Capítulo 1: Malas noticias
Un bonito y alegre día amaneció en Ciudad Central, los pajaritos cantaban y la gente andaba con prisas pero con una sonrisa en la boca. El día era alegre para todos menos para mí.
Yacía tumbado en una camilla mientras me sometían a una broncoscopia con biopsia transbronquial ya que en la radiografía me había salido algo sospechoso.
Los medicamentos y la anestesia local no hacían ningún efecto ya que las nauseas de sentir el tubo dentro de mi eran incontrolables, las enfermeras me decían que me tranquilizase un poco.
Tres minutos después acabaron de hacerme la prueba y me llevaron a recuperación donde un médico me auscultó. Gracias a la nueva tecnología solo bastó tres horas para tener el diagnóstico completo.
Estaba sentado en una silla mientras el atractivo médico escribía algo, él me había acogido cuando llegué a Ciudad Central.
—La
broncoscopia ha revelado un tumor de dos centímetros en los
bronquios y la biopsia ha salido positiva en células cancerígenas.
Walu, desgraciadamente tienes un carcinoma en el pulmón. Ya sabes lo
que viene ahora ¿verdad?
— ¿Otro? No puede ser.
Mientras el oncólogo me explicaba todo me imaginé a una tropa de anticuerpos y células peleando contra el "ejército de la oscuridad", corrían por los bronquios manchando y convirtiendo a las ya citadas células en malvados cangrejos negros mientras que una capa de oscuridad se iba apoderándose de mi rosado órgano.
Cuando desperté de mi mundo de fantasía el médico me miraba fijamente a los ojos. Volví a pensar en ese cuerpo, esa cara…
Gerald Kintobor, cincuenta y tres años, cuerpo escultural para su edad, sus ojos nunca se le pueden ver ya que siempre lleva gafas oscuras tipo hippie. En su cabeza no había rastro de pelo.
— ¿Te
pasa algo? Te veo ido.
— ¿Te parece poco? Tengo cáncer, coño.
—Le contesté a "grito pelao".
Ger me dio un volante donde ponía "bloque segundo, planta baja" ya sabía con creces que significaba eso… era el estúpido edificio de la quimio. Para quien no lo sepa quimioterapia es igual a mierda química, es capaz de destruir a todo el ejército de células de una dosis.
Después, como siempre vinieron las palabras de apoyo que no hacen efecto, tipo: lo siento mucho pero eres muy joven, te pondrás bien o esto va a ser duro así que no pienses en ello y haz vida normal.
¿Vida normal? ¿Tú crees que puedo hacer vida normal? Mañana me levantaré a las nueve de la mañana, iré a que me pongan la medicación multicolor, por la tarde estaré tirado en la cama vomitando y con dolor de barriga. El día siguiente más de lo mismo, ¿esto es vida normal? Que fácil es hablar cuando no eres tú el que tiene la enfermedad.
Hace unos siete años tuve otro tumor maligno en mi interior, aquello desembocó en una neumonectomía y posterior trasplante de pulmón. Mi niño, Black, también tiene la enfermedad, un tipo de leucemia que puede tener la gente los veinte primeros años.
— ¿Cómo
puede tener una persona con veinte años un tipo de cáncer que se
diagnostica a gente de sesenta para arriba? —Pregunté arrugando la
nariz.
—El cuerpo humano es un misterio.
Un misterio, claro.
