Siete días para conquistarte
Todos los días desde la cafetería, Inuyasha observaba a Kagome a la distancia, no la conocía, no sabía siquiera su nombre, pero le gustaba. Ahora él se había propuesto conquistarla, el reto es hacerlo en siete días. ¿Qué es lo que hará?
Día cinco:
No podía creer que hubiesen transcurrido ya cuatro días. Era todo y era nada. Y entre más tiempo pasada más ansioso me sentía por verme acompañado por su presencia. Rememoré cada instante del día anterior; su expectación, su alegría, su falta de empleo… bueno, sobre lo último no estaba muy seguro si sentir regocijo o apenarme, era un encuentro de intereses enorme. Por un lado estaba mi insistente necesidad por estar con Kagome, pero por otro ella necesitaba ese empleo para seguir manteniendo a su hermano y a ella misma.
A cada uno de mis extremos se escuchaban las vocecillas del bien y el mal, haciendo una mala parodia de lo que sería un ángel y un demonio, o algo así. Susurrándome que debía hacer lo correcto o que debía seguir sin preocuparle lo demás. Fue un largo debate de poco más medio minuto. El bien triunfó sobre el mal. Además de la ola de culpabilidad que me azotó. Por suerte encontré una muy viable solución que no dejaba de beneficiarme a mí también y tenía que hacérsela saber.
Llegó por fin la hora tan esperada de nuestra cita, con la ansiedad a flor de piel y unos boletos para el cine en mi chaqueta. Hoy tenía planes y, en cuanto llegara y entrara por esa puerta, la iba a sacar de nuevo del McDonald's sin dejarla probar un bocado de aquella comida basura que no me agradaba. Pero transcurrió el tiempo, mientras yo me adelantaba a los hechos y cuando miré las manecillas de reloj en mi muñeca supe que Kagome no vendría, pasaban de las tres de la tarde. Más de una hora.
Estaba fuera de mí, no estaba listo para no verla. ¿Le habría ocurrido algo? ¿se había alejado de mí? ¿por qué demonios no había ido?, mi cabeza estaba inundada de preguntas que giraban en un espiral que se hacía cada vez más grande y más confuso. Anduve conduciendo sin sentido por las amplias carreteras sin nada más en mi mente que su imagen grabada y el sonido de su voz resonando en mis oídos, acariciándolos suavemente. ¿Por qué? insistía. Un sin fin de hipótesis y teorías desfilaban ante mi como posibles respuestas pero ninguna era realmente convincente.
Detuve el Sedan a un lado de la carretera, hastiado. Sentí el dolor de mi mandíbula avisándome que todo ese tiempo la había mantenido apretada, crujiendo. Respiré hondo, con las manos sujetando fuertemente el volante forrado de piel negra. Observé el asiento del copiloto, evocando las veces que se sentó allí, con su cabello azabache suelto en su espalda, como abanico, y todo tipo de expresiones pasando por su cara. Reí tontamente.
–Kagome –espetó en voz alta
¿Iba a volver a verla?... Vaya sandez, por supuesto que sí, iba a buscarla e iba a encontrarla y entonces ella no iba a poder escaparse más.
Decidido una vez más, arranqué el sedan haciendo rugir el motor, recordando el hecho de que ella vivía en un templo shinto. En Tokyo había miles de templos shinto, claro, pero el número se reducía a las afueras no muy lejos de donde estaba el McDonald's colindando con la prefectura de Saitama.
Recorrí un par de templos sin mucho éxito durante un par de horas cuando el atardecer ya se me había venido encima. Bastante estresado aparqué el vehiculo a las afueras de otro templo con unas escalinatas que parecían interminables. En cada sitio que me detenía rogaba que estuviera Kagome allí, y en ese momento no fue diferente. Me encaminé corriendo sin agitarme, atravesé el torii(), expectante, ansioso. Estaba todo tranquilo, sin gente, y solo un gran y añejo árbol anidando en el centro del patiezuelo.
Por Dios, que estuviera allí, supliqué en ese instante. Me dirigí a la parte donde se supone se habitaba y toque con mis nudillos sobre la madera de la puerta un par de veces. Esperando, respirando profundamente. Por Dios.
Escuché el lento crujir del picaporte al otro lado y la puerta se abrió lentamente, como añadiendo suspenso y poniéndome los nervios de punta.
–¿Inuyasha? –pronunció apenas.
Pasé saliva casi atragantándome, las lagunas de sus ojos clavadas en mí y en su rostro percibí el ensimismamiento. Su pecho bajaba de arriba abajo en una loca carrera como si estuviera agitada, y su labio inferior tembló.
–¿Qué… qué haces aquí? –logró murmurar.
La vi llevar sus manos a su boca como tratando de cubrir su asombro.
Mi corazón vociferó jubiloso, mientras sentía que escuchaba el coro de los ángeles cuando tan solo el sonido de sus palabras alcanzó mis orejas .
Un silencio de segundos perduró sin que ninguno hiciese nada y después, en un impuso necesario, rodeé su pequeño cuerpo en un abrazo, acercándola a mi pecho. La oprimí con fuerza, acariciando su espalda sobre su blusa blanca con mis manos. Hundiendo mi rostro en su cuello aspire profundamente, de manera que mis fosas nasales recogieran lo más posible de su exquisito aroma para mis pulmones, regocijándolos.
Su cuerpo, rígido, tenso, tembloroso, pero no hizo nada para escapar de mi aprensión, su respiración profunda, y sus manos sobre su pecho hechas puño dejándose hacer.
–Pensé que no iba a volver a verte… –confesé –no te alejes, por favor.
Estaba siendo asquerosamente sincero, como nunca, ante mis sentimientos y ante mis deseos y necesidades. Y un demonio. No me importaba nada más que permanecer a su lado.
Un sonido ronco se produjo desde su pecho, como un gemido. Quizás la estaba estrujando demasiado, imaginé, y con pesar aflojé el agarre. Cuando me centré en su rostro la vi ocultarlo entre sus finas manos, en un intento por evitar que percibiera sus lágrimas. Obviamente no funcionó. Las cristalinas gotas de líquido salino resbalaban por sus mejillas y se depositaban en su pecho empapando su blusa.
Lloraba, ella estaba llorando, ¿mi culpa?, quizás en realidad si huía de mí y se sentía frustrada de que yo la hubiese encontrado. La simple idea me cayó como un balde de agua helada. Con todo y balde.
–¿Cómo? –pregunto aun con su rostro oculto.
–¿Cómo que?
–¿Cómo me encontraste?
–Busque en todos los templos de esta zona. Supuse que tendrías que vivir cerca del McDonald's, y tomando en cuenta el bus que tomaste cuando fuimos al lago… el bus sigue esta ruta.
Una carcajada limpia se ahogó entre sus manos produciendo un pequeño eco.
–Todo eso… ¿Por encontrarme? –preguntó llevando sus manos a la altura de su pecho.
–¿Por qué no fuiste a comer hoy? –evadí astutamente.
–Almuerzo de pasto.
–¡Oh! pensé que eso era sarcasmo.
–No del todo, pero no puedo ir más allí –se encogió de hombros.
–Yo podría ayudarte en eso –me miró por fin limpiando sus ojos con el dorso de su mano y suspirando ya más tranquila –. Necesitaré una secretaria cuando vuelva al trabajo… y bueno, se que no tiene mucho que ver con tu carrera pero prometo no explotarte y pagarte bien.
Más silencio. No dijo nada, ni yo tampoco. Iba a rechazarme y yo no estaba dispuesto a escucharlo.
–Esta bien –espeté templando mi frustración –, solo era una propuesta y no tienes que…
–¿Por qué lo haces? –interrumpió velozmente.
–¿El qué?
–Todo, ¿porqué haces esas cosas por mi? –formuló –, dijiste que no te gustaban las hamburguesas, pero allí estabas en McDonald's todo el tiempo; consolarme cuando me sentí mal, invitarme a comer… y bueno… ¿Por qué?
–Eso, bueno…yo. Es decir ya sabes ¿no?. Y desde aquella vez. No se, pero… aunque no es tan así. Como todo el tiempo. Y tú, pues así… –estaba tartamudeando, balbuceando y por sobre todas las cosas: siendo idiota; pero era como si mis labios no supieran atender las ordenes de mi cerebro para sacar las palabras correctas –. Me gustas –genial, había salido y ahora estaba nervioso, pero entonces mi boca, mi estúpida boca no se cerró –me gustabas antes cuando te miraba desde el café. Quería conocerte… y ahora, bueno, me gustas más que gustarme.
De pronto me sentí pequeño, reducido a sus pies, o quizá era solo mi orgullo rendido ante mi corazón. Aún así me sentí incomodo abriéndome deliberadamente, aún sin saber lo que ella sentía. Mi macho interior se había convertido en un marica, y me reprendí por ello. Perder la cabeza por una mujer, vaya agravio. Y aunque pensara todas esas cosas para protegerme y sentirme menos débil, yo realmente me sentí pleno y mi corazón cantaba alegría() sin cesar.
Bien, después de perderme unos instantes en un dilema interno, me volví hacia ella. Jugaba con sus dedos, ocultando su mirada tras el flequillo de cabello azabache al agachar su cabeza tímidamente.
Me mordí la lengua. Tenía dos opciones: salir de allí casualmente con indiferencia para salvar mi orgullo claramente oprimido; en la segunda me quedaba allí más tiempo, aguardando, como imbécil ante la obviedad de la situación. Bien, por primera vez desde que la hubiese conocido decidí apelar por un poco de orgullo.
–No te sientas comprometida, no importa –le escupí con cierto dejo de indignación herido.
Realmente mi tono cambió demasiado, pero ya no me importó más. Di media vuelta y en un paso apresurado, con mi pecho inflado y la frente en alto caminé de regreso, atravesando el patiezuelo, bajando las escaleras hasta divisar mi auto.
Cuando me alejé del templo no tenía idea de a donde ir. Probablemente llamaría a Miroku para volver al despacho, no necesitaba más esa mierda de tiempo libre. En cambio me quede allí parado, mientras recuerdos de los últimos días se formaban en mi mente para pasar luciéndose y haciéndome sentir miserable.
Débilmente escuché un ruido palpitante que venía desde atrás. Me di media vuelta cuando el sonido se hizo más fuerte. Kagome salía disparada desde el umbral y corrió sobre el asfalto de los escalones, bajando con desesperación hacía mí, lanzándoseme. Fue demasiado rápido cuando me rodeo con sus finos brazos por la cintura. Ella me abrazó así de fuerte, que pensé que me rompería la columna vertebral, y Dios sabe que en realidad me estaba gustando. Sollozaba, frenéticamente mientras hipaba por el llanto continuo. La rodeé en un instante sin dudarlo, correspondiendo su abrazo.
–¡Si, gracias, gracias!
–¿Kagome? –le llame, en realidad no sabía que quería decirme con sus palabras.
–Acepto trabajar para ti, gracias… no solo por eso… Por todo. Gracias, de verdad.
Estoy seguro que nunca en mi vida de abogado había escuchado un "gracias" tan sincero como el que salía de Kagome, tan devoto, tan puro, entre llanto. Me sentía feliz de haberla podido ayudar, sin contar ese lado egoísta que también se regocijaba porque iba a poder verla en horas de trabajo.
–Bien, es un placer, deja ya de agradecer, que…
–Por todo –repitió insistente interrumpiéndome
Yo no entendí el verdadero significado de esas palabras en aquel momento, no estaba razonando correctamente. Entre tanta algarabía, no cabía en mi mismo al sentirla tan cerca de mi pecho. Podía sentir algunas de sus últimas lágrimas mojando mi camisa, mientras su respiración se calmaba y acompasaba con la mía.
El ocaso se suscitaba en el horizonte y pinceladas se extendían sobre el manto del cielo en colores rosados violetas y naranja, un espectáculo majestuoso que degusté por unos segundos apenas, quedando reducido a nada por la belleza de Kagome. Con su aroma delicioso y su dulce voz.
Si este era uno de aquellos sueños, yo no quería despertar jamás…
continuara…
¡Un abrazo!... no, que va, ¡fueron dos! Fuertes, cargados de sentimiento, anhelantes y felices. Yo creo que Inuyasha hizo más que ir por un buen camino ¿eh?. Pero… ¿solo han pasado cinco días? Este parece un bonito final ¿no?. Si quizás, pero aún falta miel y cursilería por derramar en los dos siguientes capítulos.
Glosario:
torii: un torii es un arco tradicional japonés que se encuentra ubicado en la entrada de templos shinto o lugares sagrados, marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado. Consisten de dos columnas sobre las que se sustentan dos travesaños paralelos, frecuentemente coloreados de tonalidades rojas o bermellonas. Algunos poseen tablas escritas montadas entre las barras horizontales. Tradicionalmente, los torī son de madera o piedra, pero recientemente se han comenzado a hacer en acero o acero inoxidable.
alegría: es una canción producción de tour del Cirque du Soleil, creada por Guless Ste-Croix y originalmente dirigida por Francisco Dragone. Una canción muy conocida por el mensaje y además difundida en el espectáculo de dicho circo.
Hacerme el favor, si desconocen alguna palabra, díganme, para colocar un glosario más amplio. Generalmente me gusta enriquecer mis historias con extenso vocabulario, espero les agrade.
Agradezco encarecidamente por sus comentarios, sus ánimos. Escribir este fic me alegra el rato y busco de él lo mismo para ustedes, espero que les siga agradando hasta el final.
¡Acompáñenme en el sexto día de la conquista de Inuyasha!
¡Hasta otra!
