Siete días para conquistarte
Todos los días desde la cafetería, Inuyasha observaba a Kagome a la distancia, no la conocía, no sabía siquiera su nombre, pero le gustaba. Ahora él se había propuesto conquistarla, el reto es hacerlo en siete días. ¿Qué es lo que hará?
Día dos:
Después de aquel primer día, fue algo inmediato casi involuntario lo que comencé a sentir por ella. En cuanto partió en ese autobús mi corazón comenzó a latir tan rápidamente que sentía que iba a salírseme de las costillas. Por supuesto esto solo tenía que saberlo yo y nadie más. Sería estúpido contarle a alguien que una chiquilla esta haciendo estragos en mí persona por solo un día de conocerla, cualquiera creería que exagero o que estoy loco, hasta yo mismo lo pienso; ¿qué demonios pasa contigo Inuyasha?, me reprendí con cierta sorna al ver en lo que me estaba convirtiendo: un adolescente.
Esa noche soñé con ella, entraba por la puerta de mi habitación en un pijama aterradoramente sexy y se acercaba a mí con esa carita de pura inocencia. Tenía su dedo índice dentro de la boca, como coqueteando, incitándome a sus labios; hacía gestos graciosos y se acercaba dispuesta a todo. Mis manos ansiaban el contacto con el terciopelo de su piel nívea y pase la saliva acumulada que se me hacía tan solo de imaginar el sabor de sus labios. Pronunciaba mi nombre… ¡ah! que maravilloso sonaba con la entonación de su voz, iba a hacerla gritármelo mil veces sin parar. Estaba deseoso de poseerla y hacerla mía, tenía que ser mía, mi cuerpo lo pedía a gritos, y cuando por fin toco la superficie de mi cama para sentarse, me miro cómplice, sonriendo y desapareció y yo desperté en el momento. Vaya pesadilla, mofé con mi frente empapada en sudor y cierta parte de mi anatomía demasiado animada. Me sentí totalmente tonto, como un chiquillo que nunca a tocado a una mujer y que se emociona con revistas para caballeros. Me levante rápidamente y me duché con agua fría, necesitaba estabilizarme.
Aun eran las cinco de la madrugada, pero estaba seguro que no podría volver a conciliar el sueño, así que me decidí a salir a correr y despejar mi mente con ejercicio matutino. Tomé mi cronometro y me puse mi pants deportivo, eché mi cartera en el bolsillo y salí de mi casa. Mientras trotaba deliberadamente por la acera, sentía el aire fresco de la mañana chocar contra mi rostro, desperezándome, despertándome por completo. Mis pulmones se llenaban de oxigeno constante dándome la lucidez necesaria para sentirme una vez más dueño de mis propios pensamientos. ¿Qué es lo que iba a hacer hoy? la vocecita que representaba a mis instintos hablaba sin vergüenza: "síguela, espíala y estudia todo lo que hace", pero el hombre orgulloso buscó una solución más civilizada, más sutil, menos denigrante. Todo comenzaría una vez más a la hora del almuerzo, cuando la encontrara "casualmente" en McDonald's. Sonreí, el foco de una idea se prendió sobre mi cabeza, esto de ejercer leyes me daba ciertas influencias…
Así fue como se me pasó la mañana en la oficina, haciendo llamadas a mis conocidos. Era una suerte no tener casos pendientes por atender, el más reciente lo había resuelto apenas dos días antes de mi encuentro con Kagome… Kagome, que hermoso nombre. Terminando mi jornada laboral salí disparado del edificio, tenía que llegar al McDonald's antes para esperarla y aparecer en el justo momento después que ella, tenía que parecer casualidad, como si fuese el destino y no yo quien provocase nuestro encuentro. Tal como lo planeado, esperé al menos unos diez minutos, no se de donde saque la paciencia necesaria, pero allí estaba yo, esperando. Cuando por fin apareció, iba acompañada por sus amigas, era obvio que fuera con ellas y no se por que rayos tenía la esperanza de que fuera sola otra vez, sin embargo eso no iba a detenerme en lo más mínimo, después de todo, solo sería una coincidencia.
–¡Que mala suerte!
–¿Quién iba a saber que iba a estar cerrado por fumigación?
–¿Que hacemos ahora?
Las tres chicas me parecieron de inmediato unas parlanchinas, nada que ver con Kagome, que observaba con decepción las puertas cerradas del local sin decir palabra alguna.
–¿Cerrado por fumigación? –fingí sorpresa al leer el letrero gigante en la entrada del lugar
De inmediato sentí todas las miradas sobre mí, algo bastante incomodo a decir verdad; a excepción de Kagome, quien me derretía con sus ojos chocolate con tan solo fijarlos un momento en mi dirección.
–¡Hola! –saludé con animosa cordialidad –, ¿llegaste bien a tu casa ayer?
–Hola, si, si, empapada pero bien, gracias –sonrió
Estaba preguntándome ¿cómo podía hacer yo para provocarle cientos de esas sonrisas?, quería verle una en sus labios todo el tiempo, dedicándomela a mí, con esa coquetería natural y ese carisma indiscriminado del cual, estoy seguro, no era conciente.
–Me alegro –dije entre una carcajada –; ahora que venía a recoger mi paraguas me encuentro con que esta cerrado –justifiqué.
Escuché de pronto como aquellas muchachas carraspeaban casi al unísono como diciendo "seguimos aquí", y yo lamentaba que fuera así, ¿por qué no se iban ya?.
–¿No vas a presentarnos a tu amigo Kagome? –dijo una de ellas con mirada cómplice a las otras
–¡Ah!, si, si, claro. Yuka, Eri, Ayumi, él es Inuyasha Taisho, lo conocí ayer durante el almuerzo; Inuyasha, ellas son mis amigas, de las que te hablé: Yuka
–Mucho gusto –mencionó, supongo, la dueña de dicho nombre
–Eri
–Un placer –comentó la aludida
–Y ella es Ayumi –señaló
–Hola –me saludó entonces la última en ser presentada
Para evitarme saludar a una por una, levante mi mano en un gesto medio despreocupado y saludé a las tres de una sola vez intentando parecer casual. De pronto dieron un grito agudo que casi rompe mis tímpanos, se abrazaron formando una especie de bola y las escuché cuchichear algo inteligible para pronto pararse derechas y en posición de firmes como soldados.
–Bueno, creo que debemos irnos –comentó una, creo que era Yuka… ¿o era Ayumi? porque estaba seguro que Eri era la de la izquierda… ¿o era la de la derecha?
–¿Ya tan rápido? –preguntó incrédula Kagome
–No, no, tú quédate, nosotras tenemos otros planes
–¿Qué planes?
–Planes en los que no estas tú Kagome –inquirió otra de ellas
Pronto comprendí sus negras intenciones: pretendían dejar a Kagome sola conmigo; vaya, no eran tan tontas después de todo y claro que por mí: encantado de la vida.
–Bueno, nos vemos Kagome –se despidió la del cabello corto
–Nos cuentas después –le gritó otra de ellas ya a lo lejos
Mira que si eran rápidas esas muchachas. Vi entonces a Kagome sonreír torpemente mientras una gota de sudor escurría graciosamente por su sien.
–No les hagas caso –me dijo –están un poco locas, pero son buenas personas
–No lo dudo –comenté con despreocupación –¿no te gustaría ir a comer a otro sitio?
Era mi turno una vez más, ahora que sus amigas locas me habían dado la oportunidad de tenerla sola para mi, no podía desaprovecharla. Ella pareció no muy convencida de aceptar mi invitación así que antes de que pensará en darme una negativa la incité a caminar sin esperar su respuesta
–Vamos –le dije mientras ponía mi mano sobre su espalda para animarla a caminar.
No podía llevarla a un restaurante ostentoso y elegante, sería demasiado, ella sospecharía de mi y podría salir huyendo, lo mejor era algo más cotidiano que pareciera especial. Con ese pensamiento previo, tenía perfectamente calculado el lugar a donde la llevaría, teníamos que caminar cierta distancia y por fin aceptó subirse a mi auto, un sedan semi nuevo en perfectas condiciones, me sentí nuevamente realizado cuando se sentó en el asiento del copiloto, en mí imaginación jugué con la idea de que parecíamos algo más.
Para cuando llegamos al pequeño parque se bajó tímidamente del auto para después correr hacia el lago del centro, había puestos de comida ambulantes y lanchas de remos para subirse y disfrutar un momento de paz.
–No es precisamente un restaurante… –indague para comprobar que le había gustado
–Oh no, no, me fascina, de verdad
–Espero que te guste el takoyaki que prepara el señor Mioga
Dios, ¡lo que hubiera dado por inmortalizar ese rostro feliz en un cuadro! con esos ojos brillantes de ilusión y esa sonrisa radiante enseñando parte de su perfecta dentadura.
Me acerqué a uno de los puestos de carrito, con Kagome a mi lado, acomodé un banco para ella e inmediatamente me senté yo también.
–Hola Mioga – saludé al anciano que asaba algunos trozos de pulpo en una parrilla previamente calentada
–Inuyasha, muchacho, cuanto tiempo sin verte ¿que te trae por aquí?
Sus ojos se desviaron a Kagome quien miraba con antojo las pequeñas bolitas de harina con pulpo asado.
–O ya veo, andas de conquis…
Maldito anciano, abriendo demás su boca, tuve que dirigirle "la mirada" casi atravesándolo con el más perverso de mis gestos para que no dijera nada más relacionado al tema. Por suerte Kagome parecía demasiado entretenida mirando los trozos de pulpo en el asador.
–¿Se te antoja? –pregunté
–Si
–Mioga, dale a la señorita una orden de Takoyaki
–¡A la orden!
–Oye Inuyasha –llamó ella, y yo aún me sentía entre nubes cuando pronunciaba mi nombre
–¿Dime?
–¿Vienes a menudo por aquí?
–Cuando era chico, venía con mi madre y padre, después cuando crecí y ellos no estuvieron más, venía de vez en cuando, pero hace cuatro años más o menos que no sabía de este lugar. Mioga es como el abuelo molesto que nunca tuve y por eso lo conozco.
–Más respeto para tus mayores, Inuyasha –farfulló el anciano agitando la espátula en su mano.
Kagome soltó una carcajada divertida ante la reacción del anciano cocinero, y él, cohibido, continuó su labor de asar el pulpo.
–¿Qué tal?
Le pregunté cuando probó la primera bolita de takoyaki, y por respuesta obtuve una afirmación con su cabeza y un sonido que salió de su garganta con sus labios cerrados al masticar, como un gemido. Tan tierna, pensé en ese instante.
De esa forma volvió a volar el tiempo, comiendo, riendo, platicando y disfrutando del paisaje y de ese ambiente pacifico y familiar. No quería que terminara, estar a su lado escuchar su voz, adivinar que gesto usaría a continuación, sus sonrojos, toda ella, me daba la impresión de que había permanecido mucho tiempo a su lado, como si la conociera desde siempre. Quería saber más y más sobre ella, específicamente: todo. Sería posible, ¿sería posible que no solo me gustara? ¿sería posible que me estuviera enamorando?. Y mientras cavilaba en mi mente en unos escasos segundos, ella volvió con dos helados en mano, entregándome el de limón quedándose con el de fresa.
–¿Cómo supiste que de limón? –le cuestioné
–¿Te gusta ese en realidad? –me miró incrédula –lo escogí al azar, pensando en que tal vez ese te agradaría
–Mi favorito –me limité a responder.
Ese fue el helado más delicioso que probé en mi vida, no es que fuera el sabor más exquisito en la faz del planeta, si no que era propiciado por la compañía con la que me encontraba. Esas molestas mariposas en el estomago, parecía más bien cucarachas o quizás moscas haciendo una fiesta salvaje dentro de mi flora intestinal, haciéndome sentir ese cosquilleo molesto. Odiaba sentirme así, pero no podía evitar querer experimentarlo más a menudo continuamente, todo al lado de Kagome.
Desafortunadamente llegó la hora de lo inevitable y ella se disculpó para retirarse, insistí nuevamente en llevarla hasta su casa, pero igual se negó de la forma más amable, explicándome que cerca de aquí pasaba el bus que necesitaba abordar. Con pesar me despedí con la sonrisa más fingida que pudiese realizar, el peso de la soledad recaía sobre mis hombros. "Nunca sabes lo que necesitas hasta que lo encuentras" me dijo Mioga al escucharme suspirar, y yo solo le dirigí "la mirada" y me retire en mí sedan hacia la casa en la que llevaba viviendo poco más de dos años.
Ya no era cuestión de gusto, tampoco de capricho, esa mujer no solo me gustaba, la amaba ¿en tan poco tiempo?, pues no, no exactamente, tenía mucho más observándola y manteniendo el gusto, ahora que la conocía me había flechado y quería, no, necesitaba estar a su lado…
continuara…
El segundo día de conquista, ¿Inuyasha es bastante astuto, no? hacer que todo parezca mera casualidad… pero como dicen las CLAMP "No existen las coincidencias, solo lo inevitable" pero, ¿qué es lo inevitable?
¿Creen que Inuyasha logre conquistarla? ¿qué sorpresa le espera a Kagome para el tercer día? ¿que planeará Inuyasha?
Dos y nos faltan cinco, cinco días en los que Inuyasha hará hasta lo imposible por ganarse el corazón de esa chica. Pero, ¿Por qué siete días? Bueno, eso podría ser un capricho mío… o tal vez no.
Muchísimas gracias por sus comentarios de animo y aliento, espero que hayan disfrutado leyendo este capitulo así como yo disfruté al escribirlo.
¡Acompáñenme en el tercer día de la conquista de Inuyasha!
Hasta otra y de antemano muchas gracias.
