Era una fría mañana de invierno

Era una fría mañana de invierno. Los tejados estaban cubiertos de nieve. El viento de la mañana azotaba los árboles desnudos y la cara de un joven algo fastidiado. Hundió su rostro en su bufanda morada que desentonaba con su abrigo marrón.

Sus ojos eran de un azul hipnotizante y su pelo era de un castaño oscuro algo alborotado. Si que era cierto que estaba de muy mal humor. ¿Por qué tenía que prometerle eso a Aoko? ¿Qué tenía esa mujer que con una sonrisa podía hipnotizarle?

No lo sabía y a veces no lo quería saber pese a estar seguro de que esa chica de 17 años, ojos azules y pelo castaño era su mejor amiga de toda la vida. Y es que esa mujer era demasiado para el.

Frunció el ceño algo molesto al recibir un copo de nieve sobre la nariz. Odiaba el frío, odiaba pasar frío y odiaba salir si hacía frío. Pero tras prometerle esa estupidez a la castaña se temía lo peor si la dejaba plantada. Y es que Aoko, tenía mucho genio.

Soltó otro suspiro de resignación. Esa chica era lo suficientemente controladora como para obligarle a salir la víspera de Navidad para ir de tiendas. ¿Acaso no tenía amigas pesadas y cotillas con las que salir un día antes de Navidad?

-Sabes de sobra que todas están de viaje Kaito.

Esa fue su contestación cuando el le hizo esa misma pregunta. Una pregunta de lo más cansada. Recordó perfectamente como le había pedido el día anterior que salieran al día siguiente a hacer unas compras.

Kaito miraba de forma aburrida por el cristal del autobús en el que estaba. Los niños gritaban mientras que sus padres no paraban de regañarles ya cansados de tanto grito. Miró de reojo a la chica que tenía a su lado. Otra vez sumergida en un libro.

Se puso a mirarla embobado. Sus ojos se movían siguiendo las letras parándose en algún momento para "descansar". Era una costumbre de la chica Nakamori, leer siempre que podía. Siempre había amado los libros tanto como el la magia.

Kaito se fijó en la portada de color rojo del grueso libro. Hizo una mueca durante un segundo. Otra novela romanticota y empalagosa. No paraba de leerlas desde que tenía 15 años. Era una "obsesión".

Volvió a fijarse en ella cuando escuchó como las tapas del libro se cerraban bruscamente con un sonido seco. Se lamentó por las pobres y finas hojas maltratadas por su mejor amiga. Esta lo estaba mirando curiosamente.

Kaito hizo una mueca durante un segundo. Odiaba que Aoko lo mirase de esa manera, como tratando de saber lo que pensaba en ese preciso momento. La castaña apretó aún más el libro y suspiró resignada.

-Sabes que dentro de dos días es Navidad, ¿ne?

-Felicidades por saber mirar el calendario.

Aoko le miró enfadada y estampó su preciado libro contra la cara de su amigo que lo pilló por sorpresa. Se frotó la nariz algo molesto y preguntó de manera aburrida que ¿Y qué si dentro de dos días es Navidad?

Aoko se sonrojó levemente, haciendo que sus mejillas se confundiéran con su bufanda de lana. Empezó a jugar con un mechón de su pelo y al final se decidió a decirle lo que tanto tiempo esperaba preguntarle a su mejor amigo.

-¿Salimos mañana a comprar lo que me queda para la cena?

Kaito la miró algo curioso. Raras veces Aoko le pedía algo así. Iban a pasar la Navidad juntos, como todos los años pero esta vez Aoko tenía algo planeado. Lo sabía, estaba seguro al 97 porque el 3 de su mente declaraba que eso era solo una "cita" entre amigos de la infancia.

-¿Acaso no tienes amigas pesadas y cotillas con las que salir un día antes de Navidad?

-Sabes de sobra que todas están de viaje Kaito.

El chico hizo una mueca. Odiaba que tuviese razón. Era algo que lo superaba. Suspiró resignado y sin saber muy bien lo que iba a decir asintió con la cabeza. Aoko sonrió felizmente y se abrazó a su brazo para llamar su atención.

-¿De verdad?

-Que siii.

Y ahí estaba el. Envuelto en su ropa de invierno, cubierto de nieve delante de la casa de su mejor amiga. Esto tenía mérito. Tenían que darle una medalla por salir fuera de su cama un día tan frío como ese solo para acompañar al centro comercial de Beika a Aoko.