Capítulo 4 – Conociéndonos.
Me pasé todo el día pensando en lo ocurrido la tarde anterior.
Flashbacks.
Antes de bajarme del auto de Edward, este me abrazo con fuerza y pude sentir los latidos de su corazón que iban tan rápidos como los míos, su piel era tan cálida, sus brazos alrededor de mí cuerpo parecían protectores. En un momento me deshice de aquellos para poder verle a sus ojos pero cuando lo hice, vi en ellos un cariño tan sincero que no puede resistir más…
Posé una de mis manos en su mejilla y la otra en su pecho; al hacerlo él cerró levemente sus ojos y dio un suspiro recostando más su rostro contra mí palma. Tomó mi mano y la saco de allí; se quedó observándome por unos segundos pero luego sus manos me rodearon la cara y se acerco lentamente hacia mí. Sabía lo que intentaba hacer y apresure su llegada… Nuestros labios se conectaron delicada pero tímidamente pidiendo el permiso del otro, su contacto era en cierta forma electrizante para mi cuerpo, sus suaves besos fueron adquiriendo pasión a medida que nuestras manos recorrían las espaldas del otro. Sus roces eran tan precisos que pensaba que conocía cada una de mis debilidades; realmente deseaba con todas mis fuerzas que ese momento no acabara, sencillamente era una sensación que no podía explicar con palabras, pero el destino quiso que lo rompiéramos porque Charly estaba mirando con cara de pocos amigos al ver nuestro contacto tan cercano.
Sin otra opción, me despedí de Edward y entre a mi casa seguida por mi padre. Me dirigía hacia mi cuarto cuando el me interrumpió.
- Se puede saber ¿Quién era el?
- Edward Cullen.
- ¿El hijo del doctor Cullen? ¿Desde cuando están saliendo ustedes dos?
Bueno, Salir no era exactamente la palabra que tenía en mente para lo nuestro.
- No papá, nos conocemos desde las vacaciones y hoy surgió lo que viste.
Si le contaba que lo había conocido ese mismo día creo que me mataría, así que mejor opté por no contarle, aunque verdaderamente a estas alturas no se que era mejor, ya que Charly demostraba tener más de un pigmento en su rostro. Sin más que decirle me fui directamente a mi habitación para hacer mi tarea. Al terminarla me di una ducha y caí rendida pensando en el grandioso "Edward Culle"
Fin Flashbacks.
Bueno, no creo que todo el día pero si la mayor parte de él. Hoy Edward y yo habíamos quedado en vernos a la hora del almuerzo para terminar de aclarar algunos temas pendientes.
Las horas pasaban terriblemente lentas para lo normal, o… ¿Quizás esto no lo era? No sabía que hacer con esto, pero había algo que si sabía. Primero, los sueños me desvelaban. Segundo, mi vida cambió rotundamente al venir a Forks. Tercero, gracias a al destino de que todo esto me ocurriese pude conocer y encontrar al ser que tanto tiempo me robó. Debería considerar en agregar una cuarta, que sería que este mismo en cierta forma, también se llevó mi corazón.
Creo que estaba vagando por mis pensamientos cuando escuche su llamado, o mejor dicho ¿Las campanadas? Realmente me estoy obsesionando un poco con Edward, pero… ¿Qué harían ustedes si les pasara todo este embrollo? Bastante bien lo sobrellevaba.
Corrí lo más rápido de lo que mi equilibrio me permitía, ya que no quería llegar tarde justamente el día hoy, pero mi cerebro se me adelanto y me mostró un futuro cercano a la enfermería si seguía con aquel ritmo, así que decidí bajar la velocidad solo por precaución. El pasillo parecía eterno, pero luego de un rato salí de su encanto.
Me acerque a la mesa en la cual habíamos quedado, me senté y espere unos segundos, ya que él estaba regresando de comprar unos refrescos para tomar. Al sentarse me extendió mi bebida y la plática comenzó.
- No era necesario que me compraras algo.
- Quería hacerlo, yo te invite.
Verdaderamente era muy amable conmigo, a pesar de conocernos solo desde… ¿Ayer?
- Edward mira, tenemos que aclarar todo este problema. Para empezar, cuéntame sobre los sueños que has tenido.
Si en realidad quería concentrarme en el porque estábamos aquí hoy y no en él, debía de ser tajante.
- Todo comenzó hace un mes exactamente, mis sueños adquirían por lo general un bosque como escenario; a decir verdad no era muy agradable estar ahí. De la nada aparecías frente a mí y me decías que no podía dejarte, que no podías vivir sin mí. Siempre estabas sollozando y tus ojos reflejaban la verdadera tristeza y agonía de la soledad. Otra vez fue en mi casa, específicamente en mi cuarto. Allí me decías que mis ojos decían lo contrario y que no te lastimaría, pero a pesar de todo seguía insistiendo en lo contrario, hasta que en un momento no aguante más y… te bese. Pero fue de una manera en la cual parecía añorar por siglos, como si conociera aquellos delicados labios, que resultaron ser tuyos. Después tuve muchos más los cuales los paisajes siempre terminaban siendo parecidos.
Si estaba soñando por favor despiértenme ahora, esto no podía estar sucediendo, realmente Edward había soñado conmigo. No puede ser que haya dado detalles de lugares que no conocía y de los diálogos que habíamos mantenido. Acaso ¿Estábamos conectados de alguna manera? No creo que haga falta, pero de todas formas le tenía que preguntar sobre algo que me llamó la atención.
- Edward, tu habitación, no será de color blanco, con ventanales y sobretodo con libros y música clásica, ¿Verdad?
- Ciertamente así lo es.
El tiempo del almuerzo dio su toque para cerrar nuestra conversación en una nebulosa más grande de la que ya estaba de por si.
René siempre me decía que las cosas pasan por alguna razón y que las personas se juntan por abra del corazón, aunque para mí, este encuentro, lo forjó el destino.
Nos miramos directamente a los ojos, percatándonos cada uno en los del otro el atisbo de decepción por tener que abandonar, pero algo se le vino a la mente ya que sus ojos se llenaron de vida.
- ¿Saltamos la clase?
Me quede dura por unos minutos, ¿Cómo era que se le ocurrían tales cosas? Jamás me hubiese creído que el aplicado Edward Cullen se saltaría las clases.
- De acuerdo.
Fue todo lo que salio de mis labios. Sin que nadie lo notara nos escabullimos del instituto para subir una colina que se encontraba en la parte posterior del recinto.
Luego de una larga caminata llegamos al sitio a donde él me encaminaba.
Si no estuviera segura de que estaba en el mundo real, nunca hubiese creído lo que mis ojos me enseñarían. Ante mí se encontraba la más hermosa de todas las praderas, llena de flores, con aromas extaciantes y con una leve brisa que permitía que el colchón de pasto simulase ser el mar. Así sin más me eche sobre el y permanecí por un tiempo pensando en que por alguna extraña razón este paisaje me parecía familiar, de haberlo visto en algún lado.
Edward se sentó a mi lado mirando el cielo azul, que a decir verdad pocas veces en la vida sucedía esto en Forks. No se cuanto habremos estado ahí, pero de lo que estaba segura es que estaba anocheciendo y Charly se preocuparía por mí. Lo más probable es que movilizara todas las patrullas con tal de encontrarme, para luego regañarme y ponerme algún castigo por un mes.
Al levantarme me di cuenta de que Edward ya no estaba a mi lado, sino que se encontraba parado en medio del pastizal.
- Edward, ¿Qué es lo que estas haciendo?
- Observo las estrellas, y le doy las gracias a Dios por haberme dado esta tarde junto a ti.
Descendió su rostro para posar sus ojos esmeraldas con los míos y poder así dedicarme una mirada llena de un amor que no podía comprender, podría decir que eran tan transparentes que su alma quedaba a la merced de comprenderse a la perfección. Era como si él quisiera que yo lo supiese todo. A los pocos segundos se me vino una imagen a la mente en la cual caí rotundamente impactada.
Me encontraba en la pradera en la que había visto a Edward por primera vez. Era exactamente igual al sueño, y seguramente él lo sabía y quería que yo lo viese también. No puede resistirme a tal acto de su parte por lo que corrí hacia donde se encontraba y me abalancé contra su pecho para terminar en un abrazo; que luego subió para fundirse en un profundo pero cálido beso, uno que nunca olvidaría por el resto de mi vida.
