Hola!! Aquí teneis el cuartooo capi de este sexoso fic xD

Ok, no

Es muy corto, lo se y os pido disculpas mil u.u

Pero espero que os guste n.n

En el porche de aquella mansión se encontraba un hombre anciano, de pelo rizado y alborotado, con unas grandes gafas. Cuando llegaron a su altura les hizo una pequeña reverencia y le ofreció a Kanda una bandejita con todo tipo de chucherías, consiguiendo que éste lo mirara de mala manera, claramente cabreado.

-Tiedoll, no se cuantas veces tengo que decirte que dejes esa maldita costumbre.

-Pero Kanda-kun, ¡Si te encantaban los dulces!

-Tú lo has dicho: Me encantaban. Pasado –contestó Kanda con dureza mientras que entraba a la mansión.

El anciano lo miró con tristeza hasta que se percató de la presencia del albino.

-Usted debe de ser Allen-kun.

Allen se puso rígido al ver que se dirigía a él con tanto respeto y asintió quedamente con la cabeza. Tiedoll sonrió y le tendió la bandejita. Allen tuvo el impulso de cogerlo todo, pero se moderó y tomo tres piruletas de esas con forma de corazón, una para él y las otras para Komui y Lavi.

-Gracias.

El anciano le hizo una reverencia servicial y le condujo al interior. Cuando entró, sintió que volaba en una nube. Se encontraba en un recibidor enorme, con una escalera de nogal al fondo y unas losas en las que se podía reflejar como en un espejo. Allen parecía un niño pequeño perdido en el parque de atracciones, con los ojos brillantes de emoción y abiertos de sorpresa, mientras lamía distraídamente su piruleta… Aunque a él le gustaba pensar que estaba viviendo el cuento de la Cenicienta, con su flamante príncipe tendiéndole la mano para bailar un vals. La única diferencia era que él tenía un trabajo mucho más pueril que el de la dama del cuento y su flamante príncipe ni siquiera le prestaba atención, sino que había subido al segundo piso sin él, con una mueca de impaciencia en el rostro.

Suspiró apesadumbrado. A lo largo de su vida se había obligado a dejar de soñar. Esas ñoñerías eran para personas con un brillante presente a los que no les afectaba demasiado tener su mundo de fantasía. Pero para sujetos como él soñar era perderse, porque en vez de simples sueños se transforman en futuros anhelantes de realidad, una realidad que resultaba imposible.

Se sobresaltó cuando Tiedoll le puso una mano en el hombro.



-¿Esta bien? –le miró preocupado, consiguiendo que Allen volviera a ponerse rígido como una tabla al no estar acostumbrado a tales atenciones.

-Ajá –tartamudeó con una sonrisa tímida. Se sintió estúpido porque las palabras de agradecimiento se le atascaron en la garganta y lo único que le salió fue ese titubeante sonidito.

-No se preocupe, Kanda-kun mandó al servicio que le preparasen el baño, sígame.

Allen asintió enérgicamente mientras mordía la piruleta, nervioso. Tiedoll tomó el palito del caramelo, con el que el albino se quedó en la mano sin saber qué hacer, para luego tirarlo en una papelera cercana que al niño le había parecido un jarrón de lo lujoso que era.

Mientras subían las escaleras Allen observaba las pinturas que decoraban la subida. En ninguna de ellas ponía el nombre de Yuu Kanda, pero tampoco eran de un mismo artista. Había obras preciosas, desde paisajes arbolados hasta grises retratos de personas.

Cuando quería darse cuenta estaban frente a la puerta del baño. Tiedoll abrió de golpe. De nuevo más de esos olores que les eran desconocidos. Las extravagantes fragancias de las sales de baño se arremolinaban con el vapor de agua y llegaban a él en un suave aleteo. Al fondo del impresionante cuarto de azulejos blancos se encontraba una enorme bañera a la que se llegaba subiendo unos escalones de madera. Dos mujeres lo preparaban todo y al verlo llegar, se apresuraron en colocar las toallas y se retiraron haciendo una reverencia. Allen les contestó con un ahogado "Gracias" mientras les sonreía educadamente.

Kanda estaba apoyado en la pared, observando todo lo que hacía. Tiedoll se retiró, cerrando la puerta y Allen se sintió indefenso, sin saber que hacer.

-Vamos –lo apremió Kanda con voz inexpresiva- No me iras a decir que te da vergüenza desnudarte.

El peliblanco sentía que lo había retado. Le miró con el ceño fruncido y se sacó la camiseta. Al sentir la atenta mirada del japonés sobre él, un sonrojo acudió a sus mejillas pero siguió desnudándose. Era absurdo que después de todo lo que había hecho aquello le resultase tan vergonzoso. Sería culpa de aquellos brillantes ojos oscuros, que analizaban cada parte de su cuerpo con escrupuloso detenimiento. Cuando toda su ropa se encontró tirada a sus pies avanzó hasta la bañera sin pedir permiso y subió los escalones, cuando se encontró en el más alto Kanda lo detuvo.

-Espera.

Allen obedeció y giró el rostro para mirarle. Precisamente lo que el japonés miraba. Allen se sonrojó violentamente. Pasaron así unos minutos hasta que se rompió el silencio.

-Incluso desde ahí pareces un enano –dijo Kanda sin quitarle la vista de encima.

Allen iba a contestarle de no muy bonita manera cuando se fijó en que Kanda no tenía ninguna muestra de burla en el rostro, simplemente lo miraba y él se comenzó a sentir pequeño. Bufó molesto ante el hecho.



-¿Desea algo más, señor? –preguntó con rin tintín.

A Kanda le creció una venita en la sien al notar el tono con el que le hablaba.

-Nada más, Moyashi idiota.

-¡Es All…!

No pudo seguir. Sintió una mano en su nalga izquierda, un escalofrío y el repentino contacto con el agua tibia. Kanda lo había empujado.

La bañera era increíblemente profunda, cuando salió el agua le llegaba por los hombros.

Kanda se había sentado en una elegante silla junto a la bañera y lo observaba despreocupado.

-Maldito afeminado… -susurró molesto mirando al japonés con odio.

-¿Decías algo, Moyashi?

-¡Nada! –dijo sumergiéndose en el agua hasta los ojos. Sentía tanta paz…

-Tsk.

Kanda suspiró con fastidio, ese crío era condenadamente infantil en algunas ocasiones.

Si quería hacer un cuadro con él, tendría que investigar a fondo.

-Oye, idiota.

Sin respuesta.

-Moyashi.

Silencio.

-¡Enano!

Kanda se alarmó, ya no se veía el níveo cabello asomar por la superficie del agua. Se levantó de un salto y se acercó a la bañera. El niño se encontraba sumergido por completo, con los ojos cerrados. El japonés se arremangó la camisa y metió los brazos en el agua para sacarlo. Nada más hacerlo el albino comenzó a toser escandalosamente, intentando retomar el aire.

Allen se encontró con que lo tumbaban en el suelo sin delicadeza alguna y abrió los ojos para encontrarse con el ofuscado rostro de su distinguido cliente. Sabía que estaba desnudo de nuevo ante el moreno, pero no pudo moverse. Se sentía realmente mareado, le pesaban los ojos.

-¿Qué…?

-¡IDIOTA, TE HAS DORMIDO! –le gritó un muy alterado Kanda.



-Lo siento… llevo bastantes días sin dormir –se disculpó con una ligera sonrisa. Aún estaba muy adormilado. Las sales de baño, los aromas, la calidez del agua… Todo aquello lo habían vencido al sueño hasta hacerle perder la noción de dónde estaba.

-Eres insoportable –le espetó Kanda tirándole una toalla a la cara.

No oyó ningún quejido por parte del albino, así que se volvió a él extrañado. El muy estúpido se había acurrucado sobre las frías baldosas y quedado completamente dormido de nuevo.

Kanda no lo podía creer. ¿Qué forma de vida llevaba el niño como para aquello?

Recogió la toalla que le había lanzado y se la echó sin ningún cuidado por encima. Luego llamó a Tiedoll para que lo recogiera.

-¿La habitación de invitados esta lista? –preguntó mientras el anciano cogía a Allen con delicadeza.

-Si, Kanda-kun ¿Lo llevo hacia allá?

-Si.

Se pusieron en marcha. Kanda observaba las facciones de Allen con detenimiento, como tratando de recordarlas.

-Realmente es lindo ¿eh? –le dijo Tiedoll con una sonrisa, admirando también al que dormía, con la cabeza apoyada en su pecho.

Kanda sabía por dónde iba el anciano. Demasiados años juntos.

-Tsk, servirá.

-Sin duda –inquirió Tiedoll con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Qué demonios es lo que te hace tanta gracia, viejo?

Ya habían llegado al cuarto de invitados. El anciano se giró y le giñó un ojo, exasperando aún más al japonés.

-Que pensaba que no te gustaban los dulces.

Oks!! Sorry esta vez no podre contestar los Reviews!!

Pero es OBVIO y la duda ofende, que os los agradezco muchisisisisimo

Y que os amoh! 8D

Nos vemos en el próximo cap, que espero sea más largo y en el que sí contestare a vuestros genialosos Revs!!

Si me dejan, claro ;o;