Aqui está el cuarto capitulo, como lo prometí está mas largo, (¿Está bien que sigan siendo asi o prefieren cortitos?) Como siempre espero de todo corazón que les guste.
Este capi, va especialmente dedicado a Shakaito! - que me levanta la moral de una manera increible y me impulsó a continuar (sip es su culpa que este aqui otra vez) y por supuesto tambien va dedicado a todos aquellos que me dejaron su lindo comentario. Es el suero de mi existencia!!
Sin mas que decir... Aquí el fic.
...Suicidio...
Capítulo 4.
...No lo sé...
¿Alguna vez has soñado con algo terrible?
Incluso lloras, sientes ese vuelco en tu corazón provocado por la mezcla de sentimientos que te aterrorizan. Pero al abrir los ojos, no recuerdas nada…
Sólo te queda la sensación amarga, te parecía tan real; no puedes hacer más, que alegrarte por verte en el mismo lugar que la noche anterior.
¿Y que pasaría si…
Aunque no recordases nada, te encontraras en un lugar desconocido?
Despertó sobresaltado, teniendo como primera visión el techo blanco de una habitación desconocida, parpadeo un poco para quitarse la molestia de la luz sobre sus ojos violáceos.
Intentó incorporarse sin obtener resultado, un agudo dolor le recorría todo el cuerpo a cada movimiento, desistió en su lucha y se dejó caer sobre la almohada.
Ladeo su cabeza, topándose con la ventana y sus cortinas descorridas dando entrada a los rayos de luz.
Seguramente estaba en un edificio, a juzgar por la apariencia, su estancia era en un hospital.
Se revisó a si mismo, en su brazo derecho tenía inyectado el suero que por ahora lo alimentaba, su cuerpo estaba cubierto de vendajes, sin mencionar ese dolor que le imposibilitaba moverse, no tenía idea del porque estaba en aquel sitio, pero sin lugar a dudas era necesario.
Siguió mirando por la ventana, el sonido del marcapasos le acompañaba con su silbido monótono.
Se dejó hipnotizar por el exterior, de cielo azul impecable, sólo eso podía ver a través del cristal: Un azul profundo y embriagante.
Regresó de su ensueño al escuchar el sonido de la puerta abrirse, hizo ademán de incorporarse, pero aquella molestia lo mantuvo firme en su posición: la cabeza sobre la almohada.
-¡Vaya! Así que haz despertado- Escuchó una voz femenina.
Desde la puerta un a enfermera le sonreía. El contestó al gesto de igual forma.
-Espera un momento llamaré a tu medico- La mujer salió al pasillo sin cerrar la puerta permitiéndole al chico observar como hacia señas mientras gritaba el nombre del galeno que le atendería.
Pasaron escasos minutos hasta que un hombre alto y canoso entró a la habitación del pelirosa.
-Buenas tardes Jovencito- Le saludó con sonrisa apacible.
El chico confundido por la situación no contestó al saludo.
-Soy el Doctor Miyasawa, quien está a cargo de tu recuperación.- Continuó con el mismo tono amable. – ¿Me permites hacerte una revisión?-
Shuichi asintió dando pie a un chequeo silencioso, obedecía todas las peticiones del doctor y la enfermera que le acompañaban. Sin hablar más de lo necesario.
Su cabeza le daba vueltas impidiéndole formar pensamientos coherentes.
-Hemos terminado- Sentenció el doctor.
-Según mi evaluación no hay mucho que temer, a excepción de tus costillas rotas y heridas exteriores (que no son muchas) todo lo demás parece ir en orden- le explicó el hombre mirando los apuntes tomados durante la revisión
Ahora hagamos unas preguntas de regla- tomó asiento a un lado de su paciente destapando su bolígrafo.-
-¿Cuál es tu nombre?-
-Shuichi, Shindou Shuichi- respondió en automático
-¿Qué edad tienes?-
-16-
-¿Con quien vives?-
-Con mis padres-
-¿Dónde?-
-En Hokaido-
Las respuestas surgían fluidamente sin pensarlas demasiado, como si estuviesen programadas, solo las dejaba salir de su boca tal cual, sin prestar atención a su significado.
-¿Qué día es hoy?-
-No lo sé…- Hubo un silencio incomodo donde la mente de Shuichi pareció salir de ese sopor que envolvía sus pensamientos. Como llamados por esta pregunta miles de ideas cruzaron por su mente imágenes difusas se colaban creando una masa inteligible sobre su vida, como si todo estuviera ordenado por fotografías y algunas no pudieran verse… estuvieran completamente oscuras.
La mano que se había mantenido todo el tiempo tomando nota ágilmente, se detuvo en seco.
-¿Qué cosa es lo último que recuerda?- La voz se volvió lejana, como el murmullo de la lluvia ahogado por los rayos
El pelirosa seguía con su mirada sobre las sabanas, si ánimos de otorgar el " no lo se" como respuesta
-Ya veo…
Un semblante de preocupación se cernió sobre el rostro del doctor. Su mirada permanecía fija en los papeles.
-¿Sucede algo doctor?- Una voz interrumpió las cavilaciones del médico. Se viró sobre si, hasta encontrarse con un par de esmeraldas y una sonrisa que adornaban el rostro de un rubio.
-¿Puedo ayudarle en algo?- preguntó molesto el galeno poniéndose de pie.
-Disculpe la interrupción, Soy Seguchi Touma…- esperó unos segundos a que el peso de su nombre hiciese efecto, al ver como el hombre se relajaba un poco, continuó.
-He venido en petición de Yuki Eiri a ver como se encontraba el joven Shindou.-
-Disculpe pero la hora de visita es mas tarde...- Se disculpó la enfermera.
-Puedo entender eso, pero mi única pretensión era hablar con su doctor y la recepcionista me ha hecho venir hasta aquí.- Su sonrisa continuaba.
-¿Encuentra usted algún inconveniente?- Esta vez se dirigía al médico.
-Todo lo contrario, me parece maravillosamente conveniente- Contestó el doctor tras unos segundos de reflexión.
Shuichi miraba mudo la escena, en un principio imaginó que poco a poco las cosas se aclararían. Pero como pasaba el tiempo las cosas se veían menos entendibles, la habitación se hallaba llena de completos desconocidos y ahora uno de ellos decía conocerlo y haber venido por orden de alguien más.
Se había convertido en testigo silencioso de su vida, recostado sobre una cama de hospital sin tener idea de cómo había llegado hasta ahí. Con la cabeza llena de preguntas e incapaz de pedir respuestas.
Los presentes le miraban, sus ojos mostraban compasión duda e interés y su única defensa era su silencio.
-Bien. Señor Seguchi… verá- Eran las palabras que antecedían a una larga y confusa explicación. Una opresión en el pecho indicó a Shuichi que no era necesario escuchar eso, aún no…
-Me siento un poco cansado- Fue lo que se le ocurrió decir, las palabras tuvieron el efecto deseado, ambos hombres abandonaron la habitación. Despidiéndose amablemente de él.
La enfermera continuaba haciéndole compañía, acomodándole los almohadones y las sabanas. Cerciorándose de que todo estuviese en orden para que el pelirosa descansara.
-Es 22 de octubre del 2004- dijo Shuichi
La mujer le sonrió-parece que ya lo recordaste, pensé que serías un caso de amnesia.- comentó con alegría.
-Seguramente lo soy- exclamó Shuichi, sorprendiendo a la enfermera – No lo he recordado, lo he visto en su reloj de muñeca- explicó
-No recuerdo ninguna fecha resiente- expresó taciturno ahora mirando a la ventana.
-Pero seguramente perdí mucho tiempo-
La enfermera había parado su labor, ahora miraba al chico con un deje de compasión.
Iba decir alguna frase de esas que a todos les cruza por la mente cuando se ven incapaces de crear algo mas sincero.
Pero la indiferencia entre que le dijesen algo o no, reflejada en los ojos amatistas, le contuvo y la forzó a retirarse.
-Bien, Doctor ¿Podría continuar?- dijo Touma estando dentro del consultorio de aquel hombre.
El medico seguía revisando una y otra vez los papeles. Impacientando al rubio que no disponía de mucho Tiempo.
- Iré Directo al punto, me parece que el señor Shindou presenta un caso de amnesia, me gustaría decirle que es temporal pero dadas sus circunstancia y la contusión que recibió en la cabeza, me gustaría estudiar mas su situación, para descartar posibles daños cerebrales-
Touma se llevó la mano a la barbilla y bajó la mirada, en pose de estar analizando algo.
-¿Me está diciendo que no recuerda nada?-
El médico negó con la cabeza ante la duda de Touma
-No, su amnesia no es completa, sólo ha perdido algunos eventos. Dado su caso, podría ser psicológico o de traumatismo, pero no podemos saber si fueron días, semanas, meses o años-
-Pero ¿podrán saberlo?-
-Según sea la causa, lo averiguaremos- Afirmó el doctor.
-¿Qué es lo recomendable por ahora?- Inquirió Touma resuelto a investigar todo.
- No es necesario que permanezca aquí, pueden llevárselo y traerlo a sus estudios…-
-¿Cabe la posibilidad de que permanezca interno?- interrumpió Touma.
El hombre confundido pareció meditarlo por unos momentos.
-Si, podría pero no es lo recomendado-
Touma observó su reloj.
-Veo que tiene prisa- Dedujo el doctor.
-Sí, me temo que es hora de retirarme-
-Adelante señor Seguchi-
Touma se levantó de su asiento y caminó hacia la salida, Puso su mano sobre la perilla pero antes de salir se giró hacia el hombre detrás del escritorio.
-Una última pregunta-
-Adelante-
-¿Alguien además de mi y el señor Eiri ha venido?
-No, además de ustedes, nadie más.- Contestó el doctor.
El rubio agradeció con una sonrisa y salió del lugar. Atravesaba los pasillos lo más rápido que podía, sin correr, puesto que hubiese sido imprudente. Miró de nuevo la hora, las manecillas parecían ir más veloces de lo habitual, sólo contaba con quince minutos para llegar a una importante cita, y por estar jugando al detective, seguramente llegaría con retraso.
Abordó el elevador y sacó su móvil, marcó un número que sabia de memoria.
Por lo general Eiri dejaba timbrar el teléfono muchas veces antes de atender, así que debería hacer acopio de toda la paciencia que le quedaba.
Un timbre… Dos timbres
-Si diga- se escuchó la voz de su cuñado al otro lado de la línea.
-Buen Día Eiri-san –Saludó Touma sorprendido de la rapidez con la que había atendido
-¿Qué quieres Touma?- Preguntó con fastidio el ambarino
-Oh, sólo hablaba para saludarte- Aunque tuviera el tiempo encima era divertido hacer desatinar a Yuki Eiri.
-Ya lo haz hecho, ahora puedes colgar-
-Eiri-san no deberías portarte así, mira que te he hecho un gran favor, conseguí lo que me haz pedido- reprochó el, después de todo había sido muy tedioso.
-Sea lo que sea dilo-
-Shuichi Shindou – Fue lo único que dijo Touma.
-¿Eso es todo?-
-Si, aunque no es muy fiable, como sea tienes que sacar al joven Shindou del hospital-
-¿Disculpa?- Yuki parecía querer asegurarse de que no era una broma.
-Si, todos los gastos los haz pagado tú, así que por lo tanto piensan que tú eres el responsable-
-¿A caso él es…?-
-Si, es menor de edad, cualquier malentendido venlo a solucionar tú-
-¿Por qué no lo haces tu?- Se quejó el rubio
El ascensor abrió sus puertas.
-Tengo demasiado trabajo como para cuidar a un crío, debes disculparme-
¿Qué harás Eiri?
Abordó un auto que ya lo esperaba en la entrada del hospital. Miraba a la ventana inmerso en su mundo de retorcidos planes. Yuki jamás había mostrado interés por nadie que no fuese el mismo.
Posiblemente ese niño cambiaría la perspectiva de su mundo. Si se le daba tiempo.
Una idea fugaz cruzó por su mente.
Sacó Su móvil y una tarjeta de presentación que guardaba en su bolsillo. Marcó el número escrito en la tarjeta.
-¿Dr. Miyasawa?-
-Habla Seguchi Touma. Necesito pedirle un favor.-
Miraba hacia su único contacto con el exterior, una ventana que proyectaba un azul en medio de un blanco inmaculado, absorbido completamente por la visión, por ese tono frío del azul…
Un cielo sin una sola nube, supone que se debe estar feliz. Pero desde aquel sitio, el cielo no parecía cielo, más bien imitaba una simple pantalla de ese color, sin ninguna sensación de júbilo, tan sólo un color vacío. Sumido en la soledad de una estancia de un blanco gélido donde sobre una pared descansaba un cuadro que sólo ofrecía el azul insensible de un exterior desconocido.
¿Qué habría mas haya de su prisión inmaculada?
¿Qué habría mas haya de sus recuerdos sellados?
Su cuerpo se mantenía aferrado a su lecho, enredado entre las sabanas en consecuencia de haber intentado cambiar de posición.
Llevaba demasiado tiempo sin compañía, con el pretexto de estar dormido, cada vez que escuchaba a alguien acercarse para entrar, cerraba sus ojos y fingía, obligando a la visita indeseada a retirarse.
Quería mantener su mente como aquellas paredes: en blanco
Sin meditar en nada, temía a los resultados de una reflexión profunda sobre su estado.
El temor no tenía fundamento, nada más que esa presión en el pecho que le mantenía afligido sin entenderlo.
Lastima que demasiadas horas en silencio forzan al pensamiento a tejer ideas, convirtiéndolas en un recital personal de pensamientos; unas veces absurdos, otras veces coherentes y otras tantas abrumadoramente reales.
¿Por cuánto tiempo? Se preguntó
¿Por cuánto tiempo he dormido?
¿Cómo terminé en una cama de hospital?
¿Cuánto tiempo llevo lúcido?
¿Por qué nadie ha venido a verme?
¿Por qué nadie ha venido a sacarme de aquí?
Sacudió su cabeza luchando por retirar cualquier pregunta, cualquier posible respuesta, no quería pensar…
El sonido de la puerta abriendo y cerrándose fuertemente lo alertó, muy tarde para iniciar su actuación y escena de dormido.
Se apoyó en sus codos sentándose con dificultad, para poder recibir a cualquier visita. Después de todo ya estaba cansado de mantener la misma "pose" todo el tiempo, hablar o "escuchar" no le vendría mal.
Se sorprendió al ver a un rubio alto ¿Y por que no admitirlo? Bastante apuesto. Apoyado en la puerta dándole la espalda.
Seguro que se ha equivocado de habitación pensó molesto
-Disculpe…- llamó su atención. En espera por que al verlo saldría inmediatamente, tal vez con un "lo siento" pero nada más haya de la educación.
Unos ojos dorados se posaron rápido en los violetas. Su cuerpo se tensó y su respiración cambio a un ritmo más lento.
Su tan ansiado "vacío mental" se había presentado, volviéndole incapaz de pronunciar palabra.
El rubio se enderezó tomando una postura elegante, sin apartar la mirada de su acompañante.
No pensé que estuvieras despierto- Le dijo con una voz grabe y profunda que erizó la piel del pelirosa.
-¿Me conoce?- preguntó con un dejo de angustia, puesto que tal vez el ambarino se molestaría al ver que Shuichi no tenía idea de quien era.
-No tanto como eso- declaró, con un tono molesto.
Shuichi bajó la mirada apenado creyendo que la actitud del rubio se debía a su amnesia
- Se tu nombre si eso te sirve- el ambarino miraba al pelirosa con interés. En verdad no se le hacía creíble que frente a el, tenia a alguien que había intentado quitarse la vida.
-Lo lamento- murmuró el chico mirando a Yuki.
El escritor guardó silencio como si no hubiese escuchado nada.
- Perdí parte de mis recuerdos…- no sabía por qué pero se sentía forzado a dar una explicación al ambarino. –No se cuántos, pero en verdad lamento no recordarlo…- silencio de nuevo.
- Supongo que debe ser una buena persona-
El rubio se sorprendió ante el juicio anticipado del chiquillo
-Y yo supongo que no sabes como haz llegado aquí-
-No- los ojos violetas se clavaron en el piso con una mirada perdida para luego regresar hacia su interlocutor.
-No se supone que debes conocerme, yo soy quien te ha traído aquí, en realidad tampoco te conozco- Yuki se sorprendió así mismo, sentía que había dicho más palabras al hilo de lo que en toda su vida, normalmente sus conversaciones con los demás se componían de largas preguntas de la otra persona y respuestas monosílabas de parte suya.
-¿No me conoce?- Preguntó el pelirosa descolocado.
-Apenas se tu nombre- sinceró el rubio
Por primera vez el silencio de dos desconocidos se posaba en la habitación. Sus miradas no volvieron a cruzarse. Los ojos violetas se mantenían en el piso mientras los dorados estaban fijos en él.
Yuki aprovechó el silencio para contemplar a su acompañante.
Un cuerpo esbelto y frágil con brillantes y desordenados cabellos rosas y un hermoso rostro adornado por una melancólica mirada violeta
Amatistas
Fue su único pensamiento al encontrar el color de sus ojos. Al fin el misterio que lo mantenía ansioso le era revelado. Durante su estado de inconciencia se preguntó que clase de ojos se escondían tras sus parpados, y al prolongarse su sueño pensó que jamás se le rebelarían. Pero ahí estaban…Unas bellas joyas amatistas
Y la espera había valido la sorpresa.
-Aniki!!!- La voz de su querido hermano irrumpió en la habitación.
-Tatsuha…- Sintió como la cabeza le comenzaba a punzar de solo escucharle.
-¡Te he encontrado!- Un hombre idéntico a Yuki pero con cabellos y ojos negros se hallaba colgado del cuello del rubio.
-Quítate…- siseo Yuki con una vena palpitante en su sien.
-Lo siento aniki, ha sido por la emoción de verte- Sonrió el moreno al tiempo que le soltaba.
-¿Qué demonios haces aquí?-
-¿yo? Sólo saludándote-
-No repetiré la pregunta- El moreno sonrió divertido.
-Mika me contó sobre tu nuevo pasatiempo y quise venir a ver-
Mika, Mika, Mika Era igual de eficiente que un periódico tratándose de difundir noticias sobre su vida. Primero Touma y ahora Tatsuha. ¿Qué seguía¿La prensa?
-Vaya el niño es lindo- Tatsuha se había fijado en la tercera persona presente, que hasta ahora observaba todo confundido.
-¿Cuál es tu nombre?- Preguntó de manera dulce como si estuviese hablando con un niño pequeño.
Shuichi tomó su actitud como una amable y ante la sonrisa del moreno se sonrojó.
-Shindou Shuichi- Contestó levemente intentando esconder su vergüenza
-Shuichi ¿ne¿Te puedo llamar así?-
El pelirosa asintió levemente.
-Entonces tú puedes llamarme Tatsuha o Tat-chan si lo prefieres- El pelirosa aceptó su ofrecimiento con una sonrisa.
Al ver a Tatsuha tan cercano al crió la punzada en la cabeza de Yuki aumentaba y pronto se volvería un irritante dolor de cabeza¿Quién se creía Tatsuha para venir a interrumpir…¿Interrumpir qué?
-¿Qué edad tienes?- inquirió de nuevo Tatsuha
-16- Contestó Shuichi mas relajado, aunque esas preguntas eran las que había contestado antes, ahora le agradaba ver interés en aquella persona y que no estuviera haciendo apuntes.
-¿Cómo llegaste aquí?- La atmósfera relajante terminó de nuevo la mirada del pelirosa se hallaba clavada en el piso.
Tatsuha continuaba mirando al chico en espera de una respuesta
-No lo sabe- La voz de Yuki cortó el silencio como una navaja afilada.
El ambarino se hallaba molesto de que Tatsuha se entrometiera tanto.
-Pero apuesto a que tu lo sabes Aniki, tu lo trajiste aquí- Tatsuha no parecía acatar la orden silenciosa de Yuki.
-No es de tu incumbencia- cortó el escritor inmediatamente.
Cada vez sentía mas tristeza en los ojos del chico, no tenia idea si el crío sabía como había llegado ahí. Pero de algo estaba seguro, cada vez que avanzaba el tema los ojos se nublaban mas y más.
Igual que los de un pequeño niño confundido a punto de llorar.
-Está bien si no me quieres decir, tus razones tendrás…- intentó arreglar Tatsuha pero era demasiado tarde, todos los sentimientos y pensamientos guardados salieron, abriendo el grifo que drenaba su preocupación.
Un gemido escapó de sus labios, más parecido a un llanto ahogado. Una lágrima resbaló por su mejilla y a esa le sucedieron muchas más.
En su mente se repetía la pregunta como un eco ¿Cómo llegaste aquí?
-No lo se…- clamo en un pequeño susurro con la voz entrecortada.
-No lo sé!- gritó cubriendo su rostro con sus manos.
Estaba lleno de pánico y el pequeño cuerpo temblaba, ambos hermanos se acercaron sin atreverse a tocarlo.
Tatsuha salió buscando una enfermera temiendo que fuera un ataque de algo…
Yuki se sentó en la cama tomándolo por los hombros en un intento por tranquilizarlo sin decir palabra.
La mirada violeta se clavó en la dorada paralizando al rubio, sus ojos estaban llenos de miedo y dudas y su cuerpo no paraba de temblar.
-No sé por qué estoy aquí… y toda la gente es desconocida el cuarto es muy frío.- Una enfermera entró corriendo detrás de Tatsuha preparando una inyección, seguro un tranquilizante.
Shuichi ignoraba todo a su alrededor, no era un loco con un ataque, sólo era un niño, un pequeño niño abandonado, que se aferraba a la camisa del escritor que mudamente le comprendía y escuchaba.
Yuki le sostenía, quería decirles que la inyección no era necesaria pero para cuando su cuerpo reaccionó, la enfermera ya aplicaba el líquido.
El pelirosa aflojó el agarre y poco a poco perdía fuerza.
-No sé donde estoy no se porque estoy aquí y tengo tanto miedo de saberlo…- Continuaba explicando en susurros, mientras su cuerpo se dejaba vencer por el sopor que lo inundaba.
Yuki le tomo en brazos al sentirle desfallecer.
-Quiero… que alguien me saque de aquí- Suplicó a Yuki antes de cerrar sus ojos y caer de nuevo dormido. Tal cual lo había mirado Yuki por primera vez.
-¿Qué sucedió?- Preguntó Tatsuha a la enfermera aun desconcertado por la actitud del chico.
- No lo sé.- Declaró la enfermera.
No lo sé, no lo sé… Es lo único que saben decir, nadie sabe nada acerca de ti pensaba Yuki mientras acomodaba al pelirosa en la cama.
Todos quieren saber cosa inútiles, pero nadie se esfuerza en advertir como te sientes, Puedo entender tu situación. Aquí sólo te trataran como un caso extraño… El objeto de moda.
Yuki contemplaba a Shuichi sin decir palabra alguna.
-Eiri será mejor irnos, seguro que alguien más viene por él- dijo Tatsuha.
-Vete tú si es lo que quieres- Contestó con voz fría ante la propuesta.
-Eiri ¿Qué piensas hacer quedándote?-
-Voy a esperar a que despierte y lo llevaré conmigo- Yuki no sabia de donde salía todo aquello, sólo era un impulso que no podía frenar.
Tatsuha se sorprendió ante la voz firme del ambarino.
-Pero…-
-Nadie vendrá, lo sé, he esperado casi dos días y nadie ha venido…-
-¿Has esperado?- El moreno se sorprendió ante las palabras de su Aniki, lo conocía, más que bien, después de todo eran hermanos, pero ahora esa personalidad estoica parecía querer desvanecerse por unos instantes.
Lo miró extrañado buscando alguna explicación que sabría no obtendría. Finalmente decidió alejarse de la habitación y de toda la escena.
No puedo llevarlo conmigo… Yo no puedo cuidar de un crío. Nadie lo hará…
-El quiere salir y yo lo voy a sacar, sólo eso.-
Fin del cuarto capitulo.
Hola gente bonita, este capi me quedó muy largo espero no les haya aburrido, a partir de ahora se pone interesante jajaja
Shuichi y Yuki comenzaran a tener mas contacto. Jiji
Me llegó la petición de un lemon. Quienes apoyen la idea digan si!!! Para mi es bueno experimentar…
Espero reviews bonitos o feos… o amenazas de muerte… o … Simplemente quiero saber su opinión, de verdad.
Prometo que el siguiente será súper guay me superaré a mi misma!!!
Nos vemos….
