¡Y aquí está el episodio 2! En este empezaremos a ver un poquito de AlfredxArthur. Pero… ¿es solo admiración lo que el inglés siente por Nicolae? ¿Qué piensa Alfred del nuevo? En este capítulo, además, harán su aparición Alemania, España, los gemelos Italia... ¡y muchísimos más!
Nota de la Autora: Este fic contiene dos personajes inventados por mí: Rumanía y Argentina. No conozco mucho ninguno de los dos países, y no pretendo insultar a nadie, recordad que todos los países hacen tonterías ^-^U.
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Capítulo 2: Cuestión de Dormitorios
La clase respiraba la tranquilidad del fin de la "dictadura Austriaca" impartida por Roderich-sensei. Algunos hablaban con sus compañeros de pupitre mientras otros recogían sus cosas. Nicolae-san había sido el primero en irse.
-¡Oye, Iggy!
Arthur siguió recogiendo sus cosas, como si no le hubieran llamado así.
-¡Inglaterra!
-¿¡Qué queréis!? ¡Y no me llaméis Inglaterra o Iggy! –Exclamó el inglés, enfadado.
-¿Es verdad que puedes correr los cincuenta metros lisos en seis segundos? –Le preguntó un chico de pelo marrón y un simpático ricito rebelde en forma de espiral a un lado.
-¿Eh? ¿Seis segundos? –Exclamó un chico al lado del primero. Era igual que el otro, Arthur dedujo que eran gemelos, aunque este tenía el pelo más claro y una pinta algo más adormilada-. ¡Eso rompe el récord de América-san!
-¡Wow! ¡Impresionante!
Antes de que pudiera darse cuenta, el inglés se encontraba rodeado de un montón de chicos.
-Pero no tiene aspecto atlético.
-Las piernas parecen las de una chica, y los brazos no son nada del otro jueves (1).
Oyó el sonido de una silla echarse hacia atrás en el centro de la clase. Un chico de pelo rubio, ojos azules y que usaba gafas se acercó hacia él.
-Así que puedes superar mi récord de siete segundos… -Chasqueó los dedos. Al segundo, Arthur se encontraba aprisionado por un chico muchísimo más alto que él. No pudo verle la cara, aunque prefirió no hacerlo. Seguro que tendría cara de mono enfadado o algo así.
Alfred caminó hacia el chico. Se paró a poco s metros de él y le inspeccionó.
-Las piernas no son nada especial… Los brazos parecen débiles… -Sacó sus manos de los bolsillos y los puso en el pecho del muchacho-. ¡Oye! ¡No tienes pectorales! –Exclamó, desilusionado.
El chico alto que le tenía aprisionado le dejó caer. La mayoría de los chicos salieron, murmurando cosas, dejando al inglés solo en la habitación.
-Y yo que pensaba que en Japón no había matones… -Suspiró. Recogió sus cosas y se marchó.
Era ya más del medio día. Arthur había logrado encontrar la cafetería, aunque había comido fuera para que "ese estúpido de América" no le hiciese nada. Estaba caminando tranquilamente por el campus, preguntándose qué debería hacer ahora, cuando sintió que alguien le llamaba.
-¡Oye Inglaterra! –Escuchó. Era una voz desconocida para él, así que decidió darse la vuelta para ver al que le había llamado y, además, aceptar ese estúpido mote.
Al momento se arrepintió de haberse dado la vuelta. El chico que le había llamado era, como de costumbre, más alto que él. Era rubio y de ojos azules, y le miraba con una expresión que le resultaba extraña. Una mezcla de enfado y satisfacción.
¿Cuántos rubios hay en esta academia? Se preguntó a sí mismo el inglés. Creía que en Japón sería extraño por mi cabello, pero es que casi no he visto gente con el pelo negro…
El chico que le había llamado ya se había acercado a él. Era seguido por seis chicos. Uno de ellos era el chico que le había puesto la zancadilla en clase.
-¡Inglaterra! ¿Ya has decidido a qué dormitorio te vas a unir? –Le preguntó el chico-. Si no es así, ¿por qué no te unes al dormitorio uno?
-¿Eh? –Preguntó Arthur, extrañado. Nadie le había dicho nada sobre dormitorios.
-Se acerca una maratón importante, aru –Explicó un chico de pelo oscuro recogido en una coleta-. Se dice que eres el chico más rápido de la escuela, contigo ganaríamos seguro, aru.
-¿Maratón? –Repitió el inglés, cada vez más extrañado.
-¿Sabíais que las maratones se inventaron en Corea?
-Esto… -Balbuceó Arthur. Los otros chicos se habían ido acercando a él, y ahora el pobre inglés se encontraba acorralado en una pared por gente que no conocía.
-¿Y? –Preguntó el primer chico, el rubio y alto-. ¿Te vas a unir a nuestro dormitorio?
-Yo… eh… -Dijo Arthur-. La verdad… ¡Me lo pensaré! –Exclamó, antes de correr todo lo rápido que podía.
-Vaya, qué rápido es… -Comentó un chico del dormitorio uno.
Pues sí. Puede que no pareciera muy atlético, pero la verdad era que Arthur era el chicho más rápido de su escuela en Inglaterra. Había conseguido escapar de los chicos del dormitorio uno, y ahora se encontraba en otra parte del campus, una que no conocía, respirando agitado, intentando recuperar aire.
-¡Ey, Inglés! –Exclamó alguien detrás de él.
Otra vez no… Pensó el inglés, antes de darse la vuelta.
Frente a él se encontraba la cosa más patética que había visto en su vida. Dirigido por un chico de pelo marrón, había una fila de gente la cual más extraña. Entre ella, se encontraban los dos gemelos que estaban en su clase. También reconoció a alguien más, un trío de chicos que iban detrás del que parecía ser el jefe, temblando como si Arthur les fuera a matar con solo pestañear. Las demás personas también parecían bastante… patéticas, aunque no les conocía.
-¿Sabes a qué dormitorio te vas a unir? –Preguntó el supuesto jefe, con una sonrisa triunfal-. ¡No olvides que debes unirte al dormitorio tres!
-¿Eh? ¿Por qué?
-Verás… -Empezó el chico-. La verdad es que en el dormitorio tres no somos muy atléticos…
-¡El dormitorio uno y dos nos dan miedo! –Exclamó el gemelo con más pinta de inútil.
-Sí, y… siempre perdemos en esta clase de eventos, como el maratón que está por empezar… -Explicó primer chico-. ¡Sin embargo, con alguien tan rápido como tú, Inglaterra, podríamos ganar seguro! ¿Qué dices? ¿Te unes?
La verdad es que casi le dio pena el chico. Era verdad que todos parecían algo patéticos…
-Esto… ¡Me lo pensaré! –Exclamó, antes de volver a correr. ¿Cuántas veces le iba a pasar eso?
-¡No podemos dejar que escape! –Exclamó el chico moreno. Hizo un gesto con el brazo y todo el dormitorio tres empezó a perseguir a Arthur.
-¡Demonios!
Acabó en otro lugar desconocido, frente a un edificio que creía no haber visto. Se paró un momento para tomar aire, pero cuando miró a la derecha, se encontró a los del dormitorio uno corriendo hacia él.
-¡Inglaterra! ¡Únete al dormitorio uno!
Fue a huir por el otro lado, pero ahí estaban, también corriendo en su dirección, los chicos del dormitorio tres.
-¡Ni hablar, Alemania! ¡Inglaterra se unirá el dormitorio dos!
El pobre Arthur se sentía entre dos paredes que se acercaban lentamente hacia él y que al final acabarían aplastándole. No sabía por dónde estacar, toda vida de escape estaba bloqueada por enemigos.
-¡Ey! ¡Dejad en paz a Inglaterra! –Exclamó una voz a la derecha del inglés, el cual levantó la cabeza.
Pudo ver al "matón de Alfred" corriendo hacia él. Se abrió paso rápidamente hacia donde estaba el inglés, cogiéndole de la cintura y empujándole hacia fuera del círculo que los dormitorios habían creado alrededor suyo.
-¿De verdad eres tan rápido? –Preguntó el americano, alejándolos a ambos de los dormitorios lo más aprisa que le permitía el llevar al otro.
-Eso dicen –Respondió Arthur.
Alfred sonrió y le dio la mano.
-En ese caso, let's run! –Exclamó, y ambos echaron a correr lo más rápido que podían sus piernas.
Arthur se dejó guiar por el otro, hasta que acabaron en otra parte del campus. Eso hizo que el inglés se preguntara cuán grande podía ser el instituto.
-Aquí estarás bien –Dijo Alfred, una vez llegaron a un edificio con aspecto algo más grande que una casa normal, rodeado de un pequeño jardín. Ahora Arthur sabía de qué le sonaba ese sito. Era uno de los lugares por los que pasaba la fila de fangirls aquella mañana.
-A… Thank you –Le agradeció el inglés, cogiendo aire.
-No tienes por qué sentirte obligado a elegir un dormitorio u otro –Explicó el chico-. Siéntete libre de elegir el que más te guste. Por cierto, soy Alfred F. Jones, aunque la gente me llama América. Lo siento por lo de antes en clase, es la típica novatada.
-Ah… entiendo… -Suspiró Arthur, mirando al americano-. Esto… América-san… -Dijo.
-¿Sí?
-Ya… ya puedes soltar mi mano.
-¡Ah! ¡Perdón! –Exclamó Alfred, algo avergonzado. No se había percatado de que aún estaba cogiendo la mano del inglés y estaba haciéndole daño.
-Esto… Alfred-san…
-¿Ahora qué?
-¿Podrías explicarme eso de los dormitorios?
Alfred sonrió.
-Por supuesto –Aceptó.
Ahora se encontraban en el comedor del dormitorio dos, el cual estaba algo vacío. Arthur estaba sentado en una mesa, mirando a Alfred, el cual estaba frente a él con un mapa de los dormitorios.
-En este instituto existen tres dormitorios, y cada uno es libre de elegir a cuál pertenecer. El dormitorio uno –Explicó el americano- es el dormitorio de la lucha. Si te gustan las Artes Marciales o eres bueno en el ataque, este es tu dormitorio. Su jefe es Ludwign Werden, alias Alemania. En este dormitorio están Rusia y Japón, dos que están en nuestra clase.
América se movió un poco, para señalar ahora el dormitorio dos.
-El dormitorio dos es el dormitorio de los deportistas. Es el dormitorio donde estoy yo. Nuestro jefe es Francis Bonnefoy, aunque algunos le llamamos Francia.
Volvió a dar unos pasos, para apuntar mejor al tercer dormitorio.
-Y, por último, el dormitorio tres. Si no se te da bien el ataque, ni la defensa, ni… básicamente nada, este es tu sitio. Su líder es Antonio Fernández, también conocido como España.
Arthur se quedó mirando al mapa.
-Esto... -Susurró-. ¿En qué dormitorio está Enescui-san?
La sonrisa de Alfred desapareció de golpe. ¡Ya estaba harto! Siempre era Nicolae por aquí, Enescui por allá... ¿pero qué demonio le veían?
Suspiró mientras se apoyaba en una mesa.
-Como es lógico, un "super atleta" como Nicolae está en el dormitorio dos, como yo.
Arthur miró al suelo.
-Ya veo... -Suspiró.
-¡Ey, ahí está! -Exclamó alguien en la puerta del comedor.
-¡Oye, América! ¡Hacer eso es trampa! -Gritó Antonio desde la otra salida del comedor-. ¡Inglaterra se unirá a nuestro dormitorio!
-¡Ni lo sueñes! ¡Se unirá al dormitorio uno!
Se oyeron unas quejas entre la gente del dormitorio tres. De ahí apareció uno el chico que había liderado la fila de chicos aquella mañana, Francis Bonnefoy, jefe del dormitorio dos.
-¿Eh? ¿Qué pasa? -Preguntó. Luego se fijó en Arthur-. Ah, ya veo. Todo el mundo quiere conseguir a Iggy.
¿Quién demonios le ha dado permiso para llamarme Iggy?
Francis se acercó al chico y le puso un brazo sobre uno de sus hombros.
-Pero nosotros no vamos a atosigar así a Inglaterra-kun -Continuó el francés, acercándose a Arthur.
¡Cerca! ¡Demasiado cerca!
-Siéntete libre de elegir cualquiera, ¿vale? -Dijo, "cariñosamente", guiñándole un ojo al inglés. Eso hizo a Arthur que le diese un escalofrío.
-Eh... esto... yo... -Balbuceó. Los de los otros dormitorios habían vuelto a reunirse a su alrededor, y ahora estaban acorralándole en la ventana.
En ese instante, Arthur giró la cabeza. La vista que daba la ventana era un árbol grande, que a aquellas horas del día ofrecía una gran sombra. Bajo aquel árbol, mirando a la nada, se encontraba Nicolae. Tenía una expresión triste, solitaria. Al inglés le hizo un nudo en el estómago.
-Yo... -Dijo el chico, mirando a los demás dormitorios-. ¡Me uniré al dormitorio dos!
-¿¿Qué?? -Se quejaron los demás.
-¡Así me gusta! -Sonrió Francis. Luego chasqueó los dedos-. ¡América-kun, ve a enseñarle nuestro dormitorio a Inglaterra-kun!
-¡OK! -Aceptó este. Cogió a Arthur y le sacó del montón de estudiantes-. Esto va a ser very funny...
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1: Nada del otro jueves = Nada del otro mundo, nada especial.
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3. ¡Aquí está! ¡Al fin logré acabar el capítulo dos! *se siente feliz*
Hemos visto algo de AlfredxArthur 8D. No os podréis quejar, ¿no? :3.
¡Traeré el capítulo 3 lo antes que pueda!
