Hagrid echó a correr y se internó en el bosque, seguido de Gandalf y los demás compañeros. A lo lejos, en el cielo, podían ver la silueta del pez-águila, que, afortunadamente, aún mantenía a Frodo colgado de su pico.
¡Vamos! – gritó Hagrid.- Conozco un atajo que nos conducirá rápidamente al castillo y, esperemos, a vuestro amigo.
Más vale que así sea – murmuró Gandalf con cara de pocos amigos- o, de lo contrario, te convertiré en un sapo.
Sin embargo, tras un largo rato, parecían haberse internado en lo más profundo del bosque, y ya no había el menor rastro de Frodo y el pez-águila.
No lo comprendo – gimoteó Hagrid- estaba seguro de que conocía el camino correcto.
¿Estás insinuando que estamos perdidos? – bramó Elrond, ceñudo.
No, no, ni mucho menos, yo, bueno, estoooooo, en realidad, quizá sí, un poco perdidos, pero estoy seguro de que encontraremos la salida, aunque debo admitir que nunca había pasado por esta zona del bosque y…ups, no debí decir eso.
¡Vamos Gandalf! Este grandullón no nos ha traído más que problemas. ¡Conviértelo en sapo de una vez y vayamos a reunirnos con Frodo! Se hace tarde, y en ese castillo deben estar a punto de servir la cena, ¿verdad? – sugirió Bilbo.
El rostro de Hagrid estaba empezando a adquirir un tono amarillento y enfermizo cuando, de repente, algo golpeó a la dama Galadriel en la cabeza.
¡Ay! ¡Qúe demonios es esto! ¡Alguien me ha arrojado un coco! Cómo se nota que éste no es un bosque de elfos, a saber qué criaturas salvajes e incivilizadas se ocultan tras esos árboles – protestó Galadriel, frotándose la frente, muy indignada.
¡Shhh! – susurró Gandalf.- Silencio. Algo se mueve tras esas ramas. ¡Mirad!
Todos dirigieron la mirada al lugar indicado por el mago, descubriendo a dos pequeñas criaturitas peludas, que hablaban una extraña lengua entre ellas, sostenían varios cocos en sus manos y parecían estar disfrutando enormemente con la situación.
¿Qué son esas criaturas? Nunca antes, en todos mis largos años, había visto nada similar. - murmuró Elrond asombrado.
Son ewoks, habitantes de los bosques de Endor y hábiles guerreros, no os dejéis engañar por su apariencia – dijo, de pronto, una voz a sus espaldas. – pero, ¿quiénes sois vosotros? ¡Hablad! ¿Acaso no habíamos derrotado ya al lado oscuro? Aunque no tenéis pinta de tropas imperiales…
Galdalf, Hagrid, Elrond, Bilbo y Galadriel se giraron y descubrieron ante ellos la figura de un joven, ataviado con ropajes negros y que sujetaba en su mano un extraño sable luminoso…
Gandalf el Blanco es mi nombre, éstos son mis compañeros, viajábamos en una nave rumbo a las tierras imperecederas y una tormenta nos apartó de nuestro destino. Hemos perdido a uno de nuestros amigos y este hombretón nos ha traído hasta aquí haciéndonos creer que sabía dónde encontrarlo…
¡Eh! ¡Un momento! – protestó airadamente Hagrid. – Yo no os hice creer nada, yo sabía perfectamente a dónde me dirigía y…
¡Silencio! – bramó Elrond furioso- ya ajustaremos cuentas contigo. Ahora necesitamos saber dónde nos encontramos y cómo salir de aquí. ¿Quién eres tú, joven amigo, y qué extraño objeto portas en tu mano?
Mi nombre es Luke Skywalker, y este objeto es mi arma jedi. Os encontráis en el bosque de Endor, en plena celebración de la derrota de las fuerzas del Lado Oscuro. Pero, decidme, ¿qué ha ocurrido con vuestro amigo? Y, ¿qué son las tierras imperecederas? ¿Se encuentran en algún planeta del borde exterior? Nunca había oído hablar de ellas…
¡Eh! – protestó Hagrid - ¡Está mintiendo! ¡Bosque de Endor! ¡Ja! No existe ningún bosque con ese nombre en las proximidades de Hogwarts, sin duda esto es una trampa planeada por El que no debe ser nombrado.
¡Qué dice este tipo! ¡Está loco! ¿Y a quién no debemos nombrar? Más vale que os expliquéis, estoy notando un estremecimiento en la Fuerza que no me gusta nada…
¡Paparruchas! ¡No creáis ni una palabra! Este payaso debe haber escapado del hospital de San Mungo y por lo visto necesita medicación, él mismo admite que tiene fuertes temblores, debe ser algún tipo de síndrome de abstinencia…- afirmó Hagrid.
¡Silencio! – ordenó Gandalf. – Algo extraño está ocurriendo aquí y debemos averiguar qué es…
En efecto, amigo, algo extraño está ocurriendo. Luke, hijo mío, baja tu arma, no creo que esta gente pertenezca al lado oscuro, mi instinto me dice que estamos todos en el mismo bando – dijo una nueva voz, clara y profunda.
Todas las miradas quedaron fijas en la persona que había pronunciado estas palabras. Hagrid y Bilbo ahogaron unas exclamaciones de asombro. Se trataba de un joven, de aspecto similar al que se hacía llamar Luke, y, por tanto, ¿por qué llamaba hijo a alguien que, aparentemente, tenía su misma edad? Pero lo más extraño no era eso, sino un pequeño detalle que a nadie pasó inadvertido: su figura era totalmente translúcida.
