¿Hola…? Sí, se que es raro pero soy yo, no ningún clon ni nada por el estilo…

Aunque me vendría bien ~

Siento el retraso, entre una cosa y otra me ha sido imposible actualizar, GOMEN!!!

El problema es que estoy eternamente castigada sin PC y escribir un fic a escondidas es bastante complicado, aunque hoy pude hacerlo =DD (H)

*Abraza a todos sus antiguos lectores* Siento haberos decepcionado! T T

Quiero agradecer a Kimi por ayudarme cuando me quedaba sin inspiración, me ayudasmucho 8D A Mandra por ser mi amiga y soportarme 3 a Apple_rin por releer mis fics y dejarme rewiews nuevos recordandome mi mision (?)

De nuevo el cruel sol se colaba por su ventana, tiñendo su tez de rosa a causa de las escandalosas cortinas que la vestían. Se incorporó con una mueca de dolor, quedando sentado en la cama. Últimamente su aspecto había cambiado bastante, su piel, ya pálida de por sí, era blanca como la cera, sus ojos habían perdido el fulgor que los caracterizaba y últimamente caminaba como alma en pena por los pasillos de Black Order, sin más expectativas que atender clientes. Se levanto sin preocuparse en cubrirse, sintiendo como su entumecido cuerpo parecía quejarse a cada paso que daba, como un niño en un día de escuela, negándose a continuar con aquella tortuosa rutina.

Se miro al espejo y este le devolvió una mirada llena de rencor, mientras el peliblanco pasaba sus finos dedos por las marcas moradas en su cuello, agachando la mirada al instante, avergonzado, indignado, cansado. El Señor Steven lo visitaba cada vez mas a menudo con sus retorcidos "regalos", como aquel collar asfixiador que tan familiar se había hecho para él desde entonces, desde que regresó de casa de Kanda, hacía ya casi un mes. No regresó.

Se vistió con una camiseta negra de sisa, de cuello cerrado, pero muy ajustada con unos pantalones bombachos de un color gris ratón. Estos le resultaban muy cómodos últimamente, cuando no se encontraba en condiciones para llevar nada más rompedor y apretado. De todos modos acababa de empezar el dia y las puertas de aquel "distinguido" prostíbulo aún no se habían abierto, por lo que no necesitaba el kimono por el momento. Cogió un pañuelo negro, se lo puso al cuello para ocultar aquellos moratones y salio de camino a la cafetería, justo a la hora en la que más aglomeración y mas apogeo tenía, ya que era la última para el desayuno y había multitud de rezagados haciendo cola, impacientes y presurosos. Jerry, el cocinero de dudosa sexualidad y sexo, lo llamo casi a gritos nada más verle, animándole a que se acercara a la ventanilla y pidiera el primero. Oferta que indudablemente Allen rechazó, educadamente y con una forzada sonrisa, poniéndose el último en la fila. Jerry parecía decepcionado, y es que aquel hombre le tenía bastante aprecio y al ver el bajón que había dado el niño siempre trataba de animarlo y le daba un trato un tanto especial en cuanto al resto de inquilinos.

Cuando llegó al mostrador pidió una cantidad desmesurada de comida que pensaba devorar nada más llegar a la mesa. El cocinero lo preparó más que encantado y se lo dio con una amplia sonrisa, amenazándole con que como no volviera a ser el "niño lindo, adorable y encantador" que era, no volvería a cocinarle ni un mísero grano de arroz. El albino rió y se lo agradeció sinceramente, mas toda la alegría se esfumó nada más girarse, adoptando esa pose indiferente que tan común era últimamente en él.

No hizo más que sentarse y llevarse el primer bocado a los labios cuando la relajante melodía Chill Out que ambientaba la cafetería fue sustituida por una canción atronadora y obscena que en seguida sacó de quicio a todos.

-¿Qué demon…? –no pudo acabar la frase cuando vio una mancha roja dirigirse hasta donde él estaba, desapareciendo tras su montaña de dulces y variados.

-¡Buenos días Allen! –exclamó un feliz Lavi asomándose desde detrás de los muffins de chocolate.

-Buenos días, Lavi –contesto comiendo al fin, viendo todo el revuelo que se estaba montando en la sala a cuenta de que no encontraban el mando del reproductor de música.

Escuchó la risita traviesa del pelirrojo y automáticamente clavo de nuevo su mirada en él, fulminándolo con esta, llena de reproche.

-¿¡Qué!? –Preguntó su amigo haciéndose el indignado- ¿No creerás que…?

-Ajá –contesto Allen engullendo de una vez un donut o dos, demasiado rápido para saberlo con exactitud.

-¡No! –exclamo exageradamente, robándole un trozo de pastel como si fuera suyo por derecho- …. Bueno sí, pero es que es muy divertido fastidiar a Jerry –se excusó pobremente mostrándole el mando como si fuera un trofeo.

-Se hartara de ti y comerás sobras –sentenció el peliblanco habiendo acabado ya con mas de la mitad de su desayuno.

Lavi le miro algo sombrío, resoplando de aburrimiento o desesperación, porque quería alegrar un poco a Allen y a pesar de sus trastadas y payasadas no lograba nada. Sabía que, aunque no quisiera aceptarlo, le había afectado bastante el hecho de que Yuu Kanda no hubiera vuelto a por él. Ese tipo había jugado con sus sentimientos y emociones, le había jurado sacarlo de ahí y, aunque Allen no lo hubiera creído del todo tenía la pequeña esperanza de que fuera así y al final había resultado como todos los demás.

-¡Ah! ¡¡Jerry-san!! ¡Lo encontré! –un chico señalaba acusadoramente a Lavi y otros cuatro fueron a trote a reunirse con el, rodeando al pelirrojo.

-¡Oye! Perdeos, estamos hablando –dijo el acosado echándolos de allí despreocupadamente, como quien espanta a una mosca.

Justo entonces un aura maligna surgió desde lo mas profundo de la cocina y se intuía cada vez más cerca, mas cerca, más cerca… dejando ver por encima de las cabezas de los indignados comensales una sartén, en la que se reflejaba el rostro pálido y desencajado de Lavi, temiendo por su vida. En medio de todo ese jaleo Allen se levantó y se marcho, prefiriendo no mirar atrás para no ver la masacre que iban a cometer. Suspiró pesadamente, yendo de nuevo a su cuarto para ir preparando su "uniforme" de trabajo, que dentro de unas horas comenzaría de nuevo. Sin embargo, algo hizo que se detuviera justo en medio del patio central, una figura apuesta, estilizada, erguida, alzándose frente a él de tal manera y con un porte que intimidaba de tan sólo mirarlo.

Kanda se encontraba allí, mirándole fríamente, con aparente indiferencia aunque había comenzado a caminar hacia él, el cual se mantuvo inexpresivo a la espera de que llegase a su altura. Cuando lo hizo miró a Allen fijamente, de arriba abajo y frunció ligeramente el ceño, chasqueando la lengua.

-Moyashi, cuanto tiempo –dijo sonriendo socarrón, eliminando cualquier atisbo de la expresión anterior.

-Lo sé –contestó él con voz suave, mas mirándolo con cierto rencor.

Se hizo un silencio que, para sorpresa de ambos, no resultó del todo incomodo, pero sí largo y en el cual se limitaron a mirarse en silencio, cada uno esperando a que el otro dijera algo.

-Eres idiota –le espetó de repente Allen, sin cuidado ni respeto alguno a su cliente.

El rostro de Kanda se crispó instantáneamente. ¿Quién se creía aquel criajo que era para insultarle? No pudo ni hacer el ademán de contestarle cuando Lavi entró en escena bastante magullado y maldiciendo en voz baja cosas incoherentes. Ambos se giraron a mirarle algo cortados y el pelirrojo al darse cuenta de la presencia del japonés se recuperó pronto y milagrosamente para ir con ellos y abrazar a Allen protectoramente.

-¡¿Qué vienes a hacerle al bueno de Moyashi-chan?! –exclamó cual madre leona mientras el supuesto cachorro trataba de librarse de su agarre.

-Che, vengo a por ti, conejo estúpido –le espetó el moreno con cara de pocos amigos- Te llamas Lavi, ¿no?

Los dos amigos lo miraron sin dar crédito a lo que oían, sobretodo Lavi, que no sabía ni como reaccionar ante aquello y se limitó a pasar la mirada de Allen a Kanda sin comprender absolutamente nada.

Pos aquí estaaaaaaaa!! *suda* (?)

Es el preludio de lo que espero sea el renacer de Kilian ~ 3

Se de más que es corto, pero escribo a escondidas de mis padres

Además necesito saber si aún cuento con algún lector que no me odie T-T

Por eso… reviews??? *^*