Disclaimer: Los personajes no son míos. Son de MK.
Pues tengo mala racha en cuanto a motivación para sentarme frente a la pantalla del computador y teclear. Cuánto quisiera que mágicamente todo lo que tengo en la cabeza se plasmará físicamente, pero…agghh.
¿Cómo disimular una resaca?
Shikamaru la vio entrar. Quizá ello era lo más problemático de su presente día.
No había bastado con levantarse involuntariamente más tarde de lo usual porque el celular se había terminado de descargar seguramente pocos minutos después de haberse acostado la noche anterior –el estar atento a tales aparatos no era su fuerte (suponía que la pereza le ganaba irrefutablemente).
Y bien, el sencillo hecho de comprar un reloj despertador, uno más seguro y confiable para sus mañanas, no había sido realizado por sencillamente eso: dirigirse a una tienda para sencillamente comprar un reloj… ¡Bah!
Sin embargo fue salir y arreglarse con afán en menos de diez minutos para que el gigantesco perro Akamaru de su buen vecino Kiba, en definitivamente menos de un minuto, le hiciera pensar que ahí sus esfuerzos habían sido arruinados, embarrados, literalmente.
Sí, todo el día hasta ahora fue un recorrido bastante problemático –ya que había tenido otro decepcionante intento por conseguir asistente, con lo que podía reflexionar que sus últimas búsquedas no tenían éxito alguno-, y estaba seguro que ella, Sabaku no Temari, no iba a hacer un descanso para los siguientes momentos.
Se paró de su asiento en acto de cortesía para recibirla y de cierta manera –una donde su lengua se trabó- la saludó.
Alguna parte de su cabeza formuló la idea de que sería más llevadero bañar al perro gigantesco de su vecino que tratar a la mujer ya sentada en el reconfortante y cómodo sillón frente a él. Luego de tres cargantes segundos sin poder quitar la vista sobre ella desechó tal idea y se sentó –ella ya lo había hecho.
¡Por Dios! Confirmaba ahora lo pensado en el frustrante acontecimiento cuando la vio por primera vez, y también aquella vez cuándo la recibió en una primera verdadera cita que había seguido: ¡era la mujer más hermosa que había visto en su vida!
—Bien, señor Nara, empecemos de nuevo a llenar mi expediente. ¿De qué quiere que le hable hoy? —habló ella dirigiendo sus ojos a cualquier lado que no fuera los negros de él; Shikamaru pensó que su voz podría haber salido muy segura pero contrastaba con su cierto deje de fluctuación que expresaba su cuerpo; los dedos finos de una de las manos de la rubia no se quedaba quietos. Y puede que se estuviera esforzando por mantener el rostro sereno.
Shikamaru sonrió medianamente ocultando tal expresión, casi igual que la semana pasada, pero por dentro podía sentir algo de euforia surgida por conocer que en inicio tenía algo de superioridad sobre ella. Se arrimó más hacia delante.
—Ya te dije sobre esto, por lo tanto sabe que en realidad seria, Temari, ¿de qué querría hablarme hoy? —preguntó él, sabiendo la ya desmedida "confianza" que se había apuntado para con ella—. Sabrás que soy todo oídos —y volvió a sonreír de lado sin poder ocultarlo.
Temari torció un poco los labios.
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Entonces, por tercera vez desde que la había visto –medio se preocupaba el que tuviera tan presente el número de veces-, volvió a verla salir por la puerta de su consultorio. Era agradable saber que ésta vez la rubia no había salido de allí ni arrebatada ni con pensamientos de odio hacia su persona; o bueno, quizá los pensamientos de cierto odio para él aún existían en la mente de ella, sólo que puede que cada día, desde la vez que pidió una disculpa por su acto profesional imprudente, tal odio era menos filoso como para mantener un recorrido del ambiente mucho más tranquilo y de convivencia.
Y puede que la disculpa dada por él a través del teléfono no haya sido la más tangible, pero no había tenido a su alcance una más allá que esa. Aún así había valido para que uno de sus hermanos lo tomara como la solución a todo y ella no se rehusara volver.
Y así tuvo la oportunidad –dejando lo problemático de lado- de tenerla otra vez frente. Y con la cita de hoy, ya iban dos. Desde luego conocerla para ayudarla, lo primordial al fin y al cabo.
Cualquier persona que tuviera más de veintiséis años con algún tiempo ya de haber terminado estudios superiores –como Temari-, después de perder algún amado trabajo podría llegar a pensar que es incompetente, pasando algo de tiempo y llegar a hasta convencerse de que nunca tendrá éxito en su profesión.
Pero Temari de ninguna manera se veía a sí misma con un bajo valor personal. Por ninguno de sus poros reflejaba algún atisbo de depresión. Nada de mezcla de tristeza, sentimiento considerable de perdida, o culpa.
¡Desde luego que no! Ella estaba lejos de culparse por lo que reconocía era el supuesto complicación por el que había venido. Quizá había sentido algo de tristeza, lo normal en todos, pero ello había pasado rápido. No existía falta de interés en algunas actividades diarias –tomando lo que según Temari dejó salir de ella en ambas visitas resueltas-. Y tampoco pensamientos de no poder lograr sus cosas.
Y bueno, eso de alguna forma le alegraba a él, y eso era internamente, como ya se había dicho, como había estado haciendo en todo tiempo –porque estaba seguro que su rostro apacible y algo perezoso fue el que en mayoría estuvo presente para mostrarle a la rubia; pero es que no sabía cómo contrarrestar su expresión nada dinámica.
A Shikamaru no le cabía en su cabeza, gracias a la primera impresión de ella y las que le siguieron, imaginarse a alguien como Temari privándose de cosas de su vida.
Y cuando el hilo de ideas había llegado ahí precisamente, Shikamaru no dudó en preguntar algo que definitivamente era importante para un óptimo logro de esa terapia, o bien, quizá sólo por rutina, o quizá por mera curiosidad sobre ella. Aunque podía ser por hacer de las suyas –cosa que trataba de obviar en él.
Así logró ver un pequeño exalto rojizo sobre las mejillas de ella, y contradictorio a lo que Temari había estado mostrando, Shikamaru concluyó lo muy tierna que se alcanzaba a lucir. Que no le dijera que había perdido total interés en el sexo.
¡Ahh! Está bien. Más bien que a él sólo le interesara a nivel profesional como psicólogo la probable o no pérdida de la pulsión sexual en ella.
"Ummh, no tengo actualmente pareja" había dicho momentos antes ella, recomponiéndose ante la cuestión del Nara.
"¿Nada de relaciones sentimentales o amorosas?
"No, nada de noviazgo"
"¿Y alguna pareja sexual?
"Bien, se lo traduzco, hombre. No he sido sexualmente activa últimamente, pero no por problema graves, nada que necesite medicina o falta de motivación. Que porque a los machitos les guste tener "varias" parejas, a mi no me tiene en qué influir ni importar para nada"
Sí, ahí estaba lo que de cierta forma fallaba en ella para obtener un "óptimo funcionamiento" como se llamaba en sus libros especializados.
Podría ser que sea así desde pequeña, pero ahora Temari poseía una actitud de grandiosidad, con una alta autoestima bien inflada, todo porque había aumentado la confianza en sí misma. Y se reflejaba mucho en su relación con el género masculino. ¿La persona en que más se refugiaba últimamente, casi en totalidad, era ella misma? Verdaderamente se le podía considerar un caso único, al menos para Shikamaru, muy atípico a los que había logrado atender.
¿Ser así cuando la habían remunerado de tres trabajos? ¡Vaya!
Pues un botón de muestra.
—Idiota —había alcanzado escuchar Shikamaru cuando Temari salía de la habitación. Ella lo había dicho entre dientes, terminada la sesión de retroalimentación concluida. Quedaban faltando veintidós sesiones más, dos cada semana. Once semanas para que Shikamaru atendiera a su, desde ya, paciente favorita.
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—La próxima vez que alguien, o él, me pregunte con cuántos hombres tuve sexo en la semana, puede que le parta ahí mismo la cara, a él su cara de niño bonito e intelectual —gruñó. Desde que luego que lo dicho por Temari tenía una pizca de paranoia.
—No te preguntó precisamente eso —afirmó su médica amiga, Sakura, quien había prestado atención desde ya hace rato a todo el monologo hecho hasta el momento por la rubia—. Y no puedo creer que consideres guapo a Shikamaru; bueno, digo que nunca pensé que viviría para escucharte decir que te gustó uno de mis amigos, a veces eres tan altiva. Con que nada menos que Shikamaru Nara es tu psicólogo —rebobinó Sakura el hecho de que su amiga tenía por terapeuta a su amigo. El mundo es un pañuelo.
—Así, y lo seria en todo caso. Apuesto a que si Gaara no hubiera podido hablar con Naruto, Kankurou habría hablado contigo y hubieses terminado también haciendo eso, es decir, habrías recomendado a Nara.
— ¡Por supuesto! Tienes toda la razón, él es bastante joven pero tiene una impecable carrera.
Temari bufó.
—No tanto como para haberme recibido dormido la primera vez —refutó Temari.
— ¡Ya déjalo pasar! No puedes pasarte toda la vida amargándote sobre ello, deja de quejarte —dijo la pelirrosa. Temari agudizó sus ojos y volteó hacia un lado su cara. Sakura aún así ofreció una sonrisa agradable y rebuscó en su cartera algo—. Toma esto, comentaste que no tienes ningún teléfono o algo con que contactarlo; Shikamaru no es muy considerado con lo de repartir tarjetas de presentación y supongo que de nuevo pasó por alto, igual que tú, darte cualquier dato de contacto. Creo que es importante que tengas algo de él —habló Sakura viendo como rápidamente la rubia cogía el pequeño rectángulo de fino papel y elegante –aunque algo sobrio- diseño con el nombre de Shikamaru Nara.
—Dudo que surja siquiera una urgencia como para llamarlo, pero aún así gracias —habló Temari guardando en algún bolsillo de su cómodo maletín tal papel.
— ¿Cada cuánto debes verlo?
—Dos veces a la semana, lunes y jueves, en tres días estaré de nuevo frente a él… —contestó Temari, abriendo los ojos cuando se había dado cuenta de algo, y al parecer su amiga también ya que también se exaltó.
—En dos días cumple tu sobrina —habló la pelirrosa, adelantándose en hablar lo también pensado por la rubia —. Sabes que no es cien por ciento una fiesta infantil, no cuando llega la noche, no cuando hay tantos adultos invitados… y la chiquilla se vaya a dormir, como todos los demás pequeños… Kankurou ya debió haber pedido garrafalmente alcohol. ¡Dios! Vas a tener que comportante como una santa para asistir completa a tu cita.
Y todo era cierto. El cumpleaños de alguien tan importante como era la hija de nada más y nada menos que Kankurou no Sabaku, era un hecho para nada imprescindible en el calendario, uno que como tantas otras familias tornaban los globos de color pastel a una rumba de personas grandecitas que tendrían al día siguiente una fuerte sumatoria de malestares que harían las horas intolerables. No es que la familia de Temari tuviera cierta debilidad con el alcohol, pero las pocas fechas en que podían transformar un día en total –casi libertina- diversión, no era desaprovechado. No cuando hasta alguien como Gaara iba a "revisar" cómo transcurría todo.
—Sakura, no voy a dejar de asistir. Alguna de las tantas pastillas del mercado deberá ayudarme. Quizá ni siquiera vaya, pero sería a donde Shikamaru.
—Si quieres mi punto de vista médico, ninguna de esas mágicas sustancias ayuda completamente. Y no creo que pierdas un día de ir a verlo —Sakura rió.
¡Bah! Pensó Temari.
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Se despertó, y tuvo que sacar una fuerza abrumadora de quién sabe dónde para poder lograr hacer eso; abrir los ojos no había resultado nada sencillo. El dolor de cabeza era terrible y su boca reseca no le daba nada de frescura. Tenía puesta una blusa de tiritas y unos pantalones cortos, de los cuales rogaba por que ella misma hubiera sido quien había decidido dejarse con esas prendas. Un espejo de pared quedaba cerca de la cama pero lo evitó… quería impedir ver y quería evitar todo indicio de que la fiesta se sobrepasó de bebidas y tragos. Aunque no tenía que mirarse al espejo para descubrir algunas ojeras algo negras y los ojos rojos, quería evitar eso, quería evitar ver sus ojos, ver las ojeras…y ver quizá alguien a su lado.
Con el último pensamiento en la cabeza giró abruptamente hacia el otro lado de la cabecera, ganándose una reprimenda interna por el dolor abrumador que surgió por ello. Pero no, no había nadie. Exhaló tranquila.
Levantarse ahora fue un esfuerzo sobrehumano. ¡Ya debería ser heroína en alguna historia de acción! Sí, había un pelotita rebotando dentro de su cabeza sin cesar… pelotita que giró dolorosamente al recordarse de su reunión.
¿Ir o no?
Bueno, ya estaba gateando atravesando todo el piso su habitación para llegar a la puerta antes de responderse la última pregunta. Que no se fuera de bruces…, que no se fuera de bruces…, que no se fuera de bruces.
El dirigirse al baño comunicaba una cosa: quería arreglar mejor su aspecto. De un impulso se adentró a la ducha.
Y es que realmente sólo tenía curiosidad de una única cosa: ver las condiciones en la que se le presentaría Shikamaru; eso la motivaba y vaya que la sorprendía. ¿Asistir para ver si Shikamaru también tenía los ojos rojos igual que ella?
Aunque también le valdría volver a imaginárselo con la misma pinta de hombre sexy con la cual el día anterior había él asistido a la fiesta, fiesta que al parecer había sido una muy buena, porque no se acordaba de nada más sino del monumento de hombre que había llegado algunas horas después. Sabía que Sakura era la culpable de que de algún modo él hubiese asistido; ¿cómo diablos alguno de sus hermanos lo hubiera hecho?
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Pues había tomado una de esas sales para la resaca, aunque sin resultados muy satisfactorios.
Hasta sus manos le pesaron cuando iba a lavarse el pelo. Bastante difícil fue levantarlas cuando creía que ante todo ellas entorpecían y estorbaban.
Y sus piernas no servían, al menos no de maravilla.
Además… ¿qué hacía con esa respiración olor a alcohol etílico? Si estuviera trabajando, como no, ya habría pegado un gigantesco pos-it de no molestar. Además de no hablar con nadie. Y bueno, los chiclets también eran indispensables. Pero no, no tenía trabajo y por el contrario sí tenía sesiones para encontrarse con su Yo… o con su conciencia… o su inconciencia… o quién sabe con qué. No le había quedado muy bien claro el resumen de psicología que había leído. Pero es que ese libro tenía letras tan chiquititas…
Y entró y lo saludó. Él, fresco como una lechuga. Y ella con gafas oscuras, que por educación se quitó sólo para vislumbrar la especie de sonrisa en el rostro varonil cuando él la vio a los ojos. Aunque ya sabía que no deberían sus ojos de estar tan trágicos.
Se sentó.
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— ¿No estás avergonzada por estar justo aquí ahora? —Preguntó Shikamaru en una de las ya varias preguntas que desde el inicio había estado preguntando.
—No, para nada —respondió Temari tocando suavemente su nariz con una de sus manos. Aún le molestaba su cabeza y había estado respondiendo muy escuetamente a todo; sabía que pregunta tras pregunta de Shikamaru eran para ponerla más activa e involucrada en el tiempo que tenían en ése día.
—Entonces, ¿tienes mucha confianza? ¿Qué opina de su orgullo?
—Pues mi orgullo está bastante bien —respondió la rubia y Shikamaru hizo ruido con su silla. Se había alejado un tanto cambiando un poco la dirección del asiento.
—Muy bien, me gustaría que realizara una conversación con sus sentimientos de orgullo. ¿Podrías hacerlo? —Habló él y Temari le observó bastante confusa, ¿que qué?— Temari, coloque su orgullo en aquella silla vacía.
Shikamaru señaló en dirección a un asiento que tenía diagonalmente a la ubicación de él. También estaba algo cerca de Temari.
— ¿Ponerla en la silla? —Preguntó escéptica la rubia. Miraba alternamente entre su terapeuta y el objeto señalado.
—Sí, a esa silla y cuando lo haga, háblele a su orgullo.
El rostro impasible de Shikamaru afirmaba que no era una clase de broma, sin embargo ella pensó si aquello era alguna jugada de su resaca que aún no había terminado de sobrellevar.
¿Estaba loco? O era ella.
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Si aún has seguido esta historia, gracias por leer. Es que he sido tan mala con ella.
Me disculpo por estar tardándome así.
Lo he hecho un poco apresurada; si hay algún error fatal por favor perdón.
Tenia algunas cosas que quería explicar de este capitulo, pero se me ha olvidado todo xD. Bueh~
