Capítulo 3:Gracias
Era de día. La claridad hacía nuevamente su inoportuna presencia en toda la habitación.
Nellie estaba algo mareada, pero aún así logró levantarse de su cama.
Se dirigió al baño, se despejó. Aún no asimilaba la idea, pero era perfectamente consciente de que todo lo que había ocurrido la noche anterior no era un sueño.
Entonces lo recordó; tal vez Toby estuviera mejor ahora.
Con pasos apresurados llegó a la habitación del muchacho –la sala donde estaba el hogar-. Él seguía dormido. Ella se sentó a su lado en el sofá.
-Toby… -susurró acariciando su mejilla- arriba, corazón.- El niño comenzaba a despertar. Sin duda estaba mejor. Justo cuando Nellie creyó que volvería a cerrar los ojos, él se levantó de sopetón, abrazándola fuertemente.
-¡Mamá! –dijo con voz afónica. El frío le había lastimado la garganta. – ¡Estás bien! –continuaba abrazándola. Ella se dedicaba a calmarlo acariciando su espalda. Se preparaba para la avalancha de preguntas que el niño le haría. –Tuve un sueño terrible, mamá. –comenzaba a relatar Toby con la barbilla en el hombro de ella. Nellie sólo se asombraba, mientras sentía que una idea iluminaba su mente. –Soñé que el señor Todd era un asesino. Y-y que tú lo encubrías. Después él se enojaba mucho contigo y trataba de matarte. Y-y yo luego no podía salvarte y…
-Shh... –Lo tranquilizaba suavemente Nellie.- Fue sólo un sueño, Toby. No te asustes. Estoy aquí. Estás bien.- El niño por fin adoptó una respiración más apacible. Cuando deshizo el abrazo notó un ligero ardor en su garganta.
-¿Por qué mi voz suena así?- preguntó él mirando hacia abajo con su mano en su garganta.
-Anoche bebiste de más, Tobías. No sabíamos en dónde estabas. Te buscamos por todas partes. Pensamos que habías escapado, o que te habías perdido. Pasaste mucho tiempo afuera, y estabas desabrigado. –Le "explicaba" ella mientras se levantaba para dirigirse a su habitación.
-¿Y cómo llegué aquí, entonces?- Indagó nuevamente él.
-¿Sabes quién te encontró anoche a las dos de la mañana? –Respondió ella con otra pregunta. Estaba segura que con esto la relación entre Sweeney y Toby mejoraría. Él la miraba atentamente.
-¿Tú? –preguntó él, ingenuamente.
-No, Toby. Fue el señor Todd quien te trajo aquí. Estabas inconsciente cuando te vio en la alcantarilla. –terminó de decir ella, saliendo por la puerta hacia su habitación. El niño se quedó pensativo, sin creer por completo lo que acababa de oír.
-No puede ser. –pensó. -Es imposible. –No quería asumir el hecho de que el señor Todd, -el señor Demonio, para él- se hubiera comportado, bueno… amablemente con él.
Decidió no darle más importancia al asunto. No quería que un hecho aislado lo preocupase tanto. Era domingo, así que no dudó en acostarse y dormir una buena hora más.
En su cama, Sweeney disfrutaba de despertar tan lenta y perezosamente como le placiera. No había dormido tan bien desde hacía mucho tiempo. Algo que notó en seguida, fue el peso de las frazadas sobre su cuerpo. Se levantó pesaroso, con el pelo revuelto.
-Oh, Dios…-Refunfuñó, sintiéndose algo culpable, pensando que debía haber sido una noche muy helada como para subir hasta la barbería con frazadas tan pesadas a cuestas.
–Es una mujer maravillosa. –se dijo a sí con una tímida sonrisa en el rostro.
Salió de su cama. Se vestía frente al espejo, cuando algo en su propio reflejo cautivó su atención. Se paró de perfil. Estaba delgado; más de lo normal. La falta de apetito sería algo que ahora intentaría abatir.
Bajó hacia la tienda. Estaba ansioso por ver a una persona. Necesitaba tenerla cerca. ¿Por qué? Ni él lo sabía. Aunque su rostro no lo demostraba, algo en su interior le decía que ese sería un buen día.
En la panadería, Nellie preparaba el desayuno. Estaba tranquila. Hacía su labor con delicadeza.
Por alguna razón, Sweeney entró en la tienda algo estruendosamente, rompiendo por completo la calma que reinaba en ese momento. En realidad, a juzgar por la forma en la que abrió la puerta, la campana casi se desprende del marco.
Al oír semejante ruido, Nellie dio un pequeño saltito, mirando al hombre que acababa de entrar.
Sweeney se congeló ahí mismo, aún sosteniendo la puerta abierta, frente a su mirada acusadora. Luego de otros diez segundos de silencio, soltó la perilla. La puerta se deslizó hacia el marco, provocando un sonido seco que volvió a irrumpir la serenidad del cuarto.
Nellie se percató de la coerción de él. Así que decidió no prestar más atención al espectáculo que daba el barbero intentando escurrirse hasta una de las mesas, buscando aparentar la elegancia que en ese momento se había escapado por completo de él. La elegancia que desaparecía cada vez que él la sentía cerca.
Se sentó en una de las mesas cerca de la ventana y permaneció con la mirada baja como si las vetas en la madera fueran lo más interesante del mundo.
Levantó la vista. Por fortuna ella estaba de espaldas, y volvió a bajarla abochornado, como si sus miradas se hubieran encontrado. Comenzó a golpear sus dedos en la mesa.
Nellie lo miró con curiosidad. Sin siquiera buscar su mirada. El desayuno estaba listo.
Lo cargó en una bandeja y lo llevó hasta la mesa en donde él se encontraba.
-Buenos días. –Fue la primera en hablar. Él simplemente se limitó a asentir con la cabeza. Temía abrir su boca y no poder controlarse en decir alguna estupidez.
Desayunaban en silencio. De vez en cuando alzaban la mirada y encontraban la del otro, observándolos, vigilándolos. En ese momento Nellie le dedicaba una sonrisa, y lo que él le devolvía era una mueca extraña, pero con el semblante totalmente relajado, las cejas ligeramente curvadas hacia arriba, los ojos totalmente abiertos. La boca escondida tras la taza de café
Era una expresión bastante tonta, pero que hacía que Nellie lo deseara aún más. A Sweeney Todd le costaba sonreír, pero lo intentaba, por ella. Y eso era todo su mundo.
Tras un último sorbo de su taza, él por fin habló.
-Gracias…- Fue todo lo que dijo, mirando su taza vacía. –Quiero decir… lo de las frazadas.
-No hay de qué…- Se contuvo de terminar la frase con alguno de sus elogios acostumbrados. Se contuvo del deseo de verlo sonrojarse cuando ella terminara la oración con un "corazón" o "amor".
Continuaron en silencio. Se había vuelto un vicio ente ellos.
-Señora Lovett… - la llamó. Ella lo miró con atención. – ¿Por qué le agrado?- ahora era él quien la miraba atentamente, con expresión seria en el rostro, esperando una respuesta.
-No lo sé. Simplemente lo hace. Tal vez algún día descubra la razón. –ella estaba nerviosa, pero no lo dejaba traslucir. -¿Por qué lo pregunta?
-Curiosidad. –Respondió él encogiéndose de hombros. Ella asintió mirando su taza, también vacía. –Porque… usted… también me agrada, Señora Lovett. – Dijo, con una expresión infantil en el rostro, con la mirada disipada en algún punto, que no era ella, mordiendo su labio del lado interno. Sonriendo al final. ¿Sonriendo?
Si antes estaba confundida por la pregunta, ahora estaba totalmente perdida con la respuesta. ¿Lo diría en serio? ¿O estaría simplemente jugando con ella?
De igual manera no logró evitar sonrojarse.
-Somos demonios, ¿cierto?- bromeó ella. Luego de un rato.
-Los peores. –la siguió él. Riendo un poco y contagiándola. Por alguna extraña razón, él estaba pensando exactamente lo mismo: la forma en la que ellos dos no eran normales. Se calmaron. Y sus rostros volvieron a tornarse serios.
-Creo que ya no quiero seguir haciendo esto. –dijo él de repente, luego de un rato
-¿A qué se refiere?
-Matar. –Susurró, como para no levantar sospechas ni nada parecido. –Quiero decir… creo que estará bien ahora… puedo cobrarles dinero y no la vida a mis clientes… –
Era cierto. Hacía varias semanas que Sweeney ya no disfrutaba tanto de su violenta labor, y hasta llegaba a sentirse mareado con el olor de la sangre. Caso distinto fue con el juez, puesto que su muerte le supo a gloria, pero ya no era lo mismo.
-Entiendo. Creo que no estaría mal poder comprar carne de vaca, para variar.- Sweeney asintió con la cabeza gacha. –Al menos ya no tendré que desmanchar sus camisas…-dijo ella con una sonrisa, mientras él hacía un gesto algo exaltado, como recordando algo.
-Oh… respecto a eso… gracias. –dijo de nuevo, algo avergonzado.
-No se preocupe.- Volvió a sonreírle. –Quizá por eso me agrada. Es muy fácil hablar con usted. –dijo ella de repente, pensando que tal vez él pensaría que ella lo decía con sarcasmo o ironía.
-Creí que sería la forma en que bailo el vals. –dijo él, serio, aunque reventando de risa por dentro. Estaba bien, si ella consideraba que era fácil hablar con él, todo estaba bien. Al menos no tendría que preocuparse tanto por tener que hablar más claro.
-Puede ser. –Aclaró ella, levantándose de su lugar, acto que alarmó al barbero.
-¿A dónde va?- dijo él, sin querer, algo autoritariamente. Nellie se congeló en donde estaba. Ambos tenían una mirada de impresión. –L-lo siento. –tartamudeó.
-¿Qué sucede? –preguntó ella animándolo a responderle.
-Nada. Déjelo. –dijo él, poniéndose nervioso.
-Vamos…
-¡Dije que nada!- bramó él, ésta vez poniéndose furioso de veras. La bipolaridad era una falla clara en él. Era algo que no podía esquivar. Cuando algo lo ponía nervioso, una mala reacción era inevitable. Ya fuera una mala noticia, una sorpresa desagradable, o una presión a decir algo que él no quería decir. La paciencia no estaba nunca con él.
Y era entonces cuando se arrepentía. Cuando ya había gritado, o proporcionado un golpe, y era entonces cuando ya no podía retractarse. Para él, retractarse era mostrar debilidad. Y era lo último que él haría.
Aunque conocía a Benjamín, Nellie no estaba segura de cómo actuar ante las violentas reacciones de Sweeney. A veces estar con él era como tener que conocer a alguien de quien no sabía nada.
Decidió dejarlo solo, con sus pensamientos, aunque fuera un momento. Mala idea. Sweeney sabía subconscientemente que lo que necesitaba y reclamaba a gritos era atención. Un cariño, una palabra… algo.
Apoyó los codos sobre la mesa y puso su frente entre sus manos, mientras veía de reojo a Nellie alejarse.
-Qué estúpido eres- se dijo a sí.
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Hola nuevamente. Primero que nada, las consagradas disculpas por la demora. Es que tuve algunos problemas sentimentales… Que, en realidad no tendrían por qué haber intervenido con esto, pero en fin…
Espero que les haya gustado este tercer capi.
Mil gracias a los que dejaron RR o MP. Me alegra que hasta ahora les guste este Fic. Tengo muchas ideas… a ver cómo las voy ensamblando. :D
Hasta lueguín.
Lucila
