Como soy mala para hacer largos los capitulos decidí subir dos al mismo tiempo.
espero que les guste. Practiqué brujería e invoqué un demonio para tener inspiración pero... Olvidenlo.
"Suicidio"
..Sin nombre..
La luz matinal atravesaba el ventanal molestando el sueño del rubio, se movió intentando esquivar los rayos del sol, pero al hacerlo resintió la posición adoptada en la noche. Se incorporó con una mano frotando su cuello en busca de mitigar el dolor.
Había pasado la noche pensando en demasiadas cosas sin sentido, hasta que por fin había quedado dormido en aquel sillón de piel.
Miró la hora en su fino reloj suizo; Se alarmó al ver que faltaba poco para el medio día, rápidamente corrió hacia el recibidor tomando las llaves de la mesa y colocándose su chaqueta, se calzó y se dispuso a salir, sin embargo…
Para cuando abrió la puerta todo carecía de sentido.
-¿A dónde demonios voy?- Se preguntó en voz alta.
Las llaves en las manos, la chaqueta colocada sin mucho cuidado, los zapatos puestos con una rapidez inusitada, la necesidad de hacer todo al doble de velocidad, nada tenía lógica si se quería encajar en una vida en solitario como la del ambarino.
Retrocedió un movimiento mientras su ceño volvía al gesto acostumbrado.
Las visitas entran a medio día
Le cruzó por la mente, dos pasos más hacia atrás ante el asombro de su propia respuesta.
Se sorprendió a si mismo apresurado por llegar a tiempo al hospital a ver a una persona del la cual ignoraba su nombre.
Retrocedió en sus acciones, descolocándose la chaqueta, quitándose los zapatos, volviendo a dejar las llaves en la mesa y sentándose en el sillón.
Se quedó admirando a la nada durante algunos segundos, sentía haber despertado de algún sueño, ahora estaba asimilando su realidad.
La realidad del famoso escritor ganador de diversos premios, cuyas novelas estaban en cada estantería de las librerías como mejor vendida, cuyo nombre se reconocía en todo el país y varios lugares del extranjero, la realidad del hombre solo…
Se recostó en el sillón lanzando un bufido que quiso ser una risa irónica, todo lo anterior de preocuparse por alguien desconocido lo veía absurdo.
Se levantó después de su auto psicoanálisis, más conciente de su realidad.
Abrió la nevera y se molestó al ver que estaba vacía de su líquido vital.
No viendo otra opción se hizo de una taza de café, nada apetecible para aquellas horas del día. Era el final del otoño, donde el sol se hace más seco y los vientos más fríos, los árboles se desprendían de sus hojas y las calles se llenaban de ellas haciéndolas crujir bajo los pies al caminar.
Era una época perfecta dónde se tenía que preparar el éxito del invierno, nada como un trágico romance para culminar el año. Y ¡Que ventas las de navidad! Si, seguro que si…
El teléfono lo sacó de sus cavilaciones, sin pensar demasiado atendió la llamada.
Si diga-
Buen Día Eiri-san –Saludo la voz de su cuñado al otro lado de la línea
¿Qué quieres Touma?- Preguntó con fastidio
Oh, sólo hablaba para saludarte-
Ya lo haz hecho, ahora puedes colgar-
Eiri-san no deberías portarte así, mira que te he hecho un gran favor, conseguí lo que me haz pedido- Dijo con ese aire de importancia que siempre cargaba.
Yuki dudo en dar una respuesta pero al final resolvió escuchar al rubio, después de todo, le había intentado brindar una ayuda.
Sea lo que sea dilo-
Shuichi Shindou – Fue lo único que dijo Touma.
¿Eso es todo?- le dijo conteniendo la furia
Si, aunque no es muy fiable, como sea tienes que sacar al joven Shindou del hospital-
Casi pierde el equilibrio al escuchar al señor "puédelo todo"
¿Disculpa?- intentó cerciorarse de que lo que había oído era real
Si, todos los gastos los haz pagado tú, así que por lo tanto piensan que tú eres el responsable
¿A caso el es?-
Si, es menor de edad, cualquier malentendido venlo a solucionar tú-
¿Por qué no lo haces tu?- Se quejó el rubio
Tengo demasiado trabajo como para cuidar a un crío, debes disculparme-
La llamada se cortó, Eiri estaba atónito ante la situación, después de haberse dado cuenta de la realidad, las consecuencias de sus sueños lo perseguían¿Qué haría?
Ir a librarme del crío por supuesto
Repitió todo el ritual de hacía unos momentos y salió de su apartamento con dirección al hospital.
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Aparcó su auto frente al edificio, no pensaba demorarse, entró y se dirigió a la recepción.
Ahí una mujer muy joven de cabellera cobriza y ojos azules escondidos tras unas gafas de montura metálica le esperaba con una sonrisa.
-Disculpe- Llamó el escritor
-Diga- Contestó ella amablemente
-Quisiera saber la situación de un paciente-
-¿Cuál es su nombre?- Preguntó ella
-Yuki Eiri- contestó sin pensar adecuadamente en la pregunta.
-Me refiero al del paciente- Aclaró con una sonrisa.
Ahora se sentía más que estúpido, todo eso del suicida y Touma lo tenían con los nervios destrozados, y al borde de un ataque.
-Shindou Shuichi- dijo al recordar la llamada de Touma.
La recepcionista buscó datos en la computadora.
-Me parece que ya está dado de alta, sólo espera que le recojan-
Yuki guardó silencio al ver que la información de Touma era correcta
-¿Ha venido usted por él?- Inquirió la mujer
"No exactamente" quería contestar pero de sus labios salió -¿Dónde está?-
-Habitación 220, tercer piso-
No tenía la necesidad de hacer aquella pregunta, de sobra sabía el lugar donde se encontraba, había ido ahí anteriormente, a contemplar el sueño de aquel chico que tanta curiosidad le provocaba, llegó frente a la entrada, vacilando si ingresar o no. Antes de tomar una decisión la perilla se giró abriendo la puerta y dejando en descubierto al rubio.
-¿Puedo ayudarle en algo?- Preguntó un hombre de semblante severo ataviado con una bata blanca.
-Mi nombre es Yuki Eiri, he venido para aclarar un malentendido- El hombre lo miró confundido.
-¿Viene por el joven Shindou?-
-Es precisamente lo que quiero aclarar-
El hombre guardo silencio por unos segundos.
- Tendrá que esperarme unos momentos Señor Eiri- Se disculpó el doctor –Ahora, estaba a punto de ir a arreglar unos asuntos- Estiró su mano y observó su reloj -¿Sería tan amable de esperarme unos minutos, en tanto puede pasar a ver al chico, me parece que está durmiendo- continuó su camino, pero antes de desaparecer entre la multitud se dio la vuelta y hablándole en tono alto para que le pudiera escuchar desde la distancia le dijo – Señor Eiri, por favor no le comente nada de su incidente, el no debe saber- Dicho esto se alejó tan rápido que el escritor no pudo preguntar nada más.
El ambarino soltó un bufido de desaprobación, no le gustaba las cosas tal como sucedían.
Decidió esperar en el pasillo, no pensaba ver al crío, nunca más se repitió mentalmente.
Observaba el bullicio del hospital, enfermeras ir y venir, pacientes deambulando por los pasillos con su caminata acostumbrada, doctores pasar mientras daba un reporte rápido de la situación de algún interno, el estúpido de su hermano buscando algo.
Momento…
¿Tatsuha? Se preguntó en voz baja implorando que tan sólo fuese una visión producto de sus noches en vela, sin embargo para afirmarle que la suerte no existía, ahí estaba el moreno, con una expresión de perdido, mirando de un lado a otro en la espera de ver algo o alguien.
Yuki reaccionó rápido y antes de que supiese siquiera que había estado mirándolo, entró en la habitación más cercana, cerrando la puerta lo más rápido que le permitieron sus nervios. Suspiró aliviado sintiéndose a salvo.
-Disculpe…- escuchó una suave voz tras de si. Recordó su situación y se dio la vuelta para disculparse con el huésped de esa habitación.
Fin del tercer capítulo
Prometo que el proximo será mas largo.
Me esforzaré.
