TIRÉ UNA MONEDA AL AIRE
By KeyArena_Iker & Leyrena
EL AMOR NO ES SOLO AMOR
ES EL CORAZÓN DE LA VIDA
EL QUE NOS DICE CÓMO SOMOS… Y NOS HACE CAMBIAR
PREFACIO
Respiró hondo y le dirigió una larga mirada. Una mirada cargada de afecto, resignación… y, por encima de todo, tristeza. Incluso llegó a haber un asomo de rabia en sus ojos cuando confesó con una amarga sonrisa:
-Tiré una moneda al aire.
CAPÍTULO PRIMERO
Matar o morir
Amy mentiría si dijera que le perdonaba todo a Sonic. Por ejemplo, en aquel momento no le perdonaba que no estuviera con ella.
Tendría que hacer algo importante, se dijo de nuevo, antes de decidir que era inútil intentar calmarse.
El único sonido aparte de su respiración era el crujir de las agujas de los pinos bajo sus pies. La suave hierba de la arboleda estaba cubierta de ellas. Los rayos del sol le daban al paisaje un aire apacible y tranquilizador. Era el mejor día del invierno.
No puedo creer que Sonic se pierda esto…
Ya debían de ser las cinco de la tarde. A las seis y media ya sería completamente de noche, y había salido a pasear a las cuatro para aprovechar las últimas horas de sol. El aire puro de la meseta de la montaña era refrescante, pero el ambiente era templado. Realmente era el mejor día del invierno. Frunció el ceño y entrelazó las manos detrás de la espalda. Entonces le llegó una vaharada de brisa marina. Aligeró el paso en el siguiente recodo, desde donde se podía llegar al borde del acantilado. El mar estaba tranquilo, precioso, y el suave murmullo de las olas mezclado con el fresco olor a sal hacían del lugar un retazo de paraíso.
Lástima que Sonic no estuviera allí.
De pronto todo le pareció menos maravilloso que antes. No, definitivamente no podía quitárselo de la cabeza… Atisbó algo entonces a lo lejos, en el saliente más alto que se erguía majestuoso sobre el mar. Los árboles se acababan en el extremo, donde podía verse a alguien sentado justo en el borde…
-¡Shadow! –gritó alarmada- ¡SHADOW, VAS A CAERTE, APÁRTATE DEL BORDE!
Pese a la distancia, el erizo giró la cabeza hacia ella y se puso en pie con un rápido movimiento. Momentos después, había desaparecido. Amy parpadeó sorprendida. No esperaba que le hiciera caso, mucho menos tan rápido. Bueno, no iba a quejarse por eso…
-Amy.
Sobresaltada, dio la vuelta de un salto para encontrar a Shadow a menos de diez centímetros de ella. Jadeó y respiró hondo para recuperar el aliento.
-¡No hagas eso! –protestó, con el corazón aún latiéndole a toda velocidad. Había sacado su martillo, y se apresuró a apoyarlo en el suelo, a su lado. Él enarcó las cejas.
-¿Te has asustado?
-¡Pues… claro que sí! ¿Qué esperabas, apareciendo así, de pronto…?
Respiró hondo y se apartó un mechón rosa de la cara. El cabello liso le llegaba casi hasta la base del cuello, y enmarcaba dos grandes ojos verdes de largas pestañas. Ella juraría siempre que era bastante guapa. Llevaba un vestido rojo y blanco, a juego con las botas. No era baja, pero aún así, le llegaba a Shadow a un poco por debajo de la frente.
No podían ser más diferentes. Shadow era alto, con el pelaje completamente negro y trazos rojos en el pelo, los brazos, las piernas y alrededor de los ojos. Las botas, remodeladas para convertirlas también en patines a reacción, llevaban los mismos anillos amarillos que rodeaban también sus muñecas, y le servían para concentrar su poder. Se debía reconocer que era agraciado, pero su expresión era siempre adusta, y cuando sonreía, su gesto nunca era alegre…
-Eres bastante impresionable, entonces –esbozó una media sonrisa burlona.
-¡Y además, ¿se puede saber qué hacías ahí?! –estalló Amy, furiosa, plantándole cara- ¡Has podido caerte! ¡Las rocas pueden romperse y…!
Shadow le apartó el índice que le había puesto en los labios y gruñó:
-Deja de gritarme. Si hoy tuviera un mal día ya estarías ahí abajo –señaló las rocas del fondo del acantilado con un gesto de la cabeza-. Pero tranquila. No creo que vuelvas a molestarme más… -miró a su alrededor- ¿Sonic no está contigo? Ha vuelto a dejarte en la estacada, ¿no?
Amy sintió como una oleada de calor le subía al rostro y empuñó el martillo de nuevo.
-¡NO te permito que hables así de Sonic, grandísimo imbécil! ¡Si vuelves a hacerlo te sacaré los dientes con esto!
Él permaneció quieto un momento y luego avanzó hacia ella. Amy apretó el mango del martillo, lista para defenderse si hacía falta, pero Shadow pasó de largo en dirección al mismo saliente en el que se encontraba antes.
-Perdona. Venía a intentar hablar contigo, pero creo que paso –dijo mientras se alejaba.
Amy entrecerró los ojos. ¿A hablar? ¿Shadow charlaba con alguien alguna vez?
Bah, ese idiota puede estarse en silencio otros diecisiete años.
Se sentó en el suelo y contempló el mar, abstraída. Mientras poco a poco recuperaba la calma, pensó que tal vez debería ir a hablar con Shadow. No debería haberlo insultado así, pero… Desvió la mirada hacia el borde del acantilado, donde se encontraba de nuevo el erizo negro. Debería haber tenido más cuidado. Había olvidado por completo lo peligroso que era. Debía ser más precavida en el futuro. Shadow era demasiado fuerte para vencerlo, demasiado lejano para alcanzarlo… demasiado extraño para llegar a comprenderlo. Pensó que apenas lo conocía. En realidad, él no hablaba más que lo necesario y evitaba la compañía siempre que podía. Lo contempló pensativa durante dos minutos más o menos, antes de ponerse en pie y dirigirse hacia él. Conforme se acercaba, empezó a preocuparse porque se hubiera enfadado, no ya porque tuviera miedo de él (no creía que le hiciera daño, Shadow no actuaba así). Era verdad que Sonic sencillamente no había querido acompañarla allí. Es más, había muchas posibilidades de que aquello tan importante que había tenido que irse a terminar no fuera más que una apuesta o una partida de cartas… o nada.
Cuando estaba a dos metros escasos de Shadow, se detuvo, dubitativa. La punta del risco parecía muy poco resistente. Finalmente, se obligó a pensar que si sostenía a Shadow, debía ser más firme de lo que aparentaba, hizo de tripas corazón y avanzó hasta llegar a su lado. Él no dijo nada, pese a que Amy estaba segura de que la había oído llegar.
-Eh… -empezó, sin saber qué decir-. Shadow… lo siento.
-¿El qué? –respondió el erizo, justo cuando Amy empezaba a pensar que no contestaría.
-El haberte insultado. Bueno, no puedo decir que me haga gracia que hables mal de Sonic, pero no tendría que haberlo hecho. Perdona.
Reinó el silencio, roto únicamente por el romper de las olas contra la base del acantilado. No parecía que él fuera a prolongar la conversación. Amy se mordió el labio y lo observó en silencio. Estaba inmóvil como una estatua, contemplando el mar en una pose elegante y relajada.
-Oye, ya he dicho que lo siento. No hace falta que sigas enfadado.
Shadow se giró hacia ella. Parecía sorprendido.
-¿Enfadado? No estoy enfadado. Ya me esperaba que reaccionaras así. Después de todo, adoras a Sonic.
Amy se sonrojó.
-Yo no… Bueno, sí, pero… Creía… Ah, no, vale. Ya no pasa nada -balbució, y nada más hacerlo se sintió estúpida. Shadow sonrió, divertido, y la invitó a sentarse con un gesto. Ella dudó de nuevo (debía de haber una caída de diez metros desde allí hasta el mar), pero se acomodó a una distancia prudencial del borde. Él amplió su sonrisa y volvió a concentrarse en el mar. Amy lo imitó, acompasó su respiración y poco a poco fue dejándose arrullar por los sonidos de las olas.
Permanecieron así un buen rato, hasta que Shadow rompió por fin el silencio.
-No te hace falta llenar los silencios hablando. Eso es porque pasas mucho tiempo sola.
No era una pregunta.
-¡No, no! –negó Amy- No estoy sola tanto tiempo. Solo cuando salgo a pasear -Shadow alzó una ceja-…casi todos los días. ¡Bueno, me gusta pasear! No es culpa mía que nadie venga conmigo.
Él volvió la vista al frente de nuevo.
-No es un delito estar solo. Yo diría que es ideal para entenderse a uno mismo. Cuanta más gente hay a tu alrededor, menos individual eres. Llegas a pensar y actuar en grupo. A veces es bueno alejarse de los demás, quedarse en silencio y ser tú mismo por un rato.
-Yo soy yo misma siempre.
-No lo eres. Todos actuamos de manera diferente según con quién estemos, por una cosa o por otra. Es interesante observar cómo interactuamos con una persona determinada, cómo nuestra mente está alerta, estudia al otro y actúa según crea conveniente. Es más fácil cuando solo es uno a la vez… -suspiró- Por ejemplo, ahora te estoy pareciendo un pesado, pero como no quieres que me sienta mal, lo disimulas.
Amy enrojeció.
-No, qué va –tartamudeó-. Es interesante… Oye, por ejemplo ahora tú estás adaptando tu forma de actuar a mí, ¿no?
-Exacto. Y viceversa.
Se miraron en silencio. Amy trató de observar sus acciones desde un segundo plano, buscando qué modificaba para adaptarse a Shadow. En un momento dado, una ola con especial fuerza hizo que diera un respingo y ambos volvieron a la realidad. Permanecieron inmóviles unos momentos, aún mirándose el uno al otro, y luego rompieron a reír a la vez. O más bien Amy rompió a reír, pues en el rostro de Shadow no se dibujó más que una media sonrisa.
En cuanto pudo dejar de reír, Amy se secó las lágrimas de risa y se disculpó:
-Lo siento. Ha sido una risa tonta. Oye… -cruzó las piernas y apoyó las manos en el suelo- ¿Por qué nunca te ríes?
El semblante de Shadow se oscureció, y Amy supo inmediatamente que había cometido un error.
-Perdona. No he dicho nada…
-No pasa nada -la cortó él-. Yo… ¿podría decirse que estoy amargado? -aventuró tras un momento de silencio.
Amy parpadeó extrañada.
-¿Amargado? ¿Por qué?
Shadow esbozó una amarga sonrisa.
-No he visto nada más que muerte desde que nací. Soy un experimento ilegal. Fui creado por Gérard Robotnik hace cincuenta años en la estación espacial ARK... Hasta ahí sabes tú, si no me equivoco -hizo una pausa-. No conocía a más humanos que al doctor y a María, su nieta. Ella y yo éramos como hermanos. Crecimos juntos. Significaba mucho para mí. A su lado pasé los doce primeros… y últimos años felices de mi vida. Después, todo fue… matar o morir.
Un día, el doctor puso los motores de la estación en marcha. El ejército había descubierto la ARK, todos sus inventos… y a mí. Gérard Robotnik poseía la tecnología más avanzada del planeta, y creo que eso les dio miedo. Consideraron que suponía una amenaza para ellos. Por eso enviaron un escuadrón en una nave bastante rudimentaria, con órdenes muy claras: apresar a Gérard y María Robotnik y destruir al experimento Shadow. Es irónico que Gérard me creara con la misión de traer esperanza a la humanidad. Le traicioné trayendo solo muerte.
Amy volvió a la realidad cuando Shadow guardó silencio. Él la miró un momento.
-¿Quieres seguir escuchando?
Ella afirmó con la cabeza, y Shadow asintió una vez y prosiguió:
-No fuimos lo bastante rápidos para escapar. Entraron en la estación y detuvieron a Gérard. María y yo intentamos huir… Ahora mismo no sé cómo esperábamos hacerlo… Finalmente, cuando escondernos era imposible, llegamos a la última sala segura, donde el doctor guardaba todos sus inventos. Al entrar, algo me golpeó el cráneo y me aturdió durante un rato. Cuando me desperté, estaba metido en la única cápsula criogénica inventada Gérard, preparada para ser enviada a la Tierra. María debió dejarme inconsciente porque sabía que yo no abandonaría la ARK por propia voluntad… solo. Ni siquiera era capaz de enfocar bien la vista, así que no pude salir. En ese momento, uno de los soldados entró a la sala. María estaba a punto de enviarme a la Tierra, y el humano le disparó para intentar detenerla. Pero ella consiguió accionar la palanca que me lanzó fuera de la estación… a la Tierra. Mi último recuerdo de la ARK y de… mi primera vida, por llamarla de alguna manera… es de María cayendo al suelo, muerta y cubierta de sangre. No puedo negar que el humano tenía buena puntería. La bala le atravesó el corazón.
-Lo siento -Amy se acercó un poco más a él y le puso una mano en el hombro. El contacto pareció sorprender a Shadow, que se volvió hacia ella. Estaba impasible. La chica lo miró a los ojos, tratando de encontrar tal vez una sombra de dolor o tristeza… pero no había nada.
-Sigue, si quieres -lo animó por fin.
-Está bien… Me alegra que quieras escucharme. No hablaba de esto con nadie desde hace mucho tiempo -Shadow inspiró lentamente, se volvió hacia el mar y continuó hablando-. Estuve congelado durante cuarenta y cinco años en alguna parte del desierto de Nafud, en Arabia. Después me encontraron y me llevaron a… -sacudió la cabeza- no sé adonde exactamente. Era un laboratorio. Consiguieron abrir la cápsula y empecé a despertarme poco a poco. Me mantuvieron encerrado allí durante cinco años.
Los primeros días estuve solo en una celda, sin un solo rayo de luz. No me dieron comida, ni agua en ese tiempo. Deliberaban qué hacer conmigo mientras yo me moría en un rincón de tinieblas. Recuerdo que el cuarto me parecía cada vez más pequeño. Llegué a tener ataques de claustrofobia. Gritaba y trataba de destruir las paredes, pero estaba demasiado débil, y solo tenía doce años: aún era muy joven. Después de una semana más o menos, fueron a buscarme... Apenas me acuerdo del resto. Me drogaban para que no fuera capaz de moverme. Por lo visto, habían decidido que yo era un logro increíble: Gérard Robotnik había creado vida aún cuando hoy en día sigue pareciendo imposible, y querían estudiarme a fondo. Por desgracia, yo lo sentía todo -cerró los puños con fuerza-. Procuraron que no muriera. Mi cerebro estaba casi completamente aislado del cuerpo, pero aún podía pensar. Pasé cinco años recordando una y otra vez mi vida en la ARK, intentando aferrarme a lo único que me quedaba… y jurándome a mí mismo que me vengaría. Perder la razón era una posibilidad muy tentadora, pero me obligué a seguir consciente cada momento. Mi cuerpo se regenera rápidamente, así que al menos no me quedaron cicatrices… o eso creo. Estuve a punto de volverme loco.
Pero, poco a poco, fui acostumbrándome a la droga, fui inmunizándome. Hasta que un día, me levanté y desaté mi poder. Maté a todos los que se encontraban allí y destruí el edificio. Lo arrasé por completo. Era una operación secreta, así que cuando los científicos y los resultados que habían conseguido desaparecieron, no quedó nadie que supiera de mi existencia ni de la de la estación ARK. Salí volando hacia cualquier parte, y no paré hasta que no pude más.
Cuando Eggman me encontró estaba en mitad de un bosque de Rusia, de pie en medio de los árboles, inmóvil. Cuando le vi creí que era Gérard, y pensé que había muerto, que estaba en… otro mundo, en otra dimensión… Estuvo hablando conmigo mucho tiempo y me aclaró muchas preguntas. Lo había perdido todo, así que fui con él… y ya conoces el resto. Traté de vengarme destruyendo a los humanos, pero Sonic me paró los pies y aquí he acabado. Al final todo han sido luchas y destrucción, hasta hace muy poco. Tengo diecisiete años y aunque mi cuerpo no lo aparente… en el fondo debo tener más de cincuenta. Las desgracias envejecen el alma.
Calló y Amy asintió lentamente.
-Vaya… lo siento.
-No lo sientas. Gracias otra vez, Amy. Creo que puedo confiar en ti.
-No hay de qué.
Se miraron en silencio. El sol se estaba poniendo ya. Amy sintió un ramalazo de nostalgia al recordar una tarde muy parecida, en la playa… con Sonic. Se abrazó las rodillas y suspiró. Shadow parpadeó lentamente.
-Sonic te está haciendo daño, Amy. Deberías olvidarle.
La chica lo miró molesta.
-¡Sonic no tiene la culpa!
-Pues claro que la tiene. Escucha -le aferró la muñeca derecha y se inclinó hacia ella-. Sonic sabe lo que sientes por él. Sabe que le quieres. Y te aprecia mucho… pero él no te corresponde. No puede ser más que un amigo para ti.
Amy intentó sacudírselo de un tirón, pero él la soltó suavemente. Sintió como las lágrimas acudían a sus ojos y agachó la cabeza. No quería que nadie la viera llorar.
-Amy, no puedes seguir angustiándote por una causa perdida. Cada vez que veo cómo Sonic te rechaza, una y otra vez, te veo sufrir un poco más. Si quieres que te diga lo que pienso, es inútil, estúpido e innecesario seguir insistiendo.
Ella se levantó, aún con lágrimas en los ojos, y sin mediar palabra salió corriendo hacia el pueblo, lo más rápido que pudo. Shadow la siguió con la mirada hasta que se perdió de vista y luego siguió contemplando el mar.
