Capitulo IX

Encrucijada


Corria desesperadamente por aquel inestable terreno, las ramas de los arboles y

Corría desesperadamente por aquel inestable terreno, las ramas de los árboles y la hojarasca le impedían poder avanzar más velozmente y alcanzar a su objetivo. Sus ojos brillaban por las lagrimas a las que impedía salir, por no saber cual era la verdadera razón de esta emoción que nacía desde el fondo del corazón; no comprendía si era de felicidad al verlo, o de dolor al saber que aun no había podido lograr traerle de vuelta.

La silueta de Kohaku se movía a gran velocidad, revisando constantemente que la taijiya le siguiera el paso, viendo como se le dificultaba andar por el bosque al no venir con su traje de exterminadora. Tal parecía que las cosas saldrían perfectamente. Una oportunidad como esta, sin duda alguna debía ser aprovechada por completo.

Cuando se hubo asegurado de que estaban lo suficientemente lejos como para que Inuyasha o alguien mas los escuchara detuvo su carrera. Quedo frente a ella, sus ojos esmaltados demostrando que aun seguía en control de Naraku, inexpresivos y fríos, viéndole fijamente.

-"Kohaku… onegai…"-

Las lágrimas de la castaña a este punto eran inevitables. Y la fuerte pesadumbre que sentía al verlo en esas condiciones solo se acrecentó al verle levantar aquella hoz mortal. Ella ya conocía el truco, pero de ninguna manera se permitiría pelear contra su hermano.

-"Naraku-sama me ha enviado para hacer un trato contigo"-

Con Inuyasha y Kagome

A la sensible nariz del hanyou llegaba el aroma inconfundible del ramen que la chica estaba preparando. Sin duda alguna, ella seria la causa de su continua irritabilidad. El pequeño campamento que habían instalado se encontraba en una inusitada tranquilidad, ya que el kogitsune se hallaba jugando con sus juguetes un poco alejado, pero siempre bajo el ojo vigía de Inuyasha. Pero algo andaba incorrecto a su parecer.

-"Shippou-chan"- llama la miko –"Ya esta la cena"-

-"¡Yay!"-

Alegre, el zorrito se acerca corriendo, dispuesto a ser el primero en recibir su porción necesaria de alimentos y de ser posible, acabar con la ración de Inuyasha también. El ojidorado se encontraba bastante intranquilo, sus instintos le indicaban estar alerta, pero sus sentidos no daban la indicación de algún peligro, cosa que lo confundía de sobremanera.

Sus ojos vagaron por el campamento, atento a cada movimiento de cada uno de sus compañeros de viaje. Dio un resoplido bajo al posar su mirada en Kagome. Le costaría mucho poder volver a confiar en ella como solía. Vio sin interés como Shippou intentaba comer más de lo que le correspondía, pero para una vez, realmente no le importaba. Busco en cambio a la taijiya, no lo admitiría, pero su mirada le brindaba cierta paz. Recorrió toda el área, alarmándose completamente al no verla por ningún lado.

-"Oe, Kagome"-

-"Ahora que quieres"-

Reprimió un gruñido ante su tono. Pero no era momento de pelear con la colegiala.

-"¿Has visto a Sango?"-

-"No. Supuse que estaría cerca de ti, como la proteges demasiado"-

-"Si te pregunto es por algo"-

Le cayó como un balde… era completamente imposible que la haya perdido de vista así, tan fácilmente. De acuerdo, andaba enojado con ella después de intentar violar su autoridad, pero la exterminadora jamás se iría de esa manera, sobre todo porque dudaba mucho que fuera a causa de su última discusión. Completamente absurdo. Se maldijo una y otra vez, esto era justamente sobre lo que le alertaba su instinto…

-"Inuyasha… ¿estas bien?"-

Finalmente se había concentrado, respirando hondo y tomando nota de cualquier cosa que fuera diferente en el ambiente.

-"¿Detectas algún fragmento de Shikon?"- pide seriamente.

La joven miko cierra los ojos, poniendo toda su atención en la tarea encomendada, aunque un poco confundida. Segundos después los abre, entre asustada y sorprendida. Le mira de manera triste, olvidando por completo su enojo.

-"En cuanto detecte la presencia del fragmento… desapareció… es muy extraño"-

-"¿Cuántos eran?"-

-"Un solo fragmento…"-

-"No es posible…"- piensa alarmado –"¿En que dirección?"-

-"En el este, ya habíamos pasado por ahí… pero no detecte nada en ese momento"-

-"Tenemos que darnos prisa"-

Inuyasha le dio el tiempo suficiente como para que recogiera sus cosas y después emprender la carrera hacia la dirección que le indicara la chica. Corría tan rápido como sus piernas y Kagome se lo permitieran, no había tiempo que perder. Esa punzada tan familiar le indicaba que iban en el camino correcto, cosa que le perturbo aun más.

Ella le miraba de manera dolida. Es cierto que cuando ella se encontraba en peligro en el pasado, acudía a su rescate de manera veloz, pero detectaba algo diferente en cuanto se trataba de Sango. No importaba cuantas veces lo afirmara, aun le costaba creer que el hanyou solo demostraba otro lado suyo a su mejor amiga. Eso era frustrante.

-"¿Qué tan lejos estamos?"-

Su voz la trajo a la realidad, y le indico que aun faltaban unos cuantos metros. Escucho su gruñido de protesta, y aumento aun más su velocidad. Kagome se sentía completamente fuera de lugar, pero se recordó a si misma que su amiga se encontraba en peligro, y ella lo único que hacia era quejarse de su mala suerte en el amor.

-"Inuyasha, ¡detente!"- grita alarmada.

El aludido le hace caso, tomando nota del miedo en su voz. Baja de el inmediatamente, y lanza una pequeña piedra que tiene cerca, impactando contra algo aparentemente sólido, haciendo rebotar la piedra con una fuerza impresionante.

-"Lo que me temía… hay un campo de energía protegiendo lo que sea que haya dentro"-

-"Brillante observación…"-

-"Y el fragmento se encuentra dentro"-

-"Grrrr… nada que la Tessaiga Roja no pueda derribar"- exclama, empuñándola.

-"¡Chotto matte!"-

Se coloca enfrente de él, bloqueándole el paso.

-"¿Acaso estas loca?"- gruñe impaciente –"Sango esta del otro lado y"-

-"Esto es mas que un campo creado por Naraku"- comienza ella –"La energía que lo protege no tiene comparación, es una perfecta mezcla entre pureza y maldad"-

-"¿Qué estupideces andas diciendo?"-

-"Lo pondré sencillo: no hay manera de quebrantarla. Miroku-sama ya me había hablado de esto. Ni siquiera Naraku podría quebrantarla"-

Inuyasha mira al bosque que se mostraba frente a el, incapaz de creer en las palabras de la miko. Al dar un solo paso mas, una fuerte energía lo mando de regreso, estrellándolo contra un árbol 100 metros atrás de el. Gañó en dolor al percatarse de que sus pies habían sido quemados. Parecía la fuerza de una flecha purificadora de Kikyou.

-"Chikuso… Sango…"-

En el templo de Mushin

Miroku recorría una y otra vez el corredor, se le veía completamente preocupado, más bien atemorizado. Un pequeño mantra se repetía constantemente en su cabeza, diciéndose a si mismo que nada había pasado, que ese asqueroso hanyou no se quedaría con lo mas preciado para el. Pero… el en verdad le había fallado… no había logrado ser la persona que Sango se merecía… simplemente ya no podía dejar ese hábito.

Si de sinceridad se trataba, desde que le propuso matrimonio, se había prometido a si mismo que finalmente cambiaria, ya que en realidad la amaba. Sin embargo, fue justo en ese momento cuando más mujeres comenzaron a prestarle aun más atención, y no pudo resistir la tentación. La primera semana había sido completamente sencillo, y eso fue lo le brindo las esperanzas de poder cambiar para bien. Depuse de eso, comprendió que esa era definitivamente una misión imposible. Y lamentaba eso, pero no podía evitarlo.

Al recordar eso… se dio cuenta de quien había sido la causante de su malestar ahora… pero aun no entraba en su cabeza como es que Sango lo había descubierto. Tenia todo perfectamente planeado, no podía existir ningún tipo de error en sus cálculos. Aunque claro esta, ese hanyou bien pudo haber creado alguna estratagema para delatarme. Maldición… eso seria algo contra lo que no podría combatir. Sin mencionar que no quería darle gusto a Inuyasha, aun cuando muy a su pesar, el tenia la razón.

Le dolía en verdad el hecho de que el pudiera ser todo lo que la joven castaña pidiera en un hombre, y no permanecer a su lado por causa suya. Comprendía perfectamente el porque se merecía la maldición en la mano, porque no podría estar con ella aun cuando eso fuera lo que mas deseaba… algo que no había sucedido desde la muerte de su padre hizo presencia en el: lagrimas de dolor y frustración al saber que las cosas jamás volverían a ser como antes. Su desesperación era demasiada. Efectivamente, el había estado engañando a Sango de manera casi inmediata a la proposición de casarse y eso era, porque la joven con la que resulto serle infiel a la taijiya, era nada mas y nada menos que Koharu.

Mushin lo observa silenciosamente, este no era el momento perfecto para interrumpirle. El ya conocía lo que sentía por aquella taijiya, no había sido ningún secreto, de hecho, el mismo Miroku le había pedido consejo, puesto que su interés por ella, esta vez iba mas allá de tener una simple relación carnal que le permitiera continuar con su descendencia. Pero mucho a su desgracia, el daño ya estaba hecho, no podía hacer mas para cambiarlo.

-"Ya esta todo preparado, es hora de ver el daño en tu mano"-

Recobra la compostura tan rápido como puede, y se levanta para seguirlo por aquellos pasillos, en completo silencio y aun meditando. Recordó lo que tenia que hacer antes, y excusándose, se dirige a la cascada para darse un baño purificador. El viejo monje da un exagerado suspiro, viendo fijamente al joven. Fue entonces cuando recordó que su discípulo había llegado en la neko de fuego. Le mira de reojo, notándola sentada, viendo fijamente al cielo. Hasta se podría decir que irritada por estar ahí.

Kirara no despegaba sus ojos del cielo. Ciertamente le molestaba permanecer cerca de aquel monje que tan solo le daba tristezas a su dueña. De hecho, aunque no quisiera admitirlo a Sango, ella se inclinaba más por Inuyasha. Respetaba al monje como guerrero, pero al verlo como un ser humano, era una diferente historia. Siendo honestos, ella jamás le había dado tanta confianza, y su compañera siempre estaba de mal humor cuando le tenía cerca por sus maneras lujuriosas. Jamás entendería a los humanos. Aunque debía reconocer, que se había sentido un poco mal al ver las lágrimas de Miroku, se recordó inmediatamente que esa era la prueba inequívoca de que en realidad la había estado engañando. Imperdonable.

Observa como se internan en el templo, para dar curación finalmente a sus heridas. Da un maullido débil, en señal de que esperaba que Sango estuviera bien sin ella. Constantemente se encontraba intranquila, tenia la sensación de que algo malo podría pasar. Sacudió su pequeña cabeza, tenia la confianza de que Inuyasha se encargaría de protegerla en su lugar, después de todo, confiaba plenamente en el.

Después de aproximadamente quince minutos, Mushin sale, su expresión entre seria y preocupada. Ya le había ayudado una vez, advirtiéndole que la herida en su mano podría convertirse en un serio problema si no se andaba con más cuidado. Ciertamente el no sabia seguir instrucciones. Y después de escuchar el porque había conseguido un daño como ese, también le alarmo. Las cosas no andaban para nada bien en el grupo en el que viajaba.

En el bosque, con Sango

Ella le miraba ahora de manera recelosa, pero sin que las lágrimas dejaran de fluir incontrolablemente por su rostro. No contaba con que Naraku le quisiera de nuevo para alguno de sus trucos sucios. ¿Es que acaso no bastaba con todo el dolor que ya había sufrido a causa suya?

-"¿Qué te hace pensar que aceptare cualquier cosa que me propongas?"- pide molesta, preparando su Hiraikotsu.

-"Se que no accederías por las buenas, taijiya"-

La siniestra voz de Naraku le hizo ponerse totalmente alerta. Estaba completamente sola, y sin ninguna oportunidad de poder salir airosa de esta batalla. Pero no le daría la satisfacción de verla asustada.

-"Pero de ti dependerán muchas cosas ahora"-

-"Explícate"-

Aquella blanca piel de mandril apareció justo al lado del chico, en su rostro se distinguía una sonrisa maquiavélica, las cosas esta vez jugarían a su favor.

-"Veras, aquí mi colega Kohaku, ha reunido información interesante, y Kanna me hizo el favor de comprobármelo"-

-"Al grano"-

-"Por lo que con una simple decisión tuya, podrás recuperar a tu hermano, con sus recuerdos y todo"-

-"En caso de que creyera tus mentiras, ¿qué es lo que quieres a cambio? Sabes muy bien que con mi hermano en tus manos, no puedo hacer nada en tu contra"-

-"Mi querida Sango, la única que sale ganando en este trato eres tu. El favor es completamente simple. Pero como un acto que de veracidad a mis palabras, haré que tu hermano recuerde todo inmediatamente"-

Coloco una de sus manos sobre su hombro, a lo cual el chico dio un respingo inmediato, y cayo de rodillas, sujetando su cabeza con fuerza. Ella se asusto completamente al verle así.

-"Ane-ue…"-

Dejo su boomerang caer al suelo sin ningún reparo, viendo aquellos inocentes ojos mirándole con culpabilidad, vergüenza y un sin fin de emociones encontradas. Aun a sabiendas de que esto podría ser una trampa como en casos anteriores, su corazón solo le indicaba que su pequeño hermano estaba frente a ella, como un niño perdido.

-"Es muy simple la decisión que debes de tomar"- sonríe con suficiencia.

Truena sus dedos, y Kagura aparece de inmediato a su lado, trayendo dos cuerpos consigo y dejándolos frente a Sango. Ella se cubre la boca, incapaz de asimilar lo que le mostraban sus ojos. Y es que la Kaze Tsukai, dejo en el suelo como cual costal, los cuerpos inmóviles de Inuyasha y Miroku.

-"Sango…"- dijeron al unísono.

-"Dime quien de los dos merece morir en este mismo momento"-

Su expresión en definitiva no podría describirse. Veía a ambos con dolor en sus ojos. No existía manera alguna en que diera una respuesta a tan horrorosa pregunta. Sabia que este era un truco demasiado habilidoso, uno en el cual, de cualquier manera ella terminaría perdiendo. Robar una espada era una cosa; dictar la sentencia de muerte de cualquiera de ellos, solo la convertiría en algo como Naraku.

-"Si tu respondes"- dice al verla horrorizada –"Impedirás que complete la perla. Kohaku la necesita para seguir viviendo, ¿recuerdas?"-

-"Hermana… no lo escuches…"- decía el chico con miedo evidente.

-"La decisión es tuya, Sango. Te libras de la persona a la cual odias por haberte hecho daño, que por cierto ambos lo hicieron a su manera"- ríe divertido –"Recuperas a tu hermano y frustras mis planes, siendo tu, yo aceptaría la oferta"-

-"De ninguna manera"-

Su respuesta le sorprendió.

-"Jamás accedería a lo que me pides, sin mencionar que no creo que tengas en tus manos a mis amigos"-

-"En eso tienes razón, taijiya"-

Los cuerpos desaparecen, la mirada de Kagura clavada en sus ojos chocolate, cosa que la desconcertó por completo. Eso indicaba que lo peor aun no llegaba.

-"Tu hermano tiene su memoria de vuelta. Y ya conoces cual es mi petición. Pero para cerrar el trato, eres tu quien debe traerme el cadáver quien hayas elegido su muerte"-

-"¡De ninguna manera!!"- grita alterada al máximo –"Naraku… ¡esto es lo mas despreciable que has hecho!!"-

-"Te recomiendo que decidas pronto, mientras, aun me quedare con Kohaku"-

Comenzó a formarse aquella esfera a su alrededor, trayendo a su sirvienta consigo, así como a un asustado joven, gritando aterrado por su hermana, por su vida, por seguirle causando dolor a la persona que quedaba de su familia, por el daño que seguiría ocasionando…

-"Decide sabiamente, Sango"-

Sin mas, desaparece por completo, dejándola sola y desamparada una vez mas. Lloraba desconsoladamente y estaba demasiado perturbada para pensar claramente en que era lo que debía de hacer. ¿Acaso la vida de su hermano valía mas que la de cualquier otra persona? La carga que había sido colocada en sus hombros, era inimaginable. Era evidente que no accedería a lo que se le había pedido, pero tampoco podría abandonar a su hermano. Una completa encrucijada.

Con Inuyasha y Kagome

Habían estado ahí todo el día, aun buscando alguna manera de poder entrar en aquel campo de protección. Desde hacia horas que el hanyou había perdido toda paciencia, e intento penetrar la barrera por todos los medios que se le vinieran a la mente. Su Tessaiga incluso perdió la capacidad de transformarse, provocando mayor frustración en el ojidorado, quien decidió romperla aun siendo con sus garras.

Kagome, por su parte, lanzaba flechas purificadoras, esperando que reaccionaran a la pureza misma del campo, siendo fallidos todos sus intentos, y quedándose sin como atacar, pues al tocarla, creaban una pequeña explosión en donde las armas de la miko quedaban completamente destruidas.

-"Inuyasha… tus manos están dejando de curarse, onegai, detente cinco minutos"- abogaba la pelinegra.

-"Sango esta dentro, no pienso detenerme"-

Sus palabras aun dolían, pero concordaba con el. No había señales de que la taijiya saldría en cualquier momento pronto. Shippou se unió a los frenéticos intentos de su amigo con su fuego de zorro, pero obteniendo el mismo resultado que ellos. La decepción era general, y cuando estaba dispuesto a descansar por tres segundos, una cegadora luz ilumino el bosque completamente.

Todos se cubrieron los ojos como pudieron, pero los sentidos del mitad bestia estaban más atentos que nunca. Un minuto después, se escucharon unos pasos aproximándose a ellos. Cuando la luz había desaparecido, observaron como su amiga se acercaba lentamente, con la mirada baja pero…

-"¡Sango!!"-

La voz del pequeño demonio la hizo reaccionar, y le recibió en brazos, llorando sobre el. La miro confundido, y solo le decía palabras amistosas con la esperanza de hacerla sentir mejor, siendo empático con ella, también comenzó a llorar desconsolado.

-"Nos tenias muy preocupados"- murmura entre sollozos.

-"Lo siento mucho, Shippou-chan…"-

-"Gracias a Kami-sama que estas bien. Me diste un susto mortal- agrego la chica, viendo como Sango aun no se tranquilizaba.

-"Sango…"-

La voz de Inuyasha la hizo detenerse por completo. No podía mirarle ahora a la cara. Era demasiada la vergüenza y el dolor que ese simple acto traería consigo. El podía detectarlo, estaba completamente perturbada, como si hubiera visto de nuevo la matanza de sus familiares y amigos.

Cayendo en cuenta de aquella mirada, Kagome toma al zorrito y se aleja un poco, dándole la oportunidad a Inuyasha la oportunidad de acercarse sin interrupción alguna. El agradece silenciosamente ese gesto, y se inclina hasta quedar a su altura, para después abrazarla firmemente.

-"Tranquila, ya todo paso"-

Sus palabras solo dieron cuerda a su llanto, y esta vez se aferro a el, como si soltarlo fuera lo mismo que morir en aquel momento. Necesitaba recuperar su confianza, una razón que le permitiera elegir de manera correcta, una razón… para no tener que matar a cualquiera de las dos personas que se peleaban día a día por su cariño.

-"Inuyasha…"-

-"Yo estaré siempre contigo, Sango, perdóname por no darme cuenta antes… ¿el imbécil de Naraku estaba contigo?"- gruño iracundo.

Su reacción la asusto aun mas, y se alejo, abrazándose a si misma para encontrar comodidad.

-"¡No la asustes!! Kami sabe que fue lo que habrá pasado, no empeores las cosas"- regaña Kagome.

-"¡Dime si ese malnacido se atrevió a hacerte daño!! De ser así te juro que esta vez si le daré su lección a ese pedazo de escoria"-

-"Tranquilízate, Inuyasha"-

-"Gomen nasai…"-

Antes de que alguien pudiera hacer algo, la espada de Sango había atravesado el estomago de Inuyasha, quien le miraba entre dolido, confundido, asustado… la herida en si no era lo que le lastimaba en esos momentos.

-"No tengo otra opción… así las cosas deben ser…"-