Belleza. En sueños, volvió a ver una vez más, luminoso como las estrellas, el rostro sonriente de María. Los ojos que se abrían abriéndole las puertas de un mar inmenso, un mar de zafiros bajo un cielo azul. Un lugar entre los sueños donde podía perderse volando, sin acabarse nunca su calidez templada, su pura e inmaculada belleza. Belleza. Piel clara y cabellos rubios. Facciones finas, delicadas, perfectas, y un hoyuelo marcado en la mejilla izquierda. Pero toda su alma estaba encerrada dentro de sus ojos. Era el color de los recuerdos.

En algún lugar, en algún momento perdido dentro de sus sueños, Shadow deseó poder llorar. Llorar la muerte de la hermosura. Del bien y de las cosas buenas. La muerte de la música, de la poesía. La muerte del mar y del cielo.

Alguien lo había roto todo en mil pedazos y se lo había llevado.

Alguien había derramado el mar.

Alguien había robado el cielo.