Holaaaaaa!! Muchas gracias por los reviews!! Los contestare luego n.n

Advertencia: Intento de LEMON -.-

Díganme lo que les pareció con absoluta sinceridad, por favor n0n

Uno a uno: despertando sus sentidos.

Tacto. La suavidad de las sábanas. Seda contra su cuerpo desnudo.

Olfato. Un dulce aroma a miel salía de cada poro de su piel, supuso que gracias a la generosa cantidad de sales de baño que añadieron las criadas.

Oído. El rasgueo de una pluma sobre el papel, apenas el viento ondeando a través de las transparentes cortinas.

Gusto. La boca completamente seca. Inconscientemente pasó la lengua por sus agrietados labios.

Vista. Demasiada claridad. Se encontraba en una habitación de tonos suaves y pasteles, o eso era lo que pudo ver a través del dosel que lo rodeaba. No había muchas cosas, pero era inmensa. Frente a él unas manos deslizándose hábilmente sobre un cuaderno de dibujo.

Intentó incorporarse, pero una mano y una voz masculina se lo impidieron.

-No te muevas.

-¿Kanda?

-¿Quién si no, garbanzo? Ahora quieto.

Allen frunció el ceño, pero obedeció y se quedó allí tumbado, con las sábanas enredadas en sus caderas, alzando la mirada para ver al japonés.

Kanda apenas lo miraba, hacía trazos largos y certeros sobre el papel con una mirada de absoluta concentración. Entonces dejó de dibujar y miró el cuaderno con fastidio.

-Tsk, ni modo –se quejó lanzándolo a la mesilla que había al lado de la cama.

Allen pudo ver que era un retrato perfecto de él. Fue a cogerlo cuando de nuevo la mano de Kanda lo empujaba contra la cama, con la pequeña diferencia de que ahora su dueño había entrado al dosel y subido a la cama, con una expresión indescifrable.

-Me ha entrado la curiosidad –dijo con un tono de voz lleno de sensualidad.

Allen lo miró sin comprender, medio extasiado con el áspero tacto de la mano de Kanda sobre su pecho.

El japonés gateó sobre él y acercó su rostro hasta rozar con sus labios la oreja del peliblanco. Allen cerró los ojos ante el sensual roce y sentir ese cálido aliento sobre su piel.



-¿Qué hubieras hecho ese día, Moyashi?

Cuando terminó de decir aquello, sorprendiendo bastante al otro, se levantó bruscamente de él y se sentó sobre el lecho, esperándolo.

Allen entendió a qué se refería con aquello. Al primer día que se encontraron, cuando le abordó en la cama como si de un cliente cualquiera se tratase, pero él no era un cliente cualquiera. Ninguno de sus clientes lo atolondraba de aquella manera con unas simples palabras, ninguno se molestó en darle placer como él lo hizo.

Kanda se recogió el cabello tras la oreja y giró el rostro, dejándola expuesta al peliblanco, que en seguida entendió lo que quería: retomarlo donde lo dejaron. Esta vez fue él quien gateó hasta quedar sobre su regazo, en movimientos lentos y sinuosos. Kanda sonrió con malicia al volver a ver esa mirada turbia en el niño, eso era lo que quería reflejar en sus dibujos y descubriría como hacerlo tras aquella sesión. Se detuvo en observar el cuerpo maltratado de éste, lleno de marcas seguramente hechas en un desesperado intento de reclamarlo como suyo, pero era un niño de alquiler, era de todos y de nadie al mismo tiempo.

Él las recorrió una a una con las yemas de sus dedos mientras sentía de nuevo la caliente lengua de Allen degustando su oído con afán y deleite, como aquella vez.

Fue bajando lentamente hasta su cuello, para luego volver a subir de la misma manera y degustar su perfilada barbilla entre besos y lamidas. Kanda aprovechó eso para tomarlo del mentón sin delicadeza alguna y besarlo con ansiedad. Sentía contra sus labios la piel maltratada de los contrarios, llenos de mordidas. Allen le seguía el ritmo sin problemas, y cuando se abrió paso a su interior, obligándolo a separar los labios con su lengua y dejarle paso, le oyó jadear. Kanda lo supo desde el principio, ya no hacía aquello por sus dibujos, sino porque realmente quería hacer suyo, aunque fuera en una pequeña parte, aquel cuerpo que tanto lo había fascinado en silencio, aquellas líneas y curvas imposibles en un cuerpo masculino, aquellos tonos rosados que ocupaban sus labios, pezones y mejillas cuando lo vio siendo de otro. Se había vuelto como aquellos clientes vulgares que tanto había criticado.

Sus lenguas jugaban y chocaban, intentado sacar todo el sabor de la contraria, pidiendo a gritos por más. Cuando se separaron ambos ya estaban completamente duros y Allen jadeaba aun más con sus mejillas sonrojadas y mirada perdida en los ojos negros que lo analizaban. Había un leve brillo en la penumbra de sus ojos plateados. Kanda se quitó la camisa sin prisa mientras Allen le volvía a repartir besos por su mandíbula en una actitud entregada y de absoluta sumisión. Nada más ver que el japonés tenía la prenda totalmente sacada, pasó a saborear el musculoso torso que había quedado al descubierto. Kanda de mientras acariciaba de espalda y le estimulaba los pezones con sus manos de manera exquisita, haciéndolo suspirar contra su piel. El japonés le obligó a alzarse para ser él quien hundiese su cabeza en su torso, lamiendo sin cuidado ni descanso cada rincón de su piel, repartiendo mordidas en ciertos puntos donde lo hacía gemir levemente. Allen acabó tumbado en la cama de nuevo, con el pelinegro sobre él. La lujuria centelleando en sus miradas. Kanda lamió sensualmente sus labios y él intentó seguirlo, pero el otro se alejaba levemente con una sonrisa en cuanto intentaba hacer coincidir sus lenguas, demandando el control que Kanda no estaba dispuesto a devolverle. Entonces perdió de vista el rostro del japonés y en ese momento fue cuando Allen 

alcanzó a tocar con sus dedos el terciopelo de las nubes. Kanda se encontraba entre sus piernas, jugando con su miembro, lamiéndolo de manera intermitente, haciéndolo sufrir cruelmente con una sonrisa maliciosa al ver sus reacciones. Allen temblaba ligeramente, aún más sonrojado si se podía y alzaba las caderas pidiendo por más.

-Kanda… -gimió entre jadeos, impaciente.

Él le sonrió burlón. Aquella manera de decir su nombre le había encantado.

-Pídemelo, Moyashi –exigió con voz ronca por la excitación pero sumamente sensual a los oídos del peliblanco.

-Ka-kanda, por favor…

Allen no sabía que le pasaba, era la primera vez que realmente se excitaba cuando lo hacía, que rogaba por hacerlo, que realmente deseaba hacerlo y disfrutaba con ello. No se sentía vacío sino lleno de vida, como no se había sentido desde hace años. Kanda obedeció a sus deseos y, sin pudor alguno, engulló por completo la extensión del peliblanco, logrando que arqueara la espalda en un gemido a causa de la impresión.

Empezó a subir y a bajar en un ritmo lento, tortuoso, sacándole jadeos y gemidos a Allen que resonaban en sus oídos como un coro celestial. Poco después, a petición del propio Allen, el ritmo se aceleró y observó como el niño se aferraba a las sábanas, con los ojos llorosos. Ninguna escena le podría haber parecido tan bella y sucia al mismo tiempo como la que estaba presenciando en esos momentos. Pero entonces paró, escuchando el gemido de protesta del otro.

Kanda no le quitó la vista de encima mientras se quitaba los pantalones, perfilando con la mirada cada curva de aquel cuerpo, memorizando cada mordida y arañazo que lo marcaban.

Allen se sentía realmente incomodo bajo aquella mirada analítica y, como sabía lo que venía ahora, comenzó a hacer lo que hacía con sus clientes: prepararse.

Fue así como ante la mirada levemente sorprendida de Kanda, Allen comenzó a lamerse tres de sus propios dedos de manera realmente tentadora, aunque sin mirarle directamente a los ojos, y se giró hasta quedar boca abajo para introducir uno de ellos lentamente en su interior, entre suspiros y jadeos, con las mejillas totalmente rojas y ojos llorosos. Kanda, ya completamente desnudo sentía que se venía en aquel mismo instante cuando lo vio introducirse otros dos dedos y gemir su nombre entre espasmos. Hizo uso del poco autocontrol que le quedaba para no lanzarse sobre él hasta dejarlo semiclavado en el colchón, aplastarlo con su peso y embestirlo hasta verlo desmayar.

Sin embargo todo se fue al traste cuando Allen se sacó los dedos y alzó las caderas, quedando a cuatro, invitándolo a entrar en él. Una proposición tan poco inocente para un niño de su edad que Kanda no pudo rechazarla. Sin pensárselo dos veces agarró las caderas del peliblanco y lo penetró de una sola estocada, profunda y potente, arrancándole un grito al niño, mezcla del dolor y placer, que lo único que hizo fue encender aún más al japonés, el cual apenas vio que se había relajado le siguió embistiendo sin miramientos, con la misma fuerza y 

brusquedad que la primera. Allen se aferraba a las sábanas, mientas gemía y jadeaba sin control, con las lágrimas precipitándose por sus mejillas y las mejillas totalmente rojas.

Kanda sentía con cada fricción de su miembro que el interior del niño estaba tan dañado como el exterior y sus dudas fueron aclaradas cuando vio un líquido rojo resbalar por las piernas del peliblanco. Paró en seco, mirándolo con fastidio, y se dispuso a salir cuando una mano pálida y sudorosa se posó sobre la suya, en aquellas estrechas caderas.

-Sigue… esto… esto es normal –dijo Allen con voz entrecortada, mirándolo a los ojos desde abajo, algo suplicante- sigue…

Y sin que Kanda pudiera replicar, Allen ya se encontraba impulsando sus caderas, auto penetrándose con la erección de Kanda, sacándole a éste gemidos roncos. Kanda volvió a embestirlo como le había pedido, sin mirar los pequeños ríos de sangre que comenzaban a teñir el blanco puro de las sábanas, él se lo había buscado provocándolo de esa manera, ahora no pararía, no oiría esos gemidos de doloroso placer que inundaban de nuevo la habitación. Con cada embestida tocaba el punto exacto que hacía enloquecer al pequeño, haciéndolo temblar, arquear la espalda y gemir como nunca había oído gemir antes, Kanda.

Poco después ambos llegaron al orgasmo en un compenetrado y sonoro gemido, Allen sobre las sábanas y Kanda en su interior. Nada más salir de él, el japonés vio como el niño se hacía un ovillo en el lecho, intentando normalizar su respiración y recuperar la cordura que había dejado atrás desde que empezaron. Kanda se levantó y, tras limpiarse el semen con las mismas sábanas, comenzó a vestirse. Allen veía su musculosa espalda tensarse a cada movimiento.

-Date otra ducha y vístete, Moyashi –le dijo fríamente mientras se abrochaba la camisa- Tiedoll te llevará a Black Order.

Allen lo miró confundido. Kanda suspiró claramente exasperado. Se podía suponer que la paciencia no era su fuerte. Le echó una mirada molesta y le aventó el despertador que segundos antes descansaba en la mesilla.

-Has dormido demasiado, idiota.

Era cierto, ya eran las doce de la noche ¿¡Cuánto se suponía que había dormido!? Se levantó de un salto y de manera algo torpe y precipitada comenzó a vestirse. Kanda lo miró algo incrédulo.

-¿Se puede saber que carajo haces? –le dijo cuando lo vio intentándose poner la camiseta tratando de colar la cabeza por el hueco de la manga.

-¡Me voy ya! Mi trabajo… me he ausentado demasiado… -se lo oía con voz amortiguada, pues seguía intentando lo imposible.

El japonés se le acercó y con brusquedad guió la blanca cabecita por el hueco adecuado de la prenda. Allen se sonrojó ligeramente al sacar la cabeza y encontrarse a centímetros de su cara la del pelinegro.

-Gracias.



-Tsk, anda y vete de una vez –le dijo mientras iba hacia la puerta y salía de la habitación sin mirar atrás.

Kanda no lo acompañó a la salida es más, no lo volvió a ver desde entonces. Cuando salió éste ya había desaparecido y los únicos seres vivientes que se apreciaban en aquella enorme mansión eran él mismo y Tiedoll, que se encontraba recargado en la pared del pasillo y cuando lo vio le hizo una leve reverencia que él imitó y lo guió hasta el coche con una sonrisa afable. Allen se montó y vio aquel mundo ideal de frondosos jardines, elegantes casonas y apáticos y arrogantes inquilinos, desaparecer a medida que avanzaban por la ventanilla del vehículo. El anciano conducía en silencio, aunque Allen podía sentir su cansada mirada clavada en él a través del retrovisor. Al llegar al sombrío barrio en dónde se refugiaba Black Order, la velocidad disminuyó hasta quedar parado en la misma puerta del local. Allen se quedó dentro del coche unos minutos, mirando el luminoso neón parpadeante de su llamado "hogar", luego salió del coche en silencio. Iba a cruzar aquella puerta cuando Tiedoll lo llamó.

-Allen-san –el aludido se giró, esperanzado. El viejo sacó de la guantera un enorme sobre amarillento y se lo tendió- esto es para usted, de Kanda-kun.

El niño lo tomó y lo abrió allí mismo. Dinero, una cantidad desmesurada, a decir verdad. En otra ocasión Allen habría agradecido sonriente aquél gesto de supuesta "generosidad" pero en aquel momento no podía hacer otra cosa que rezar por que ese estúpido nudo en su garganta lo dejara en paz de una maldita vez. Al no verse con fuerzas para hablar, se inclinó ligeramente, en un gesto que pretendía ser de agradecimiento y entró en el local.

Así que eso había sido todo.

Al entrar, Komui lo recibió con un efusivo abrazo.

-Ya estoy en casa –le dijo el niño con una sonrisa forzada- voy a mi habitación, me gustaría descansar.

Komui al escuchar eso, no hizo otra cosa que una mueca y lo miró con disculpa reflejada en sus ojos. Allen no entendió a que venía aquello, pero le dio las buenas noches y siguió avanzando, a través del inmenso patio. Lavi estaba allí, como de costumbre, y al verlo se le acercó con paso presuroso, agarrándolo del brazo.

-Lo siento Allen, me ofrecí en tu lugar, pero insistió en esperarte –le dijo con una voz cargada de arrepentimiento.

Allen por fin lo comprendió todo.

-¿Esta en mi cuarto? –Preguntó soltándose del pelirrojo, que asintió enérgicamente- vale, no te preocupes, gracias por todo.

Se dirigió a su habitación casi corriendo, con el corazón bombeándole en el pecho con tal fuerza que parecía querer escapársele por la boca, y no lo culpaba, ambos sabían que iba a pasar. Cuando abrió la puerta de su cuarto se percató de que las velas estaban encendidas, desde hace mucho al parecer, ya que casi todas estaban casi consumidas por completo, y el 

incienso volvía a gobernar el ambiente. Buscaba con la mirada, en la penumbra, cuando oyó la puerta cerrarse tras de sí y una respiración muy fuerte llegó a sus oídos.

-¿Señor Steven? –preguntó con voz temblorosa.

Unos fuertes brazos lo agarraron desde atrás, de forma posesiva, y Allen sintió miedo.

-Te he estado esperando, Allen-kun –le dijo con voz melosa, mordiéndole el lóbulo de la oreja.

Allen se estremeció ante el contacto e iba a contestarle cuando se vio girado bruscamente para quedar cara a cara con aquel individuo. Su aliento dulzón a tabaco de pipa golpeándole la cara.

-Komui me dijo que estabas con un cliente nuevo –Allen sintió como una de esas enormes manos bajaban lentamente por su espalda, hasta colarse bajo su pantalón. Le apretó con lujuria las nalgas, relamiéndose con alguna visión secreta.

Lo que el niño no previno fue que unos dedos intrusos lo penetraran sin compasión, logrando que soltase un alarido de dolor por el reciente desgarre. El Señor Steven sonrió con malicia.

-Así que lo habéis hecho… -dijo degustando cada palabra- Muy mal, Allen-kun, te dije que eras mío.

El tipo soltó al peliblanco con brusquedad y se acercó a su maletín, que descansaba en la cama y sacó algo parecido a unas cadenas, con unos aros en cada extremo. Allen lo miró con cierto terror al tiempo que notaba como el frío hierro rodeaba su cuello y la anilla más pequeña era colada por la más grande.

-¿Ves? Te compre un bonito collar –dijo con una voz que pretendía ser tierna.

-Señor Steven, por favor…

El hombre hizo caso omiso de sus súplicas, se colocó tras él y tiró de la anilla pequeña, logrando que el collar se estrechase, lastimando y ahogando al peliblanco, que no pudo aguantar las lágrimas y comenzó a sollozar.

-Espero que con esto entiendas que me perteneces –sonó una voz cruel a su espalda.

Para quien no sepa que es esa cadena: es un collar de castigo, usado para que los perros que tienen por costumbre tirar de la correa cuando pasean se asfixien al hacerlo y lo corrijan u.ù

REVIEWS!

Kini-Ainotsuki: Me alegro de haberte alegrado el dia n.n sieee… tiedoll tuvo razón con Allen-kawaii es como esa paletita con forma de corazón 8D

chungyang-chan: XD sie, los tuyos son largos! Pero más para disfrutar owo

SeikaDragon: Lo cierto esq Tiedoll fue el que inició a Yuu-pon en el arte n.n lo estuvo cuidando desde chikito, pero al final el alumno pasó a ser el maestro xD

tsukiko no yoru: aww… todos se kieren beneficiar a mi Allen-kawai xD Nop, is propietate mia y del Yullen oxó

dagmw: Allen estaba realmente cansado .-. hay que tener en cuenta que el pobre trabaja las 24 horas del día xox se dormiría en una cama de pinchos si tuviera la oportunidad xD

Akari Sakurazuka: Espero que el lemon haya compensado o.ò aunque se que no me salió muy allá -.-

shadow66 princess: Sie… Allen-chan trabaja MUY DURO todo el dia xD

Mikoto-sama: we me conformo con que hayas podido dejar un rev! Y espero leerte también en este cap 8D

sabaku no julliet: un poco?! Me pedias solo un poco?! O.O si lo llego a saber pongo lime y ya esta -.-

Riznao: Tadah xD

AppleRin: xDD kanda más malo que Yuki?? O.o lo cierto esq se parecen bastante… pero eso es lo que lo hace tan sexy +w+

Kyoko Himura: Se me ocurrió esa bonita metáfora de Allen-dulce justo para finalizar el cap 8D Me alegro de que haya gustado tanto n.n

lance.prince: LANCE-CUTIEEEEEEE!! –apapucha hasta la saciedad- wiii mira ya actualice!! 8D Tranqui que en uno de los capis siguientes ya te meteré n0n xD ten miedo.

Yami RosenkreuZ: o.o deja de dormirte en el baño!! Te me puedes asfixiar y no volver a leer un rev tuyo!! oxó sie, Yuu-pon vive entre pañitos de oro el muy hijo de su grandísima… xD

yumeyluna: una película? -se la imagina- O,.O -nosebleed- gracias por tu apoyo n.n

Miharu Ankoku: Bienvenido a mi hermoso entorno familiar puro y religioso n.n coffcoffWTF?!coffcoff