Sobre color Amatista

Sobre color Amatista.

Este es un nuevo capítulo, espero que les guste y por favor dejen reviews... no sean malitos sí.

relato normal.

-diálogos-

pensamientos y "recuerdos"

Capítulo IV.

Jack sintió un colorete rasposo sobre su mejilla. Buscó cobijo en su sueño etílico más había perdido su inspiración si es que en

algún motivo la tuvo. Abrió los ojos desmesuradamente y dio la cara a unos labios y ojos

pequeños que lo miraban sin apartarlos de él.

- Monito.

Se había quedado dormido en alguna parte del Perla, quiso remontar hasta la parte donde aún dormía plácidamente pero las manos rugosas del pequeño animal provocaron en el capitán Sparrow un poco de irritación.

Con gran ceremonia se puso de pie observando al pequeño animal. Frunció el seño y dirigió la vista a la driza de las velas; una

de las cuerdas estaba floja, pensó en el mono como el culpable de ello, pero y qué hacía ese

animal ahí. Bueno, no había mucho que pensar ni tampoco ser pitonisa para saberlo; Barbosa estaba cerca, más de lo que se

imaginaba.

- Largo de aquí... fuera de mi barco- dijo volviendo la mirada al mono de Barbosa y agitando sus brazos para ahuyentar al animal.

Justo a sus pies estaba una botella de ron a medio terminar. La tomó del piso y bebió un poco de ron. Lo bebió despacio,

saboreándolo como un experto catador hasta que su vista volvió sobre su hombro a causa de un

brusco movimiento que casi le provocaba una caída. "Jack" el monito impertinente le había jalado su chaqueta que algo

intentaba tomar y eso provoco el enojo del capitán.

- dije largo - sentenció Jack sacando su pistola y apuntando al monito. Éste salió huyendo de la vista del capitán del Perla

quien a su vez se quedó mirando el lugar por donde el mono había escapado.

- prolongación o avanzada- dijo meditando aún con la pistola en su mano.

No quería verle la cara a Barbosa. Necesitaba descansar y trabajar, por así decirlo, pero sobre todo descansar. Si eso era lo

que necesitaba a menos que hubiera algo o alguien, ajeno o propio a las circunstancias, que se

lo evitara. bueno, pero él de alguna manera tendría que evitarlo.

-Prolongación - dijo mirando el timón del navío y caminando hacia el. Prolongación de seguro que sonaba como toda una

buena estrategia, cobarde pero elegante. Le resultaba extraño ahora que lo pensaba, usar esa. Bueno por algo los piratas franceses eran reconocidos o no.

palabra.

Tomó el timón entre sus manos. Definitivamente debía prolongar cualquier encuentro. miró la proa del Perla y se sintió

extraño, no tanto por la elegancia sino por la ligereza en sus manos. Era su imaginación o el timón

le parecía más ligero de lo normal.

Linda noche no?

- Qué... lindo?...De seguro Héctor debe estar observándonos y tu halagando las estrellas.

¿ y su otra mitad? oculta entre el oscuro tono azul del océano. definitivamente son idénticas no?. La mar y ella, libres,

independientes, bellas. tan delicadas y estrepitosamente peligrosas. extienden sus brazos primero

tan suavemente para acariciar el corazón y en silencio lo adormecen y lo inundan de sus encantos hasta que ya no hay forma de

salir. Hasta que sientes que te ahogas y entonces no encuentras otro placer más que el

de entregarte a esos tenues rayos amatista hasta lo más profundo de su maravillosa belleza sin volver a tocar la superficie.

- de qué hablas

Todo su perfil. Date cuenta de que esto es todo loq ue tendrás. si es que con algo llegaras a quedarte. Eso o el mar.

- Son sólo estrellas- Sentenció con voz cascada y vacilante.

Hermoso color cobre, no hay ser más bello que ella no?

Hermosa pensó Jack, otra vez, otra vez y otra vez ese pensamiento suyo de pensarla, desde cuando quería alejar esos

pensamientos de su mente; la pensaba cuando no, cuando debía olvidarla incluso cuando olvidaba recordarla

-Elizabeth- dijo con una expresión de sorpresa ante la visión que tenía enfrente.

Era ella. Elizabeth. Se le aparecía frente a él sólo para atormentarlo. Apararecía sólo para irse de nuevo, lejos de él como

tantas veces lo había hecho, sin embargo, no le importó. Cuántas veces se había alejado y

cuántas más estaba dispuesto a dejarla ir con tal de tenerla sólo por un momento.

Era Lizzie, la ELizabeth de mirada inocente y rebelde a la vez. La que salvó de ahogarse aquella vez que cayó al mar. La que

conoció mejor de lo que esperaba. Era su imagen. ELizabeth sonriéndole y el correspondiéndole

Los pliegues de su vestido se movían al compás del viento. Su brillante mirada dedicada a él y ese gesto de recoger parte de

su cabello tras su oreja... Era ella, Elizabeth, su Lizzie.

Se sintió feliz, desafiantemente feliz. No quería que esa imagen se fuera jamás, quería conservarla para él. SI eso era todo

con lo que podía quedarse, con eso se quedaría. Entonces...

- No está aquí

Pero quisieras que lo estuviera no?

El bostezo de uno de sus marineros lo hizo despertar del juego letárgico con las estrellas. Entonces supo que sólo era un

producto de su pura voluntad. SIn quererlo la estaba moldeando a su deseo imaginario de tenerla hasta que su imagen

llegara a él como la verdadera Elizabeth.

Quiso tocar su rostro que empezaba a formarse de nuevo con las estrellas.

"Jack... no es una ilusión, estamos aquí... es real"

Furia contenida, de un momento a otro su cuerpo se inundaba de furia concentrada en un gramo invisible por aquel recuerdo

que llegaba a él de la misma manera en que la imagen de Elizabeth se había ido. Quiso volver a ella pero no estaba seguro

de si hacerlo o no. Su media sonrisa permanecía intacta, siempre igual excepto que no era de felicidad, ya no era para Lizzie.

Paseó la vista sobre la proa del Perla y después miró sus manos frías; de qué manera todo podía ser diferente si ella había

decidido, distraídamente o no, dejarlo no más que como un súbdito a su existencia.

Sus ojos enmarcados de negro daban una muestra común de malestar a la vulgaridad clandestina del sueño de su tripulación

El rostro grueso de Pintel, la suciedad de Raguetti y el alarido de vigilia de Cotton le irritaban de sobremanera.

- Que ironía.

Una leve sonrisa, ahora tiesa, figuró en su rostro. Los ronquidos del homúnculo y su amigo; el ojo de madera, le

perturbaban... Cómo pudo ese hombre vivir por mucho tiempo con un ojo de madera, llegó a preguntarse el capitán del Perla.

No tenía importancia, terminaba por decirse, simplemente era ridículo. Pero no más de lo que se sentía él estando ahí con

Cotton dormitando a sus espaldas, sintiéndose feliz con una Elizabeth imaginaria y con los molestos ruidos de sus

navegantes.

Sólo un montón de carne espesa con ojos de cucaracha

Pasó la vista de Raguetti y Pintel a sus manos sosteniendo el timón del Perla Negra. Las palabras jamás lo habían dicho,

ni siquiera estaba seguro si podrían decirlo y, aunque así fuera a él ya de nada le servía; a demás era un hombre libre, no

necesitaba de absurdos pasionales que pudiera tocar o sentir. Si él los quisiera simplemente atracaría en Tortuga y buscaría

carisias. Él podía ir a donde quisiera y cuando lo quisiera sin atar sus manos a un timón que no fuera del Perla.

- ¿Seremos todos así?

Oh Jackie mejor olvida ese maldito estilo tuyo de preguntarte cosas inútiles

- ¿Estilo? A qué te refieres.

Rumbo Jack, se refiere a que aún no tenemos rumbo

- Ah eso, cierto!. Dijo en tono meditabundo.

Sacó su brújula, la abrió y miró la aguja girar hasta detenerse en el lugar de siempre. Se sintió ofensivamente ridículo, más

que cuando miraba dormir a su holgazana y mal oliente tripulación.

- LAs cartas! Seguiré las cartas. Hace mucho que quiero encontrar la fuente de la juventud

Hace mucho que quieres olvidar a Elizabeth

- ¿Quieres tomar un bando antes de seguir juntos?

Uy esto se pone bueno

- Ojala tuviera mi botella de ron

Para qué

- Para volver a dormir

No puedes

- Por qué no

Escucha a tu conciencia y...

- Creo que tengo jaqueca

...a tu sentido de prolongación.

- Prolongación ?... Barbosa- sus ojos se abrieron de par en par. Cómo pudo olvidar a Barbosa, bueno su cara no es muy linda

como para recordarla, pero... un momento; si él tenía el Perla y éste es el navío más veloz del Caribe, Cómo es que el cara

curtida de Barbosa le pisaba los talones o la popa, como sea.

. No lo sé

No crees que deberías pensar un momento? Tal vez Barbosa tenga un acuerdo con alguien quien sólo estaría dispuesto a ayudarlo

para cobrar una ofensa tuya... o tal vez sea una trampa. Piensa Jackie

- ¿Trampa? No sé.

Qué tal Jean Laffite, tal vez el quiera vengarse, sin duda lo más razonable, o matarte por lo que le hiciste

- Hicimos... aunque sólo fueron ve... espera... matarme?

Deberías pensar un poco antes de precipitarte y...

- Senor Cotton!!- Gritó al oído del marinero caminando después hacia la cubierta del Perla - !!Bolas de carne rancia y

pestilente, de pie y a trabajar!! Quiero que éste barco corra o ... navegue viento a popa- dio la orden al señor Cotton quien

estaba a su lado apenas y despertando.

- Por los nobles vientos del oeste qué es lo que sucede Jack!

El aludido giró bruscamente sobre sus talones hacia un hombre con patillas pronunciadas.

- Señor Gibbs, recuérdeme qué rango tiene en este navío- preguntó el capitán inclinándose un poco hacia adelante

- Maestre señor- dijo Gibbs incorporándose solemnemente.

- Pues a trabajar maestre Gibbs!!- dijo alzando la voz y empezando a caminar dejando a un lado al señor Gibbs un poco

turbado.

Miró con el seño fruncido a Pintel y Raguetti que aún dormían a pesar de los gritos y se dirigió a su cabina.

- Necesito descansar. Tengo jaqueca- Soltó antes de cerrar la puerta con brusquedad.

Una vez adentro giró y se detuvo bruscamente como si una pared de cristal se lo hubiera impedido; recorrió el cuarto y miró

las cartas de navegación sobre su mesa de madera. Cayo Cristo, La fuente de la juventud, Barbosa, Jean Laffite... Elizabeth;

todos ellos ocupaban su mente al mismo tiempo como remolinos de viento y agua que no tienen otro propósito más que

hundirlo más

Caminó tambaleándose hacia la mesa y después de un momento golpeó la golpeó con la palma de su mano para imponer silencio a los murmullos en su cabeza. Tenía que hacer algo.

Entró al cuarto contiguo se sentó en el borde de la cama. Unió sus manos y recargó su barbilla en ellas.

- Tengo que olvidar.

Continuará...