Capítulo 5 – Confesiones y un Mal presagio.
No hace falta contar que Edward me trajo hasta casa y Charly le hecho una mirada inquisidora, aunque podría decir que él ni se inmuto por aquello; luego nos dimos un corto beso y se marchó. A los pocos segundos mi padre ya estaba tras de mí.
- Bells, ¿Cómo es que…? ¿Cuándo fue que…?
- Papá, ya te he dicho el porque actuamos así.
- Pero…
- Nada de peros. Edward y yo somos algo más que simples amigos.
Tal vez resulte raro, pero decir "esa" palabra para lo nuestro es muy difícil para mi vocabulario.
- ¿Ya son novios?
- Emmm. Si papá.
Era demasiado extraño que los demás le pusieran ese calificativo a nuestra relación con tan solo la palabra… ¿novios?
Gracias a Dios Charly dejo lo que parecía ser el interrogatorio y me encaminé hacia mi habitación, realmente quería descansar, o quizás terminar de ordenar todos los sucesos. A decir verdad muchas veces he soñado con tener una vida lejos de los romances y las amistades, me sentía bien estando conmigo misma y leyendo mis libros o ayudando a René en los quehaceres de la casa; pero jamás me hubiera imaginado que gracias a una pequeña decisión y olvido de mi madre me haría encontrar a la más grande persona que mi mente hubiese creado. Aun seguía sin entender como es que Edward se fijaba en mí… No tenía ninguna cualidad a la cual pudiese estar atraído hacia mi persona, no podía correr, no me gusta hacer sociales, me la paso leyendo, no salgo casi nada, estoy limitada a muchísimas cosas, pero por alguna extraña razón él sigue estando conmigo. Dice que el destino se encargó de juntarnos, y que ahora nada ni nadie podrían alejarle de mí.
Pensando en todo esto me dejé ir por mi subconsciente hacia el mundo de los sueños.
La luz del sol anunciaba que ya era la hora de levantarse y con mucha pesadez lo hice; me di una ducha, me arregle y baje a tomar mi desayuno, mi delicioso tazón de cereales con mi infaltable café. Todo era relativamente normal hasta que en un momento escuche que alguien tocaba la puerta.
Francamente, ¿Quién sería tan loco como para visitar a una persona a las siete de la madrugada?
Sin apresurarme demasiado termine de desayunar, aunque no me quedaba casi nada, puse los platos al fregadero y fui a ver quien era. Al abrir la puerta de entrada nunca hubiese esperado encontrar a la persona que estaba parada frente a mí. Creo que no pude articular palabra alguna, ya que Edward se rió un poco dándome como un "buen día" su encantadora sonrisa torcida.
- Buenos días Bella.
Definitivamente me había quedado atónita.
- Este… Buenos días Edward. ¿Qué haces aquí a estas horas de la mañana?
- Vengo a recogerte para ir al Instituto.
- ¿Vienes a buscarme?
- Pues si, ¿A quien más sino?
- ¡Podrías haberme dicho algo al menos!
- Está bien, para la próxima te lo haré saber con anticipación.
- Y déjame adivinar, la próxima vez ¿Será mañana? O… ¿Me equivoco?
- Jajaja, ¿Soy muy notorio?
¿Debía responder aquella pregunta? Creo que no, pero de todos modos lo haré.
- No, para nada.
Se le podía notar que se encontraba envuelto en un mar de risas por nuestra propia ironía.
- De acuerdo, ¿Nos vamos?
- Déjame tomar mi mochila y nos iremos.
Al entrar a buscarla me percate de que Charly se había despertado y me estaba mirando de una forma un tanto extraña.
- Bells, ¿Quién era a esta hora?
- Amm. Es Edward que vino a recogerme.
Digamos que su cara permanecía del mismo color, mientras que sus ojos demostraban lo contrario.
- Papá, solo vino para que vayamos juntos al Instituto, no hay nada de malo en ello.
- Está bien, vayan. Adiós cariño.
- Adiós papá.
Al cerrar la puerta tras de mí pensé que algunas veces adoraba estar fuera de casa.
Antes de entrar al auto me acerque a donde se posicionaba Edward y le di un beso en su mejilla, pero luego él me tomo por la cara con sus manos y unimos nuestros labios dando origen a un beso que contenía un amor tan infinito que mis capacidades mentales no podían albergar aun.
Nos quedamos así por unos minutos, perdidos el uno con el otro hasta que su reloj nos advirtió de que en no más de veinte minutos la clase comenzaría, y a decir verdad me entristecí un poco por ello. Subimos al vehículo y nos marchamos en un cómodo silencio.
Llegamos al Instituto más rápido de lo que pensaba y cada día que pasaba más segura me encontraba que él moría por la velocidad.
Cuando bajamos del volvo me sujetó la mano y me dijo.
- Te veo en la hora de biología.
- Muy bien, cuidare tu lugar para que nadie te lo robe.
No voy a mentir que no se lo dije irónicamente, cuestión por la cual me deslumbró con su torcida sonrisa y me respondió.
- Cuídalo bien, mira que Newton se desvive por ti.
- Si claro, como si fuera posible.
Le di un corto pero significativo beso en los labios y me marche para mis hermosas horas de literatura. Hoy tocaba leer Romeo y Julieta, y sinceramente sería la sexta vez que la leería, prácticamente me sabía los diálogos de memoria. Como era de suponer antes de que la clase comenzara, Jessica me hizo una especie de interrogatorio repleto de preguntas que agobiarían a cualquiera.
- Bella, creo que me debes un par de explicaciones. ¿Cómo le hiciste para conseguir a Edward Cullen?
- Tal vez porque ¿Teníamos cosas en común?
- Enserio, ¿Cómo lo hiciste? Ninguna chica de Forks logró lo que tu si.
- Quizás sea porque no soy de Forks.
- Sabes, ya todo el instituto está al corriente de que te besaste con él por los alrededores y hasta en su auto.
Sin darme cuenta Ángela también se había unido a mi confesionario.
- Bella, ¿Es verdad que tu y Cullen están de novios? No es que tenga dudas con ello por sus tantas acciones en público, pero quería preguntártelo personalmente.
- Creo que así parece ser.
Definitivamente aun no me terminaba de acostumbrar al término "novios"
- Oh vamos, lo dices con unas ganas, ¿No estas al menos un poco feliz? Lograste conseguir al más lindo de todos los chicos de Forks.
- Por Dios Bella, ¡lo que desearía aunque sea poder darle un beso a ese hombre! Y pensar que te lo tienes todo para ti sola, menuda suerte tienes.
Muy bien, no voy a negar que el comentario de Jessica me puso algo celosa, pero a su vez sentí un alivio muy gratificante de que Edward solo se interesase por mí, aunque en este momento tampoco podía ignorar la felicidad que ambas parecían disfrutar por tener la exclusiva del nuevo cotilleo del Instituto, que no era ni nada más ni nada menos que mi relación con Edward.
Verdaderamente no sabía cuanto tiempo más iba a poder aguantar sus preguntas, pero al parecer Dios se apiadó de mí ya que las campanas del cambio de materias dieron su anuncio por todo el edificio.
Tomé mis pertenencias y me dirigí hacia la clase de biología, en la cual él me estaría esperando. Camine un trecho bastante largo hasta que llegue a la sala; pero estaba segura de que cualquier esfuerzo que haya hecho valdría la pena tan solo por ver su amplia sonrisa y sus esmeraldas ojos posarse en mí. Me senté a su lado y pude observar que me miraba un tanto divertido. Podría saber, ¿Qué era lo tan gracioso?
- Parece que al final he terminado cuidando de tu lugar, ¿No?
¿Eso era lo tan "divertido"? por favor.
- Pues creo que así lo fue.
- Sabes algo Bella.
- No.
- Me gustaría mucho que…
Hizo una breve pausa como buscando las palabras que precisaba para hilvanar la frase, pero luego se acerco a mi oído y la terminó con un susurro apenas audible hasta para mí.
- Nos saltásemos las últimas horas. Tengo que decirte algo importante.
- De acuerdo, pero no creo que sea una buena idea; terminaríamos por arruinar nuestra reputación de los mejores estudiantes.
Esto último se lo dije con una leve sonrisa y un toque de ironía, aunque debía de admitir que sus esmerilados ojos me turbaban demasiado el semblante.
- Antes de acabar mi vida como estudiante, ¿No crees que debería haber alguna escabullida en mi historial?
Definitivamente a veces las salidas de Edward eran sorprendentes.
- Si tú lo dices.
- Jajaja, lo que tu digas Bella.
Me dio un corto pero fugaz beso en los labios y la clase comenzó normalmente, mientras sentía la mirada asesina de Mike Newton y por consiguiente mi adorada "pareja" se celó un poco. Ver al chico más sereno de todo el Instituto celoso por un par de miradas acusadoras no tenía precio.
Terminadas las horas de Biología, tomamos nuestros libros y ambos nos propusimos dar por concluida nuestra estadía en el establecimiento. Automáticamente nos subimos a su flamante volvo plateado y partimos hacia una carretera un tanto extraña para mí.
Todo era muy normal con el tema del paisaje, pero una maniobra inesperada me sacó de foco. Él había doblado en el medio de la ruta y nos adentrábamos al bosque.
No quería sonar preocupada pero estas circunstancias aclamaban lo contrario.
- ¿A dónde estamos yendo?
Su mirada parecía divertida con mi pregunta.
- Ya lo veras.
- ¡Por Dios Edward dime!
- No te preocupes, ya estamos por arribar.
Lamentablemente no pude recriminarle nada más, porque a los minutos de haberse montado todo el escando apareció frente a mí, la gran pradera que tanto me recordaba a él.
- ¿Por qué no me dijiste desde un principio que vendríamos aquí?
- Porque quería darte la sorpresa.
Nos bajamos del coche y caminamos tomados de la mano hasta el centro de la pradera, el silencio que hacíamos era en cierta forma agradable pero a la vez algo incómodo; se podía percibir que él me quería decir algo que le estaba produciendo dolor en su ser, sus ojos denotaban el sufrimiento de ello. No sabía como expresarme para que me dijera la causa de su agonía, pero tampoco quería que me lo contara, sentía que no me gustaría saberlo. Sin darme cuenta, el me detuvo y forjó un fuerte abrazo que le devolví sin pensármelo.
- Bella, sabes que desde que comencé a soñar contigo algo me dijo que no era un simple sueño del cual uno se puede olvidar. El día en que apareciste frente a mí no lo podía creer y cuando hablé contigo tampoco podía entender como era posible que tus rasgos y voz fuesen las mismas. Con el pasar de los días, sin darme cuenta todo de ti me apasionaba, tus ojos, tus labios, tu sonrisa, tu forma de ser; me vuelves loco por completo. Cuando no estás junto a mí, no puedo parar de pensar si estarás bien o si te pasó algo. Gracias al destino pude conocerte y lograr forjar un lazo entre nosotros. Bella, te amo como nunca te lo has imaginado, ya no puedo vivir sin tenerte a mi lado, me he vuelto dependiente de ti.
No podía creerlo, sus palabras eran totalmente sinceras, en sus ojos esmeraldas podía ver que decía la verdad, él me amaba con todo su corazón.
- Edward, sabes muy bien que por más que el destino no lo haya hecho, de cualquier otra forma nos hubiésemos buscado, gracias a nuestros sueños podíamos seguir conectados. Realmente me enamore de ti y ahora ya no me puedo alejar por mucho tiempo. Cada momento sin tu presencia es una agonía constante que no me deja vivir, necesito de tus caricias, tus palabras, tus sonrisas, absolutamente todo de tu ser. Mi corazón ya no es mío, porque desde hace mucho tiempo que te pertenece a ti, Edward.
- No sabes cuanto bien me haces Bella, y cuanto me haces falta.
Nuestros labios se fundieron en un beso que exigía al otro, cada segundo que pasaba más pasional era, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro por completo. El pasaba de mi espalda a mi cintura y yo de su alborotado pelo hasta su espalda. Su lengua pidió permiso para poder entrar en mí, y fue algo que no le negué; nuestras lenguas jugaban al compás de nuestros latidos. Nos recostamos en el suave pasto sin cortar aquel hambriento beso; sin darme cuenta mis manos estaban desabotonando su camisa y entonces pude sentir como su cuerpo se tenso; paramos en el acto sin separarnos tanto del otro.
- Yo… emmm… lo siento, me deje llevar.
- ¿Quieres continuar con esto? No voy a decirte que no te deseo, pero es algo que debes decidir y no voy a presionarte en nada.
- Edward, creo que he esperado ya mucho tiempo.
Llegué a divisar su torcida sonrisa antes de que nuestros labios volvieran a juntarse. Mi cuerpo reaccionaba de forma natural a sus roces, como si nos conociéramos desde siempre, era totalmente imposible poder resistírsele, sus labios dejaron los míos para poder vagar por mi cuello y así dejar su marca de dueño. Sus manos hacían que mi respiración se entrecortara y que constantemente híper ventilara; como pude le quite la camisa y comencé acariciar su tallado pecho, cosa que le hizo dar un pequeño pero audible gemido. Edward me sacó mi camisa y se disponía hacerlo con el sostén, mientras tanto yo le desabotonaba el jeans torpemente, las sensaciones que producíamos en ambos eran embriagadoras, llenas de éxtasis. Poco faltaba para que las pequeños distracciones se acabaran, ya que solo nos cubrían las prendas más intimas. Los labios de Edward parecían saber con exactitud lo que mi cuerpo reclamaba; en ágiles movimientos terminó por sacar lo que tanto estorbaba y fue allí cuando todo cobró un doble sentido. Sus manos y labios hacían estragos en mí. Todo parecía irreal, nada tenía lógica, ¿Estaba soñando nuevamente? ¿Era cierto que él me amaba tanto como para que nos uniéramos en cuerpo y alma?
- Bella, ¿Estás lista?
Sabía lo que aquellas palabras significaban, y no le haría esperar.
- Jamás estuve más preparada.
- Te amo… mi Bella.
Escuchar ello hizo que el pequeño pero significativo dolor que se hizo presente en ese instante no fuera mayor al que esperaba.
- ¿Estás bien?
Sin darme cuenta mis ojos me habían traicionado con algunas lágrimas recorriéndome el rostro. Podía ver en sus ojos una preocupación que se acrecentaba a cada segundo que pasaba.
- No te preocupes, ya mermará.
Sus facciones se suavizaron y pude notar que me dedicaba su sonrisa torcida, la que tanto me gustaba. Unimos nuestros labios en un beso que comunicaba los sentimientos del otro y desgraciadamente ya no puede coordinar mis pensamientos.
El tiempo estaba cambiando de uno caluroso a uno más fresco por las brisas; ambos estábamos cubiertos por una manta que él tenía siempre en un auto. Nos encontrábamos abrazados con los dedos entrelazados, mi cabeza recostada en su pecho me permitía escuchar sus latidos y Edward me acariciaba el cabello, todo era perfecto, pero por alguna extraña razón sentía que algo no andaba bien.
- Edward, ¿Aún quieres decirme algo verdad?
Sus ojos se tornaron hacia mí, como en respuesta.
- Así es, y te aseguro que no te gustara, al igual que a mi.
- Y… ¿Qué es ese algo?
- Mi familia y yo… nos iremos de Forks, por un año a partir de mañana.
No puede ser, ¿En verdad se irán? ¿Realmente se alejara de mí después de todo lo que paso entre nosotros? No puedo creerlo, ¡no quiero creerlo!
- En verdad te irás, ¿no?
- Bella, créeme que no quiero alejarme de ti. Es lo que menos deseo.
- No te preocupes por nada, si deben irse lo aceptare, pero lo que no haré, es dejar que te vayas sin antes prometerme algo.
No dejaría que se fuera sin antes prometerme una cosa.
- Dime que es.
- Que pase lo que pase, siempre me llamaras o escribirás, y que nunca dejaras de amarme.
A estas alturas mis ojos denotaban la angustia, agonía y dolor que me representaba la partida de Edward. Verdaderamente no deseaba que se marchara.
- Te lo prometo Bella, y por sobre todo, jamás dejare de amarte, porque ello significaría dejar de ser lo que hoy somos… un alma que no puede vivir sin su mitad.
Nuestros labios se fundieron en un beso que mostraba el sufrimiento de ambos, la desesperación de la separación y el amor que jamás se rompería a pesar de la distancia.
Nos vestimos y pusimos en marcha nuestro regreso a casa. El viaje de vuelta fue en un silencio incomodo, lo único que se escuchaba era el claro de luna que tanto le gustaba. Llegamos bastante rápido y al estacionar, eso me decía que nuestras vidas juntas en el instituto terminaban. Torné mi mirada hacia la de él, veía su agonía y ello me lastimaba aun más. Saque de mi cuello una cadena que tenia como dije una rosa rojo carmín y se la entregue.
- Esto es para que no me olvides tan fácilmente.
- Gracias Bella.
Del mismo modo el tomo un disco que traía en bolso y me lo dio.
- Esto es para que no me olvides tampoco.
- ¿Qué es?
- Es una canción que compuse para ti.
- Gracias Edward.
Nos dimos un último beso y decidí bajar del auto para que en cierta forma, el día de hoy terminase lo más pronto posible, para que ya nada pudiese seguir lastimándome.
Entre a mi habitación directo hacia mi cama, me tumbe y agarre mi discman, puse el CD y comencé a escucharlo. Una canción instrumental hecha por un piano, era hermosa, profunda, se notaba que la habían hecho a raíz de los sentimientos del pianista. Miré la cajita del mismo y noté que llevaba escrito el nombre de "Nana" y más abajo decía: "Para la mujer que me inspiro y logro hacer esta melodía que ningún otro podrá componer jamás. Te amo mi Bella". Las lágrimas salieron sin mi consuelo, pero no podía evitarlo. Oyendo aquella delicada partitura caí en un sueño.
Me encontraba sentada en medio de un bosque que no conocía, la oscuridad teñía todo su alrededor, y difícil era caminar. Los diferentes ruidos de animales hacían que mi piel se pusiera como la de una gallina, pero no obstante me encontré con alguien muy familiar para mi. Esa persona de ojos color topacio, pelo cobrizo alborotado y gráciles movimientos. Se acercó a mí y me dijo.
- Te dije que no te enamoraras de mí. ¿Por qué no me hiciste caso Bella?
- No entiendo lo que quieres decir, yo amo a Edward.
No comprendía nada de lo que decía aquel hombre que tanta similitud tenia con Edward.
- ¿Es que no te has dado cuenta?
- ¿A que te refieres con ello?
Al verle el cuello caí en cuenta a lo que él se refería. Llevaba puesta la cadena que le había dado a Edward, el dije de la rosa carmín, pero ¿Qué significaba todo esto?
- ¿Edward?
- Si, Bella. No soy bueno para ti, debes alejarte.
- Sabes que no lo haré. Lo eres todo para mí.
- Jamás me perdonaría el hacerte daño, por eso te imploro que te olvides de cualquier cosa que hayamos pasado juntos.
¿A caso estaba loco? Espero que así lo sea.
- Por más que insistas, nunca lo olvidare.
- Por favor, entiende.
Unimos nuestros labios y forjamos un beso que era desesperado, hambriento de ambos. Nos separamos con el aliento entre cortado, y él se alejó de mí; pero por alguna razón me quedé en mi sitio para contemplar como a Edward lo atacaba una extraña figura que parecía ser humana. Lo único que escuche fue su voz gritando mi nombre seguido por mi grito de agonía y terror. Luego todo se volvió negro.
Desperté gritando como una descosida, me encontraba sudando por la desesperación. ¿Un sueño? ¿Eso era? No lo sabía con exactitud, pero algo en mi ser me decía que su partida no lo mantendría a salvo.
