Capítulo 2: ¿Por qué hoy?
La verdad, decir que pude dormir como un bebé, sería mentir descaradamente. Y aquí me encontraba, en mi cama, con un mega morado en mi clavícula, cortesía de mi desmayo; pero sinceramente estaba segura que había sido engañada como una niña, ¿Cómo podría ser ese señor Edward Masen? No había similitud alguna, aparte de sus ojos evidentemente iguales; su barba no dejaba ver con claridad la forma de su mandíbula; el cabello no era el mismo, Edward Masen lo tenía alborotado, corto y cobrizo, mientras que el de Anthony, como se presentó, era negro y muy largo. Había la posibilidad que se disfrazará y, definitivamente, no era alguien que no tuviese recursos, como su apariencia hacia creer, pues el hotel era totalmente exclusivo, sólo pasar una noche ahí se llevaría mi sueldo de un año.
– ¿Bella?-preguntó Jess entrando a mi cuarto junto con Ángela- Hola amiga ¿estás mejor?
– ¡Qué bueno que estés despierta amiga! Nos asustaste muchísimo anoche- Ángela, siempre preocupada por mí - ¿Qué te pasó para que llegarás así? y peor, para que te desmayarás
– Creo que fui timada- admití. Esa era una de mis conjeturas. La más probable.
– ¿Timada? ¿Por quién o cómo así?- preguntó Jess confundida y curiosa- ¡Cuenta mujer, rápido puede ser grave o alguien que…!
– Besé a Edward Masen- la interrumpí con mi absurda confesión. Absurda porque yo aún creía haber sido timada.
– Quería…jugar…con…..¡QUE!- Jess había seguido hablando ajena a mi confesión hasta que tomó conciencia de lo que yo había dicho.
– ¿AH?- exclamó Ángela sorprendida - Ya sé, ¿Tomaste algo tal vez?
Era evidente que no me creían; es más, ni siquiera yo me creía y eso que fue mi boca contra la de él.
– ¡Calla Angy!, Haber Bella, cuéntanos que te pasó.- motivó Jess bastante calmada.
Les conté con lujo de detalles toda la mañana y noche anterior incluyendo mi mudez frente a su profesión y verdadera identidad. Estaba segura que fue una reacción normal pues Jessica y Ángela no dijeron nada, cada una analizando a su manera la información.
– ¿No pensarás ir verdad?-preguntó Ángela preocupada-Isabella, ¡puede ser un psicópata!
– Hum… no lo sé, según escuché en las noticias, Edward Masen no apareció en la Premier para nada.- dijo Jessica confundiéndome, ¿sería verdad entonces?
– Pero eso puede ser una simple coincidencia, tal vez ese Anthony lo sabía de antemano.
– Y dime Ángela ¿Cómo lo iba a saber?, ¿Acaso es psíquico o acaso ahora dirás que es un secuestrador y suplanto a Edward para estar con Bella? – miró Jessica muy divertida a Ángela
– Pues Bella es muy inteligente y dudo que caiga en esos trucos.
– Ya Angy, no exageres. Imagina por un momento que sí es Edward y Bella tiene la oportunidad de su vida y la pierde por cosas que no sabemos si son ciertas.
– ¿Y qué Bella se exponga?
– No, sólo digo que debería ir, pero si ve algo raro nos llamé inmediatamente.
– A…no… Bella no debe exponerse de esa forma.
Era evidente que no me tomaban en cuenta para nada, pero tenía una mejor idea aunque esperaba que resulte.
– Chicas-interrumpí la discusión de mis amigas -estoy aquí y es de mí de quién hablan.
– Sí perdónanos-se disculpó Jess arrepentida, Angy se veía igual - Nosotros discutiendo. ¿En qué bando estas?
– En ninguno, tengo una mejor idea.
Salí disparada de mi cama para tomar la guía telefónica y buscar el número del hotel. En seguida marque, esperé a que me contestarán en la recepción.
– ¿Qué estás haciendo?- preguntó Jessica sin entender lo que pretendía yo hacer.
– Hum…chica inteligente- Ángela al parecer sí sabía lo que yo quería comprobar.
No pude decir nada, pues me contestaron.
– Hotel Eclipse Buenos Días ¿En qué le podemos servir?- respondió la que supuse sería la recepcionista.
– Buenos días- saludé - quisiera por favor me comunique con la habitación del Señor Edward Masen.
– Lamento informarle señorita, que no se nos permite pasar llamadas a su habitación, espero me entienda, es por seguridad.
– Sí lo sé- suspiré resignada, pero no había perdido del todo las esperanzas –pero, podría únicamente llamar y decir que Isabella Swan lo busca.
– Lo lamento señorita, pero le vuelvo a insistir no tenemos permitido aquello, si es para entrevistas o sesiones debe comunicarse con su representante.
– Ok, por lo menos podría avisar que llamé, es de suma urgencia y no tengo donde más localizarlo.
– De acuerdo la anotaré- me respondió la recepcionista con tono cansino, seguramente se estaba aburriendo de mí y sólo quería que yo dejara de insistir.
– Muchas gracias, por favor ponga Isabella Swan 09857…- le dicté el número de mi celular esperando a que se lo diera a Edward y él me llamara.
– Está bien, enseguida pasaré su recado señorita que tenga una excelente mañana.
– Muchas Gracias, igualmente- colgué realmente desanimada, sabía que no le pasarían el recado, por su seguridad y privacidad.
– ¿Qué te dijo?- la curiosa de Jess, impaciente, como siempre.
– Que no puedo hablar con él, pues está prohibido pasarle llamadas.
– No te desanimes, mejor míralo como una señal del destino.- Ángela trató de darme animo con eso, no lo logró.
– Pues sí, este me odia y ya me lo ha dejado claro muchas veces- solté con rabia refiriéndome al destino.
Era sábado, desayuné ya sin ánimos y un poco asustada, ni siquiera sabía si Edward, real o impostor, sabría como ubicarme; ni siquiera me dijo la hora de la reunión.
Jess y Ángela querían salir al cine, pero yo estaba muy desganada para moverme siquiera.
– ¿Seguro no quieres ir con nosotras?- preguntó Jessica por millonésima vez.
– ¡Vamos Bella! Ni siquiera sabes si era él.- ahora el turno de Ángela para insistir.
– ¡No insistan! No deseo ir realmente, además tengo sueño.
– ¿Sueño?-preguntó Jess- pero si ya son las 2 de la tarde.
– No insistan, quiero pasar la tarde en casa, en pijama, comiendo helado.
– ¡Ay Isabella!, por lo menos cámbiate, no sé cómo puedes llamar pijama a eso, una camiseta vieja deportiva con el estampado en la espalda de silvestre y un pantalón igualmente deportivo sumamente holgado- Ángela se metió con mi pijama, ya me estaba molestando.
– ¡Adiós chicas!- las eché.
Dicho esto me encerré en mi habitación y escuché como se iban, Ángela siempre crítica mis pijamas. Dice que espantarían al hombre más desesperado.
Ahora no tenía ánimos de hacer mucho, así que me dirigí a la sala para ver una película. Como la mayoría estaban en el cuarto de Jess y tenía hasta pereza de irme a ver algo, puse "The Phantom of the Opera", mientras, estaba comiendo un helado de chocolate con trocitos verdes de menta. Siempre me ha gustado como suena la canción principal del film y por eso me puse a cantar como una niña pequeña. Tomé prestado un disfraz de Ángela. Aunque era un vestido con el que parecía una princesa Disney, me puse a cantar recordando una escena de Tom Cruise en una de sus primeras películas, en eso golpearon la puerta, seguramente serían Jess y Ángela con un plan para sacarme así que cantando a todo pulmón abrí la puerta para quedarme callada como si me hubiesen lanzado un balde de agua helada, pues así me sentí. Era Anthony, en mi puerta, con un ramo de flores y riéndose a carcajadas frente a mí.
Ahora sabía claramente lo que significaba "trágame tierra"
– Ho…hola- tartamudeé.
– Um-él rió-lo siento, hola.
– Este-estaba confundida ¿Qué hacer? ¿Qué decir? –pasa.
Entró a mi casa, se dio cuenta de lo que estaba viendo y me regaló una sonrisa torcida tan hermosa que estaba segura que abrí mi boca y me chorreaban las babas.
– Interesante elección de película.
– Este si- y yo seguía sin poder decir algo coherente.
– Te traje esto espero te gusten- me tendió las flores. ¡Qué tierno!
– Mu… muchas gracias, no te hubieras molestado- al menos ahora sí me salen las palabras.
– No es una molestia, además, para una princesa tan hermosa como tú, no hay ramo que valga la pena, si te tienen envidia por opacar su belleza.
En ese momento me fijé que me miraba atentamente, eso hizo un clic en mi cerebro…. "Maldición, estaba vestida de princesita". Como auto-reflejo me fui a la cocina para poner las flores en un jarrón y me saqué ese estúpido vestido quedando en mi pijama, salí para colocar el jarrón en la sala, dejé el vestido en el armario de los abrigos que estaba muy cerca.
Edward Masen estaba mirando la película, ya no usaba el disfraz con el que llegó. Pude ver en todo el esplendor su rostro, sus facciones, y sin su abrigo, también pude ver ese cuerpo hecho para el pecado. Si creí que antes había mojado el piso con mis babas, ahora estaba segura que formaba un charco.
Me acerqué sin creer la suerte que tenía, no era una mentira o engaño, en realidad era Edward Masen. Y se me vino la situación anterior "Lo había besado". Quería gritar.
– ¿De..deas algo de tomar?- ni yo pude entender el murmullo que salió de mis labios.
– ¿Perdón?- preguntó Edward divertido mientras levantaba su perfecta ceja en mi dirección.
Seguramente le parecería la mujer más estúpida de la tierra, pero no podía evitar que mis nervios me crearan un caos interno haciéndome tartamudear estúpidamente.
– Que…si…deseas…algo…de…tomar.- insistí. Sabía que sonó como si estuviera hablando con un niño de 5 años que no me entendía, e incluso me imagine que se molestaría, pero parecía divertirse conmigo – ¿Puedo saber que te causa tanta gracia?
– Pues pasaste a ser cenicienta según veo.- él se estaba riendo de mí y eso me molestó. Un poco.
– Pues es mi pijama gracias, ahora, ¿Deseas algo?
Sabía que parecía bipolar, pero si algo no toleraba era que se metieran con mi ropa.
– Pues sí, se me ocurren unas cuantas cosas-Dicho esto, se levantó para colocarse detrás de mí y empezó a susurrar en mi oído – Pero dudo que sea correcto.
Ok, otra vez estaba derretida como helado en el desierto, este hombre ocasionaría mi muerte. Lo que más me confundió, fue que me abrazó por la cintura y me obligó a sentarme para acabar de ver la película, me mantuvo abrazada y para ser más surrealista mi vida estaba en una paz total escuchando su armonioso corazón, tanto, que fue como un canto de cuna para mí haciéndome casi dormir ahí, tanto que no recordaba cuando había puesto otra película.
– Me imagino que estas muy cómoda al igual que yo, pero debo irme mañana tengo una entrevista- me sacó de mi letargo.
– Ujum….Pero ¿no tenías hoy una reunión con tus amigos?
Quizás era demasiado soñar con que me llevase a conocerlos; es decir, él era una estrella y yo una simple trabajadora de editorial. Esto no era Disney o un Cuento de final feliz, debía ser realista en ese sentido.
– Sí, pero estábamos tan cómodos aquí. Por lo menos yo la pasé mejor contigo, así, sin tanta formalidad.
No pude evitar que mi corazón diera un vuelto ante esta información.
– Pues, me alegra poder ser una buena compañía para ti.- dije sincera.
Me tomó de la barbilla obligándome a mirarlo.
– De eso no dudes-
Me tomó entre sus brazos, me besó de forma sumisa y dulce, yo estaba soñando definitivamente, mi suerte no podía ser tanta, pidió acceso a mi boca, convirtiendo el beso a cada momento en algo más urgente, se nos escaparon varios suspiros e incluso gemidos, pues nuestras manos estaban cobrando vida poco a poco.
Sus manos acariciaron lentamente mi cadera y todo estaba volviéndose el paraíso para mí, hasta que mi suerte real hizo acto de presencia, con tantas cosas en la cabeza había olvidado que mi periodo empezaba ese día y escogió un momento muy propicio para aparecer.
- De…detente por favor.- pedí.
Él me miró extrañado, pero como le explicas, a tu sueño hecho realidad, que te llegó tu cuota mensual obligatoria.
– Se…segura.- preguntó jadeante aún entre mis labios y sin soltar mi rostro.
– Aunque me odie…..si definitivamente.
Empecé a sentir que dentro de poco iba a resultar con una mancha magistral en mi pantalón sino hacia algo al respecto.
Lo único que atiné a hacer fue a separarme de él y entrar rápidamente al baño. Busqué una bendita toalla, pero al parecer se habían acabado, así que tenía un gran dilema. Lastimosamente Edward debía volver en otro momento. Como más pude traté de detener mi proceso biológico.
Salí y lo encontré ya acabando de ponerse su barba postiza, me vio con una gran sonrisa, cosa que no pude devolver del todo bien, pues mi cólico aclamaba una pastilla para los dolores que empezaban ya a aparecer.
– Edward la pasé de maravilla contigo, pero debes irte, por favor.
Esta declaración debía caerle como un golpe pues enseguida dejó de sonreír.
– Pues si soy una molestia lo siento…yo solo.- su voz se escuchó triste.
¡Demonios como puede pensar eso!
– Oh no, claro es que necesito un momento a solas.
– Hum… - Me miro de forma muy seductora y me abrazó – Así que no puedo participar en tu travesura.
Ok, mal interpretó mis palabras, seguramente está pensando en barbaridades…. ¿Es que la mayoría de hombres sólo pensaba eso? No lo creo, pero él definitivamente lo pensaba por su forma de mirarme y por el deseo reflejado en su mirada.
– Edward en verdad necesito…hum…espacio, por favor no pienses mal la pasé genial, pero los accidentes ocurren y necesito un tiempo femenino.
Esperaba que capte mi indirecta y no se ofendiese, cosa que funcionó pues me miró y sonrió regalándome mi espacio tan deseado, necesitaba que se fuese, pues ya no aguantaba estar intentando luchar contra la naturaleza.
– Ok, pero no me voy sin mi beso, además, mañana vamos a tener con mis amigos una pequeña fiesta informal en el departamento 542 del hotel a las 2 de la tarde, prométeme que irás.
– Está bien iré, no te preocupes.- le di mi mejor sonrisa.
– Ok, ahora sí me voy, que tengo que madrugar.
Sin más, me besó castamente y salió rápido, me quedé como tarada un buen rato analizando la información, hasta que me sentí mojada.
– ¡Demonios! ¡No! ¿Por qué hoy?- gemí enojada contra mi cuerpo. Contra la naturaleza en sí.
Sí, literalmente, había perdido una noche con mi amor platónico por mi reloj biológico. ¡Fantástico! ¿Logran notar el sarcasmo?
