Capitulo III
Reencuentro
Sinopsis: Han pasado cuatro meses desde la partida de Sango, y el grupo, a pesar de haber seguido con la búsqueda de la Shikon, ha sufrido de una pérdida importante. No solo por la ausencia de su compañera, sino también porque se ocasionaron demasiados conflictos entre ellos. Inuyasha y Miroku, cada uno dispuesto a comprobar la culpa del otro. Sin embargo, las cosas nuevamente están a punto de sufrir un cambio radical.
Con el Inugumi
Su más reciente victoria, realmente no representaba demasiado. La taijiya no había regresado hasta la fecha y las constantes discusiones entre Miroku e Inuyasha la tenían bastante alterada. Aquel compañerismo que los caracterizaba, desapareció desde su partida. Su relación con el hanyou se vio bastante cambiada también. Se concentraba mas en reclamarle al monje, que apenas si le hacia caso. De todas las ocasiones en que le pidió regresar a su casa, nunca reclamo, y cuando volvía con ellos, ya no se encontraba a un lado del pozo, esperándola. Y eso le había afectado considerablemente.
No tardo en comprender que no valía la pena intentar separarlos, ya ni el rosario era útil, por lo menos hasta ahora, ninguno se ocasiono daño físico notorio. Su pesar y resentimiento se albergaba en su mente, en su corazón… Kagome se acerco a los restos del youkai, tomando el fragmento y purificándolo instantáneamente y guardándolo en el pequeño frasco junto con los demás. Vuelve su atención a sus amigos, una vez mas peleando. Suspira tristemente. Ahora hasta peleaban por tonterías, y este era uno de esos casos.
-"Vámonos, Kagome. A este paso supongo que durara bastante la discusión"- indica el zorrito en su dirección.
-"Si…"- lo toma en sus brazos, sentándose bajo un árbol –"¿Aun no detectas la presencia de Sango o Kirara?"-
-"No, y realmente quiero que regresen. Las extraño"-
-"Yo también, además presiento que ella es quien puede detenerlos y terminar con esto de una buena vez"-
-"¿Tu crees eso?"- pide con esperanza.
-"Es muy posible. Aunque desconozco porque lo pienso así"-
-"¿Crees que estén bien?"-
-"Claro. Es una exterminadora, sabrá como cuidarse, además la acompaña Kirara, no lo olvides. Son mucha pieza las dos"-
Paso alrededor de media hora cuando finalmente se detuvieron. La joven y el pequeño ya se encontraban casi dormidos para cuando notaron el cambio de eventos. El hanyou tenía una expresión de desprecio hacia su antiguo camarada. Finalmente, envaino su espada.
-"¡Keh! No perderé mi tiempo contigo. Continuemos con nuestro viaje. Hay demasiados Shikon no Kakera esparcidos como para detenernos"- exclama comenzando a avanzar.
Sin un suspiro o reclamo, la joven se levanta y lo sigue, siendo prudente con su distancia. Uno de los peores errores que se pueden cometer ahora, es acercarse a el después de una disputa con Miroku. El houshi se acerca a ella, intentando iniciar una conversación para distraerse y olvidar su enojo anterior. Transcurrieron unas horas más antes de que comenzara a llover. Afortunadamente, encontraron una aldea al final del camino, consiguiendo refugio en una posada.
Después de cenar, el silencio seguía dominando entre ellos. Sin una palabra, Inuyasha se levanta y se acerca hacia la delicada puerta de papel, abriéndola.
-"Inuyasha… ¿A dónde vas?"- pide la miko.
-"Afuera"- responde cortante –"No dormiré en la misma habitación que el, ya lo sabes"-
-"Pero sigue lloviendo"- discute Shippou –"Mejor quédate"-
-"No voy a discutir mi decisión y menos contigo"- masculla, saliendo.
-"Será mejor dejarlo solo. Preferible así a tener que tolerar su comportamiento"- menciona el monje, tomando su té.
-"Miroku-sama…"- exclama vacilante –"Ya se es mucho tiempo, ¿para cuando piensan hacer las paces?, peleando no resolverán nada"-
-"Pero así se ponen las cosas en claro para sujetos como el, que solo conocen la violencia"-
-"Nunca te había oído hablar así, Miroku. Me das miedo"- menciona el kitsune.
-"Esto ya fue demasiado lejos. No creo que el problema sea tan grave como para enfrentarse de esta manera"- estalla Kagome –"Están actuando como niños"-
-"El problema, al parecer, siempre existió, Kagome-sama. Era cuestión de tiempo antes de que alguno de nosotros dos se rebelara"-
-"Creo que mejor me voy a dormir. Yo no los entiendo"-
Ambos esperaron a que el zorrito se fuera a la habitación que compartiría con Kagome, antes de continuar con su plática.
-"Eso quiere decir que… ¿Sango-chan es quien causo esto?"- pide con interés.
-"No"-
-"Entonces no los entiendo"-
-"Solo uno de nosotros tiene la culpa. Tenemos que averiguar quien fue realmente el causante de su partida y bajo que motivos. Lo que sucede es que Inuyasha me culpa a mi"-
-"¿Por qué la desearía lejos?"-
-"Lo desconozco"-
-"¿Pero que no se da cuenta de que también me esta afectando a mi?"- dice tristemente.
-"Tal vez lo hace con la intención. Solo piense de el"- explica Miroku –"Inuyasha esta mas altanero que antes, inclusive con usted, ya no le presta atención alguna"-
Kagome asiente.
-"Y además, hace un par de semanas detectamos la presencia de Kikyou y el no hizo nada al respecto"-
-"Es cierto… tampoco la ha considerado a ella, y eso que estuvo demasiado cerca de nosotros"-
-"Ya no se atreve a mirarle, como siempre sucede cuando esta avergonzado por algo que hizo… pero esta vez no es por causa de esa miko, sino que es por…"-
Con Inuyasha
-"Sango…"-
Desde su posición en las gruesas ramas del árbol, no dejaba de contemplar a la luna. El pensamiento de la joven exterminadora aun invadía su mente. Cada noche era lo mismo, su recuerdo siempre le embargaba, y la luna era el testigo silencioso de su dolor. Aun cuando presentía que ella escaparía de sus problemas… no, ella no haría tal cosa. Solo necesitaba estar sola. Pero a veces se sentía responsable por ello, después de todo, ocurrió cuando noches atrás ellos habían hablado. Esperaba ansioso su vuelta, sabia que ya no le vería con los mismos ojos, ahora era algo mas especial a el.
-'No sabes de lo que soy capaz de hacer por ti… por continuar a tu lado, sentirte aun cerca mí y comprender que es un sentimiento mutuo el que se presenta cuando estamos juntos. De verdad… te necesito. Me haces sentir alguien especial y tu proximidad aleja todas aquellas dudas y penas que aun rondan por mi mente… que jamás me han abandonado… como podrías hacerlo tú… y no es porque lo desees, al menos eso creo. Un nuevo conflicto se ha levantado, uno que me es demasiado complicado como para vencerlo… lo acepto, necesito de tu incomparable e incondicional ayuda… y es que de eso depende mi felicidad presente y futura…'-
En la habitación, con Miroku y Kagome
-"¡Pero que atrevido!"- grita sumamente molesta –"Nunca creí que el caería tan bajo como para intentar… ¡arg! Ahora comprendo y cuenta con mi apoyo. No se saldrá con la suya, te lo garantizo"-
-"Le agradezco, pero no me gustaría verle involucrada en este problema"-
-"No es ninguno. Solo espero que ella se de cuenta y no caiga en la trampa"-
A la mañana siguiente
Apenas los primeros rayos del sol se asomaban por el horizonte, cuando Inuyasha bajo del árbol donde había pasado la noche y camino hacia las habitaciones, gritando que era el momento de partir. Viendo que ninguno salía comenzó a desesperarse, continuo gritando, despertando a las demás personas. Pasaron 10 minutos cuando se decidió a ir por ellos personalmente, confiado en que esta vez pagarían caro el insulto. Se sorprendió al encontrar solo a Shippou, dormido sobre el futón, pero no había señales de Kagome. Avanzo hacia la habitación contigua, no pudiendo creer lo que le mostraban sus ojos: Kagome no había dormido donde se suponía, en su lugar, la encontró durmiendo junto con Miroku.
-"¡¿Qué demonios sucedió aquí?!"- grita en un ataque de rabia.
Ambos se levantan, asustados por la potente voz, tan familiar a ellos. La chica frota sus ojos, alejando el sueño que aun tenia. Cuando enfoco su mirada al frente, se asusto al encontrarlo ahí, mas pronto recobro la compostura; se levanto y ordeno un poco su ropa y cabello, para después verlo fijamente, de manera indiferente.
-"No pienses cosas extrañas"- murmura molesta al ver su expresión.
-"Entonces explícate, ¿por qué diablos dormiste en la misma habitación que ese houshi-hentai?"-
-"No te incumbe. Pero debo decir que no es lo que te imaginas; platicábamos y simplemente nos quedamos dormidos"-
-"Oh si, gran explicación. No esperaras de verdad que me trague ese cuento"-
-"Inuyasha, no comprendo tu actitud y tampoco tenemos que explicarnos a ti"- gruñe Miroku.
-"Por supuesto que si. Kagome esta a mi cargo, por lo que me interesa y exijo saber lo que sucede con ella. Su explicación me es insuficiente e inadmisible, pues no importando lo demás, ella SIEMPRE duerme junto con Shippou y el SI durmió donde le correspondía"-
-"Ahora si te importo ¿verdad?..."- murmura dolida –"Eres de lo mas cínico conmigo. Ahora, nos estamos retrasando y ni siquiera hemos desayunado, así que ahora esperaremos hasta comer algo y continuar con nuestro viaje"-
-"Eso si que no. Ustedes se levantaron tarde y yo no tengo que esperarles. Además, quien dijo que…"-
-"¡Osuwari!"-
Ya se habían alejado lo suficiente para cuando desapareció el efecto del nenjo. Se sentó a piernas cruzadas, visiblemente irritado. La ira se acumulaba rápidamente en el, estando a punto de estallar. Como se atrevía ese Miroku a pasar por alto su autoridad y no solo eso, recibió el apoyo de la miko. Podía detectarlo, efectivamente nada había pasado entre ellos anoche, pero aun no se encontraba tranquilo al respecto. Además, eso le confirmaba una vez más que no se podía confiar en el cuando de mujeres se trataba.
Esta ocasión no había hecho nada, pero no debía confiarse. Y debía considerar el hecho de que, curiosamente, no se acercaba a las mujeres con quienes se habían topado por las diversas aldeas. Esto podía considerarse de varias maneras: o las veía sin atractivo alguno, o quizá… intentaba probar algo. En una de sus innumerables discusiones, Inuyasha le había confesado bajo que motivos no confiaba ya en el. Viendo bien las cosas, podía ser una seria desventaja… no, en realidad no. Ya lo había comprobado. Sonrió satisfactoriamente al pensarlo bien. Sabía que faltaba poco tiempo.
Con Sango
Viajando sobre el lomo de Kirara, intentaba rastrear a sus amigos. El tiempo en que estuvo lejos de ellos, realmente le ayudo a meditar mejor las cosas y tomar una determinación apropiada al caso. Aun le costaba trabajo aceptar que mas de una persona saldría herida por su causa, pero era algo que no podía ser evitado de ninguna manera. Rogaba que no fuera tan difícil, sin embargo. Odiaría cargar aquella culpa por el resto de su vida. Ambas experiencias obtenidas en aquellos días volvieron a su mente, una en especial, la que había marcado su destino.
+´+´+Flash Back+´+´+
Sango aun se encontraba anonadada con la proposición del monje. Debido a ello, no habían salido de la aldea durante algunos días más. Tal parecía que esta vez era cosa seria, pues desde día, ya no coqueteaba con las mujeres de la aldea, y se portaba aun más atento y amable con ella.
-"Creo que finalmente encontré al hombre perfecto"- sonríe a si misma.
Se sienta a la orilla del pequeño río, justo donde Miroku se le declaro. Contempla las claras aguas, hasta que se formaron algunas ondas, distorsionando su reflejo. Extrañada, levanta la mirada, sobresaltándose al toparse con un par de ojos dorados viéndola fija y dulcemente, un leve brillo inusual en ellos. Que pronto desapareció.
-"Pero que…"-
-"Desee estar contigo, ¿acaso no puedo?"-
-"No, es solo que…"- comento extrañada.
-"¡¿Necesito algún pretexto para poder estar a tu lado?!"- gruñe claramente ofendido.
A Sango le sorprendió su opción particular de palabras.
-"Perdona… no debí gritarte de esa manera…"- menciona al ver su expresión.
-"Esta bien, tranquilo…"-
El joven se tenso bastante al sentir su mano sobre la suya, en un intento de reconfortarlo. Lo único que hizo fue ladear su cabeza, pero sin rechazar su contacto sino todo lo contrario, sujeta con más fuerza su mano y se acerca más a ella. Por un instante se sintió bastante nerviosa y aturdida por su acción, pero no tardo en cambiar esa sensación por una de estabilidad. El sonrió al ver que no lo había rechazado, por lo que se atrevió a intentar algo más; esta vez soltó su mano y la abrazo por la cintura, atrayéndola aun más a su cuerpo. Fue entonces cuando Sango intento separarse, mas el no se lo permitió. Tenía un agarre suave pero firme en ella. Cada intento era fallido, aunque sabía bien una cosa: si realmente deseara alejarse podría lograrlo, atacándolo con la suficiente fuerza como para que la soltara.
-"¿Qué sucede, Sango?"- pregunta con calma –"¿Te incomodo acaso?"-
-"Pero es que…"-
-"Escucha, no te sientas presionada. Es solo que me agrada tu compañía"-
-"Lo comprendo, pero si houshi-sama nos viera…"-
-"Me tiene sin cuidado alguno lo que piense"- murmura frunciendo el ceño –"Yo no sabia que era un crimen el pasar un rato con un amiga"-
-"¿Por qué me haces esto? Sobre todo ahora que ya estoy comprometida"-
-"Keh. Me sorprende que aun deposites tu confianza en el"- menciona separándose levemente.
-"Nunca he dudado de el"-
-"Ambos sabemos que en cuanto a mujeres se trata, no le importa nada ni nadie mas… olvidara a cualquier otra mujer… en este caso, eres tu"-
-"Ha cambiado y lo he comprobado. Desde ese día solo se preocupa por mi"- defiende ella.
-"¿Eso es lo que crees?"- pide, levantando una ceja en incredulidad –"Eres muy ingenua si confías en que ha dejado sus mañas por ti"-
-"¿Qué quieres decir?"-
-"Hmmp. Es muy sencillo: que cuando le conviene, es mas listo de lo que aparenta. Simplemente cambio de horarios sus actividades"-
-"¡Eso es mentira! No puedo creer que inventes cosas como esa"- replica, levantándose.
-"Te lo demostraría ahora mismo, pero arruinaría lo que he logrado ahora. Olvídalo tan solo un momento y piensa que yo estoy aquí… contigo"- dice, imitándola –"Yo jamás te cambiaria o dejaría por la primera mujer que se cruzara en mi camino"- toca su mejilla –"No deseo verte sufrir una vez mas por sus descuidos"-
-"Tu has estado…"- asume rápidamente.
-"Si. Te vigilo día y noche y se todo lo que ese mujeriego te hace pasar. No sabes el dolor y el coraje que siento cada vez que veo una lagrima en tu rostro por su culpa. Puedo darte el cariño y consuelo que necesitas"- acaricia su mejilla con ternura, demostrando su sinceridad.
-"¿Qué cosas dices? Pero si tu…"-
-"Lo único que pido es una oportunidad, Sango. Déjame amarte y demostrarte mi fidelidad a ti"-
Su mente había quedado en estado de shock, momentáneamente. Si se tratase de una broma, se aseguraría de que se arrepintiera de no haber muerto a manos de Kikyou. Recobro la compostura, pretendiendo no demostrar cuando le habían afectado realmente sus palabras. Dio un suspiro de resignación.
-"No podría ser. Jamás pensaría en traicionar de tal manera a Kagome-chan y ahora menos que nunca. Finalmente houshi-sama lo admitió y tu… has llegado tarde"-
-"Sango…"- su mirada se veía dulce, pero confundida.
-"Lo admito, alguna vez estuve enamorada de ti y deseaba que sintieras lo mismo por mi, no Kikyou o Kagome… solo yo…"- solloza levemente.
Sus palabras penetraron profundamente en el. Jamás se hubiera imaginado que aquel amor secreto que sentía por ella y crecía a cada día que pasaba, fuera correspondido alguna vez.
-"Ahora es tarde…"-
Su voz lo trajo de nuevo a la realidad.
-"Espera… entonces ¿tu también me…?"- un cabeceo detuvo sus palabras –"Aun estamos a tiempo, ¡déjalo y ven conmigo!"- grita desesperado, sacudiendo sus hombros.
-"Imposible…"- susurra esquivando su mirada.
-"¡¿Pero porque?! ¡Si ambos sentimos lo mismo no encuentro ningún impedimento!"-
-"Cuando comprendí que no podría ser correspondida… intente refugiarme en el, y que también siento algo por el… …"-
-"No… Sango…"- musita dolido –"Bien, tomare esto con calma. Te haré una ultima pregunta, respóndeme esto y dejare de inquietarte"- dice en tono de súplica. Aquel brillo anterior regresa, esta vez, esperanzado –"Tu amor no puede ser el mismo para ambos así que he aquí mi pregunta: a quien amas mas ¿a Miroku… o a mi?"-
-"¿Cómo me puedes pedir algo como eso? No pienso compararlos"-
-"Responde, por favor. De tus palabras y sentimientos dependerán muchas cosas"-
La dulzura tan inusual de su voz, la manera en que toma sus manos entrelazando sus dedos con los suyos, su mirada peticionaria y dorada, iluminada por esperar ciertas palabras el provenir de la boca de la joven, la incitaron a decir la verdad. Después de todo, no había nada de malo en confesarlo y había poco que el pudiera hacer para retractarla de su opinión. Soltó un suspiro y le vio fijamente, sonriendo tiernamente en el. Era raro verla sonreír de tal manera, tan dulce y tranquila, no cualquiera conseguía verla y le dedicaba una solo a el. Ya podía decirse afortunado por ello.
-"La verdad es… que puse mis ojos desde que te conocí. Una parte me decía que debía destruirte, al pensar que tú eras el responsable de la destrucción de la aldea. Pero la otra me indicaba lo contrario, tomando la confianza en el hecho de que te negabas a atacarme y además me salvaste de mi propio veneno. Al irte conociendo, comprendí que eras alguien especial y que se podía confiar en ti. Me atraías, pero vi que eras imposible para mi, ya que estaba de por medio Kagome-chan. Y perdí la mayoría de mi esperanza al saber sobre Kikyou… no había lugar para mi…"-
-"Gracias… eso era todo lo que necesitaba oír"-
Con su mano derecha levanta su cabeza, admirando aquellos ojos castaños, brillando a unas cuantas lagrimas que se habían detenido antes de resbalar por sus mejillas. Con el dorso, limpio la humedad y con súbita delicadeza, poso sus labios sobre los suyos. Un beso suave, sincero. La joven intento separarse una vez mas, pero recordando lo que confeso segundos atrás, correspondió su caricia.
Mas confiado, sus manos se dirigen a su cintura, asegurándose así de que ella no se movería y disfrutar de aquel embriagante sabor de sus labios todo el tiempo posible. Estaba casi seguro de que no tendría otro tipo de oportunidades como esta. Intento algo mas, recorriendo con sus afiladas garras su espalda, con movimientos bastante sensuales. Esta acción provoco que la taijiya soltara un suspiro, arqueando levemente su cabeza, cosa que el aprovecho para separarse de sus labios y disfrutar de su cuello, besándolo, explorándolo, conteniendo el deseo de marcarla como suya en ese mismo momento.
Pronto regreso a su boca, internando su lengua en aquella dulce cavidad y degustándola con desesperación. Sus quejidos lo volvían loco y la obligo a caer sobre sus rodillas, y sin soltarla un solo momento. Inuyasha la fue recostando en la suave hierba, mientras sus manos comenzaban a explorar también aquel cuerpo que tanto le atraía, colocándola sobre sus piernas, acariciándolas por encima de las ropas, odiando que su kimono le impidiera ir más lejos.
Ella, por su parte, rodeo su cuello con sus brazos, disfrutando de aquella calidez que su cuerpo le brindaba, explorándolo también. Un cuerpo resistente, de muy buen ver y bien entonado. Se sentía segura y amada, deseaba que el momento nunca terminara. Solo pensaba en lo que había dicho… el estaba aquí, con ella. Al sentir sus manos en sus piernas, la invadió el pensamiento de culpabilidad, que tal vez no era lo correcto, mas su cuerpo le traiciono, acercándose mas a el, sus manos recorriendo su pecho, sintiendo aquellos músculos bien definidos anhelando por mas. Kami, podría perderse en aquel mundo de ensoñación que las manos que supuestamente habían sido concebidas para matar, le estaban mostrando en este momento con tan excitantes y simples caricias. No quería, pero debía parar ahora mismo.
La magia de aquel momento fue destruida por el mismo Inuyasha, quien se incorporo, viendo a la joven confundida, nerviosa y… avergonzada. Eso le hizo reaccionar. No era lo que el hubiera esperado y se maldijo internamente por no poder controlar sus impulsos. La amaba… pero esta no era la forma. Así lo haría cualquier youkai. El lo deseaba de una manera diferente.
-"Perdóname, Sango. Soy un estúpido, jamás quise… espero que esto no afecte nuestra amistad… por favor, no pienses mal de mi"-
-"también fue culpa mía, no debí… dejarme llevar tan fácilmente… yo…"- balbucea, acomodándose el kimono.
-"Shhh…"- le pone un dedo sobre la boca –"El único culpable soy yo. Será mejor que me vaya, pero que te quede claro algo: ahora que conozco la verdad, no descansare hasta lograr que vengas conmigo. Te amo, y eso nada lo va a cambiar"-
-"Inuyasha…"-
Le da un beso en la mejilla y se aleja, aun regañándose por lo que estaba a punto de hacer. Sango lo sigue con la mirada, aturdida aun por los eventos. Rebobino todo para darse de cuenta de cómo había empezado, recordando que inicio con un beso, pero no cualquiera, sino el primero. El hanyou, efectivamente, le había dado su primer beso, eso lo hacia mas especial a ella, pero también le invadió otro sentimiento al respecto. Regreso su atención cuando le volvió a los oídos la voz del joven de cabello plateado, a pesar de la distancia, noto su rostro serio.
-"Lo del monje no era broma, ni un truco. Mantente alerta, es mejor que lo veas con tus propios ojos y estés preparada"- menciona antes de desaparecer.
Y dicho y hecho, cuando regreso a la choza donde dormiría, no pudo evitar oír unas cuantas voces. Curiosa, decidió investigar, pues quien estaría a tales horas de la madrugada platicando así. Su mundo se derrumbo al ver a Miroku rodeado de varias mujeres, las más bonitas de la aldea, llenándolo de alabanzas y sutiles caricias.
-"Hmmp. Es muy sencillo: que cuando le conviene, es mas listo de lo que aparenta. Simplemente cambio de horarios sus actividades"-
Las palabras le retumbaron en la mente, causando más dolor en ella. Al haberlo comprobado de esa manera, decidió no precipitarse y darle el beneficio de la duda. Pero no le duro mucho; fue tanto su coraje, que no le hablo e impedía que se le acercara. Poco después, se fue en su propio viaje, decidida a pensar.
+´+´+Fin del Flash Back+´+´+
Sintió como la felina se tensaba y aumentaba su velocidad, en dirección del este. Ella no tardo en detectar la presencia de ciertos youkai, mas al sentir sus auras más detenidamente, los identifico como escorpiones. Una muy mala señal. Lo alarmante es que era todo un grupo, cosa inusual en su especie. Se preocupo más al ver que su blanco era una aldea, no muy lejana.
-"¡Corre, Kirara!"-
En cuestión de minutos dio alcance al objetivo. Al llegar a la aldea, había grandes daños materiales, pero más, humanas. Varias personas huían despavoridas de los mortales aguijones venenosos. Sango salto, su traje de taijiya listo y preparado para la próxima batalla a venir. Una de extremo cuidado.
-"¡Hiraikotsu!"-
Con suma destreza y agilidad, el veloz boomerang se dirige hacia el aguijón, fallando en el primer intento, debido a que el escorpión se movió rápidamente, mas logro cortar su objetivo a su vuelta. La bestia ruge en dolor, e iracunda, se lanza sobre Sango. Con una sonrisa satisfecha, la joven toma de la cintilla su gigante arma, avanzando hacia el demonio enfurecido. Desenvaina su katana, en caso de ser necesaria. Le coloca alguna sustancia, con la esperanza de lograr infligir algún daño en su cuerpo. Sabia de antemano que era vano intentar cortar la piel con su filo, era demasiado gruesa.
Kirara se encargaba de otro, atacándolo en diversas secciones de su cuerpo, cuidadosa de su distancia del aguijón ponzoñoso. Así estuvo con tres más; habiéndolos debilitado, su dueña se encargaba de darles el tiro de gracia. Su trabajo en equipo había mejorado desde que se fueron, había que reconocerlo. Al ver la sangre, también venenosa, el salir de una herida del lado derecho debido a la fuerza del Hiraikotsu, confirmaron que su misión había terminado. Ese había sido el último monstruo. Cuando su arma regreso a su mano, sonrió complacida al ver su labor bien cumplida.
-"Gracias, taijiya-sama. ¿Cómo podríamos pagarle por sus servicios?"- exclama un aldeano.
-"No será necesario"- menciona alegre, recibiendo a la gatita en sus brazos –"Es un placer ayudar"-
-"El terrateniente le ha invitado a descansar en su palacio. Por favor, le insisto que acepte la invitación"-
-"Es que llevo un poco de prisa"-
-"No aceptaremos una negativa. Sígame"-
Sango termino aceptando debido a su educación, y porque en verdad estaba un poco cansada. No había probado alimento desde la mañana. Y seria una buena oportunidad para que su compañera descansara, así que viéndolo bien, no había inconveniente alguno.
Con el Inugumi
El grupo se dirigía lo más rápidamente posible al lugar donde se había detectado la sangre humana. Su olfato nunca le engañaba y podía detectar que el problema era realmente serio. En ocasiones pasadas se había enfrentado a escorpiones, criaturas bastante salvajes; comprendía su nivel de peligrosidad. Corría a velocidad asombrosa, Kagome bien sujeta para evitar caerse.
-"Date prisa, monje. Ni creas que te vamos a esperar"-
-"Deja de ser tan grosero con el. Recuerda que ahora va a pie, se mas comprensible"-
-"Entonces que mueran los habitantes, me parece un buen cambio"-
-"Tiene razón, ustedes adelántense, los alcanzare"-
-"Al fin te oigo decir algo sabio"-
Cuando llegan a la aldea, se sorprenden al ver como los lugareños ya se encontraban reparando algunas de las viviendas. Sin creerlo, caminan un poco mas, hasta que Kagome se acerca a un par de aldeanos, mostrando su mejor sonrisa, aunque no podía ocultar su asombro. Inuyasha ya la había informado de las consecuencias.
-"Disculpen… pero ¿no había aquí youkai-escorpión?"-
-"Oh, si. Pero una amable taijiya se encargo de exterminarlos"-
-'Taijiya… ¡Sango-chan!'- piensa –"¿Saben si ya se retiro?"- pregunta, sobresaltada.
-"No, sigue aquí. Acepto el alojamiento en el palacio como gratitud por sus servicios"-
-"No hay duda, tiene que ser ella"- indica la chica, caminando a sus amigos.
-"Si, debemos darnos prisa"- apoya el zorro saltando sobre el hombro de la joven.
-"Andando"-
Los tres se alejan en dirección del palacio, provocando una alarma general en el pueblo. Uno de los aldeanos con los que habían hablado, informo sobre la presencia del kitsune y el hanyou. Miroku llego justo a tiempo para escuchar la ubicación de su amada, siguiéndolos de cerca. Todos se apartaban del paso del hanyou, observándole de manera aterrada o sorprendida.
-"Señor Urashima; hay nuevos intrusos en nuestras tierras. Son youkai no identificados, nunca se había visto nada igual"- informa un guardia, inclinándose.
-"Lamentamos mucho tener que recurrir de nuevo a usted"- se disculpa el terrateniente.
-"Descuide, este es mi trabajo. Me haré cargo de todo"- argumenta Sango –"Vamos, Kirara"-
Los guardias del palacio intentaron detener su avance, pero sin conseguirlo; no había nada que pudiera detener al hanyou frenético. Se encontraban actualmente atravesando el jardín, y Kagome comenzaba a asustarse de verdad ante su actitud, pero hasta cierto punto, podía comprenderlo. La ausencia de la taijiya había marcado grandes cambios y diferencias en todos.
-"¡Hiraikotsu!"-
Al oír como se cortaba el viento debido a su velocidad, ejecuta una maniobra evasiva, fallando por poco. La chica se puso pálida al ver la distancia por la cual se salvo; unos milímetros mas, y el daño pudo ser serio. Al recobrar el equilibrio, las orbes doradas se encuentran con las castañas, transmitiendo algo solamente a ella. Impactada, atrapo una vez más su arma sin despegar su vista de sus amigos.
-"¡Sango!!"- gritan al unísono la miko y el kitsune.
