cierto, ya llevaban tres meses fuera del negocio. No podía guardar luto. Ella ya tenía una nueva vida. Eligió a quien tenía que elegir, y él, con su no tan nueva vida, debía dejarla a tras. Tal vez no tenía a Elizabeth, pero sí lo que le dio su libertad; el Perla Negra.
-Déjeme decirle mi querido señor Cotton, sin ánimo de ofender a su persona, o a cualquier desgraciada alma que ésta sea, que es usted un pésimo acompañante- dijo volviendo su vista a Cotton quien lo miraba pasmado. Se levantó, tambaleante, de su asiento y miró extrañado el plato de botanas que se encontraba sobre la mesa.
-curioso - Se inclinó para tomar un maní entre sus dedos y como si fuera a examinarlo, lo observo por unos segundos y después se lo llevó a la boca.
-mmmguaa!!...rancio – terminó por soltar al mismo tiempo que sacudía su mano contra su pecho, como si esto fuera a quitarle el mal sabor, y con su peculiar caminar empezó a alejarse de la mesa.
-¡¡ Mi sombrero!!- gritó- No tenemos todo el día
Sólo es cuestión de tiempo pensó el señor Gibbs. Él atribuía cualquier cura, bien o mal, que pudiera tener un hombre al paso del día y la noche. Pensaba que si se permanece estático el ciclo de la vida pasa sobre nosotros tan sólo empolvesiendo la pena, más si caminamos con él, ésta disolviéndose como el hielo bajo el sol. No había que ser como rocas hundidas en el fondo del mar, sino como los navíos sobre él.
Ésta clase de heridas sólo se curan con el tiempo Jack, sólo con el tiempo.
continuará…
