Disclaimer: Los personajes no son míos. Pero quisiera. En fin, son de MK.
El segundo capitulo; perdón la demora, pero me encontraba ocupada y además sin ganas ú.u; si escribía algo hasta habría matado a Temari.
Lo que te revolotea en la cabeza.
Shikamaru sólo se dispuso a regresar a su casa. Esa semana no había sido la mejor de su vida y su cabeza no estaba trabajado a las mil maravillas. Sin embargo entendía que debía disculparse; quizá le resultaría muy problemático, pero ya vería mañana que hacer. Por ahora lo fundamental era llegar pronto a su cama.
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— ¿Entonces no quieres volver? —Preguntó Kankorou luego de ver el rostro de Temari y –efectivamente cómo él le había dicho antes de que ella partiera- reconocer por su rostro que al menos no había durado hasta el final de la sesión.
Bueno, lo de saberlo a través de su cara era cosa de hermanos; pero igual, la hora que era delataba una ida y venida rápida. Como apenas poner un pie en el edificio y dar la media vuelta.
—Así es. No me importan cuántas sesiones están pagas; luego veré cómo hago para pagarle a Gaara. ¡Dios! Aún tengo ahorros, por ahí no hay problema… Pero no voy a volver a ver la cara de ése tipo.
Kankorou, que estuvo en miserables minutos antes a punto de devorar una deliciosa pizza, tuvo que dejar la comida de lado para atender a la furia detonante reflejada en los ojos de su hermana. Sus dedos temblaron cuando Temari le arrebató su pizza. El castaño sólo se rehusó a ver cómo la bonita combinación del triangulo desaparecía por la boca de la rubia.
— ¿En serio? —Preguntó él sorprendiéndose por la forma en que Temari cogía otra rebanada de la mesa en donde se encontraban y le arrebataba también su gaseosa—. ¿No era que ustedes las chicas siempre cuidan eso de la comida rápida?
— ¡En serio! —Afirmó Temari luego de un sorbo de gaseosa y hacer sentir a Kankorou como un cero a la izquierda al obviar sus divagaciones del cuidado que una chica puede tener para con la pizza. O quizá el frustrado intento de él para recuperar su apreciado alimento traído a domicilio—. Y nadie va a obligarme volver allí.
— ¡Jum! ¿En serio? Si por mi fuera te pondría de niñera de mi hija como excusa para que no vayas; pero aún así no te salvas —dijo Kankorou ahora algo burlón, viendo fijo hacia un punto por encima del hombro de su hermana—, porque no creo que eso de sencillamente no querer ir o mi plan, dé un resultado satisfactorio con Gaara. Pero sabes que él te quiere igual.
Dicho eso, Temari se volteó sobre su silla, elevó su rostro y, allí, a sólo treinta centímetros de distancia, su pelirrojo hermano estaba de brazos cruzados, imponente y con cara de pocos hermanos. Ella supuso que él se estaba preguntando qué hacía a esas horas, plasmada comiendo pizza y conversando "de lo lindo" con Kankorou; el porqué no estaba en una distinta silla que él había pagado.
Oh, oh. Y a Gaara que no le gustaba la pizza. Ni en pintura.
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Era tarde, quizá muy tarde pero aún había lugares abiertos y una amiga disponible. Además entre todos los puestos que ofertaban dos por uno en cerveza o los bares que comenzaba a atestarse, la tranquilidad se hallaba en un bonito lugar mágicamente aún abierto que parecía la casa de la bruja caníbal de cierto cuento infantil occidental por sus pasteles, helados, bebidas y dulces en las estanterías.
— ¿Acaso no seria un paciente que sencillamente… se quedó dormido?
Temari dio un último sorbo a su malteada antes de mirar a su amiga. Ya había caído en cuenta que todo el bendito día había estado comiendo como si por tres días antes no la hubiesen dejado probar bocado. ¿Es que algo le pasaba desde su frustrado amigable encuentro con ese pelinegro con peinado de piña? Se sentía algo nerviosa, intranquila. No era ella.
—Claro que no. Era el mismo que estaba en una fotografía de la pared con su nombre abajo, el nombre de quien iba a atenderme; fue una humillación, Sakura. Una estúpida acción hecha por semejante idiota. Debería tomarse las cosas más a pecho —agudizó sus ojos; el recuerdo del Pelo piña no se iría fácilmente de su cabeza, al parecer.
La chica que le escuchaba, de cabellos rosa y ojos verdes, le miraba fijamente. Un segundo más, pensó Temari, y su amiga soltaría toda la sopa que tenía en mente.
— ¿Entonces estás tan disgustada porque él no te tomó tan a pecho? Eso es verdad, ¿cierto? Es que aún no me creo que hayas ido a esa cita. Sin duda, algún poderosísimo dios debe estar moviendo fichas sobre tu vida…
—Oh, créeme. Con Gaara basta como ese dios. No quería decepcionarlo. No después de perder tres trabajos —Temari alejó su vaso y apoyó su cabeza sobre su mano, soltó un suspiro y a la vez pensó, luego de dar una miradita a la calle, que muchos muchachitos de quince andaban por ahí a esas horas. Le devolvió la mirada a la persona con la que estaba.
—Y que te haya pasado eso con el profesional no ayuda en nada —afirmó la pelirrosa. Ésta quitó su vista sobre Temari y con una cucharadita apenas y rozó una parte de su pastel de chocolate que llevó a la boca. De nuevo subió su mirada y tan pronto su lengua pasara el bocado, de nuevo soltaría, como pensó Temari, sin abstención alguna lo que pensaba.
—Dilo ya —apresuró la rubia al darse cuenta que su amiga demoraba en masticar—. Veamos si de verdad eres tan atenta como yo pienso.
—En realidad creo que todo apunta a que quieres regresar o, al menos, a que debes.
— ¿Que qué? —Y Temari quiso que la más escéptica expresión se hubiese registrado en su rostro para con Sakura Haruno.
Desde luego había elevado algo su voz y una que otra persona quisquillosa había mirado hacia su dirección.
—Al menos por segunda vez. Si vuelve a ocurrir algo parecido a lo de hoy, demostrarías a tus hermanos que tenías toda la disponibilidad de cumplirles. Y… admítelo, Temari; deseas volver a verle la cara y ponerlo en su sitio. Lo hubieses hecho en ese mismo instante pero algo te detuvo, ¿a que es así? ¿Qué fue, chica? Mira que no miento si digo que muero por saberlo.
La rubia vio como la sonrisa de la pelirrosa se acercaba sobre la mesa; había estirado su cuerpo, expectante y deseosa de información. ¿Así se veía ella misma cuando era a la inversa y quería información sobre la vida de Sakura?
—Desde luego que no —respondió Temari—. Antes de salir le aclaré cosas.
—Pues a mi parecer eso es muy poco —habló Sakura dejando de lado su sonrisa al no conseguir fácil que Temari admitiera lo dicho por ella una verdad. Cruzó sus brazos y se recostó ahora sobre su silla—. Conociéndote, por estos días lo normal seria no haber salido de allí hasta volverlo picadillo. ¡Vamos! Uno te llevó flores y salió por la puerta aún temblando. Sabes que sé guardar secretos.
— ¡Ahh! Esta bien, esta bien —Temari llevó ambas manos a su frente. Suerte que, aunque Sakura le hubiese una vez salvado la vida a Kankorou, no es que se vieran ella y sus hermanos muy seguidos; al menos eso le servía para no imaginarse en un futuro a una Sakura en un cuarto oscuro obligada a decirle "las cosas que te ha dicho nuestra hermana" a dos fortachones—. No se lo digas a nadie, pero de lo poco que pude ver, ese hombre se veía tan bueno que seria pecado cortarlo en trozos.
Sobre los labios de Sakura volvió a surgir la sonrisa. No tardó en habar.
—Lo sabía. ¡Claro que sabía que te pasaba algo! —se regodeó—. Además sabes que hay distintas formas de poder comértelo.
Temari sólo la miró con cara de "¡no mames!"
—Por si tampoco recuerdas ya, dije que iba a tomarme un año sabático de no sexo. Aunque eso no exhuma buscar trabajo. Igual, no voy a volver a tener a un hombre fogoso sobre mí que luego me culpe de pasarle ladillas cuando de seguro fue por él saludar de mano en un baño a unos de sus sucios amigos.
—Ey, ni tú misma te comes el cuento de doce meses enteritos. Ya verás. A pesar de que últimamente critiques la etimología de la palabra clítoris, o que hay aspectos tan patriarcales en la sociedad, y que la convivencia entre hombres y mujeres aún le falta plagarse de democracia, no quieres llegar en uno años a tus treinta sin alguien con el cual levantarte y hablar a quien de los dos le toca el turno de cambiar pañales. Eso es lo que más te preocupa, no encontrar un hombre con quien sentirte segura, quererlo, disfrutar de él y considerarlo como un niño que necesita de ti para crecer. Digo, llevas varias decepciones, y ahora con cualquier excusa que puedas tomar, huyes.
— ¿Y ahora eres tú la psicóloga? —Preguntó Temari arrugando y doblando entres sus dedos el pitillo.
—Soy médica, debo saber algo; ¿por qué crees que me dieron clases de psicología en mis primeros semestres de universidad?
—Pues eso no te dio dos títulos.
—Al menos no me has negado si al fin vas a ir —habló la pelirrosa.
Bien, pagaría la cuenta, se iría a casa y sólo le quedaba consultar con su almohada y tomar una decisión. Pero que sólo fuera la de ir o no ir; ninguna más mientras. Aunque el dios Gaara ya influía mucho en ello.
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¡Gracias por leer!
Supongo hay que aclarar algunas cosas:
Creo que al Gaara del manga no le gusta siquiera el ramen. Por eso lo de la pizza, además de incluir tensión ahí xD
Ladillas se considera una enfermedad de transmisión sexual. Pero claro que por no tomar precauciones en un baño –sumado a mala suerte- puede pasar.
Lo del clítoris, no sé si comentarlo cuando por aquí vienen menores de edad xD. LOL, terminé siendo yo quisquillosa. Pero nah~ La palabra viene del griego kleitoris que significa cerrar. Es que es una contradicción siendo que abre las puertas del placer, como dice una columnista de mi país.
No me tardaré ;O;
