aqui saludándolos y para no aburrirlos con disculpas inutiles, publicando...

Bueno ojala aun tenga algunos seguidores esta historia.

y claro, espero que encuentre algunos seguidores más. Uno siempre ruega por eso.

Suicidio.

Capítulo 5

La forma apropiada de vestir

Seguro que jamás haz soñado con el sueño perfecto, si es que lo vives… ten mucho miedo.

Demasiado holgada, demasiado ancha, demasiado larga

Y el que se consideraba de tallas perfectas!

Nada, nada de lo que había llevado le quedaba decentemente, se tuvo que conformar con una camisa –para él ajustada, para el pequeño amplia- y unos pantalones que había tenido que sostener firmemente con el cinto.

Echó una última mirada a su modelo. En realidad parecía un niño pequeño intentando imitar a su padre colocándose sus ropas.

La tela sobrada caía por su cuerpo de manera grácil, el cuello de la camisa le dejaba al descubierto la piel de su hombro, lisa y brillante. El "niño" lucia verdaderamente "bien" y con esa expresión de inocencia y el sonrojo en sus mejillas hasta podría decirse que el niño lucia "apetitoso"

-Bien… Por lo menos estas vestido- le dijo el mayor poniéndose a la altura del pelirosa, tomando su mentón para dirigir su mirada avergonzada hacia el.

-Vamos, dame una sonrisa…- le pidió Tatsuha de manera Dulce

El chico dibujó una pequeña línea curva en sus labios rosados en símbolo de asentimiento a la petición

-Verás que todo está bien, seguro mi hermano sabrá como cuidarte…-

El pelirosa movió la cabeza en símbolo de agradecimiento.

-Además si no te gusta siempre esta mi casa donde puedes encontrar un trato… diferente.- El moreno le lanzó una mirada lasciva que Shuichi no notó. Pero que el rubio captó perfectamente al entrar en la habitación.

-Sólo te pedí que le entregaras ropa, no que lo vistieras- espetó Yuki con molestia, fulminando a su pequeño hermano con la mirada provocando que el aludido retrocediera.

-Aniki, no debes estar molesto, te juro que no he visto nada… el fue el que insistió en entrar al baño para vestirse-

El ambarino aun lo observaba con molestia. Estaba dispuesto a decirle otro par de cosas, pero fue interrumpido por la voz aun soñolienta del amatista.

-Muchas gracias Tatsuha-san por prestarme sus ropas-

-No tienes nada que agradecer, puedes quedártelas…-

-Pero…-

-No, no acepto reclamos me voy Y suerte con el gigante gruñón…-

Y ahí estaba de nuevo, ese silencio incomodo que se forma entre dos desconocidos.

Cada uno de ellos tenía la mirada en distintos puntos, uno en el suelo el otro en la ventana. Solo ellos y el silencio paseándose de un lado a otro.

El pelirosa se ponía cada vez más nervioso y el escritor lo notaba, esa falta de palabras entre ellos en realidad le tenía sin mucho cuidado, no estaba hecho para conversar.

- Yo…- El sutil balbuceo rasgó la escena ahora la atención de Yuki estaba sobre de su acompañante con una expresión que difícilmente se podría interpretar. La mirada del rubio surtía el mismo efecto que una goma sobre el papel. Terminaba con sus ideas y ahogaba sus palabras en la garganta.

-Se sentía lo mismo idiota que confundido, ya no sabia a que parte darle mas importancia, a aclarar sus dudas o poder mantener una conversación de hilo sin balbuceos y oraciones ambiguas.

-Le agradezco que me lleve con usted-

El escritor arqueó una ceja, mirándolo de nuevo intentando recordar como había llegado hasta la situación de llevar un gato perdido a su apartamento lujoso; creado solo para el, con visitas frecuentes de mujeres sin importancia incluyendo a su hermana (con la gran diferencia que ella no desfilaba por su cama) y como única despensa cervezas. Si, el era el indicado para cuidar al chico…

No me agradezcas, te doy una semana – La frase había salido de hilo sin pasar correctamente por su circuito de neuronas.

¿Una semana?- preguntó para vaciar los huecos de la duda.

El rubio lo miró ¿Y que se supone que seguía?

¿Una larga charla acerca de todos los reproches que le quería hacer por venir a poner su mundo patas arriba?

No, por supuesto que no. A duras penas él comprendía sus actos. No, de hecho no les hallaba ni pies ni cabeza, eran impulsos…

Y precisamente esos impulsos fueron quienes le abrieron la boca para decir.

-Una semana para que recuerdes quien eres y salgas de aquí-

Silencio.

Pero esta vez era de esos silencios donde la mente trabaja.

-¿Sabe algo?-

El ceño de Shuichi se hallaba fruncido prueba de que estaba analizando algo concienzudamente.

El escritor intentó leer todos aquellos pensamientos que pasaban por la mente del menor.

Si bien el era conciente de que su petición sólo hacia gala de sus frialdad e indiferencia, esta vez no había sido del todo intencional; y la falta de intencionalidad era lo único que lo hacia sentir culpable en ese momento.

-Usted es amable, extraño, pero amable. ¿o viceversa?-

Fuera de lugar… Ni un si o un no, ni siquiera un reclamo, ese había sido un comentario al aire y casi sin sentido…

Una arruga se marco en la frente del escritor, le dio la espalda al espécimen raro y caminó, siendo conciente de que era seguido por el mismo.

El camino de la habitación de hospital al auto, se llevó a cabo en silencio.

Su nueva relación (a la cual aun no podía nombrar) consistía en silencios y palabras que contenían una esencia que solo ellos podrían descifrar. Algo habrían de tener en comun ¿Qué cosa podría ser?

Pero este vago pensamiento le hizo encontrar a Eiri una teoría. Probablemente toda su serie de impulsos eran explicados por esa razón. Algo había de él, dentro de ese desmemoriado.

Algo que con este breve tiempo tal vez, podría comprender.

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Inspiró hondo por enésima vez en el trayecto.

El sol sofocante, mas la ausencia de viento, le hacía sentir incómodo e irritado, eso aunado a la inquietante visión del asiento contiguo y el terrible tráfico vehicular.

Deseaba ser transportado mágicamente hacia su departamento con aire acondicionado.

Pasaron unos minutos y si bien no había sido transportado mágicamente, una brisa comenzó a bajarle el calor. Suspiró casi con alivio, pero su suspiro fue acompañado por otro al unísono.

Giró su cabeza ligeramente hacia su derecha, no había peligro, después de todo no se movían para nada. Lo que vió le recordó que a parte del calor tenía otro problema.

-Lo siento, pensé que con el aire acondicionado estaríamos mejor-

Y lo estaban, pero ¿Por qué no se le había ocurrido a el?

Simple, porque la visión que daba su acompañante era demasiado… Ah! Tenía el calificativo perfecto pero era horrendo manifestarlo.

-Está bien, casi había olvidado el calor-

-Si claro, por eso sudaba demasiado-

El tono había sido sarcástico, lo sorprendió, si, pero lejos de incomodarle, le gustaba, el pequeño se desenvolvía un poco mejor.

Además… Si, sudaba como cerdo. Tal vez ahora mismo compraría otra camisa, porque la que llevaba puesta resultaba difícil de soportar al olfato.

Y una idea brillante le cruzó por la mente.

Se filtró en la primera desviación a la que pudo acceder condujo algunas cuadras hasta un centro comercial.

-Tendré que comprar algo, bajemos ahora-

Shuichi le obedeció sin preguntar nada y le siguió sin mencionar una palabra, hasta que llegaron a una tienda de ropa casual.

Una jovencita les atendió inmediatamente.

-Buenas tardes ¿le puedo ayudar en algo?-

-Si, necesito ropa acorde a este chico- dijo Eiri mientras hacía un vago ademán que señalaba al pelirosa.

La señorita sonrió y procedió a vagar por diferentes stands.

Tomando pantalones, jeans y diferentes playeras de diferentes modelos. Que eran revisados por el escritor y después vagamente aprobados por Shuichi, quien ahora se sentía extraño al recibir tal atención. Bueno, la ropa de Tatsuha era grande, enorme, y definitivamente no adecuada para el. Así que con este pensamiento justificó la compra de una muda de ropa, ya después encontraría la manera de pagarle.

Después de la elección la señorita les pidió un momento para encontrar un probador libre.

Mientras regresaba Eiri tomó una camiseta colorida de las que había en el montón.

-Te gustan los colores-

-No tengo nada en contra de ellos, ni de los grises-

-Buena respuesta diplomática-

-A veces se le llama sinceridad, pero sólo convencionalmente-

Eiri tuvo ganas de soltar una carcajada abierta debido al dialogo, pero la disimuló y cubrió con una sonrisa a la que su acompañante contestó.

-Si no le molesta, me tomé la libertad de escoger mi ropa interior, de verdad que luego encontraré la forma de pagársela-

-No tengo objeción respecto a la ropa pero el pago de esta no lo harás, y dejemos esta frase como una afirmación que zanja el asunto-

-¿Por qué no quiere que lo haga, o porque piensa que no lo haré?-

Silencio como respuesta, Shuichi casi lanza un soplido de resignación, era difícil mantener una charla con ese hombre.

-Señores, por aquí-

El paso por los probadores fue casi eterno, era igual que un desfile de modas cuyo tema consistía en ropa casual para toda ocasión, llena de colores brillantes.

Eiri asentía o negaba sin dar opinión, hasta que llegó un conjunto que le llamó la atención, no era por la ropa en si, sino por la manera de portarla tan natural.

Una camiseta naranja con una sudadera beige de estampado sencillo, con gorra y jaretas. Una bermuda de un café jaspeado con bolsas laterales que sentaban muy bien al modelo, para completar la suma se anexaba zapatillas deportivas casuales y cómodas.

-Llévate eso puesto-

Fue lo que dijo mientras se levantaba de la banca donde fungía como espectador. Tomó el bulto de ropa y comenzó a discriminar y anexar ropa sin pedir consentimiento.

Después de todo ya había encontrado la formula perfecta para vestir a ese personaje extraño.

No cabía duda que la vestimenta podía ayudar mucho para decir quien eres, quitando la connotación superficial que a veces le daban a esa frase.

Mientras escogía entre camisas, shorts y chaquetas. Le cruzó un vago pensamiento.

¿Qué llevaba ese día?

El día en el que se conocieron.

No podía recordar siquiera alguna prenda o algún color aun si su cabeza hacía un esfuerzo, pero seguramente no era esa ropa alegre que ahora escogía.

Entregó la mercancía seleccionada y después de pagar, se encontraban los dos con 5 bolsas gigantescas llenas de ropa, cuyo valor total se veía casi imposible para Shuichi.

Bien, no rezongaría acerca de pagar eso, ni aun trabajando toda una vida lo conseguiría.

Shuichi frunció el seño de nuevo, cosa que llamó la atención del rubio.

Eiri lo miraba mientras el menor pensaba….

¿Qué clase de hombre era Yuki Eiri?

¿Algún tipo de gangster?

Prefería pensar que Dios le tenía mucho aprecio y le había mandado un ángel gruñón en su ayuda.

Era un buen pensamiento.

-¿Qué piensas?- Preguntó Yuki después de aceptar su incapacidad para descifrar los pensamientos de la cabeza rosa.

Shuichi lo miró y con una sonrisa que no supo interpretar, contestó.

-En que mi ángel personal tiene tarjeta dorada-

Y la carcajada limpia, nuevamente se disfrazó de una sonrisa sutil.

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Un Agradecimiento especial a mis dos ultimos review... del año pasado!! por dios, esas palabras me hicieron ponerme a escribir como loca aqui a la 1:25 de la madrugada de este hermoso día de calor infernal, gracias, amé esas palabras.

Con inmensa gratitud

Saksu Higurahi