¿Qué había hecho? ¿Qué crimen había cometido? ¿Qué clase de delito había hecho? ¿Por qué era ese su castigo? No lo sabía. Era demasiado complicado saber que pensaba el juez en ese instante como para descubrir la razón de su pena (casi de muerte) y el delito que podría haber cometido. Hasta para un detective tan renombrado como el, era difícil saber que pensaba una mujer, y más, si se trataba de su mejor amiga.
- ¡Kazuha! ¿¡Podemos descansar ya!?
Hattori arrastraba un montón de bolsas de papel de diferentes tonalidades y colores, todas con un nombre escrito de forma elegante y gruesa, como para que todos supiesen que ella había comprado en esas tiendas tan nombradas e imposibles de dejar de admirar. Ella caminaba, nariz en el aire con aires de grandeza, sin hacerle el menor de los casos al joven detective.
- ¡Por favor! ¡Estoy muy cansado! ¡Entre el viaje a Tokio desde Osaka y ahora cargar con tus bolsas estoy molido!
Por fin logró que ella se detuviese frente a un escaparate adornado con bolas de colores y luces que se apagaban y encendían. Junto a los maniquíes vestidos de gala había un Papá Noel moviendo su mano mecánicamente sujetando entre sus manos de metal pintado un cartel que se iluminaba en el que se podía leer "Feliz Navidad". En una esquina estaba postrado un pequeño árbol de navidad adornado con bolas y golosinas del todo apetitosas.
- Este es…
La voz de Kazuha había sonado como un susurro aunque su amigo pudo escucharlo perfectamente. Vio como la joven acercaba sus manos como hipnotizada hasta tocar el cristal, separándola de lo que tanto ansiaba. Heiji la miro, algo asustado por la forma con la que miraba el traje de gala azul eléctrico. Su escote era redondeado y tenía unos tirantes de gasa como mangas, para taparse del frío tenía un chal de la misma tonalidad y la falda, elegante y con vuelo, legaba algo más debajo de las rodillas del maniquí.
- Este es…
Repitió de nuevo la adolescente, totalmente embelesada observando el vestido como si su propia vida dependiese de llevarlo puesto. Entro en la tienda corriendo, dejando a su amigo atrás, aún alucinado por su reacción. Observó como se lo había colocado sobre el cuerpo y se miraba en es espejo con una sonrisa radiante de oreja a oreja. Fue entonces cuando se dio cuenta que le apetecía más de lo que debería de apetecerle ir a esa fiesta a la que habían sido invitados. Quizás no sería un Sábado cualquiera viendo la tele imaginando a la chica con el, acariciando el cojín sobre su regazo como si fuese ella y más tarde, abrazando su almohada en la cama como si pudiese tenerla entre sus brazos, protegiéndola de los otros.
- Tendré que vigilarla aún más de lo normal, a saber que clase de tipo viene a esa dichosa fiesta. Según mis deducciones es una fiesta de empresarios y seguro que estará el típico cuarentón acosador de mujeres y el típico jovencito con cara de bueno y buen futuro acosador de su secretaria.
Pasados unos minutos la joven Toyama salio de la tienda con una gran sonrisa y una bolsa color verde en su mano derecha. Hattori miro la bolsa e hizo una mueca de amargura. No parecía estar muy contento de que su mejor amiga haya comprado otra cosa. Señalo el montón de bolsas que había estado arrastrando minutos antes.
- No me digas que tengo que arrastrar otra bolsa más.
Su tono de voz sonó cansino y no tardo en ofender a su mejor amiga que frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos. Se adelanto unos pasos y se encaró al joven detective. Hattori notó como los nervios se apoderaban de su cuerpo mientras veía el enojo de su amiga en sus lindos ojos verdes.
- ¡¡Hattori!!
