Kaito soltó un bufido al sentir una ráfaga de viento revolver aún más su peinado. Odiaba el frío de una manera rotunda. Se adentró en el jardín y llego hasta la puerta de la entrada. Se la quedó mirando un rato. ¿Por qué tenía que pasarle esas cosas cuando tenía mejores cosas que hacer?

-¿Y qué si puede saberse?

La contestación que ella le lanzó cuando se lo dijo después de salir del autobús habiendo ya prometido acompañarla.

-¿Dormir quizá?

-¡Eres un vago Kaito! ¡Nunca haces algo gracioso o divertido!

-"Ver la cara de fastidio cada vez que escapó de tu padre si que es gracioso y divertido!

El chico tembló al imaginar lo que habría pasado si lo hubiese dicho en vez de pensarlo. Ahora mismo su madre estaría delante de una tumba o en un tanatorio.

-Menuda manera de terminar el año.

-¿Qué dices Kaito?

El chico levantó la cabeza y se fijó en que su amiga acababa de aparecer. Viró un poco la mirada y vio que su dedo pulgar de la mano izquierda estaba pulsando el timbre incesantemente. ¿Acaso quería cargar con 50 bolsas?

Volvió a fijarse en ella. Su pelo estaba suelto, como siempre, llevaba un gorro de lana de color beige con una flor del mismo tono al lado derecho, una bufanda y guantes del mismo color así como el abrigo, unos vaqueros y una camiseta de cuello alto celeste. Calzaba unas deportivas negras.

-Puedes dejar de pulsar el timbre, ya he llegado.

Aoko sonrió burlonamente al ver como el se sonrojaba por la vergüenza y dejaba de maltratar el timbre con la presión que ejercía sobre el. La chica cerró la puerta con llave y empezó a caminar.

-¿No llevas bolso, Aoko?

La chica sonrió orgullosamente y sacó del bolsillo de su abrigo un trozo de plástico alargado y fino. Algunos número dorados estaban grabados sobre el. Kaito se puso pálido. Adoraba ese objeto, pero si estaba en manos de cualquier mujer (su madre incluida), era una verdadera arma contra sus brazos, sobre todo si la dueña de esa tarjeta de crédito era Aoko Nakamori.

-Además de comprar los ingredientes para la cena, voy a comprarme algo de ropa y un vestido para la fiesta de Sonoko-chan.

-¿Qué fiesta?

-La que organiza la empresa de sus padres para Navidad. Sonoko-chan nos ha invitado a Ran-chan, Kazuha-chan y yo ^^.

-Am. Pues que te diviertas.

Kaito se dio la vuelta y empezó a caminar fuera de la casa. Se paró en la verja cuando la chica dijo su última frase. La que le dejo totalmente helado.

-Tengo que traer una pareja y quiero que seas tú.

-¡¿Yo?!

Aoko apartó la mirada algo sonrojada. Se bajó el gorro para poderlo ocultar aunque era bastante (demasiado) notable. Suspiro resignada y se atrevió a mirarle a la cara.

-Ran-chan va a venir con Kudo, Kazuha-chan traerá a Hattori y yo quiero que vengas porque eres mi mejor amigo.

-P… Pero.

-Por favor.

Los ojos de Aoko se lo suplicaban. Trató de disculparse desesperadamente pero saber que había una fiesta en un lugar de ricos que debían de tener muchas joyas le hizo sonreír.

-Bueno. Te lo prometo, iré contigo.

-¡Gracias Kaito!

Corrió hacia el chico y lo abrazó con fuerza contra su pecho. A Kaito no le importó en lo más mínimo. Imaginarse a Aoko vestida de gala, a Kudo y Hattori vestidos de etiqueta con sus "amigas-de-la-infancia-aunque-quieran-algo-más con-ellas" iba a ser divertido. Y más con una joya que poder robar sin ningún problema. Mandaría la nota esta noche.

Empezaron a caminar por las calles nevadas. Aoko le explicaba lo que tenía planeado para preparar en la cena. Un pequeño grito de la chica le hizo mirarla con curiosidad. Miró hacia donde ella miraba y vio a una chica igual a Aoko pero con una melena más larga acompañada por un chico parecido a el pero su pelo no estaba tan desordenado.

-¡¡Ran-chan!!

La chica se dio la vuelta y sonrió ilusionada al ver a Aoko. Las dos corrieron y después de saludarse se fueron en dirección al centro comercial olvidando a los dos chicos.

-Mujeres.

El segundo chico lo miró divertido y le dio un codazo mientras empezaban a seguirlas. Sonrió pícaro mientras hablaba.

-¿Acompañando a la novia?

Kaito se sonrojó con violencia al escuchar eso pero le devolvió la misma frase refiriéndose a la otra castaña que acompañaba a su mejor amiga. El otro se sonrojó como el antes y viró la mirada.

-A ver cuando le pides matrimonio Kudo.

Soltó una risa estruendosa haciendo que Shinichi sintiera un sentimiento de odio hacia el chico. Se retuvo por estrangularlo en medio de la calle guardando sus manos en los bolsillos de su chaqueta verde tratando de cambiar de tema.

-¿Irás a la fiesta de Suzuki?

-Hai. Aoko me ha pedido que valla con ella. Esta chica no tiene remedio. ¡Tendré que cargar con 25 bolsas en cada mano y ver como no para de probarse vestidos para la fiesta!

-Te comprendo. También estoy acompañando a Ran al centro comercial.-Soltó un suspiro cansado.-No me imagino a Hattori.

Los dos miraron el cielo grisáceo pensando en el chico de Osaka. Ya se veían miles de discusiones entre el y su amiga de la infancia. Heiji Hattori era el hombre con menos paciencia del mundo y tener que acompañar a Kazuha Toyama, una chica de ojos verdes a la que le encantaba ir de compras (más que sus amigas lo cual los alivio), para el era el peor de los castigos.

-Pobre chico.-Soltó el mago.

-Nosotros tenemos suerte. Cargamos con 50. El llego a 75. No sé como se las arregló.

-Tener una amiga así de pija es como tener a miles de Aoko.-Tembló con ese pensamiento.-Que miedo.

-Pero a que no te importaría tenerlas a todas en una cama.

El mago miró desafiante (y algo sonrojado) al detective del Este. Claro que había dado en el clavo, pero no iba a decirle: "Claro que si. Y jugar toda la noche. Ya puedo ver todo lo que le haría." Viró la mirada y siguió caminando.