Siete días para conquistarte
Todos los días desde la cafetería, Inuyasha observaba a Kagome a la distancia, no la conocía, no sabía siquiera su nombre, pero le gustaba. Ahora él se había propuesto conquistarla, el reto es hacerlo en siete días. ¿Qué es lo que hará?
Día cuatro:
Con la seguridad bien enfundada y esparcida en mí, no tenía ningún tapujo en demostrarle un grado superior de interés. Tampoco podía ir y decirle: "Hey, me gustas, bueno, más que eso, quieres salir conmigo?" si yo estuviera en su lugar y algún listo llegase a decirme algo así, no dudaría en propinarle un golpe y darme media vuelta. Es por eso que utilizando mi escaso sentido común decidí seguir siendo precavido, tomando, sin embargo, un par de riesgos demás. Barajé decenas de posibilidades, pero todas ellas incluían una salida, no era ningún problema para mí, pero entonces cualquier plan o idea que hubiese tenido se derrumbó cuando rememoré que ella trabajaba medio tiempo. Con su agenda llena a todo momento del día, lo único que me quedaba eran las horas del almuerzo cuando la veía. Maldición.
Salí del despacho más temprano de lo habitual, no tenía cabeza para el trabajo, así que platicando con Miroku le hablé de unas vacaciones. Has estado trabajando bastante, Inuyasha, yo creo que las mereces, tomate tú tiempo. Fue lo que dijo y yo, encantado de la vida, me despedí de las oficinas de la firma de abogados durante, lo que esperaba fuera, casi todo el mes.
Con horas de sobra quizá tendría más oportunidad de planear y dedicarme a pensar con embelezo en ella. Demasiado estúpido, repasé. Sabía bien que tenía una embobada sonrisa en mi rostro la mayor parte del tiempo, pero cuando estaba con Kagome ponía ese rostro serio pero interesante casi intelectual, más que nada, por impresionarla ¿me pregunto si eso habrá surtido efecto?.
A falta de planes, una vez más aposte a la suerte y a la improvisación.
Entré como siempre a McDonald's y el hedor a carne procesada y demás comida frita inundó con insistencia mis fosas nasales, debía recordar aspirar muy profundamente cuando estuviera cerca de ella para sopesar el molesto olor de la comida rápida.
Esperé paciente, y esta vez llegó puntual a nuestra cita. Allí estaba, con su falda corta algunos centímetros arriba de sus rodillas, su suéter beige en cuello V, vestimenta tan sencilla como informal, parecía tan fresca y despreocupada así. Al verme desde la entrada agitó su mano a la altura de su rostro en forma de saludo y yo moví la cabeza asentando. La verdad es que moría por lanzármele y sujetarla entre mis brazos.
–Hola – saludó
–Hola respondí
–Voy por mi bandeja –explicó
–De acuerdo
Yo ya tenía la mía allí, quizás presentía su puntualidad, o tal vez tenía mucha hambre; pero lo que verdaderamente me sorprendió es que se dirigiera a saludarme antes de ir por su bandeja para sentarse… Estaba preguntándome si iba por buen camino.
Cuando la tuve enfrente, sentada con su correspondiente dotación de papas y refresco… Arqueé una ceja medio sorprendido, no había hamburguesa allí ¿dónde estaba su hamburguesa? si ya bien esa cosa no era precisamente lo más nutritivo, ahora con unas papás…
–Estoy en quiebra –balbuceó con un tono fingido de resignación como adivinando mis pensamientos.
–¿Intento de economizar?
–Aja –comentó llevándose una papá a la boca –ahora que no tengo trabajo no puedo darme el lujo de gastar más, posiblemente me prepare un almuerzo de pasto –bufó con un gracioso mohín.
Un momento, mi cerebro trato de procesar la información… no trabajo de medio tiempo, más posibilidades para mi. Mi yo interior dio un grito triunfal de satisfacción e hice lo posible porque no se reflejara la felicidad en mi cara.
–¡Que barbaridad! –me mostré afligido.
Obviamente, no pareció real.
–Claro, búrlate, el día que no tengas empleo armaré un desfile
–Posiblemente, pero en estos momentos estoy de vacaciones, así que tampoco tengo empleo –informé –por ahora –agregué suspicaz.
–¡Oh que presumido!
–Así es –afirmé con una amplia sonrisa altanera –.Y ya que tenemos tiempo libre, deja que te invite a comer comida de verdad.
Allí estaba, el momento de la verdad. Ese paso que tenía que dar. La vi dudar y decidí saltar haciendo la propuesta irrefutable.
–No aceptaré un no por respuesta, vamos.
Y tal cual, la tomé de la mano y la saque del McDonald's y como me había prometido, aspiré profundamente en secreto llenando mis pulmones de su olor. Ese aroma entre la dulzura de una rosa y la frescura de la menta con un toque de bebe. Al menos era la descripción más cercana que le pude dar a esa esencia única e irrepetible.
–De verdad, no debería, aquí es económico, además, ¿qué tienen de malo las hamburguesas? –cuestionó mientras la conducía por la acera
–No me gustan –acoté.
Partimos en el sedan, que era casi como mi hijo, y tomé la vía rápida para llegar a Shinjuku, allí conocía un restaurante donde preparaban el más delicioso tempura y sushi de la ciudad. Eran pocos días los que llevaba comiendo hamburguesas, pero realmente esa comida estaba destrozando mis intestinos. Pensando en eso, me pareció sorprendente que Kagome mantuviera aquella figura esplendida comiendo eso todos los días.
–En serio –espetó más en forma de replica –¿Entonces que te gusta comer?
–Comida
–Las hamburguesas son comida –defendió
–No, son basura
–Las como siempre
–Pobre de tu estomago –le comenté con cierto sarcasmo
–Que pesado –soltó como enfadada
Estaba siendo tan sincero sin darme cuenta, y no había retorno ante aquello, y tampoco estaba dispuesto a que conociera a alguien que no solía ser. Por un instante dudé, ¿y si la alejaba de mí? pues bien, seguiría insistiendo, me dije.
–¿Vamos, de verdad te gusta tanto comer eso?
La vi de reojo mientras seguía conduciendo, se removió en el asiento y relajó sus hombros en signo de resignación.
–No es que me guste, pero es lo más práctico y barato. No tenía tiempo para llegar a preparar la comida, y después tenía que salir disparada al trabajo. Yo mantengo la casa y a Souta, mi hermano. Cuando no hay dinero, Inuyasha, no hay opciones.
No tenía palabras para eso. Yo no guardaba una gran fortuna, pero vivía cómodamente y podía darme ciertos lujos. Se me hizo un nudo en la garganta y pasé con dificultad la saliva.
–Esta bien, tu ganas
La escuché dar una risotada ahogada que me contagió al instante pero que preferí no externar demasiado.
–¿Qué es tan gracioso? –pregunté
–¿Estábamos peleando?
–No, solo debatíamos un tema y tu ganaste. Y se supone que yo soy el abogado –dije con ironía.
–¿Eres abogado, Inuyasha? –preguntó mientras clavaba sus hermosos ojos en mí.
Ahora que me daba cuenta, Kagome no sabía nada sobre quien o que hacía Inuyasha Taisho. Desde el principio me dediqué a sacarle cualquier tipo de información respecto a ella y lo que hacía, no había detalle que no quisiera saber, todo a su alrededor, todo en Kagome Higurashi, no había nada de ella que no me interesara. Y al notar lo poco que había externado de mi persona, pude entender la desconfianza que pudiera sentir hacia mí. Vaya idiota.
–Si, tengo un despacho de abogados, como una sociedad que puse hace como tres años aliándome con un muy buen amigo mío con el que estudie leyes.
La vi mirarme con sospecha, haciendo un curioso puchero pensativo, como dudando.
–Sácalo, Kagome –espeté mientras la examinaba a cada minuto por el rabillo del ojo
–¿Cuántos años tienes Inuyasha?
Bien, eso me dio risa, pero alertó el sentido del miedo en mí ¿pensará que soy muy grande? ¿se alejaría?
–Adivina.
–Pues… Dices que trabajas desde hace tres años, le sumo más uno en lo que te graduaste. Seguramente saliste como de veintitrés años de la universidad y me da la impresión de que estudiaste un postgrado… –¿esa mujer era una adivina? –¿Tienes unos treinta años?
Solté una carcajada sonora y asentí ante su acertada deducción
–Eso fue rápido.
Ella se encogió de hombros como restándole importancia al asunto y yo di un gran suspiro interior.
Cuando llegamos al barrio de Shinjuku, aparqué el auto y bajamos, sus ojos se desorbitaban mirando las tiendas y los restaurantes, los anuncios de colores brillantes y llamativos y la publicidad.
–¿Nunca habías venido al barrio de Shinjuku, Kagome?
La vi negar con lentitud sin dejar de maravillarse.
–En realidad no conozco muchos lugares de Tokio, ni siquiera otras prefecturas. No he tenido muchas oportunidades de viajar que digamos.
Lo primero que se me vino a la mente fue un fuerte impulso a futuro: yo te voy a llevar a conocer muchos lugares más, declaré en mi fuero interior.
–Entonces es bueno que hayas venido –me limité a decirle mientras la dirigí conmigo a un restaurante con un gran anuncio vertical que escribía en sus letras "Shikon".
Un lugar elegante pero sencillo ambientado en un estilo rustico con muebles de madera tosca barnizada y algunos elementos japoneses tradicionales. Era un sitio que visitaba sin falta con espacio de un mes o menos, comida y servicio exquisito, tenía hambre y el único lugar que pensé cuando tuve la oportunidad de invitarla fue allí.
–¿El tempura es tu comida favorita? –la escuché pronunciar mientras caminaba siguiéndome.
–No.
–¿Cuál es entonces?
–Sopas instantáneas –solté con sinceridad.
Kagome se me quedó mirando como anonadada, realmente hizo un gesto muy gracioso en ese momento.
Encontré la mesa que buscaba, en la que me gustaba sentarme siempre, tenía vista a una terraza que daba a un callejón en un segundo piso y de donde se veían los techos de algunos comercios, no era un maravilla, pero era agradable y tranquilo al aire libre. La sentí detenerse y mirar con asombro, parecía no pestañear y me sentí contento de hacerla descubrir cosas nuevas y esperaba que no fuera lo único que le pudiera hacer descubrir.
–Cielos…
–¿Qué sucede?
–Es muy bonito –acotó mientras le abría la silla para que se sentara.
–¿Te gusta?
–Si. Gracias.
El mesero se acercó ofreciéndonos la carta, ella vio el extenso menú indecisa y le sugerí algunos platillos. La comida tardó unos minutos, minutos en los que ella parecía explorar todo a su alrededor y yo parecía solo explorarla a ella de arriba abajo. Su cabello ligeramente ondulado casi rebelde; su tez clara sin ser pálida; la forma de sus grandes ojos color chocolate; su pequeña nariz respingada; las mejillas enmarcadas por unos pómulos sonrosados la mayor parte del tiempo; su cuello, la clavícula; sus pechos redondos, del tamaño perfecto. Sus gestos, su asombro, los movimientos de sus pequeñas manos, los dedos… Maravillosa, hermosa.
Pronto llegó nuevamente el camarero y puso los platillos a cada uno de los lados correspondientes, y sirviendo agua de calpis para poner después la jarra en el centro.
–Buen provecho –deseó el hombre con una reverencia y retirándose posteriormente.
–¿Qué tal? –pregunté una vez que tragó el primer bocado
–Delicioso –me aseguró mientras introducía otro trozo en su boca y yo hice lo mismo.
Cuando se disfruta el tiempo, se pasa volando, me dije, y es que cada momento a su lado me hacía sentirme pleno, descubrir algo nuevo en ella, saber más, cualquier cosa. Incluso hasta la discusión de la comida rápida. No estaba seguro hasta donde podía llegar por ella, pero si estaba seguro de que quería más momentos junto a Kagome y su flamante sonrisa contagiosa.
Consideré el cuarto día como uno provechoso. No podía decir en ese momento que era lo que aquella chica sentía hacia mí, y debía admitir que eso me producía cierta incertidumbre, pensar que aquel sentimiento que nacía en mi pecho no era mutuo me punzaba en los riñones. Pero fuera cual fuera, yo estaba seguro de que iba a conquistarla…
continuara…
¡Cuarto día! Bien, Inuyasha va por buen camino, o al menos eso me gusta pensar. Pero siento que faltan resolver unas cosas, ¿no creen lo mismo?. En fin, ya llegamos al cuatro y vamos a por tres más. Espero les este gustando la historia y la narrativa en primera persona que seleccioné en esta ocasión.
Les agradezco muchísimo a quienes me dejan reviews, e invito a quien lea que me deje uno, aunque sea anónimo, pequeñito. Es bastante agradable, digamos que me inspira y me impulsa a continuar.
¡Acompáñenme en el quinto día de la conquista de Inuyasha!
Hasta otra y de antemano muchas gracias por dedicarme un poco de su tiempo al comentar.
