¡Sumimasen!!! me siento fatal por no haber publicado esto antes, y me lamento aun más al pensar que es corto (al menos para mi gusto... T-T) pero espero que en verdad lo disfruten, este capi va dedicado a los que se han molestado en dejarme un review, me inspira y me trae loca al pensar que no les había cumplido antes, ahora si, a la historia... bueno, viéndolo creo que nunca he escrito el disclaimer, pero esta será la mejor oportunidad de ello: obviamente, Inuyasha y ningún personaje me pertenece (solo mi Inu y Miroku de peluche ^-^), pero que bien me entretengo con ellos al escribir que pudo haber pasado jajaja XD


Capítulo XI

Una difícil decisión


Las palabras murieron en su garganta. No sabia como reaccionar ante los nuevos eventos, sobretodo porque que la chica había caído de rodillas, esperando a que en cualquier momento se decidiera a darle el golpe de gracia que tanto anhelaba y merecía. La voz de Kagome le llegaba de manera distante, aun cuando la miko se acercaba corriendo a el, lo más rápido que sus piernas le permitían.

-¡No te atrevas a hacerle daño, Inuyasha!!- gritaba a todo pulmón.

El se encontraba completamente paralizado. Su espada apuntaba directamente al cuello de la taijiya, quedando a su altura en cuanto ella se dejó caer al suelo. La castaña observaba de reojo como su amiga intentaba acercarse a ellos. Y como el houshi no daba crédito a lo que veía, pero igualmente se había levantado a detener semejante locura.

Gruño por lo bajo, recurriendo solamente al ultimo método que le quedaba. Si bien sabía que el hanyou no seria capaz de herirla, aun cuando la situación lo ameritase, tendría que darse una "autoayuda". La destreza de sus movimientos, impactó a todos los presentes. Con velocidad, se había adueñado del brazo del ojidorado, haciendo que este hiciera el movimiento de rajar su garganta. Cuando reaccionó el portador de la espada youkai, sus iris destellaban la emoción de la ira, y sin poder contenerse, le dio un puñetazo en el rostro, alejándola de su arma, que posteriormente también fue lanzada.

-¡¿En que estabas pensando, estúpida?!!- grita iracundo –Jamás creí que cayeras tan bajo, taijiya-

La aludida ni siquiera levantó el rostro, provocando la mayor frustración de Inuyasha. Instintivamente, su mano se dirigió a su cuello, donde la sangre comenzaba a emanar lenta, pero ardientemente. La herida no había sido profunda ni grande, pero aun así era de cuidado. El hanyou no podía creer lo que había hecho su anterior compañera de batalla. Observo su mano, con la cual la había golpeado sin pensar. Aquella blanca mejilla se encontraba amoratada, dando a entender claramente cuanto había sido el daño del impacto, pero de lastimarle, no daba muestras de ello.

Se sintió impotente ante la imagen que tenia frente a el, la debilidad que demostraba la taijiya, el poco temple que ejerció en él mismo, los ojos atónitos de Miroku al presenciar semejante acción, y la voz llorosa de la joven miko que resonaba sin compasión en sus oídos.

-¡Inuyasha! No puedo creer que hayas sido capaz de herirla- el grito de Kagome lo saco de su ensoñación –La pobre anda demasiado nerviosa... esto no es bueno...-

El joven no hizo amago de acercarse a ellas, ni tenía el valor para mirarlas. El se encontraba igual o más turbado que la chica futurista. Y fue por eso mismo que no pudo prevenirse ante un inusitado movimiento. Kagome escucho como algo caía al suelo, no comprendiendo que era lo que había pasado. Grande fue su sorpresa al percatarse de que aquel ruido había sido producto de Inuyasha, después del puñetazo que el houshi le propino, preso de la ira del momento.

-Debemos curarle pronto- exclama antes de que continuara su ataque. Su atención se centra en su mejor amiga -¿En qué demonios pensabas, Sango? No comprendo porque actuaste tan imprudente-

Sus manos temblaban al rodearle el delicado cuello con las vendas que había obtenido de su mochila.

-Gomen... K... Kagome-chan...- le costaba hablar –Me lo… merecía…-

-No digas tonterías, de hecho, no hables necesitas descansar-

-Yo... debo morir...-

-Sango, onegai... detente...-

-Kohaku... vida por vida...-

-¡Sango, reacciona!-

Ajeno a lo demás, aquellos ojos índigo solo se enfocaban al caído delante de el. Viéndolo con desprecio, a pesar de no recibir ninguna mirada o contestación de su parte.

-¡Imbécil!- grita Miroku a todo pulmón –Maldito bastardo, ¿cómo te atreves a golpear a Sango de tal manera? Nunca creí que tú realmente fueras capaz de caer tan bajo. Eso solo me demuestra lo que realmente eres... un demonio sin alma-

-Miroku-sama... ¡basta!- implora la pelinegra con la taijiya en brazos –No tiene caso que discuta en estos momentos. Lo que necesitamos es llevar a Sango a la aldea de Kaede, aquí no puedo hacer mucho por ella. ¡Kirara!-

La gatita atiende a su llamado, transformándose al llegar a su lado.

-Ayúdame a levantarla- le indica. Ella solo gruñe débilmente –No te preocupes, solo se ha desmayado-

Con dolor y coraje, se percata de que ninguno se ha movido de su sitio.

-Kirara y yo nos adelantaremos, en vista de que no piensan hacer nada. Ya saben a donde deben llegar-

Sin mas, emprenden el vuelo, la miko triste y preocupada tanto por la chica en sus brazos como por los compañeros que dejaba atrás. Podía verlo, si los dejaba solos, quizá podrían entenderse, sin la necesidad de matarse.

-"Confiare en ello..."-

Una vez estuvo lo suficientemente lejos de su vista, Miroku volvió a su asalto verbal. La impotencia y el dolor emanaba de cada poro de su ser.

-Esto no quedara así, Inuyasha. Me vengare en nombre de Sango- menciona con desprecio –Jamás vuelvas a decir que tienes algún tipo de interés en ella, porque todo lo que digas al respecto será pura falacia. Nunca podré confiarte a Sango de nuevo-

-¿Quién te crees para decirme algo así?- pide con una inusual y mansa voz, cosa que el monje prefiere ignorar sin menguar su coraje.

-Una persona que se preocupa profundamente por la mujer a la que amo- afirma con seguridad –Aun cuando ella no me corresponderá de ninguna manera...- agrega débilmente.

Inuyasha le mira con algo de dolor contenido. Quizá ese monje hentai tenía algo de razón. Ciertamente el también la amaba, sin embargo, de alguna manera era el siempre quien terminaba haciéndole mas daño que cualquiera de las infidelidades de Miroku. Como es irónica la vida.

-No lo entiendo, Miroku...- susurra débilmente –Jamás me imagine que las cosas llegarían a este extremo entre nosotros. Y de no ser suficiente con nosotros, ahora hasta Naraku se ha incluido a la discusión-

-Kagome-sama me comento algo al respecto, pero no hay nada concreto ¿cierto?-

-Hai... y eso es lo que más me frustra-

-No sabemos con exactitud que es lo que le habrá dicho Naraku en esta ocasión. La ha perturbado inclusive más que cuando te robo la Tessaiga-

-Puedo intuirlo- responde el hanyou con frialdad –El muy desgraciado la ha amenazado y pienso descubrir cuales son sus planes esta ocasión. Debe ser algo especialmente comprometedor si la ha obligado inclusive a cometer suicidio. Eso no es común en ella. Se dejo derrotar de una manera deplorable... y en un momento de debilidad quizá yo...-

-No es momento de que te lamentes por ello. Además, debemos ser más cautelosos, ya que la situación sólo nos acarrea a nosotros, curiosamente. Se me hace demasiado sospechoso que nos obligara a pelear a ambos en su contra. Si analizamos bien la situación, desde un inicio era una misión suicida. De haberla atacado...-

-Ahora comprendes un poco más lo que paso. Yo me negué a atacarla, ella debió ver la duda en mí. Y por esa misma razón, intento que Tessaiga le infringiera un daño considerable-

-Segundo punto sospechoso. Se supone que tu espada fue creada para proteger a los humanos. Entonces no acabo de comprender el porque fue capaz de herir a Sango-

-Averiguare todo lo que sea necesario. Odio que haya adoptado una actitud tan sumisa y patética ante tal situación-

-No podemos presionarla, Inuyasha. Acabaríamos dañándola más de lo que ya esta. Sin mencionar que forzarla a decir algo terminaremos por empeorar las cosas-

-¿Mas? ¿Dañarla mas?- pide con sorna –No me vengas con esas, Miroku. ¡Me imploro que la matara! Y peor aun, intento atravesarse la garganta con Tessaiga justo con mi brazo... eso ya no puede ser normal... y tampoco podemos dejar que ella nos lo diga cuando le apetezca. Ella me amenazo... antes de que tú regresaras. Ahora no comprendo porque viene a mí a pedir fin a su sufrimiento, no lo comprendo...-

-Aun cuando me hiere reconocerlo- menciona sentándose a su lado –Ella te tiene un mayor aprecio y respeto-

-¿A que quieres llegar?- pide receloso.

-Creo que tú eres el indicado para obtener la información que necesitamos. A pesar de ser una taijiya, ha llegado a admirarte, Inuyasha. Si supieras como, creo que tú podrías ser con quien ella necesite hablar. Kagome-sama puede ser su mejor amiga, pero no comprendería a la perfección sus sentimientos. En cambio, ustedes tienen muchas cosas en común. Creo que tú... eres... el indicado-

El tono de su voz llamo la atención del ojidorado. Miro de reojo a su compañero, no comprendiendo el porque se encontraba diciéndole esas palabras cuando todo el conflicto entre ellos surgió directamente de sus emociones. De alguna manera, le hería el pensar que indirectamente estaba dañando al que solía llamar mejor amigo. Y extrañamente comprendió muchas cosas con tan solo poner sus ojos ambarinos en los suyos.

-Se que sonara poco creíble, pero de verdad me sorprende hasta que niveles ha llegado esta rivalidad y cuantos hemos resultado dañados por lo mismo. E inclusive ese asqueroso bastardo ha metido sus narices. La actitud tan anormal de Sango se debe a eso, seguro-

-Debo concordar en ello. Pero sin duda, el querer matarse ya debió ser decisión suya. Y eso es lo que me preocupa en realidad- argumenta el houshi –En nuestras manos ya no queda. La decisión Serra solo suya, pero en lo que podamos ser útiles, no dudemos-

-Tienes razón-

El monje se levanta y sacude el polvo de sus ropas. Inuyasha le mira detenidamente. Podrá ser un lujurioso, pero ese monje posee algunas cualidades de las que el carece, y hasta cierto punto no puede evitar envidiar.

-Tendremos una tregua, al menos hasta que Sango vuelva a ser la misma de siempre. ¿Estas de acuerdo, Inuyasha?-

Da un leve asentimiento con la cabeza, incorporándose también y estirando sus músculos contraídos. Ya había pasado mucho tiempo desde que las chicas se hubieran ido, y sobre todo, ya no habían hablado tan serenamente desde que toda la controversia comenzó. Eso los relajaba de alguna manera, y liberaban la tensión acumulada de tanto tiempo. Ambos agradecían silenciosamente que todo quedara en un pacto de paz, aunque fuere temporal.

En la aldea de Kaede

Kirara no tardo lo acostumbrado en regresar. Interiormente se preguntaba que era lo que había pasado mientras ella estuvo fuera con el monje, le inquietaba la extraña actitud de su ama, sin mencionar que incluso ella lo dudo en el momento en que la vio clavarse aquella espada. Se mantuvo al margen para permitirle una mejor desenvoltura, pero no dejaba de culparse por lo ocurrido. La miko vio su afligida figura pequeña, agazaparse en el rincón de la habitación donde la vieja sacerdotisa se encargaba de curar lo mejor posible la herida con las diferentes hierbas medicinales. Entretanto, Kagome había ido fugazmente a su época, esperando traer alguna medicina que igualmente pudiera ayudarle.

-¿Qué es lo que ha pasado?- se pregunta en voz alta.

La felina reacciona al escuchar su voz, pero se desanima al ver nuevamente la figura dormida de Sango. Era la primera vez que realmente le había fallado, y eso le deprimía de alguna manera.

-No tienes porque sentirte mal, Kirara- escucho a la mujer mayor –Ya todos veíamos venir la extraña actitud de Sango, aunque no comprendo en que estaba pensando esta chica al intentar matarse-

-Meow...-

-Descuida, ya esta fuera de peligro, pero algo me dice que estará algún tiempo en reposo. Como me gustaría que alguien me explicara muy bien lo que ha pasado-

Transcurrieron al menos otras dos horas y ninguno de los viajeros daba señal de aparecerse en cualquier momento pronto. Kaede suspiro tristemente por milésima vez. La youkai actualmente se encontraba al lado de su compañera, velando su sueño, y disculpándose con ella de una manera que solo Sango podría comprender, aun inconsciente. A la miko le dolía ver así a la felina, pues se notaba en demasía cuanta era su preocupación. Y ella compartía esa emoción, y no solo por la taijiya, sino también por todos los demás, pensando en los peligros que les aguardaban. Se alivio al escuchar un sonido en la entrada.

-¿Cómo se encuentra?- pide el joven houshi.

-He detenido la hemorragia, ahora solo se encuentra descansando-

-Gracias a Kami-sama esta bien-

-Miroku-sama...quisiera preguntarle que es lo que ocurrió como para que ella llegara en este estado. Kagome no pudo darme muchos detalles, salio inmediatamente para su época en busca de alguna medicina-

-Comprendo... lamentablemente yo tampoco puedo decirle mucho. Solo se que en esta ocasión el maldito de Naraku esta involucrado-

-No es posible... ¿le hizo algo a Sango?-

-No estamos muy seguros. Inuyasha cree que fue amenazada nuevamente, aunque no conocemos el porque-

-Esto se esta complicando cada vez mas. Lo que mas me sorprende es que este usando a Sango en vez de Kagome como carnada para atraer la atención de Inuyasha, es muy extraño-

El joven murmura algo ininteligible. Ella le mira mal, cosa que le pone nervioso.

-Será porque ahora toda la atención de ese hanyou se "centra" en Sango-

-Eso es algo que había olvidado. Y tus palabras me dan a entender que aun no han llegado a una solución ¿verdad?-

-Desgraciadamente así es. Aunque acordamos una tregua, al menos hasta que descubramos cuales son los planes de ese adefesio-

-Ya veo... por cierto ¿en donde esta Inuyasha?-

-Dijo que iría al Goshinboku a pensar un rato, aunque a estas alturas ya debió ir tras Kagome-sama-

-Lo más probable-

-¿No se ha despegado de ella?- cuestiona señalando a la neko.

Kaede centra su atención en las compañeras inseparables de batalla, viéndolas con tristeza. Asiente levemente a la pregunta, no quitando sus ojos de ellas.

-Si y sinceramente estoy preocupada. Jamás la había visto de esta manera-

-Debe culparnos a nosotros. O a ella misma-

-Espero que ya no tarden los demás para poder cenar y discutir lo ocurrido con calma-

Con Kagome

La chica subía corriendo las escaleras que daban al templo. Le había costado bastante, pero finalmente había conseguido un ungüento especial para poder tratar la posible cicatriz que le quedaría a su amiga. Además de obtener nuevos medicamentos que les fueran muy útiles en el Sengoku Jidai. Aun después de varias horas, se encontraba completamente alterada por todo lo que había visto. Fue escalofriante pensar que pudo perder a su mejor amiga técnicamente a manos de su ahora amor imposible. Demasiado irreal como para creerlo.

Dirigió una mirada fugaz al pozo escondido, ansiando ya pronto volver con sus amigos. La llamo la atención el hecho de que su hanyou no hubiera ido a buscarla ya. Esperaba de todo corazón que finalmente hubieran hecho las paces y las cosas volvieran a la normalidad entre ellos. Quizá lo único que no conseguiría era tener un presente tan similar al pasado, en donde solo eran Inuyasha y ella. Suspiro, lastima que la realidad iba a ser muy diferente. Llego hasta la entrada de su casa, caminando con calma hasta la estancia, donde casi se cae de espaldas debido a la presencia ajena a la casa, jugando con el regordete gato, Buyo.

-¿Cómo diantres es que estas aquí?-

-Escuche de la vieja Kaede que habías venido por algunas medicinas, pero que ya llevabas un gran rato sin regresar-

-Ehh... si, lamento eso. Solo que creí que necesitaban tiempo con Sango, además de que no encontraba la medicina que quería-

-¡Keh! Después de todo, solo llegamos a una tregua- menciona sin mirarla siquiera.

-Al menos eso es mejor que nada-

-Regresemos, se esta haciendo tarde, sin mencionar que todos andan preocupados por ti-

-Si, adelántate, iré por algunas cosas más y te alcanzare-

-Mientras no tardes como acostumbras, puedo esperarte-

-Grosero- le da un golpe.

-¡Itai!!-

Aun algo molesta, le deja y se encamina a su habitación, recoge su gran mochila amarilla y empieza a guardar entre otras cosas, la medicina que había comprado y algunos libros. Decirle en estos momentos al ojidorado que pronto seria la temporada de exámenes seguramente no le caería nada en gracia, además ella tampoco quería dejar a su amiga en un estado tan vulnerable. Primero se aseguraba que se encontraba en perfectas condiciones para que pudiera quedarse en su casa de manera tranquila y poder estudiar mejor.

Baja de inmediato las escaleras, mirando con un deje de tristeza al hanyou. Efectivamente, el se había quedado a esperarla y en el fondo, agradecía esa acción. Aunque de la misma manera temía que no fuera por las razones que deseaba. Se sentó a su lado, y con la mirada le incitaba a que hablara. No importa que tan mal pudieran llevarse debido a sus tontas discusiones; no dejaban de ser amigos, y Kagome conocía ya algunas reacciones suyas como para saber que algo rondaba por su mente. No todo entre ellos había cambiado.

-Inuyasha…-

-¿Crees que en realidad deseaba que la matara?-

-Pues… - la pregunta la descoloco un poco –más bien creo que fue un momento de debilidad, ese Naraku debió haberle hecho algo-

-Tú sabes que no fue mi intención dañarla-

-Claro que lo se, ya no fue cuestión tuya-

-Pero después de lo que hizo, tengo una irritante sensación de hacerlo…-

-No puedes pensar eso. Sango simplemente busco una manera de poder liberarse del dolor que le agobia, pero confío en que aun tiene la suficiente cordura como para no dejarse derrotar-

-La viste- sus palabras iban cargadas de dolor –Le tiene sin ningún cuidado lo que pase con nosotros después. Es imposible que crea que todo será como si nada sucediera-

-Yo no creo eso-

La chica se levanto y salio hacia el amplio patio del templo. El hanyou no tardo en seguirla.

-Sango no quiere ocasionar más dolor. Ella cree que si desapareciera todo seria como antes-

-Y todos sabemos que no seria así-

-Comprendo que ambos la quieran en demasía. Y si me pongo a pensarlo mejor, lo hace para evitar mayores conflictos. Podríamos decir que su intención es buena, pero su método no es el indicado. Lo que debemos hacer antes que otra cosa, es descubrir que fue lo que le dijo Naraku. Porque fue a partir de ese momento que los ataco, tanto a ti como a Miroku y después… suicidarse…- detuvo su andar, ¡tenemos que volver con ellos!-

-¿De que demonios hablas?-

-Espero equivocarme, pero tengo un mal presentimiento. Por favor, vámonos-

-Mas vale que tengas una buena explicación para ello-

-No hay tiempo para eso ¡en marcha!-

Sengoku Jidai

Kaede terminaba de cambiar los vendajes que le había dejado la pelinegra. Observaba con interés a la joven taijiya, no creyendo todo lo que le había contado el monje. Definitivamente algo no cuadraba en todo ello. Se dispuso a salir de la pequeña choza que les había proporcionado para que pudieran descansar, viendo al monje de reojo. Lamentaba mucho que tuvieran que estar pasando por tantas dificultades. Mientras ese hibrido continuara existiendo, el grupo se vería forzado a soportar semejante dolor durante su viaje. Después de una ultima inspección de que todo estuviera en orden, salio.

El tiempo avanzaba lentamente, al menos para el gusto de Sango. Le molesto de sobremanera darse cuenta de que estaba bajo el techo de una choza familiar. Gruño mentalmente. Ellos la habían ayudado aun en contra de sus deseos. Se levanto con algo de esfuerzo, la perdida de sangre, aun cuando no había sido abundante, definitivamente le había hecho un efecto considerable. Solo podía escuchar el sonido de los grillos, indicándole que ya debía ser algo tarde. En la esquina de la choza podía ver al houshi, descansando placidamente. Y su pequeña y fiel compañera dormía sin inmutarse a su lado. Sus ojos habían perdido brillo e interiormente, le destrozaba el alma pensar en lo que estaba a punto de hacer.

Alcanzo finalmente su ropa, la cual estaba doblada a unos cuantos pasos de ella. Sin ninguna dilación, obtiene el pequeño cuchillo que oculta bajo su brazo derecho. Sus castaños ojos ardían, las lágrimas contenidas representaban un gran esfuerzo para ella. Pero eso era lo que precisamente la hacia pensar un poco mas sobre sus acciones. Si, las palabras de Naraku y el ver a su hermano tal y como lo recordaba habían sido un golpe realmente mortal a su alma ya herida. Los deseos de eliminarlos era latente y demasiado convincente de que podría ayudar a menguar su dolor, ¿pero de hecho se sentiría mejor por ello? el acabar con sus vidas no indicaba que fuera a mejorar la suya.

-Ya les he hecho suficiente daño… ese bastardo jamás les pondrá un dedo encima… y confío en que Kagome-chan se encargara de cuidar de Kohaku…-

Sus pensamientos se interrumpen al escuchar un débil sonido. Da un audible respingo al sentir algo contra su pierna, no siendo otra más que la pequeña neko. Le da una mueca que pretende ser una sonrisa, y Kirara baja sus oídos en un claro gesto de preocupación y tristeza. Desvía su mirada, claramente confundida. Sacude su cabeza un poco en un vano intento de hacer desaparecer esas ideas de su mente. Con paso cauteloso, se acerca a Miroku, arrodillándose frente a el al notar que esta completamente dormido. Sonríe con tristeza, y levanta su mano, posándola en la mejilla del joven. Le acaricia con ternura, algo inusual después de todo lo que había pasado.

-Gomen nasai, hou… Miroku. Lo nuestro no estaba destinado a ser-

Con decisión, acerca sus labios a los suyos, brindándole un casto e inocente beso, pero cargado de un sinfín de sentimientos. Su única testigo sería Kirara. Finalmente había tomado la decisión, y este era el momento más idóneo.


A/N: Espero que no les haya decepcionado después de una laaarga espera y de igual manera espero contar con sus reviews (y si no hay mínimo cinco no se publica nada XD) jajaja mentira, pero mi alter ego y yo no estamos en posición de quejarnos cuando nosotras tardamos en actualizar... ^-^U pero recuerden que los comentarios constructivos (no destructivos del orgullo) y demás siempre son recibidos (y evita una depresión o bloqueo de escritor) aja... nos vemos en la próxima ^-^