hola, gente! gracias por vuestros reviews pense que no gustaria la idea (ya se que no son muchos pero con solo uno ya me conformaba, jajaja)
alguien se ha leido los libros de Elric de Melniboné? lo digo porque si lo habeis hecho os dareis cuenta que el arma de Maka, Tormentosa, es la que tiene Elric, además también sabreis quien tiene a Enlutada... aunque ya digo que al poder de esas espadas les incorporaré algo propio, jeje,
el caso es que no me pertenecen ni los personajes, ni las armas, tan solo la trama, por favor no me demanden
Mis pies se posaron sobre el frío y duro suelo, pero lo sentí como si fuera una leve caricia. Inconscientemente mis rodillas se flexionaron para amortiguar la caída. No hace daño pero tampoco es una sensación agradable. Sentir como el pecho sigue cayendo a pesar de que las piernas se lo impiden. Por unos momentos podría jurar que mi corazón se paraba. Por eso saltaba lo menos posible aunque la sensación de vacío era una de las cosas más placenteras que había experimentado.
No había cesado de llover, por lo que me ajusté la capa y así poder protegerme lo máximo posible. No por necesidad, sino por actuación. No seria normal ver a una chica caminar tranquilamente bajo semejante tormenta.
- Una tormenta. Muy apropiado, ¿no crees? – dije mientras llevaba mi mano izquierda a un punto especifico de mi capa.
Tan solo cuatro guardias vigilaban la puerta principal. Si Soul no se había vuelto más idiota con los años, estaba demasiado confiado de sus habilidades. El uniforme de los soldados no era más que una armadura bastante sencilla con un gran espadón colgando al cinto.
Elegantes carruajes tirados por esplendidos sementales traían a gente igualmente elegante con que entraban en el castillo negro bajo la mirada de los guardias. Entraba mucha gente, debía ocurrir algo importante. Lo más seguro un baile.
La gente de la aristocracia a lo único a lo que se dedica es a beber y a bailar. Independientemente de lo que le ocurra al pueblo. Me hirvió la sangre. Mi familia, mis amigos, mis vecinos. Todos muriéndose de hambre siendo su incierto futuro una vaga esperanza de poder ver un nuevo amaneces, mientras los que se encargan del país se gastan el dinero para abastecer sus necesidades egoístas. Por esa razón, sufrí aquel entrenamiento que en más de una ocasión me llevó al borde de la muerte. Acabaría con toda esta tiranía.
Sin perder más tiempo me dirigí hacia la puerta. Mi capa era muy parecida q la que llevaban aquellos aristócratas, quizás podría hacerme pasar por alguno de ellos. Tan solo quería matar a Soul, no tenia porque derramar la sangre de nadie más.
Los guardias tenían unas miradas llenas de arrogancia y superioridad inmerecida. Idiotas. No sabían que puedo acabar con ellos en menos de un pestañeo. Unas palabras y caerían a mis pies. Resoplé divertida. Nunca creí que fuera a pensar así. Sin embargo guardaría mis instintos asesinos por el momento.
Ignoré la mirada de uno de los soldados cuando fui a atravesar la puerta. Ya no me mojaba, estaba resguardada de la lluvia. Noté como el calor del interior me golpeaba suavemente cuando tuve que pararme. Un guardia me bloqueaba el camino.
- ¿Quién sois, dama? – me preguntó con voz grave.
Yo no contesté. No se me ocurría nada que pudiera convencerlos. Seguramente lo más sensato era irse e intentar entrar por otro sitio.
- Mostraros.
Ante mi silencio e inmovilidad uno de los guardias me quito la capucha. Eran cuatro. Dos de ellos estaban fuera del pórtico mojándose bajo la lluvia. Todos me miraban con un brillo que no quise identificar.
- Tan solo la nobleza puede entrar aquí, encanto. – di un paso atrás conforme uno de los guardias se acercó a mi.
- ¿Quién dice que no lo sea?
Todos los guardias volvieron a acercarse a mi, mientras yo me alejaba hacia atrás volviendo a estar bajo la fría lluvia.
- Permítenos comprobarlo.
Con un brusco movimiento alejé la sucia mano del soldado. Tan solo dos palabras bastarían para que cayeran todos muertos, pero me ahorraría las energías. No merecían la pena.
- No quiero mataros.
Ante mis palabras, Tormentosa se agitó en mi cadera izquierda. Los guardias, en cambio, empezaron a reír como hienas. Yo no pude evitar burlarme de mí misma también. Aunque haya querido negarlo en un principio, aquello era una mentira.
Una de las características del portador de una de las espadas negras un largo periodo de tiempo, era que te crecía un instinto de sangre hasta entonces desconocido. Yo llevaba con Tormentosa diez años, por lo que esa característica ya estaba muy impregnada en mi ser.
- Parece que la gatita ha sacado sus uñas. – Se burló una de ellos mientras el resto no dejaba de reírse.
- Tranquila, encanto, no te haremos daño – dijo otro – tan solo queremos saber que hay debajo e la capa.
No pude evitar una risita salvaje. No sabían a lo que estaban jugando. ¿Querían saber que tango debajo de la capa? Se van a arrepentir.
Con un movimiento rápido agarré por la muñeca a uno de aquellos soldados. Valientemente había alargado la mano para quitarme las ropas. Que insensato.
- No creo que te complazca saber que tengo debajo de la capa.
Dicho esto, Tormentosa saltó de su funda a la lluviosa noche. Mis fríos y entumecidos dedos agarraron con fuerza la empuñadura y antes de que nadie pudiera moverse hice un grácil movimiento con mi mano cortando todo a mi paso. Metal, carne, hueso, incluso las finas gotas de la lluvia. No importa que este ante mí. Todo se corta bajo el filo de mi espada.
Los pedazos de aquel guardia cayeron haciendo un asqueroso sonido. La sangre se mezcló con el agua y rápidamente el suelo grisáceo se torno rojo.
Los otros tres guardias saltaron hacia mi con las espadas en alto.
Tormentosa no cantaba. Suspiré pesadamente. No es extraño que esté enfadada conmigo. No cumplí mi parte del trato en las últimas dos semanas. Tendría que pelear sola.
Bloqueé el ataque del guardia que estaba más a mi derecha y rodé por el suelo hacia el mismo lado para esquivar a los otros dos. Debían de haber recibido un exhaustivo entrenamiento, sus ataques eran fuertes y rápidos, casi me alcanza en filo de la espada de quien tenia ahora a mi izquierda. Casi. En cuanto puse a Tormentosa entre medias, le di una fuerte patada en el estómago al soldado que estaba en medio y después lo tiré al suelo golpeándolo en la cabeza con la empuñadura de la espada negra.
Me encantaba aquello, para que negarlo, aunque me ponía muy nerviosa que Tormentosa siguiera sin cantar.
Lancé una estocada atravesándole el pecho a uno de los guardias. Ya solo quedaban dos. Fui a darme la vuelta cuando noté un dolor agudo en mi hombro izquierdo. Lancé un grito ahogado. Me desconcentré y ese era el precio. Maldije a mi espada una y mil veces.
Venciendo el dolor de mi herida, me di la vuelta y degollé a mi atacante cual cordero.
- ¡Tormentosa! – grité en un arrebato de furia y dolor - ¡Tormentosa! – repetí mientras una lágrima incontenible mojaba mi mejilla - ¿Aún no estás satisfecha con la sangre de estos tres soldados junto con la mía propia? – le pregunté a mi espada mientras la pasaba por mi hombro lastimado.
El último guarda me miraba con ojos desconcertados. Pensaría que estaba loca si no ha reconocido mi arma. Poco me importaba lo que pensara de mí antes de que le mate. Avancé hacia él. Intentó mantener la compostura pero sabía que no tenía nada que hacer contra mí.
Un proyectil silbó y una flecha se clavó a mis pies. Había un arquero. Estaba en la terraza de guardia del primer piso. Justo a la derecha de la puerta. Rápidamente mate al último soldado que quedaba y me dirigí a aquella parte del muro. Salté y corrí por éste en busca de aquel arquero. Oí como se tensaba la cuerda pero no me detuve. Un silbido me anunció que la flecha había sido disparada. Fue entonces cuando escuché las primeras notas de una melodía oscura. Mi brazo derecho se movió solo impulsado por una fuerza externa que tiró de él. Tormentosa se colocó entre la flecha y mi frente. La agradecí mentalmente antes de acabar con el arquero cortándole el pecho.
Noté como mi arma me daba la fuerza el guerrero que acababa de matar. Mis músculos se relajaron, ya no estaba cansada. Volví a poner a Tormentosa en su funda y me dispuse a curarme. Me concentré en el flujo de magia de mi interior y puse mi mano derecha sobre mi herida. Murmuré unas palabras en el idioma arcano. De la palma de mi mano salió un destello rojo y sentí como mi hombro se reconstruía. Era doloroso pero después de tantas veces una se acababa acostumbrando. Cuando terminó moví mi brazo derecho para asegurarme de lo que ya sabía.
Barrí mi alrededor con la mirada. Había otros arqueros, lógicamente, y éstos dieron la señal de alarma. Salté de aquel muro de nuevo al suelo volviendo a tener esa sensación desagradable y corrí al bosque cercano. Rápidamente eché un vistazo hacia atrás. Me perseguían un total de diez soldados. Podría acabar con ellos pero nunca terminaría y, además, avisaría a Soul de mi presencia sino la sabía ya.
Una vez más me concentré en la magia y repasé mi vocabulario de las artes arcanas. Crearía una ilusión en la que ellos vieran como me mataban.
***
Descansaba en lo alto de un árbol mientras la lluvia golpeaba mi cara. La ilusión salio bien, pero me había dejado exhausta. Tormentosa se movió molesta mientras recuperaba el aliento. Acaricié su empuñadura intentando tranquilizarla, aunque lo más seguro es que se haya vuelto a enfadar conmigo. Esperé unos minutos más antes de bajar. Tan solo se escuchaba el hipnótico sonio de la tormenta.
Esto hizo que volviera a mi memoria mi entrenamiento con Stein, cuando tenía que huir de su ira. Aunque no fuera yo el origen, siempre la lanzaba contra mí. Por eso me escondía en los alrededores de aquella casa perdida.
Entré al castillo por una puerta trasera. No había nadie. Todos los sirvientes, o mejor dicho, esclavos, debían en uno de los salones sirviendo a los invitados a la fiesta. Eso me daba más libertad de movimiento.
Me moví por un laberinto de puertas, cuidando mis pasos y esquivando a algún que otro guardia o esclavo, hasta llegar a un pasillo. Era bastante largo y, sorprendentemente, yo estaba en medio.
A mi derecha, podía ver al fondo unas elegantes escaleras por donde bajaba una luz mucho más potente que la de las velas de aquel lúgubre pasillo.
A mi izquierda, unas escaleras de madera bajaban a lo que sería el sótano. Esa parte estaba mucho menos iluminada. Los rumores cuentan que el Rey Soul guarda un demonio en las profundidades de aquel castillo y con él se entrena todas las mañanas en el arte de la espada.
Tormentosa se había vuelto a enfadar conmigo y me encontraba cansada. Esas dos razones son suficientes para decidirme por las escaleras de mi derecha, aunque no sería la primera vez que me vence la curiosidad.
¿qué tal ha estado? ¿me he pasado un poco en la pelea?
bueno espero vuestros reviews para saber su opinión, asi como el camino que tomará Maka:
adón de va?, al sótano o al vestibulo?
y eso es todo por hoy! no se olviden del review!!
PD: si os habeis leido Elric de Melniboné, es obligatorio que lo hagais, por lo menos el primer libro xD
